La biotecnología —la aplicación de la ciencia y la tecnología a organismos vivos— despega en España en lo que se refiere al número de investigadores, empresas y publicaciones científicas, pero este auge apenas se traduce en patentes. Así lo pone de manifiesto el informe Relevancia de la Biotecnología en España 2011, elaborado por la Fundación Genoma España (pública), presentado en Madrid y que analiza la evolución del sector entre 2000 y 2010.
“Las patentes siguen siendo aún muy bajas. Continuamos sin ser capaces de transformar el conocimiento”, recalca una de las autoras del estudio, Olga Ruiz. A la vista de ello, los expertos se preguntan si España “habrá llegado “a su máximo”.
Las patentes siguen siendo aún muy bajas. Continuamos sin ser capaces de transformar el conocimiento”, recalcó una de las autoras del estudio
El mayor peso de la investigación en biotecnología corresponde a los centros públicos: en 2009 empleaban a 16.249 personas, frente a los 5.429 trabajadores del sector privado. De las 212 patentes solicitadas en 2010, unas 150 fueron de organismos públicos. El resto, de privados y mixtos. En la década estudiada se solicitaron 1.546 patentes.
En España el número de patentes por investigador es 0,02, “aún insuficiente para compararnos con países de nuestro entorno”, según el estudio. De cada 100 patentes de biotecnología concedidas en la UE-15 el año pasado, el 1,5% era española (España ocupa el puesto décimo, solo por delante de Irlanda, Austria, Portugal, Luxemburgo y Grecia).
El informe detalla el crecimiento del sector. En 2000, existían 425 empresas de biotecnología y se pidió el registro de 81 patentes. En 2010 ya existían 823 compañías. En ese lapso, las empresas pasaron de facturar 196,6 millones de euros a 1.429. Las firmas aportan el 60% de los fondos para su I+D en biotecnología. Otro 22% procede de financiación pública y el resto proviene sobre todo de financiación extranjera (incluidos los fondos de la UE) e instituciones sin ánimo de lucro, a tenor del estudio.
El mal papel en patentes contrasta con la mejoría en publicaciones científicas de prestigio. Los investigadores publican el 3% de la producción mundial de artículos y el 9% de la europea. El informe recoge la caída de la financiación pública en biotecnología. En 2007, el año récord, las ayudas ascendieron a 589 millones. En 2010 cayeron a 467 millones.
**Publicado en "EL PAIS"
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21 December 2011
Researchers use light to measure cancer cells' response to treatment
Many cancer therapies target specific proteins that proliferate on the outside of some cancer cells, but the therapies are imperfect and the cancer does not always respond. Since it is beneficial for doctors to know as soon as possible how a cancer is affected by treatment, researchers from Vanderbilt University are striving to design tests that assess treatment response rapidly, accurately, and cost-effectively. The team has demonstrated a new way to optically test cultured cancer cells' response to a particular cancer drug. The results appear in the December issue of the Optical Society's (OSA) open-access journal Biomedical Optics Express.
Certain cancer cells display a higher-than-normal number of proteins called human epidermal growth factor receptor 2 (HER2). In healthy cells, HER2 helps mediate cell growth, but overexpression of HER2 can mark one of the most aggressive forms of breast cancer. Drugs that bind to and block growth factor receptors have been shown to prolong life in some cancer patients, but about 30 percent of HER2 overexpressing tumors do not respond to the drug. Tests to identify these non-responding tumors early on would help doctors make important treatment decisions that could improve patient outcomes.
To design such a test, the Vanderbilt team took advantage of the fact that some cancer cells preferentially use a different metabolic pathway when compared to normal cells. The researchers visualized the relative use of the different pathways by shining the cells with frequencies of light that caused two different metabolic molecules to naturally fluoresce. They then calculated a ratio between the two levels of fluorescence, called an optical redox ratio. The team found that, of the different cell lines they tested, HER2 overexpressing cells had the highest optical redox ratio. They also found that when HER2 cancer cells were treated with an HER2-blocking drug, the ratio decreased. This decrease, however, was not observed in cancer cells that were resistant to the drug. The findings lay the groundwork for future in vivo studies and hold the promise that real-time tumor response to treatment might be measured optically.
*Source: Optical Society of America
Certain cancer cells display a higher-than-normal number of proteins called human epidermal growth factor receptor 2 (HER2). In healthy cells, HER2 helps mediate cell growth, but overexpression of HER2 can mark one of the most aggressive forms of breast cancer. Drugs that bind to and block growth factor receptors have been shown to prolong life in some cancer patients, but about 30 percent of HER2 overexpressing tumors do not respond to the drug. Tests to identify these non-responding tumors early on would help doctors make important treatment decisions that could improve patient outcomes.
