Many complications of diabetes, including kidney disease, foot problems and vision problems are generally well recognized. But the disease's impact on the brain is often overlooked. For the past five years, a team led by Beth Israel Deaconess Medical Center (BIDMC) neurophysiologist Vera Novak, MD, PhD, has been studying the effects of diabetes on cognitive health in older individuals and has determined that memory loss, depression and other types of cognitive impairment are serious consequences of this widespread disease.
Now, Novak's team has identified a key mechanism behind this course of events. In a study published in the November 2011 issue of the journal Diabetes Care, they report that in older patients with diabetes, two adhesion molecules -- sVCAM and sICAM -- cause inflammation in the brain, triggering a series of events that affect blood vessels and, eventually, cause brain tissue to atrophy. Importantly, they found that the gray matter in the brain's frontal and temporal regions -- responsible for such critical functions as decision-making, language, verbal memory and complex tasks -- is the area most affected by these events.
"In our previous work, we had found that patients with diabetes had significantly more brain atrophy than did a control group," explains Novak, Director of the Syncope and Falls in the Elderly (SAFE) Program in the Division of Gerontology at BIDMC and Associate Professor of Medicine at Harvard Medical School. "In fact, at the age of 65, the average person's brain shrinks about one percent a year, but in a diabetic patient, brain volume can be lowered by as much as 15 percent."
Diabetes develops when glucose builds up in the blood instead of entering the body's cells to be used as energy. Known as hyperglycemia, this condition often goes hand-in-hand with inflammation. Novak wanted to determine if chronic inflammation of the blood vessels was causing altered blood flow to the brain in patients with diabetes.
To test this hypothesis, Novak's team recruited 147 study subjects, averaging 65 years of age. Seventy one of the subjects had type 2 diabetes and had been taking medication to manage their conditions for at least five years. The other 76 were age and sex-matched non-diabetic controls.
Study subjects underwent a series of cognitive tests, balance tests and standard blood-pressure and blood-glucose tests. Serum samples were also collected to measure adhesion molecules and several other markers of systemic inflammation. To determine perfusion (blood flow) measures in the brain, patients also underwent functional MRI testing, in which a specialized imaging technique known as arterial spin labeling (developed by BIDMC MR physicist David Alsop, PhD) was used in conjunction with a standard MRI to measure vascular reactivity in several brain regions and to show changes in blood flow.
As predicted, the scans showed that the diabetic patients not only had greater blood vessel constriction than the control subjects, but they also had more atrophied brain tissue, particularly gray matter. The results also showed that, in the patients with diabetes, the frontal, temporal and parietal regions of the brain were most affected. Similarly, the team's measurements of serum markers confirmed that high glucose levels were strongly correlated with higher levels of inflammatory cytokines.
"It appears that chronic hyperglycemia and insulin resistance -- the hallmarks of diabetes -- trigger the release of adhesion molecules [sVCAM and sICAM] and set off a cascade of events leading to the development of chronic inflammation," says Novak. "Once chronic inflammation sets in, blood vessels constrict, blood flow is reduced, and brain tissue is damaged. "
This discovery now provides two biomarkers of altered vascular reactivity in the brain. "If these markers can be identified before the brain is damaged, we can take steps to try and intervene," says Novak, explaining that some data indicates that medications may improve vascoreactivity.
But more important, she says, the new findings provide still more reason for doctors and patients to focus greater attention on the management -- and prevention -- of diabetes.
"Cognitive decline affects a person's ability to successfully complete even the simplest of everyday tasks, such as walking, talking or writing," says Novak. "There are currently 25.8 million cases of type 2 diabetes in the United States alone, which is more than eight percent of our total population. The effects of diabetes on the brain have been grossly neglected, and, as our findings confirm, are issues that need to be addressed."
This study was supported, in part, by grants from the National Institute of Aging, the National Institute of Diabetes, Digestive and Kidney Diseases, the American Diabetes Association, and the National Center for Research Resources.
**Source: Beth Israel Deaconess Medical Center
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09 November 2011
Técnicas no invasivas de imagen han logrado detalles sin precedentes en el análisis de una momia egipcia de hace 2000 años

En 1850, Lord Londesborough imprimió una serie de invitaciones para una exclusiva reunión social que tendría lugar en su casa, en el 144 de la calle Piccadilly. "Una momia de Tebas será desenrollada a las dos y media", podía leerse en las cuartillas, describiendo lo que sin duda sería el plato fuerte de la fiesta.
Las momias, hoy valiosas reliquias arqueológicas, no han gozado de este estatus hasta muy recientemente. En el Medievo eran trituradas y se comercializaban en forma de polvos supuestamente medicinales, para sanar hematomas o aliviar el estómago. Ya en la segunda mitad del siglo XIX, Mark Twain describía satíricamente el uso de momias "de 3.000 años de antigüedad" como combustible para locomotoras.
