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03 November 2010

Enfermedades y lesiones en mayores se vinculan con un empeoramiento físico


Las enfermedades y lesiones que restringen la actividad de los mayores o les llevan al hospital están vinculadas a un empeoramiento de su capacidad funcional, en especial entre aquellos con un físico más frágil, según un estudio de la Escuela de Medicina de Yale en Estados Unidos que se publica en la revista 'Journal of the American Medical Association' (JAMA).
Entre los mayores, la discapacidad en las actividades esenciales de la vida, como bañarse y vestirse, es común y se asocia con una mayor tasa de mortalidad, institucionalización y mayor uso de los servicios de atención formales e informales. Pero muchos de los mayores también se recuperan de estas discapacidades.
Los autores del trabajo, dirigidos por Thomas M. Gill, siguieron a 754 adultos de 70 años o más a los que realizaron entrevistas telefónicas durante más de 10 años desde 1998. Los investigadores evaluaron la discapacidad y la exposición a enfermedades y lesiones. La fragilidad física, o caminar a velocidad lenta, se evaluó cada 18 meses durante 9 años.
Los científicos evaluaron la relación entre dos tipos de episodios, la hospitalización y actividad restringida y las transiciones entre ausencia de discapacidad, discapacidad leve, discapacidad grave y mortalidad.
Los investigadores descubrieron que entre los 637 participantes, quienes tuvieron al menos una transición funcional, el 90,7 por ciento tenía al menos un ingreso hospitalario y el 94,3 por ciento pasó al menos por un mes de actividad restringida. La hospitalización se asoció con la discapacidad durante ocho de las nueve transiciones.
Entre las posibles razones para la hospitalización o la actividad restringida, las lesiones asociadas a caídas condujeron a la mayor probabilidad de desarrollar discapacidad nueva o empeoramiento.

Los suplementos de ácidos grasos omega 3 no ralentizan la enfermedad de Alzheimer

Los pacientes con enfermedad de Alzheimer entre leve y moderada que recibieron suplementos con ácidos grasos omega 3 docosahexaenoicos (DHA), que se cree reducen el riesgo de Alzheimer, no experimentaron una reducción de la tasa de declive cognitivo y funcional en comparación con pacientes que recibieron placebo, según un estudio de la Universidad de Salud y Ciencia de Oregon y el Centro Médico de Veteranos de Portland en Estados Unidos. Los resultados del trabajo se publican en la revista Journal of the American Medical Association (JAMA).
Los científicos, dirigidos por Joseph F. Quinn, examinaron a 402 individuos con Alzheimer leve a moderado que fueron asignados de forma aleatoria a 2 gramos diarios de DHA o a un placebo idéntico durante 18 meses. Los cambios en las capacidades cognitivas y funcionales fueron evaluadas con la Escala de Evaluación de la Enfermedad de Alzheimer. Los investigadores descubrieron que la suplementación con DHA no tenía efecto beneficioso sobre la tasa de cambio en la escala de Alzheimer, con una puntuación media de 8,27 para el grupo placebo y de 7,98 para el de DHA. En un subgrupo de pacientes en los que se midió con imágenes de resonancia magnética el volumen cerebral durante los 18 meses, tampoco hubo diferencias significativas. Los autores del trabajo señalan que debido a que parte de la evidencia procedente de otras investigaciones apunta a que el uso del DHA antes del inicio de la enfermedad modifica el riesgo de Alzheimer podría ser posible que el tratamiento produzca resultados más favorables.

Modelos matemáticos presentan una difícil erradicación de la malaria en el África Subsahariana


Investigadores de la Universidad de Florida en Estados Unidos han utilizado modelos matemáticos y mapas para estimar la viabilidad de erradicar la malaria de los países en los que se desarrolla su forma más mortal. Los resultados, que se publican en la revista The Lancet, muestran la dificultad de eliminar esta enfermedad en las zonas más afectadas del África Subsahariana. Según señalan Andrew Tatem, director del trabajo y David L. Smith, coautor del estudio, los datos sugieren que el Plasmodium falciparum podría eliminarse en la mayoría de zonas del mundo en 10 a 15 años, incluyendo la mayoría de áreas de Asia y América, si la transmisión pudiera reducirse hasta un 90 por ciento a partir de las tasas de 2007.


La malaria ha afectado a África de forma más desproporcionada que a otras partes del mundo, aunque otras áreas, incluidas Pakistán y Afganistán, afrontan un creciente desafío para controlar la resistencia a los fármacos que se está extendiendo y los pesticidas utilizados para eliminar a los mosquitos. Durante cinco años Tatem y Smith han colaborado con científicos, geógrafos, estadistas y trabajadores de la salud para llevar a cabo una base de datos mundial para crear mapas y modelos de la transmisión del P. falciparum. Sus estimaciones se basan en la transmisión intrínseca regional de la malaria, los costes para los sistemas de salud y los niveles en los que el movimiento de población ayuda a expandir la malaria a través de las fronteras. El análisis podría proporcionar a la comunidad pública de la salud una herramienta necesaria para dirigir de forma más eficaz los recursos financieros y técnicos en las regiones cuyos ciudadanos sufren la enfermedad.Los investigadores también evaluaron la relativa viabilidad entre los países de la eliminación del 'P. vivax', otra forma mortal de la malaria, aunque no existen en la actualidad bases de datos mundiales comparables para crear mapas de los niveles de riesgo de esta especie.