To design such a test, the Vanderbilt team took advantage of the fact that some cancer cells preferentially use a different metabolic pathway when compared to normal cells. The researchers visualized the relative use of the different pathways by shining the cells with frequencies of light that caused two different metabolic molecules to naturally fluoresce. They then calculated a ratio between the two levels of fluorescence, called an optical redox ratio. The team found that, of the different cell lines they tested, HER2 overexpressing cells had the highest optical redox ratio. They also found that when HER2 cancer cells were treated with an HER2-blocking drug, the ratio decreased. This decrease, however, was not observed in cancer cells that were resistant to the drug. The findings lay the groundwork for future in vivo studies and hold the promise that real-time tumor response to treatment might be measured optically.
*Source: Optical Society of America
El plomo, el arsénico y el cadmio aumentan el riesgo de cáncer de páncreas
Los altos niveles de plomo, arsénico y cadmio aumentan el riesgo de desarrollar cáncer de páncreas, mientras que los de níquel y selenio lo reducen. Es la conclusión a la que llega un estudio de investigadores españoles y estadounidenses publicado hoy en la revista científica Gut. Los investigadores Núria Malats, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), y Miquel Porta, del Instituto de Investigación Hospital del Mar (IMIM), estudiaron los niveles de 12 elementos en 118 pacientes con cáncer de páncreas y 399 pacientes con otras patologías, todos ellos ingresados en diferentes hospitales españoles.
Los investigadores analizaron la presencia de estos metales en las uñas de los pies. “Las uñas las recogimos entre 1992 y 1995, lo que ilustra lo útiles que son los bancos de muestras biológicas. Tras más de 15 años de almacenamiento, se analizaron en el Dartmouth College de Estados Unidos, y en ellas se detectaron muy altos niveles de metales o elementos como plomo, arsénico, cadmio…”, explica Porta. Los resultados de la comparación de los restos encontrados en las uñas de los pacientes con cáncer y los que no lo padecían acabaron mostrando que los que tenían niveles más altos de plomo presentaban seis veces más riesgo de padecer cáncer de páncreas. En el caso del arsénico y el cadmio, el riesgo se multiplicaba por dos o por tres.
-La principal fuente de exposición es la dieta, aunque también están en el aire y el agua
El análisis también mostró que los individuos con niveles de níquel y selenio altos tenían una probabilidad entre un 33% y un 95% menor de desarrollar un cáncer de páncreas que los que tenían niveles más bajos. No es la primera vez que un estudio científico asocia el selenio con la protección contra determinados tipos de cáncer. Este elemento puede contrarrestar los efectos nocivos del cadmio, el arsénico y el plomo, según algunas investigaciones.
¿Dónde están los elementos nocivos? “Nuestra hipótesis es que la principal fuente de exposición es la dieta, aunque también están en el aire y el agua, y en algunos lugares de trabajo. Eso es lo siguiente que vamos a estudiar”, asegura Porta.
Las uñas, señala Malats, “son una buena matriz biológica donde se acumulan metales por un periodo de tiempo considerable, entre uno y tres años”. La investigadora añade que “el cadmio está presente en el tabaco y en exposiciones ocupacionales, el arsénico en el suelo y agua, y el plomo en contaminación de gasolina y ambiental. El organismo los absorbe de diferente manera, vía respiratoria o digestiva y se almacenan en diferentes tejidos, entre ellos, las uñas”.
-Hasta ahora, solo el tabaco, la obesidad y la diabetes se consideraban factores de riesgo
Este estudio podría tener una aplicación clínica. “Ayudará a hacer prevención primaria, a prevenir la aparición de la enfermedad”, afirma Porta. “Casi todo el mundo se dedica a buscar mejores diagnósticos y tratamientos (con poquísimo éxito), pero pocos a impedir que el mortífero cáncer de páncreas aparezca”, añade. Este tipo de cáncer es poco frecuente pero muy letal. Hasta ahora, solo el tabaco, la obesidad y la diabetes se consideraban factores de riesgo comprobados.
“Los resultados deben replicarse”, explica Malats. “Si se replican, el siguiente paso es probar el efecto protector del selenio, al menos, mediante un ensayo clínico antes de poder administrarlo a población de alto riesgo de desarrollar cáncer de páncreas”.
**Publicado en "EL PAIS"
Los investigadores analizaron la presencia de estos metales en las uñas de los pies. “Las uñas las recogimos entre 1992 y 1995, lo que ilustra lo útiles que son los bancos de muestras biológicas. Tras más de 15 años de almacenamiento, se analizaron en el Dartmouth College de Estados Unidos, y en ellas se detectaron muy altos niveles de metales o elementos como plomo, arsénico, cadmio…”, explica Porta. Los resultados de la comparación de los restos encontrados en las uñas de los pacientes con cáncer y los que no lo padecían acabaron mostrando que los que tenían niveles más altos de plomo presentaban seis veces más riesgo de padecer cáncer de páncreas. En el caso del arsénico y el cadmio, el riesgo se multiplicaba por dos o por tres.