En la actualidad no es fácil que un museo quiera desprenderse tan fácilmente de una de sus momias, pero las últimas técnicas médicas de imagen permiten desvelar algunos de los secretos que aún guardan los cadáveres embalsamados sin necesidad de destruirlos. Y lo bueno es que esta clase de tecnología no ha parado de mejorar, según acaban de constatar los encargados de estudiar la momia de un niño egipcio en la Universidad de Illinois (EEUU).
La arqueóloga Sarah Wisserman y un equipo multidisciplinar de investigadores, compuesto por egiptólogos, un patólogo, un radiólogo y un antropólogo físico, acaban de llevar a su momia al hospital por segunda vez. La primera fue en 1990 y, gracias a los escáneres médicos, averiguaron que el cadáver pertenecía a un niño de entre siete y nueve años -aún conserva dientes de leche- y que aún mantiene íntegros sus órganos internos.
Pero en esta ocasión han logrado unos resultados mucho más precisos y una mayor definición de las imágenes, lo que es una buena noticia no sólo para los arqueólogos, sino también -y sobre todo- para el ámbito sanitario. "La tecnología de diagnóstico médico ha experimentado tremendos avances en las últimas dos décadas", señala el doctor Joseph Barkheimer, que ha dirigido la nueva tomografía computerizada realizada a la momia, en el hospital de la Fundación Carle en Urbana.
Las momias, hoy valiosas reliquias arqueológicas, no han gozado de este estatus hasta muy recientemente. En el Medievo eran trituradas y se comercializaban en forma de polvos supuestamente medicinales, para sanar hematomas o aliviar el estómago. Ya en la segunda mitad del siglo XIX, Mark Twain describía satíricamente el uso de momias "de 3.000 años de antigüedad" como combustible para locomotoras.
En la actualidad no es fácil que un museo quiera desprenderse tan fácilmente de una de sus momias, pero las últimas técnicas médicas de imagen permiten desvelar algunos de los secretos que aún guardan los cadáveres embalsamados sin necesidad de destruirlos. Y lo bueno es que esta clase de tecnología no ha parado de mejorar, según acaban de constatar los encargados de estudiar la momia de un niño egipcio en la Universidad de Illinois (EEUU).
La arqueóloga Sarah Wisserman y un equipo multidisciplinar de investigadores, compuesto por egiptólogos, un patólogo, un radiólogo y un antropólogo físico, acaban de llevar a su momia al hospital por segunda vez. La primera fue en 1990 y, gracias a los escáneres médicos, averiguaron que el cadáver pertenecía a un niño de entre siete y nueve años -aún conserva dientes de leche- y que aún mantiene íntegros sus órganos internos.
Pero en esta ocasión han logrado unos resultados mucho más precisos y una mayor definición de las imágenes, lo que es una buena noticia no sólo para los arqueólogos, sino también -y sobre todo- para el ámbito sanitario. "La tecnología de diagnóstico médico ha experimentado tremendos avances en las últimas dos décadas", señala el doctor Joseph Barkheimer, que ha dirigido la nueva tomografía computerizada realizada a la momia, en el hospital de la Fundación Carle en Urbana.
-Análisis de carbono-14
"La resolución de imagen es casi 10 veces mayor de lo que era cuando escaneamos por primera vez a la momia en 1990", añade el experto. A esta prueba médica se han sumado análisis de carbono-14 de la madera que sostenía al cadáver, además de una reconstrucción tridimensional del rostro conducida desde el Centro Nacional para Niños Desaparecidos o Explotados (NCMEC) de EEUU.
No se ha podido determinar, sin embargo, si el cuerpo perteneció a un niño o a una niña. Su cadera está fracturada, las manos cubren la pelvis y no se han podido obtener muestras de ADN, por lo que no hay modo de establecer una conclusión definitiva sobre su sexo. Se sabe, en cualquier caso, que vivió en torno al año 100 de nuestra era, en tiempos de dominación romana, y en la región egipcia de Fayum.
Una lesión de gran tamaño en la nuca, que debió ser posmorten al no haber evidencias de sangrado, y la presencia de escarabajos enterradores ('Silphidae') en el cuerpo han mostrado que los embalsamadores "hicieron un trabajo miserable, o bien el cuerpo anduvo de un lado a otro antes de ser tratado", explica Wisseman. También se ha descubierto, gracias a imágenes de alta resolución que muestran los patrones de crecimiento en los huesos, que debió atravesar un periodo de desnutrición.
"La resolución de imagen es casi 10 veces mayor de lo que era cuando escaneamos por primera vez a la momia en 1990", añade el experto. A esta prueba médica se han sumado análisis de carbono-14 de la madera que sostenía al cadáver, además de una reconstrucción tridimensional del rostro conducida desde el Centro Nacional para Niños Desaparecidos o Explotados (NCMEC) de EEUU.
No se ha podido determinar, sin embargo, si el cuerpo perteneció a un niño o a una niña. Su cadera está fracturada, las manos cubren la pelvis y no se han podido obtener muestras de ADN, por lo que no hay modo de establecer una conclusión definitiva sobre su sexo. Se sabe, en cualquier caso, que vivió en torno al año 100 de nuestra era, en tiempos de dominación romana, y en la región egipcia de Fayum.