Dos terceras partes de los 99 países en los que la malaria aún es endémica han comenzado a eliminar la enfermedad dentro de sus fronteras y los investigadores apuntan a que Sudamérica parece estar en la mejor posición para lograr su eliminación. Muchas de las naciones del África Subsahariana se encuentran en los puestos más inferiores de esta lista sobre la posible eliminación de la malaria, entre ellos Angola, Chad, Somalia y la República Democrática del Congo, países en los que la inestabilidad de los gobiernos y la pobreza dificultan este objetivo.

Limitar por ley la sal de los alimentos reduciría un 18% los ataques al corazón

Los índices de ataques al corazón puede reducir aproximadamente un 18 por ciento si los Gobiernos impusieran a los fabricantes de productos alimentarios manufacturados el contenido de sal adecuado, según un estudio realizado por investigadores de la Escuela de Salud Poblacional de la University of Queensland en Australia.
Los investigadores advierten, por tanto, de la necesidad de que gobiernos impongan controles de sal en estos productos para combatir dolencias cardíacas, ya que, recuerdan que comer demasiada sal eleva la presión arterial y coloca a los ciudadanos en riesgo de sufrir ataques de corazón y otras dolencias crónicas que afectan a los recursos en salud pública.
El estudio, publicado el martes en 'Heart', mostró que cuando las firmas de alimentos redujeron el contenido en sal voluntariamente los índices de ataques al corazón cayeron aproximadamente un 1 por ciento.
"Si confiamos en las empresas para que reduzcan voluntariamente el contenido en sal, obtendremos algún beneficio, pero los beneficios de los recortes obligatorios serían 20 veces mayores", dijo Linda Cobiac, participante del estudio.
En Australia, el 94 por ciento de los hombres y el 64 por ciento de las mujeres come más sal de la recomendada, dijo, mientras que un trabajo reciente mostró que hasta nueve de cada 10 estadounidenses ingieren demasiada sal.
"Cuando es algo tan excesivo, tiene sentido que el Gobierno tome medidas", dijo Cobiac, quien recuerda que esta medida "supone un ahorro de costes para el Gobierno a largo plazo reducir el contenido de sal en la comida".
La investigación también valora la autodisciplina en el consumo de sal, en este sentido muestra que confiar en que las personas las ejerzan "fue el método menos eficaz", ya que redujo las enfermedades cardiacas en apenas un 0,5 por ciento.

Genesis, el Biomimetic Implant System(TM), recibe aprobación regulatoria

Keystone Dental, Inc. ha anunciado hoy la aprobación regulatoria en EE. UU. de Genesis, el Biomimetic Implant System. El Genesis System representa un importante avance en la odontología de implante mediante su diseño biomimético, un diseño inspirado por naturaleza. Las ventajas únicas del Genesis System incluyen el potencial para lograr la función inmediata con una sonrisa natural, lo que permite al paciente salir de la consulta del dentista con los dientes implantados el mismo día de la cirugía.
Utilizados por primera vez hace 30 años, los implantes dentales se han centrado principalmente en restaurar la función de los dientes naturales. Hoy, el Genesis System va más allá de simplemente restaurar la función. Mediante su superficie patentada BioSpark(TM), una nanosuperficie que imita la estructura del hueso, el Genesis System crea un entorno de cicatrización para optimizar la integración ósea. Además, el proceso único de AnaTite(TM) resulta en el primer collar de implante rosa comercializado y una completa línea de prostéticos rosas. La revolución estética del proceso AnaTite permite al Genesis System proyectar un eje más natural mediante el tejido de la encía del paciente para una sonrisa más natural.
"Estamos encantados sobre las muchas ventajas para los pacientes que ofrece el Genesis Implant System; está diseñado para armonizar inmediatamente la función con una estética óptima", dijo Daniel Levangie, director general y consejero delegado de Keystone Dental. "El Genesis System combina un diseño de nanosuperficie BioSpark patentado, que está respaldado por más de 10 años de investigación, con el revolucionario proceso de tratamiento estético AnaTite. Estos importantes avances en tecnología se combinan con una conexión estética patentada única que ha estado en uso clínicamente durante más de cinco años. El Genesis System continúa el compromiso de Keystone Dental de ofrecer soluciones verdaderamente innovadoras para los profesionales dentales y sus pacientes".