-La principal fuente de exposición es la dieta, aunque también están en el aire y el agua
El análisis también mostró que los individuos con niveles de níquel y selenio altos tenían una probabilidad entre un 33% y un 95% menor de desarrollar un cáncer de páncreas que los que tenían niveles más bajos. No es la primera vez que un estudio científico asocia el selenio con la protección contra determinados tipos de cáncer. Este elemento puede contrarrestar los efectos nocivos del cadmio, el arsénico y el plomo, según algunas investigaciones.
¿Dónde están los elementos nocivos? “Nuestra hipótesis es que la principal fuente de exposición es la dieta, aunque también están en el aire y el agua, y en algunos lugares de trabajo. Eso es lo siguiente que vamos a estudiar”, asegura Porta.
Las uñas, señala Malats, “son una buena matriz biológica donde se acumulan metales por un periodo de tiempo considerable, entre uno y tres años”. La investigadora añade que “el cadmio está presente en el tabaco y en exposiciones ocupacionales, el arsénico en el suelo y agua, y el plomo en contaminación de gasolina y ambiental. El organismo los absorbe de diferente manera, vía respiratoria o digestiva y se almacenan en diferentes tejidos, entre ellos, las uñas”.
-Hasta ahora, solo el tabaco, la obesidad y la diabetes se consideraban factores de riesgo
Este estudio podría tener una aplicación clínica. “Ayudará a hacer prevención primaria, a prevenir la aparición de la enfermedad”, afirma Porta. “Casi todo el mundo se dedica a buscar mejores diagnósticos y tratamientos (con poquísimo éxito), pero pocos a impedir que el mortífero cáncer de páncreas aparezca”, añade. Este tipo de cáncer es poco frecuente pero muy letal. Hasta ahora, solo el tabaco, la obesidad y la diabetes se consideraban factores de riesgo comprobados.
“Los resultados deben replicarse”, explica Malats. “Si se replican, el siguiente paso es probar el efecto protector del selenio, al menos, mediante un ensayo clínico antes de poder administrarlo a población de alto riesgo de desarrollar cáncer de páncreas”.
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New device for rapid, mobile detection of brain injury
When accidents that involve traumatic brain injuries occur, a speedy diagnosis followed by the proper treatment can mean the difference between life and death. A research team, led by Jason D. Riley in the Section on Analytical and Functional Biophotonics at the U.S. National Institutes of Health, has created a handheld device capable of quickly detecting brain injuries such as hematomas, which occur when blood vessels become damaged and blood seeps out into surrounding tissues where it can cause significant and dangerous swelling. A paper describing the team's proof-of-concept prototype for the hematoma detection device appears in the Optical Society's (OSA) open-access journal Biomedical Optics Express. The device is based on the concept of using instrumental motion as a signal in near-infrared imaging, according to the researchers, rather than treating it as noise. It relies on a simplified single-source configuration with a dual separation detector array and uses motion as a signal for detecting changes in blood volume in the tough, outermost membrane enveloping the brain and spinal cord.
One of the primary applications for the finished device will be the rapid screening of traumatic brain injury patients before using more expensive and busy CT and MRI imaging techniques. In cases where CT and MRI imaging facilities aren't available, such as battlefields or on the scene of accidents, the team believes near-infrared imaging will help to determine the urgency of patient transport and treatment, as well as provide a means of monitoring known hematomas at the bedside or outpatient clinic.
*Source: Optical Society of America
One of the primary applications for the finished device will be the rapid screening of traumatic brain injury patients before using more expensive and busy CT and MRI imaging techniques. In cases where CT and MRI imaging facilities aren't available, such as battlefields or on the scene of accidents, the team believes near-infrared imaging will help to determine the urgency of patient transport and treatment, as well as provide a means of monitoring known hematomas at the bedside or outpatient clinic.
*Source: Optical Society of America
Alarma entre los científicos por el retraso del Plan Nacional de I+D
Una ola de temor se propagó ayer por la comunidad científica al informar el Gobierno saliente de que se va sin sacar la convocatoria de proyectos de Investigación Fundamental no Orientada del Plan Nacional de I+D+i, auténtica columna vertebral del sistema de ciencia español. También queda pendiente el programa de Formación de Personal Investigador, dirigido a jóvenes que hagan la tesis doctoral.
El Ministerio de Ciencia e Innovación, de Cristina Garmendia, en lo que ha debido ser una de sus últimas actuaciones, envió el lunes una carta a los directores de centro comunicándoles que pasarían al futuro Gobierno la responsabilidad de la convocatoria del plan. La medida ha provocado inquietud, dado que de la financiación de estos proyectos depende la labor de miles de investigadores. En concreto, 5.987 científicos presentaron sus propuestas a la convocatoria del año pasado y 3.350 fueron aprobadas y financiadas, con una cantidad total de 384 millones de euros. De esta cifra, 325 millones son subvenciones del Estado Español y el resto son fondos de la UE, según datos del departamento de Garmendia.