Una lesión de gran tamaño en la nuca, que debió ser posmorten al no haber evidencias de sangrado, y la presencia de escarabajos enterradores ('Silphidae') en el cuerpo han mostrado que los embalsamadores "hicieron un trabajo miserable, o bien el cuerpo anduvo de un lado a otro antes de ser tratado", explica Wisseman. También se ha descubierto, gracias a imágenes de alta resolución que muestran los patrones de crecimiento en los huesos, que debió atravesar un periodo de desnutrición.
-Tinte rojo español
No obstante, nada de esto significa que perteneciera a una clase baja. Al contrario, los análisis han identificado que las telas que viste el cuerpo poseen un tinte rojo proveniente de minas españolas, un objeto de lujo en aquel tiempo que apuntaría a una familia adinerada.
La momia llegó a EEUU en los años 20, cuando aún era legal su comercio, y formó parte de una colección privada hasta 1989, cuando llegó al Museo Spurlock, adscrito a la Universidad de Illinois. Sarah Wisseman, que también es escritora, se hizo cargo de ella desde el primer momento. Como ella misma explica, otros museos se disputaron el botín, pero la ley impedía transportar de un Estado a otro un cadáver sin que el forense certificara su muerte. Como no se podía hacer sin destruir la momia, se quedó en Spurlock.
Ahora, las modernas técnicas de imagen han permitido conocer cada vez más detalles sobre el cuerpo embalsamado. Pero no se ha determinado aún la causa de la muerte. Hará falta esperar como mínimo otra década, estiman los expertos, para que la tecnología médica avance significativamente y sea conveniente llevar de nuevo la momia al hospital. Quizás la próxima vez sea posible saber qué ocurrió con aquel niño -o niña- que habitó en Egipto hace 2.000 años y cuyo estatus económico -en teoría privilegiado- no le impedió pasar hambre. Ni sufrir después de muerto, según apuntan los investigadores, un embalsamamiento de lo más chapucero.
No obstante, nada de esto significa que perteneciera a una clase baja. Al contrario, los análisis han identificado que las telas que viste el cuerpo poseen un tinte rojo proveniente de minas españolas, un objeto de lujo en aquel tiempo que apuntaría a una familia adinerada.
La momia llegó a EEUU en los años 20, cuando aún era legal su comercio, y formó parte de una colección privada hasta 1989, cuando llegó al Museo Spurlock, adscrito a la Universidad de Illinois. Sarah Wisseman, que también es escritora, se hizo cargo de ella desde el primer momento. Como ella misma explica, otros museos se disputaron el botín, pero la ley impedía transportar de un Estado a otro un cadáver sin que el forense certificara su muerte. Como no se podía hacer sin destruir la momia, se quedó en Spurlock.
Ahora, las modernas técnicas de imagen han permitido conocer cada vez más detalles sobre el cuerpo embalsamado. Pero no se ha determinado aún la causa de la muerte. Hará falta esperar como mínimo otra década, estiman los expertos, para que la tecnología médica avance significativamente y sea conveniente llevar de nuevo la momia al hospital. Quizás la próxima vez sea posible saber qué ocurrió con aquel niño -o niña- que habitó en Egipto hace 2.000 años y cuyo estatus económico -en teoría privilegiado- no le impedió pasar hambre. Ni sufrir después de muerto, según apuntan los investigadores, un embalsamamiento de lo más chapucero.
**Foto del Spunlock Museum
**Publicado en "EL MUNDO"
Adult living donor liver transplants safe, study finds
Desperately needed adult living donor liver transplantation is a safe surgery for the donor, according to researchers at Henry Ford Hospital. The study looked at donor safety from a single center over a period of 10 years and found there were no patient deaths and no life-threatening complications requiring ICU care.
"There is a growing need for a limited number of available organs and more people are dying while waiting so we need to look at ways to continue to safely increase the organ pool," says Hemal Patel, M.D., a gastroenterologist at Henry Ford Hospital.
"In our 10-year, single-center experience, there was a 100 percent donor survival rate, and with most of the complications being low-grade, this is good news for the future of this type of transplantation."
The results of the study are being presented this week at the 62nd Annual Meeting of the American Association for the Study of Liver Diseases in San Francisco.
Adult-to-adult living donor liver transplant, introduced about a decade ago, involves donation of right liver lobe usually from the recipient's relative or close friend. Living donor liver transplant provides a significant contribution to the organ pool and thus reduces wait-list morbidity and mortality.
The Henry Ford study looked at 54 living donor liver transplants performed at Henry Ford Transplant Institute between January 2000 and March 2011 and found that surgery for living donors is not a source of mortality, with most donors having only minor complications.
While no serious complications or deaths were noted, researchers found approximately 61% minor complications in 54 donors and 25% re-hospitalizations after surgery, all for minor reasons. Also noted was, 26% of those low-grade complications required either surgical (3.7%), endoscopic (11.1%) or radiological (5.5%) interventions. Other complications were self-limiting or improved with pharmacological interventions only.