Built-in timer for improving accuracy of cost saving paper-strip medical tests


Scientists are reporting the development of a simple, built-in timer intended to improve the accuracy of paper tests and test strips for diagnosing diseases inexpensively at-home and elsewhere. Their study appears in ACS' semi-monthly journal Analytical Chemistry.
Scott Phillips and Hyeran Noh note that so-called point-of-care tests include paper strip tests and others performed at home or bedside instead of in laboratories. They show special promise for improving medical care in developing countries and reducing health care costs elsewhere. When fully developed, these low-cost paper tests may replace more expensive traditional tests for detecting biomarkers in urine, blood, and other body fluids, as well as for detecting pollution in water. Many types of tests that could be used on paper, however, require precise timing using a stopwatch to provide accurate results.

The authors cite as an example the CHEMCARD diagnostic test for measuring blood sugar or cholesterol in a drop of blood. It is almost 100 percent accurate when users view test results exactly 3 minutes after placing the drop of blood on the paper. Incorrect timing, however, cuts accuracy nearly in half. Patients (particularly those in the developing world), they indicate, may not have stopwatches or other timing devices, or may not use external timing devices with enough accuracy to obtain meaningful results.
The scientists describe the development of a built-in timer for paper-based diagnostic tests that eliminates the need for a stopwatch. The timer is made from a dye and the paraffin wax used in some candles. Addition of water, blood, urine or other body fluids starts the timer, and a color change signals when the time is up. The device has been modified to emit a buzz or other sound when the time is up, or even glow, the scientists note. When used with a test similar to the CHEMCARD glucose test, the timer was 97 percent accurate, slightly better than when a stopwatch was used.

Scientists develop method to keep surgically-removed prostate tissue alive and 'working' for week

Scientists at the Johns Hopkins Kimmel Cancer Center, University of Helsinki and Stanford University have developed a technique to keep normal and cancerous prostate tissue removed during surgery alive and functioning normally in the laboratory for up to a week.
The new technique could not only enhance research of prostate biology and cancer, but also hasten the creation of individualized medicines for prostate cancer patients, the investigators say. Previous attempts to culture live prostate tissues resulted in poor viability and lost "tissue architecture," the researchers note, making them less than useful for research or therapy development.
"Our technique could help scientists more accurately predict how living prostate tissues respond to therapy," says Marikki Laiho, M.D., Ph.D., director of the division of Molecular Radiation Sciences at Johns Hopkins. "It holds promise for testing anticancer drugs that work best."
For the study, published in the November 1 issue of Cancer Research, the scientists refined their multistep tissue culture technique and performed experiments to test the tissues' viability and utility in research. Laiho worked with Stanford University researcher Donna Peehl, Ph.D., to pilot the technique in a research project completed in 2007.
Customarily, pathologists store tissue samples in paraffin wax, which kills the tissue, resulting in samples that are essentially frozen in time. In many research laboratories, scientists experiment with prostate cancer cells that have been grown in flasks filled with nutrients and kept under strict temperature conditions. But these cells are not connected together in the tightly knit architecture of tissue that exists in the actual prostate gland.
"Tissue architecture may hold clues to why certain therapies work and others fail, and may be a better model of the intact, in vivo prostate gland," says Laiho, who is the Willard and Lillian Hackerman Professor of Radiation Oncology at Johns Hopkins.
Laiho says that one key to success for the international team was to work with surgeons and pathologists to speed up delivery of tissue samples to the pathology lab from the operating room.
At the pathology lab, scientists cut thin slices of prostate specimens taken from 18 patients who had undergone surgery on the prostate gland at the Helsinki University Central Hospital or The Johns Hopkins Hospital during 2007-2009.
Specimen slices had to be a precise thickness to allow cells throughout the tissue to maintain a healthy exchange of gases and growth factors.
Then, Laiho and her team placed the tissues in a liquid solution comprised of a complex mix of 64 separate ingredients to maintain the proper chemical and nutritional support for the biological functions in the tissue.
The scientists validated the presence of biomarkers specific for each type of cell within the prostate tissues to ensure that they were viable. The scientists caution that although their method gives them a more "real-life" model of the prostate with live tissue samples, it comes at a cost: – even with support, the tissues are short-lived, and experiments on fresh specimens must be completed within one week, which may be too short for some types of research.
The Hopkins-Helsinki team has already used their tissue-culture technique to measure levels of proteins known to repair DNA damage caused by carcinogens and other environmental agents. They found that one of these proteins – p53 – is not activated consistently enough to repair DNA damage. They also found that one of the first proteins to arrive on the DNA repair scene – H2AX – is activated at expected levels in all but one of the architectural compartments in prostate tissue. Low levels of H2AX were found in the so-called "luminal" compartment of prostate tissue, in the part of the prostate gland that produces secretions to protect sperm cells.
Laiho says the tissue-culture technique was a key component of understanding which DNA repair proteins may or may not be activated in different parts of prostate tissue and could help scientists develop therapies that target these DNA repair proteins.
The Hopkins and Helsinki investigators plan to use their new tissue-culture technique to test the response of experimental drugs on prostate cancer tissues.

**Published in "EurekAlert"

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