Los proyectos del Plan Nacional son trianuales, por lo que al quedar en el aire -de momento- la convocatoria de este año, resulta afectada aproximadamente una tercera parte de los grupos científicos, tanto en universidades como en centros de investigación. La carta, remitida por la directora general de Investigación y Gestión del Plan Nacional de I+D+i, Montserrat Torné, explicaba a los directores de centro que, desde el punto de vista administrativo, la convocatoria está lista. Sin embargo, "dada la condición de Gobierno en funciones y después de tratar el tema con la comisión de traspasos del Partido Popular, será el Gobierno entrante quien decida su aprobación y publicación". El propio envío de esta misiva, pone en evidencia que la convocatoria es un procedimiento rutinario esperado por toda la comunidad científica en estas fechas. Varios directores de centro consultados por EL PAÍS convocaron ayer reuniones con los investigadores para evaluar la situación y se hicieron eco del nerviosismo reinante en este colectivo.
La convocatoria y resolución de proyectos del Plan Nacional de I+D+i conlleva un complejo sistema de gestión que exige unos 10 meses de trámites desde que se cierra el plazo de solicitudes hasta que se comunica el dictamen a los seleccionados, por lo que resulta complicado absorber los retrasos. En 1996 se saltó la convocatoria, precisamente en el traspaso de poderes y presupuestos del Gobierno de Felipe González al de José María Aznar.
Los científicos financian su labor investigadora con estos programas competitivos que seleccionan a los mejores. Las instituciones públicas, como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), pagan los sueldos y proporcionan despacho y laboratorio a los investigadores, así como algunos grandes equipos, pero todo el trabajo del laboratorio, aparatos de análisis, personal de apoyo, etcétera, se paga fundamentalmente con cargo a estos proyectos competitivos, en los que tienen que justificar con facturas la utilización de todo el dinero recibido. Los investigadores también buscan otras fuentes de financiación, que puede ser de la UE, de las comunidades autónomas, programas de área (como biomedicina), de contratos con empresas, etcétera. Pero la gran mayoría depende, sobre todo, del Plan Nacional de I+D+i, que es, como dice un investigador, "la savia del árbol de la ciencia española". Cada científico presenta su proyecto, que debe ser revisado y evaluado entre científicos antes de que el Ministerio, tras un plazo de alegaciones, publique el dictamen. La financiación asignada en la convocatoria que se abre en diciembre llega al centro del investigador unos 11 meses más tarde. La que ahora se ha quedado en suspenso debería asignar los fondos (del presupuesto de 2012) para los proyectos que arranquen en enero de 2013.
**Publicado en "EL PAIS"
El Ministerio de Ciencia e Innovación, de Cristina Garmendia, en lo que ha debido ser una de sus últimas actuaciones, envió el lunes una carta a los directores de centro comunicándoles que pasarían al futuro Gobierno la responsabilidad de la convocatoria del plan. La medida ha provocado inquietud, dado que de la financiación de estos proyectos depende la labor de miles de investigadores. En concreto, 5.987 científicos presentaron sus propuestas a la convocatoria del año pasado y 3.350 fueron aprobadas y financiadas, con una cantidad total de 384 millones de euros. De esta cifra, 325 millones son subvenciones del Estado Español y el resto son fondos de la UE, según datos del departamento de Garmendia.
Los proyectos del Plan Nacional son trianuales, por lo que al quedar en el aire -de momento- la convocatoria de este año, resulta afectada aproximadamente una tercera parte de los grupos científicos, tanto en universidades como en centros de investigación. La carta, remitida por la directora general de Investigación y Gestión del Plan Nacional de I+D+i, Montserrat Torné, explicaba a los directores de centro que, desde el punto de vista administrativo, la convocatoria está lista. Sin embargo, "dada la condición de Gobierno en funciones y después de tratar el tema con la comisión de traspasos del Partido Popular, será el Gobierno entrante quien decida su aprobación y publicación". El propio envío de esta misiva, pone en evidencia que la convocatoria es un procedimiento rutinario esperado por toda la comunidad científica en estas fechas. Varios directores de centro consultados por EL PAÍS convocaron ayer reuniones con los investigadores para evaluar la situación y se hicieron eco del nerviosismo reinante en este colectivo.
La convocatoria y resolución de proyectos del Plan Nacional de I+D+i conlleva un complejo sistema de gestión que exige unos 10 meses de trámites desde que se cierra el plazo de solicitudes hasta que se comunica el dictamen a los seleccionados, por lo que resulta complicado absorber los retrasos. En 1996 se saltó la convocatoria, precisamente en el traspaso de poderes y presupuestos del Gobierno de Felipe González al de José María Aznar.