Average length of surgery for donors was 6.19 hours; the mean length of hospital stay was 6.72 days; and only 7 percent of the donors undergoing surgery required blood transfusion.
All the liver donors in this 10-year analysis returned back to their lives and work.
"Careful donor selection, donor education and meticulous surgical and post-surgical care are necessary to reduce donor morbidity," says Dr. Patel.
Potential donors at the Institute undergo pre-operative medical and surgical consultation as well as psychosocial assessment.
The study was funded by Henry Ford Hospital.
**Source: Henry Ford Health System
"There is a growing need for a limited number of available organs and more people are dying while waiting so we need to look at ways to continue to safely increase the organ pool," says Hemal Patel, M.D., a gastroenterologist at Henry Ford Hospital.
"In our 10-year, single-center experience, there was a 100 percent donor survival rate, and with most of the complications being low-grade, this is good news for the future of this type of transplantation."
The results of the study are being presented this week at the 62nd Annual Meeting of the American Association for the Study of Liver Diseases in San Francisco.
Adult-to-adult living donor liver transplant, introduced about a decade ago, involves donation of right liver lobe usually from the recipient's relative or close friend. Living donor liver transplant provides a significant contribution to the organ pool and thus reduces wait-list morbidity and mortality.
The Henry Ford study looked at 54 living donor liver transplants performed at Henry Ford Transplant Institute between January 2000 and March 2011 and found that surgery for living donors is not a source of mortality, with most donors having only minor complications.
While no serious complications or deaths were noted, researchers found approximately 61% minor complications in 54 donors and 25% re-hospitalizations after surgery, all for minor reasons. Also noted was, 26% of those low-grade complications required either surgical (3.7%), endoscopic (11.1%) or radiological (5.5%) interventions. Other complications were self-limiting or improved with pharmacological interventions only.
Average length of surgery for donors was 6.19 hours; the mean length of hospital stay was 6.72 days; and only 7 percent of the donors undergoing surgery required blood transfusion.
All the liver donors in this 10-year analysis returned back to their lives and work.
"Careful donor selection, donor education and meticulous surgical and post-surgical care are necessary to reduce donor morbidity," says Dr. Patel.
Potential donors at the Institute undergo pre-operative medical and surgical consultation as well as psychosocial assessment.
The study was funded by Henry Ford Hospital.
**Source: Henry Ford Health System
EEEU: prohibir refrescos contra la obesidad infantil no ha servido para nada
¿Quién puede resistirse al sabor de una Coca-Cola, Pepsi, Fanta o cualquiera de sus competidoras? Parece que los jóvenes estadounidenses no. Años después de que muchos estados norteamericanos pusieran 'mano dura' en los pasillos de los colegios impidiendo que se vendiesen estos productos dentro de los centros, lo cierto es que la iniciativa para reducir su consumo ha sacado un sonoro 'suspenso'.
Para llegar a esta conclusión, investigadores de 'Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine' examinaron a más de 7.000 chavales de secundaria de 40 escuelas públicas de EEUU entre los años 2003 y 2007, una época en que muchos estados y distritos escolares empezaron a promulgar las restricciones a estas bebidas. Sin embargo, los datos son claros. En la mayoría de los estados la prohibición se limita a los refrescos, pasando por alto otro tipo de bebidas como las isotónicas o los zumos de frutas azucarados, con lo que estos estudiantes no tienen problemas para conseguir su 'dosis' diaria y calórica de azúcar.
Y para muestra varios datos. Según este estudio, durante el periodo de estudio analizado la proporción de alumnos con restricciones en sus colegios que pudieron hacerse con otra bebida azucarada llegaba al 29%, una cifra similar a los que podían elegir libremente entre una Pepsi y una isotónica: el 26%. "La venta de refrescos en las escuelas se ha convertido en una fuente de ingresos rentable para muchos distritos escolares, y un número importante de estados han sido reacios a eliminarlas de sus escuelas, con prohibiciones parciales que no ayudan a evitar el problema", explica el doctor Daniel R. Taber, investigador asociado en la Universidad de Illinois (Chicago) y auto del estudio.
-Un problema en aumento
La obesidad en la adolescencia es un problema que va en aumento en todos los países. En EEUU, un 19,6% de los niños de entre 6 y 11 años son obesos y otro 15,9% posee sobrepeso, porcentajes que aumentan con los años. Estos datos son los que también se intentar evitar en la Unión Europea, que ya en 2006 recomendaba a los países miembros que vigilaran este tipo de productos. En España, por ejemplo, se cuenta con un 20% de adolescentes, entre obesos y con sobrepreso, menores de 17 años. Por ello, el pasado año se promulgaba la Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición, con la que se prohibía "la venta de alimentos y bebidas con un alto contenido en ácidos grasos saturados, ácidos grasos trans, sal y azúcares sencillos" y en el caso de las bebidas aquellas que superen los tres gramos por litro de glucosa.
"Aunque todo el mundo ya es consciente de que la bollería industrial agrava este problema, pocos se dan cuenta de que las bebidas azucaradas aportan un 15% de calorías diarias y, si bebemos más de la cuenta, es energía que no se quema", explican desde el Instituto de Medicina estadounidense.
Una percepción que quizá tenga mucho que ver con otra conclusión de este estudio. Según se señala, en los estados con una prohibición total de todo tipo de bebidas azucaradas su consumo no se había derrumbado, lo que sugiere que fuera de las escuelas es habitual que los jóvenes vayan con una Coca-Cola en la mano.
Para evitar estos datos, los especialistas plantean diferentes soluciones. Así, mientras los autores del estudio indican la necesidad de hacer leyes más estrictas en cuanto a la venta de estos productos, otros especialistas señalan a la educación como la mejor herramienta. De esta opinión es la doctora Cristina Azcona, consultora de endocrinología pediatra del departamento de pediatría de la Clínica Universidad de Navarra, "la solución no depende tanto de prohibir o no a través de leyes, sino de concienciar y educar a los niños a través de la escuela y en casa de que sí pueden beber este tipo de bebidas, pero con moderación".
Es más, para esta doctora, leyes como las que afecta en España a estos productos no mejoran la reducción en su consumo, "puesto que sin contar con datos como los de este estudio, cualquier médico infantil puede asegurar que los chavales siguen sin encontrar trabas para tomarlos", asegura a ELMUNDO.es Así, para ambos especialistas el mayor problema a solucionar pasa por derribar viejos mitos: "Los refrescos son la opción más popular entre los jóvenes y si no pueden acceder a ellos tienen la idea falsa de que otro tipo de bebidas con azúcar son saludables, esto es lo que hay que cambiar".
**Publicado en "EL MUNDO"
Para llegar a esta conclusión, investigadores de 'Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine' examinaron a más de 7.000 chavales de secundaria de 40 escuelas públicas de EEUU entre los años 2003 y 2007, una época en que muchos estados y distritos escolares empezaron a promulgar las restricciones a estas bebidas. Sin embargo, los datos son claros. En la mayoría de los estados la prohibición se limita a los refrescos, pasando por alto otro tipo de bebidas como las isotónicas o los zumos de frutas azucarados, con lo que estos estudiantes no tienen problemas para conseguir su 'dosis' diaria y calórica de azúcar.
Y para muestra varios datos. Según este estudio, durante el periodo de estudio analizado la proporción de alumnos con restricciones en sus colegios que pudieron hacerse con otra bebida azucarada llegaba al 29%, una cifra similar a los que podían elegir libremente entre una Pepsi y una isotónica: el 26%. "La venta de refrescos en las escuelas se ha convertido en una fuente de ingresos rentable para muchos distritos escolares, y un número importante de estados han sido reacios a eliminarlas de sus escuelas, con prohibiciones parciales que no ayudan a evitar el problema", explica el doctor Daniel R. Taber, investigador asociado en la Universidad de Illinois (Chicago) y auto del estudio.
-Un problema en aumento
La obesidad en la adolescencia es un problema que va en aumento en todos los países. En EEUU, un 19,6% de los niños de entre 6 y 11 años son obesos y otro 15,9% posee sobrepeso, porcentajes que aumentan con los años. Estos datos son los que también se intentar evitar en la Unión Europea, que ya en 2006 recomendaba a los países miembros que vigilaran este tipo de productos. En España, por ejemplo, se cuenta con un 20% de adolescentes, entre obesos y con sobrepreso, menores de 17 años. Por ello, el pasado año se promulgaba la Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición, con la que se prohibía "la venta de alimentos y bebidas con un alto contenido en ácidos grasos saturados, ácidos grasos trans, sal y azúcares sencillos" y en el caso de las bebidas aquellas que superen los tres gramos por litro de glucosa.
"Aunque todo el mundo ya es consciente de que la bollería industrial agrava este problema, pocos se dan cuenta de que las bebidas azucaradas aportan un 15% de calorías diarias y, si bebemos más de la cuenta, es energía que no se quema", explican desde el Instituto de Medicina estadounidense.
Una percepción que quizá tenga mucho que ver con otra conclusión de este estudio. Según se señala, en los estados con una prohibición total de todo tipo de bebidas azucaradas su consumo no se había derrumbado, lo que sugiere que fuera de las escuelas es habitual que los jóvenes vayan con una Coca-Cola en la mano.
Para evitar estos datos, los especialistas plantean diferentes soluciones. Así, mientras los autores del estudio indican la necesidad de hacer leyes más estrictas en cuanto a la venta de estos productos, otros especialistas señalan a la educación como la mejor herramienta. De esta opinión es la doctora Cristina Azcona, consultora de endocrinología pediatra del departamento de pediatría de la Clínica Universidad de Navarra, "la solución no depende tanto de prohibir o no a través de leyes, sino de concienciar y educar a los niños a través de la escuela y en casa de que sí pueden beber este tipo de bebidas, pero con moderación".