Los científicos financian su labor investigadora con estos programas competitivos que seleccionan a los mejores. Las instituciones públicas, como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), pagan los sueldos y proporcionan despacho y laboratorio a los investigadores, así como algunos grandes equipos, pero todo el trabajo del laboratorio, aparatos de análisis, personal de apoyo, etcétera, se paga fundamentalmente con cargo a estos proyectos competitivos, en los que tienen que justificar con facturas la utilización de todo el dinero recibido. Los investigadores también buscan otras fuentes de financiación, que puede ser de la UE, de las comunidades autónomas, programas de área (como biomedicina), de contratos con empresas, etcétera. Pero la gran mayoría depende, sobre todo, del Plan Nacional de I+D+i, que es, como dice un investigador, "la savia del árbol de la ciencia española". Cada científico presenta su proyecto, que debe ser revisado y evaluado entre científicos antes de que el Ministerio, tras un plazo de alegaciones, publique el dictamen. La financiación asignada en la convocatoria que se abre en diciembre llega al centro del investigador unos 11 meses más tarde. La que ahora se ha quedado en suspenso debería asignar los fondos (del presupuesto de 2012) para los proyectos que arranquen en enero de 2013.
**Publicado en "EL PAIS"
Hypertension treatment associated with long-term improvement in life expectancy
Patients with systolic hypertension who were treated with the diuretic chlorthalidone for 4.5 years as part of a clinical trial had a significantly lower rate of death and a gain in life expectancy free from cardiovascular death about 20 years later compared to patients who received placebo, according to a study in the December 21 issue of JAMA. "Antihypertensive drug therapy has been shown to decrease nonfatal and fatal cardiovascular events in controlled clinical trials and meta-analyses. However, long-term data on gain in life expectancy are not available," according to background information in the article.
John B. Kostis, M.D., of the UMDNJ-Robert Wood Johnson Medical School, New Brunswick, N.J., and colleagues conducted a study to examine the effect of blood pressure (BP) lowering on long-term outcomes such as life expectancy. The researchers obtained long-term mortality data for participants in the Systolic Hypertension in the Elderly Program (SHEP) trial, which was a randomized, placebo-controlled, clinical trial designed to assess the effect of antihypertensive drug treatment (chlorthalidone) in reducing the risk of stroke in patients with isolated systolic hypertension. Recruitment for SHEP was between March 1985 and January 1988. After the end of a 4.5-year randomized phase of the SHEP trial, all participants were advised to receive active therapy. The time interval between the beginning of recruitment and the ascertainment of death (December 2006) was approximately 22 years (21 years 10 months). Of the 4,736 participants enrolled in the SHEP trial, 2,365 (49.9 percent) were randomized to active treatment therapy and 2,371 (50.1 percent) were randomized to placebo. The average age of participants was 72 years, 57 percent were women, and 14 percent were black.
At the end of follow-up, 2,851 of the 4,736 randomized patients (60.2 percent) had died, with 1,416 deaths (59.9 percent) in the active treatment group and 1,435 deaths (60.5 percent) in the placebo group. The researchers found that both life expectancy and time to the 70th percentile survival at the end of follow-up were longer for the SHEP participants who were randomized to the active group compared with those randomized to the placebo group. Life expectancy gain at 22 years was 158 days for cardiovascular death and 105 days for death from all causes. The gain in life expectancy free from cardiovascular death corresponds with 1 day (0.89 days) gained per month of treatment. For all-cause mortality, the gain in life expectancy from 1 month of antihypertensive drug treatment was estimated at a half day (0.59 days).
The authors also found that the active treatment group was associated with higher survival free from cardiovascular death compared with the placebo group (669 deaths [28.3 percent] vs. 735 deaths [31 percent], respectively).
"Reporting that each month of antihypertensive therapy was associated with 1 day prolongation of life expectancy free from cardiovascular death is a strong message that may result in increased patient adherence to drug therapy and decrease the degree of therapeutic inertia by health care providers," the authors write.
**Source: JAMA and Archives Journals
John B. Kostis, M.D., of the UMDNJ-Robert Wood Johnson Medical School, New Brunswick, N.J., and colleagues conducted a study to examine the effect of blood pressure (BP) lowering on long-term outcomes such as life expectancy. The researchers obtained long-term mortality data for participants in the Systolic Hypertension in the Elderly Program (SHEP) trial, which was a randomized, placebo-controlled, clinical trial designed to assess the effect of antihypertensive drug treatment (chlorthalidone) in reducing the risk of stroke in patients with isolated systolic hypertension. Recruitment for SHEP was between March 1985 and January 1988. After the end of a 4.5-year randomized phase of the SHEP trial, all participants were advised to receive active therapy. The time interval between the beginning of recruitment and the ascertainment of death (December 2006) was approximately 22 years (21 years 10 months). Of the 4,736 participants enrolled in the SHEP trial, 2,365 (49.9 percent) were randomized to active treatment therapy and 2,371 (50.1 percent) were randomized to placebo. The average age of participants was 72 years, 57 percent were women, and 14 percent were black.