Es más, para esta doctora, leyes como las que afecta en España a estos productos no mejoran la reducción en su consumo, "puesto que sin contar con datos como los de este estudio, cualquier médico infantil puede asegurar que los chavales siguen sin encontrar trabas para tomarlos", asegura a ELMUNDO.es Así, para ambos especialistas el mayor problema a solucionar pasa por derribar viejos mitos: "Los refrescos son la opción más popular entre los jóvenes y si no pueden acceder a ellos tienen la idea falsa de que otro tipo de bebidas con azúcar son saludables, esto es lo que hay que cambiar".
**Publicado en "EL MUNDO"
Drinking water from plastic pipes - is it harmful?
Pipe-in-pipe systems are now commonly used to distribute water in many Norwegian homes. The inner pipe for drinking water is made of a plastic called cross-linked polyethylene (PEX). Are these pipes harmful to health and do they affect the taste and odour of drinking water? Previous international studies have shown that plastic pipes can release substances that give an unwanted taste and odour to drinking water. It has also been suggested that some of these substances may be carcinogenic.
The aim of the study by the Norwegian Institute of Public Health was to investigate whether leakage products from these pipes are harmful to health and if they affect the taste and odour of drinking water. These leakage products consist of residues of additives used during production to give plastic pipes their desired properties, as well as any subsequent breakdown products.
The study showed:
There are no health risks associated with drinking water from PEX pipes
A few types of PEX-pipe may cause prolonged undesirable taste and odour if the water remains in pipes over time
Although the taste and odour usually dissipate with use, water from two of the PEX types still had an unpleasant smell and taste after a year
The level of volatile organic compounds that leaked from new PEX pipes was generally low
The level was further reduced with use
No correlation was found between production method and leaking products
Ten different types of PEX pipes available in the Norwegian market were tested for leaching products in a standardised laboratory test. The water was in contact with the tubes for 72 hours.
Three different manufacturing methods produce pipes known as PEX-a, PEX-b or PEX-c. These methods use slightly different additives, but this study found no correlation between production method and leakage products.
2.4-di-tert-butyl-phenol and methyl-tert-butyl ether (MTBE) were two of the most commonly occurring substances detected in the water in the experiments.
For three types of new pipe, MTBE was detected in higher concentrations than the U.S. government's recommended limits for taste and odour of drinking water (USEPA), but the values were reduced to below this limit after the tubes had been in use for a while.
**Source: Norwegian Institute of Public Health
The aim of the study by the Norwegian Institute of Public Health was to investigate whether leakage products from these pipes are harmful to health and if they affect the taste and odour of drinking water. These leakage products consist of residues of additives used during production to give plastic pipes their desired properties, as well as any subsequent breakdown products.
The study showed:
There are no health risks associated with drinking water from PEX pipes
A few types of PEX-pipe may cause prolonged undesirable taste and odour if the water remains in pipes over time
Although the taste and odour usually dissipate with use, water from two of the PEX types still had an unpleasant smell and taste after a year
The level of volatile organic compounds that leaked from new PEX pipes was generally low
The level was further reduced with use
No correlation was found between production method and leaking products
Ten different types of PEX pipes available in the Norwegian market were tested for leaching products in a standardised laboratory test. The water was in contact with the tubes for 72 hours.
Three different manufacturing methods produce pipes known as PEX-a, PEX-b or PEX-c. These methods use slightly different additives, but this study found no correlation between production method and leakage products.
2.4-di-tert-butyl-phenol and methyl-tert-butyl ether (MTBE) were two of the most commonly occurring substances detected in the water in the experiments.
For three types of new pipe, MTBE was detected in higher concentrations than the U.S. government's recommended limits for taste and odour of drinking water (USEPA), but the values were reduced to below this limit after the tubes had been in use for a while.
**Source: Norwegian Institute of Public Health
Surgical procedure does not appear to reduce risk of subsequent stroke after 'mini-stroke'
Patients with thickening and blockage of the internal carotid artery (supplies blood to the brain) and hemodynamic cerebral ischemia (insufficient blood flow to the brain, sub-type of stroke) who had a surgical procedure performed to improve blood flow in the artery did not have a reduced rate of stroke after 2 years compared to similar patients who received medical therapy alone, according to a study in the November 9 issue of JAMA. "Atherosclerotic internal carotid artery occlusion (AICAO) causes approximately 10 percent of transient ischemic attacks [TIAs; temporary cessation or reduction of blood supply to part of the brain, resulting in brief neurologic dysfunction that usually persists for less than 24 hours; often referred to as 'mini-stroke'] and 15 percent to 25 percent of ischemic strokes in the carotid territory. The 2-year risk of subsequent ipsilateral [on the same side of the previous stroke] ischemic stroke while a patient receives medical therapy is 10 percent to 15 percent," according to background information in the article. Extracranial-intracranial (EC-IC; outside, within the skull) arterial bypass surgery was developed to prevent subsequent stroke by improving blood flow to the blocked artery with revascularization. A previous trial regarding use of this surgery failed to demonstrate benefit, though "this trial was criticized for failing to identify the subgroup of patients with hemodynamic cerebral ischemia due to poor collateral circulation for whom surgical revascularization might be of greatest benefit."
William J. Powers, M.D., of the University of North Carolina School of Medicine, Chapel Hill, and colleagues conducted the Carotid Occlusion Surgery Study (COSS) to determine whether EC-IC bypass surgery, added to best medical therapy, reduces subsequent ipsilateral ischemic stroke at 2 years in patients with recently symptomatic AICAO and hemodynamic cerebral ischemia identified by positron emission tomography (PET). Of 195 patients who were randomized, 97 were randomized to receive surgery and 98 to no surgery. Antithrombotic therapy and risk factor intervention were recommended for all participants. The randomized trial was conducted from 2002 to 2010 at 49 clinical centers and 18 PET centers in the United States and Canada.
The primary measured outcome for all participants randomized to the surgical group who received surgery was the combination of (1) all stroke and death from surgery through 30 days after surgery and (2) ipsilateral ischemic stroke within 2 years of randomization. For the nonsurgical group and for those randomized to the surgical group who did not receive surgery, the primary measured outcome was the combination of (1) all stroke and death from randomization to randomization plus 30 days and (2) ipsilateral ischemic stroke within 2 years of randomization.
Median (midpoint) follow-up for the surgical group was 723 days; for the nonsurgical group, it was 722 days. The trial was terminated early due to futility. The researchers found that the two-year rates for the primary end point were 21.0 percent (20 events) for the surgical group and 22.7 percent (20 events) for the nonsurgical group, a difference of 1.7 percent. At 30 days, the rates of ipsilateral ischemic stroke were 14.4 percent (14/97) in the surgical group and 2.0 percent (2/98) in the nonsurgical group, a difference of 12.4 percent.
"The lower stroke risk observed in the COSS for the nonsurgical group is similar to the better outcomes observed in more recent studies of patients with medically treated asymptomatic carotid artery stenosis, ascribed to improvements in medical therapy. These observations reaffirm the hazard of using even the most carefully studied historical controls to infer therapeutic efficacy and the necessity of performing randomized controlled trials to establish clinical benefit. Although improved hemodynamics in participants who survived EC-IC bypass surgery without perioperative stroke was associated with low risk of recurrent stroke, the better-than-expected efficacy of medical therapy in the nonsurgical group was sufficient to nullify any overall benefit of surgery," the authors write.
**Source: JAMA and Archives Journals
William J. Powers, M.D., of the University of North Carolina School of Medicine, Chapel Hill, and colleagues conducted the Carotid Occlusion Surgery Study (COSS) to determine whether EC-IC bypass surgery, added to best medical therapy, reduces subsequent ipsilateral ischemic stroke at 2 years in patients with recently symptomatic AICAO and hemodynamic cerebral ischemia identified by positron emission tomography (PET). Of 195 patients who were randomized, 97 were randomized to receive surgery and 98 to no surgery. Antithrombotic therapy and risk factor intervention were recommended for all participants. The randomized trial was conducted from 2002 to 2010 at 49 clinical centers and 18 PET centers in the United States and Canada.
The primary measured outcome for all participants randomized to the surgical group who received surgery was the combination of (1) all stroke and death from surgery through 30 days after surgery and (2) ipsilateral ischemic stroke within 2 years of randomization. For the nonsurgical group and for those randomized to the surgical group who did not receive surgery, the primary measured outcome was the combination of (1) all stroke and death from randomization to randomization plus 30 days and (2) ipsilateral ischemic stroke within 2 years of randomization.
Median (midpoint) follow-up for the surgical group was 723 days; for the nonsurgical group, it was 722 days. The trial was terminated early due to futility. The researchers found that the two-year rates for the primary end point were 21.0 percent (20 events) for the surgical group and 22.7 percent (20 events) for the nonsurgical group, a difference of 1.7 percent. At 30 days, the rates of ipsilateral ischemic stroke were 14.4 percent (14/97) in the surgical group and 2.0 percent (2/98) in the nonsurgical group, a difference of 12.4 percent.
"The lower stroke risk observed in the COSS for the nonsurgical group is similar to the better outcomes observed in more recent studies of patients with medically treated asymptomatic carotid artery stenosis, ascribed to improvements in medical therapy. These observations reaffirm the hazard of using even the most carefully studied historical controls to infer therapeutic efficacy and the necessity of performing randomized controlled trials to establish clinical benefit. Although improved hemodynamics in participants who survived EC-IC bypass surgery without perioperative stroke was associated with low risk of recurrent stroke, the better-than-expected efficacy of medical therapy in the nonsurgical group was sufficient to nullify any overall benefit of surgery," the authors write.
**Source: JAMA and Archives Journals
Se ha estancado durante 20 años la estatura de las españolas

Las generaciones de mujeres que nacieron en España entre 1939 y 1958 no superaron los 160 cm de altura, mientras que las generaciones de varones nacidos en esos mismos años experimentaron un proceso de crecimiento sostenido. Esta es una de las conclusiones a las que ha llegado un estudio dirigido por el investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Julio Pérez. La investigación repasa los cambios generacionales de la estatura en España a lo largo del siglo XX e incluye por primera vez un análisis conjunto de hombres y mujeres.