At the end of follow-up, 2,851 of the 4,736 randomized patients (60.2 percent) had died, with 1,416 deaths (59.9 percent) in the active treatment group and 1,435 deaths (60.5 percent) in the placebo group. The researchers found that both life expectancy and time to the 70th percentile survival at the end of follow-up were longer for the SHEP participants who were randomized to the active group compared with those randomized to the placebo group. Life expectancy gain at 22 years was 158 days for cardiovascular death and 105 days for death from all causes. The gain in life expectancy free from cardiovascular death corresponds with 1 day (0.89 days) gained per month of treatment. For all-cause mortality, the gain in life expectancy from 1 month of antihypertensive drug treatment was estimated at a half day (0.59 days).
The authors also found that the active treatment group was associated with higher survival free from cardiovascular death compared with the placebo group (669 deaths [28.3 percent] vs. 735 deaths [31 percent], respectively).
"Reporting that each month of antihypertensive therapy was associated with 1 day prolongation of life expectancy free from cardiovascular death is a strong message that may result in increased patient adherence to drug therapy and decrease the degree of therapeutic inertia by health care providers," the authors write.
**Source: JAMA and Archives Journals
El 40% de los miembros de seguridad de EEUU tiene algún trastorno del sueño según un estudio
Los policías están 'tocados' de sueño. Una investigación estadounidense con cerca de 5.000 agentes revela la elevada tasa de trastornos del sueño que padece este colectivo, lo que compromete su salud y puede poner en riesgo su seguridad y la de los demás.
Charles Czeisler, de la División de Medicina del Sueño del Hospital Brigham de Mujeres en Boston y autor principal del ensayo, se muestra así de contundente en el último 'Journal of American Medical Association' (JAMA) .
Aún no se ha llevado a cabo ninguna evaluación de este tipo en todos los cuerpos de seguridad de nuestro país. Así lo reconoce a ELMUNDO.es el Sindicato Unificado de Policía (SUP), que admite, no obstante, que "los datos que arroja el estudio son muy similares a los aportados en algunos análisis realizados en la UE".
-En España
Precisamente este colectivo ha solicitado la evaluación de los agentes que trabajan a turnos. "Creemos que tienen un importante impacto en la salud física de los trabajadores. Muchos están con problemas de estómago, insomnio... Pero también afecta a la salud psíquica. Precisamente un policía se suicidó el mes pasado y creemos que detrás de este acto estaba su agotamiento. Trabajaba a turnos, no descansaba lo que aumenta el riesgo de depresión, soledad, pesimismo... Por este motivo enviamos nuestra petición al Congreso, esperamos que a partir del año que viene se lleve a cabo", insisten fuentes del SUP.
Los trastornos del sueño afectan a "entre el 50% y el 70% de los residentes de EEUU. Buena parte de ellos está sin diagnosticar y, en consecuencia, sin tratar, lo que repercute en su salud (hipertensión, enfermedad cardiaca, depresión...), seguridad y rendimiento. Todo ello con importantes consecuencias económicas... Los cambios de horario, que incuben aproximadamente al 10% de los trabajadores nocturnos o con turnos rotativos se asocian con alteraciones sociales, mayores tasas de úlceras gastroduodenales, accidentes laborales y absentismo", reza el ensayo.
-12 años de servicio
Hasta ahora, sin embargo, la "salud, la seguridad y el rendimiento de los policías no han sido estudiados de forma sistemática. Hemos llevado a cabo una investigación con oficiales de EEUU para establecer la relación entre trastornos del sueño y todos los factores señalados", detallan los investigadores.
Czeisler y su equipo han contado con 4.957 policías (la mayoría de ellos, varones) con una media de edad de 38 años y con una estancia media en el servicio de 12.
Los investigadores realizaron cuestionarios a todos los participantes sobre su estado de salud. "Si lo consideraban pobre, bueno, muy bueno o excelente. Además de preguntarles si estaban diagnosticados de algún trastorno del sueño, enfermedad cardiaca, diabetes, trastorno gastrointestinal, depresión o ansiedad", documentan los científicos. Otros aspectos indagados hacen referencia a si conducían con sueño, si tomaban medicación para dormir o bebían alcohol. Además, se les sometió a un cuestionario para establecer si tenían o no síndrome d Burnout ('profesional quemado').
Finalmente, y tras varios test de sueño, 126 de los participantes se sometieron a una polisomnografía, una de las pruebas más comunes para estudiar la calidad del mismo.
Tras analizar los datos mediante varios modelos matemáticos, los científicos encontraron que hasta un 40,4% de los policías padecía al menos un trastorno del sueño. De todos ellos, un 33% dio positivo para la apnea obstructiva, un 6,5% sufría insomnio moderado o grave y un 14%, un trastorno relacionado con los cambios de turno.
-Consecuencias
"Nuestros resultados destacan que aquéllos con problemas de sueño se sentían peor de salud en comparación con los que dormían bien", destacan los investigadores. Asimismo, pasar 'malas noches' se asoció con un mayor riesgo de depresión y de síndrome de Bournout. "Dar positivo en apnea obstructiva se relacionó con más posibilidades de estar diagnosticado de diabetes, enfermedad cardiovascular y un consumo elevado de cafeína", detallan los científicos.
Más datos preocupantes son los que hacen referencia al elevado porcentaje de agentes que 'se sentía dormido durante el día': hasta un 28,5% admitió sufrir somnolencia al volante al menos dos veces al mes. Grave también es el hecho, de que aquéllos que sufrían problemas con 'la almohada', reconocieron cometer más errores administrativos, 'violaban' con más frecuencia normas relativas a la seguridad debido a la fatiga, tenían más ira descontrolada frente a los ciudadanos o sospechosos, habían recibido más quejas de los ciudadanos y presentaban más absentismo laboral.
"Los trastornos del sueño son muy comunes entre la policía y están sin diagnosticar ni tratar... Todo ello se traduce en peor estado de salud, seguridad y menor rendimiento", concluyen los investigadores.
Los problemas a la hora de dormir se correlacionan con "una deficiencia crónica de sueño que acaba por afectar al rendimiento laboral. Asimismo, hay estudios previos que han constatado mediante pruebas de imagen (resonancia magnética) cambios en la amígdala cerebral (encargada del procesamiento y almacenamiento de las reacciones emocionales), lo que podría explicar por qué los agentes con más problemas a la hora de dormir son los que más quejas recibían de los usuarios", documentan los científicos.
-Qué se puede hacer
Ante todos estos datos, los científicos determinan que son necesarias "más investigaciones que determinen qué tipo de prevención, chequeos y programas de tratamiento se deben llevar a cabo en determinados colectivos de trabajadores para reducir el riesgo de trastorno del sueño y todos los problemas derivados de ellos".
De la misma opinión se muestran Michael Grandner y Allan Pack, ambos de la Universidad de Pensilvania (EEUU), en un editorial que acompaña al estudio. "Se necesitan más investigaciones sobre los problemas de sueño en los trabajadores... El estudio, que publica el 'JAMA', es una aportación muy importante sobre las consecuencias para la salud y la seguridad pública que implica la privación de sueño o la falta de tratamiento de los trastornos relacionados con él". documentan.
E insisten: "Como una cuestión pública, el estudio habla de la falta de diagnóstico general y de tratamiento de trastornos del sueño en la población general, con importantes implicaciones para la salud y el funcionamiento. Como una cuestión de seguridad pública, ilustra que el público en general también pueden estar en riesgo cuando las facultades de un policía están mermadas a la hora de desempeñar sus funciones a causa de la falta de sueño o de un trastorno no tratado. Ahora, la pregunta es: ¿Qué harán los departamentos de policía con esta nueva información?".
**Publicado en "EL MUNDO"
Charles Czeisler, de la División de Medicina del Sueño del Hospital Brigham de Mujeres en Boston y autor principal del ensayo, se muestra así de contundente en el último 'Journal of American Medical Association' (JAMA) .
Aún no se ha llevado a cabo ninguna evaluación de este tipo en todos los cuerpos de seguridad de nuestro país. Así lo reconoce a ELMUNDO.es el Sindicato Unificado de Policía (SUP), que admite, no obstante, que "los datos que arroja el estudio son muy similares a los aportados en algunos análisis realizados en la UE".
-En España
Precisamente este colectivo ha solicitado la evaluación de los agentes que trabajan a turnos. "Creemos que tienen un importante impacto en la salud física de los trabajadores. Muchos están con problemas de estómago, insomnio... Pero también afecta a la salud psíquica. Precisamente un policía se suicidó el mes pasado y creemos que detrás de este acto estaba su agotamiento. Trabajaba a turnos, no descansaba lo que aumenta el riesgo de depresión, soledad, pesimismo... Por este motivo enviamos nuestra petición al Congreso, esperamos que a partir del año que viene se lleve a cabo", insisten fuentes del SUP.
Los trastornos del sueño afectan a "entre el 50% y el 70% de los residentes de EEUU. Buena parte de ellos está sin diagnosticar y, en consecuencia, sin tratar, lo que repercute en su salud (hipertensión, enfermedad cardiaca, depresión...), seguridad y rendimiento. Todo ello con importantes consecuencias económicas... Los cambios de horario, que incuben aproximadamente al 10% de los trabajadores nocturnos o con turnos rotativos se asocian con alteraciones sociales, mayores tasas de úlceras gastroduodenales, accidentes laborales y absentismo", reza el ensayo.