La investigación toma como base los datos de la Encuesta Nacional de Salud, realizada por el Estado desde 1987. “Hasta ahora la estatura se venía estudiando con los datos del Ministerio de Defensa de los hombres llamados a filas. En este caso, al tener los datos sobre las generaciones hemos podido comprobar que la evolución del crecimiento no se produce de forma paralela entre hombres y mujeres. Ya se sabía que existe un cierto dimorfismo sexual, que las mujeres miden algo menos, pero ahora hemos visto que hay un grupo de generaciones femeninas en las que la estatura apenas aumentó”, explica Julio Pérez, del Centro de Ciencias Humanas y Sociales.
El estudio, realizado en el Centro de Estudios Demográficos de Barcelona, no se aventura en dar una explicación concreta para este fenómeno. “La estatura se ve condicionada por factores ambientales durante la infancia, especialmente la alimentación y las condiciones sanitarias, sumadas a la influencia de los genes. Este estancamiento en las mujeres podría tener muchas causas, pero con dos datos de los que disponemos ahora no podemos confirmar ni desmentir ninguna hipótesis aún”, continúa Pérez.
La investigación toma como base los datos de la Encuesta Nacional de Salud, realizada por el Estado desde 1987. “Hasta ahora la estatura se venía estudiando con los datos del Ministerio de Defensa de los hombres llamados a filas. En este caso, al tener los datos sobre las generaciones hemos podido comprobar que la evolución del crecimiento no se produce de forma paralela entre hombres y mujeres. Ya se sabía que existe un cierto dimorfismo sexual, que las mujeres miden algo menos, pero ahora hemos visto que hay un grupo de generaciones femeninas en las que la estatura apenas aumentó”, explica Julio Pérez, del Centro de Ciencias Humanas y Sociales.
El estudio, realizado en el Centro de Estudios Demográficos de Barcelona, no se aventura en dar una explicación concreta para este fenómeno. “La estatura se ve condicionada por factores ambientales durante la infancia, especialmente la alimentación y las condiciones sanitarias, sumadas a la influencia de los genes. Este estancamiento en las mujeres podría tener muchas causas, pero con dos datos de los que disponemos ahora no podemos confirmar ni desmentir ninguna hipótesis aún”, continúa Pérez.
-Diez centímetros más a lo largo del siglo XX
Otra de las conclusiones del estudio es el aumento de la estatura media de los españoles a lo largo del siglo XX. Según los datos consultados por los investigadores, los españoles nacidos en 1982 miden, de media, 10 centímetros más que aquellos que nacieron en 1910.
De esta forma, un varón adulto nacido en 1982 mide, de media, unos 177 centímetros, mientras que uno de la misma edad, pero nacido en 1910 tiene aproximadamente unos 166 centímetros de estatura. En el caso de las mujeres, las cifras se mueven entre los 155 centímetros para las nacidas en 1910 y los 162 centímetros para las que lo hicieron en 1982.
Los investigadores apuntan que el análisis de la estatura se ha convertido en las últimas décadas en una de las alternativas más fructíferas para estudiar la salud media de la población, en lugar de mirar sólo la esperanza de vida, debido a la influencia que factores ambientales como la alimentación y las condiciones sanitarias tienen en este parámetro.
La evolución de la estatura de los españoles ha sido más rápida que en otros países por la velocidad a la que se han producido los cambios socioeconómicos, productivos y demográficos. “A principios del siglo XX España tenía la mortalidad más alta de Europa y ha llegado al siglo XXI siendo uno de los países con la mayor esperanza de vida del mundo”, concluye Pérez.
Otra de las conclusiones del estudio es el aumento de la estatura media de los españoles a lo largo del siglo XX. Según los datos consultados por los investigadores, los españoles nacidos en 1982 miden, de media, 10 centímetros más que aquellos que nacieron en 1910.
De esta forma, un varón adulto nacido en 1982 mide, de media, unos 177 centímetros, mientras que uno de la misma edad, pero nacido en 1910 tiene aproximadamente unos 166 centímetros de estatura. En el caso de las mujeres, las cifras se mueven entre los 155 centímetros para las nacidas en 1910 y los 162 centímetros para las que lo hicieron en 1982.
Los investigadores apuntan que el análisis de la estatura se ha convertido en las últimas décadas en una de las alternativas más fructíferas para estudiar la salud media de la población, en lugar de mirar sólo la esperanza de vida, debido a la influencia que factores ambientales como la alimentación y las condiciones sanitarias tienen en este parámetro.
La evolución de la estatura de los españoles ha sido más rápida que en otros países por la velocidad a la que se han producido los cambios socioeconómicos, productivos y demográficos. “A principios del siglo XX España tenía la mortalidad más alta de Europa y ha llegado al siglo XXI siendo uno de los países con la mayor esperanza de vida del mundo”, concluye Pérez.
**Publicado en "ABC"
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