-12 años de servicio
Hasta ahora, sin embargo, la "salud, la seguridad y el rendimiento de los policías no han sido estudiados de forma sistemática. Hemos llevado a cabo una investigación con oficiales de EEUU para establecer la relación entre trastornos del sueño y todos los factores señalados", detallan los investigadores.
Czeisler y su equipo han contado con 4.957 policías (la mayoría de ellos, varones) con una media de edad de 38 años y con una estancia media en el servicio de 12.
Los investigadores realizaron cuestionarios a todos los participantes sobre su estado de salud. "Si lo consideraban pobre, bueno, muy bueno o excelente. Además de preguntarles si estaban diagnosticados de algún trastorno del sueño, enfermedad cardiaca, diabetes, trastorno gastrointestinal, depresión o ansiedad", documentan los científicos. Otros aspectos indagados hacen referencia a si conducían con sueño, si tomaban medicación para dormir o bebían alcohol. Además, se les sometió a un cuestionario para establecer si tenían o no síndrome d Burnout ('profesional quemado').
Finalmente, y tras varios test de sueño, 126 de los participantes se sometieron a una polisomnografía, una de las pruebas más comunes para estudiar la calidad del mismo.
Tras analizar los datos mediante varios modelos matemáticos, los científicos encontraron que hasta un 40,4% de los policías padecía al menos un trastorno del sueño. De todos ellos, un 33% dio positivo para la apnea obstructiva, un 6,5% sufría insomnio moderado o grave y un 14%, un trastorno relacionado con los cambios de turno.
-Consecuencias
"Nuestros resultados destacan que aquéllos con problemas de sueño se sentían peor de salud en comparación con los que dormían bien", destacan los investigadores. Asimismo, pasar 'malas noches' se asoció con un mayor riesgo de depresión y de síndrome de Bournout. "Dar positivo en apnea obstructiva se relacionó con más posibilidades de estar diagnosticado de diabetes, enfermedad cardiovascular y un consumo elevado de cafeína", detallan los científicos.
Más datos preocupantes son los que hacen referencia al elevado porcentaje de agentes que 'se sentía dormido durante el día': hasta un 28,5% admitió sufrir somnolencia al volante al menos dos veces al mes. Grave también es el hecho, de que aquéllos que sufrían problemas con 'la almohada', reconocieron cometer más errores administrativos, 'violaban' con más frecuencia normas relativas a la seguridad debido a la fatiga, tenían más ira descontrolada frente a los ciudadanos o sospechosos, habían recibido más quejas de los ciudadanos y presentaban más absentismo laboral.
"Los trastornos del sueño son muy comunes entre la policía y están sin diagnosticar ni tratar... Todo ello se traduce en peor estado de salud, seguridad y menor rendimiento", concluyen los investigadores.
Los problemas a la hora de dormir se correlacionan con "una deficiencia crónica de sueño que acaba por afectar al rendimiento laboral. Asimismo, hay estudios previos que han constatado mediante pruebas de imagen (resonancia magnética) cambios en la amígdala cerebral (encargada del procesamiento y almacenamiento de las reacciones emocionales), lo que podría explicar por qué los agentes con más problemas a la hora de dormir son los que más quejas recibían de los usuarios", documentan los científicos.
-Qué se puede hacer
Ante todos estos datos, los científicos determinan que son necesarias "más investigaciones que determinen qué tipo de prevención, chequeos y programas de tratamiento se deben llevar a cabo en determinados colectivos de trabajadores para reducir el riesgo de trastorno del sueño y todos los problemas derivados de ellos".
De la misma opinión se muestran Michael Grandner y Allan Pack, ambos de la Universidad de Pensilvania (EEUU), en un editorial que acompaña al estudio. "Se necesitan más investigaciones sobre los problemas de sueño en los trabajadores... El estudio, que publica el 'JAMA', es una aportación muy importante sobre las consecuencias para la salud y la seguridad pública que implica la privación de sueño o la falta de tratamiento de los trastornos relacionados con él". documentan.
E insisten: "Como una cuestión pública, el estudio habla de la falta de diagnóstico general y de tratamiento de trastornos del sueño en la población general, con importantes implicaciones para la salud y el funcionamiento. Como una cuestión de seguridad pública, ilustra que el público en general también pueden estar en riesgo cuando las facultades de un policía están mermadas a la hora de desempeñar sus funciones a causa de la falta de sueño o de un trastorno no tratado. Ahora, la pregunta es: ¿Qué harán los departamentos de policía con esta nueva información?".
**Publicado en "EL MUNDO"
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