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07 November 2010

Córnea artificial 2.0


Científicos de las universidades de Ottawa en Canadá y Linköping en Suecia han logrado con éxito implantar corneas biosinteticas en pacientes, obteniendo significativos resultados como grandes mejoras en la visión, similares a un trasplante tradicional. La colocación de la cornea artificial en el ojo humano ha demostrado un incremento en la regeneración del tejido y nervios oculares, lo que hace a la adaptación de la cornea mucho más amigable y funcional al cuerpo. El Dr May Griffith de la universidad Linköping en conjunto con Per Fagerholm, cirujano ocular, hicieron el implante en 10 pacientes con problemas de cornea hace 2 años.

Después de un estricto seguimiento, se vieron satisfechos con los resultados, que indican que ningún paciente sufrió contratiempo alguno o problemas con el trasplante. Seis de 10 mostraron mejoría, e incluso regeneración del tejido dañado. En futuras investigaciones, este tipo de trasplante podría ayudar a millones de personas que están en espera por trasplante de cornea”, dijo Griffith “Estamos muy emocionados con estos resultados, y con el gran potencial de las corneas biosintéticas” Es el primer estudio que demuestra que una cornea artificial se puede acoplar al cuerpo, y abre las posibilidades para el trasplante de otros órganos, pero eso ya lo hablaremos cuando lo veamos.

Estimulación eléctrica cerebral y matemáticas


Parece increíble pero es cierto: es posible optimizar la capacidad matemática de una persona mediante la aplicación de corrientes eléctricas en el cerebro sin que se vea afectado el resto de sus funciones cognitivas. Así lo indica un estudio, publicado en el último número de la revista Current Biology, que abriría una nueva vía de tratamiento para las personas con discapacidades numéricas.
"Aunque no recomendamos que nadie se dedique a aplicarse descargas eléctricas, nos ilusionan muchísimo las posibilidades de estos descubrimientos", explica Roi Cohen Kadosh, de la Universidad de Oxford, autor principal de la investigación. Pero aclara: "por supuesto es muy improbable que alguien pueda convertirse en Albert Einstein gracias a la estimulación eléctrica".
Los hallazgos de estos expertos, según ellos mismos anuncian, podrían abrir una vía de tratamiento para una parte de la población (que se estima en un 20%) que presenta discapacidades numéricas entre moderado y grave y para aquellas personas que han perdido la facultad de operar con cifras como resultado de un accidente cerebrovascular o una enfermedad degenerativa.
"Si conseguimos nuestros objetivos, podríamos brindarle ayuda a determinadas personas para que se enfrenten a las matemáticas con más garantías", subraya Cohen Kadosh.
Los resultados, publicados esta semana en la revista Current Biology, revelaron que la estimulación cerebral mejora la capacidad de aprender los nuevos números. Dicha mejoría se prolongaba durante los 6 meses posteriores a las sesiones.


-UNA TÉCNICA NO INVASIVA
Para la investigación se utilizó un método conocido como estimulación transcraneal por corriente directa (TDCS por sus siglas en inglés), una técnica no invasiva en la cual se aplica una corriente débil al cerebro de forma constante durante un período de tiempo para favorecer o reducir la actividad neuronal.
Los investigadores aplicaron la ETCD específicamente al lóbulo parietal, una porción del cerebro clave para la comprensión numérica. Los participantes presentaban habilidades matemáticas normales, pero se les solicitó que aprendiesen una serie de números artificiales (símbolos que nunca habían visto anteriormente) mientras recibían la estimulación cerebral no invasiva.
Ahora los autores piensan experimentar en personas que presentan discapacidades numéricas agudas. "Si los resultados son positivos, las consecuencias podrían ser importantes. Con frecuencia, estas personas no son capaces de ocuparse de tareas básicas. Se ha observado además su relación con el desempleo, los bajos ingresos, la depresión, la baja autoestima y otros problemas", concluye Cohen

Los omega-3 del pescado no frenan el Alzheimer


Los aceites de la serie omega 3, que se encuentran en el pescado, no ralentizan la demencia senil asociada con el mal de Alzheimer, según un nuevo estudio que cuestiona los beneficios reportados por anteriores investigaciones. Varios estudios habían apuntado antes que una dieta rica en aceites de pescado podía proteger a las personas frente al deterioro de las funciones cerebrales y el Alzheimer. Sin embargo, estas nuevas conclusiones publicadas en la revista médica «Journal of the American Medical Association» ponen en duda las propiedades del ácido docosahexaenoico (DHA), un aceite de la serie Omega 3.

La investigación, financiada por el Instituto Nacional de Envejecimiento y la Universidad de Ciencia y Salud de Oregón, se basó en pruebas a 400 hombres y mujeres de unos setenta años y con posible mal de Alzheimer. Los autores del estudio administraron dos gramos de DHA y cápsulas con placebo cada día a dos grupos de pacientes diferentes para comparar los efectos del aceite. Después de dieciocho meses, procedieron a evaluar el deterioro mental registrado en ambos grupos y los resultados fueron casi idénticos. Sin embargo, el estudio reconoce que tampoco se pueden descartar por completo los efectos beneficiosos de ese tipo de nutrientes, porque otras investigaciones han revelado que el deterioro cerebral empieza décadas antes de que se produzcan sus síntomas. En ese sentido, los autores creen que el DHA podría ayudar a prevenir ciertos daños en personas más jóvenes, pero todavía no hay una evidencia científica para sostener esos efectos positivos.

Ensayos sobre la ceguera en Africa


Una epidemia se extiende por varias regiones del planeta y deja ciegas a millones de víctimas que, una tras otra, van cayendo al mundo de la oscuridad como fichas de dominó. Este argumento de ficción, que da comienzo a la novela «Ensayo sobre la ceguera» de José Saramago, es una realidad para los 1.200 millones de personas que viven en los países azotados por el tracoma, la enfermedad infecciosa conocida como «ceguera de los pobres». El tracoma, que está provocado por la bacteria Chlamydia trachomatis, es la tercera causa mundial de invidencia según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y se ha convertido en una dolencia endémica en muchas regiones pobres y rurales de África, Asia y América central y del Sur. En total, hoy ya hay 84 millones de afectados en 57 países. De ellos, más de ocho millones padecen la enfermedad en fase avanzada, lo que implica que, si aún no se han quedado ciegos, ése será su destino a no ser que se sometan a tiempo a una sencilla cirugía ambulatoria.


Mientras los personajes de la novela perdían la vista de un segundo para otro, la evolución del tracoma puede prolongarse durante décadas. La bacteria se contagia por el contacto con las secreciones oculares –mediante los dedos, pañuelos, etcétera.–, o a través de las moscas. Las primeras molestias comienzan con una inflamación de la conjuntiva, la membrana que reviste los párpados y el blanco del ojo. Si el episodio no se repite, no supone una amenaza; el problema llega cuando se está expuesto constantemente a los focos de infección. Tras años de contagios, comienza un calvario de inflamaciones que deterioran el párpado hasta que éste acaba invirtiéndose y las pestañas rozan la córnea, que poco a poco se cubre de cicatrices. Durante ese tiempo, los enfermos no se atreven a pestañear por miedo al dolor. Finalmente, la córnea queda destrozada y su dueño ciego o con deficiencias visuales severas.

En comunidades aisladas y sin acceso a la sanidad, la ceguera es aceptada como una fase más de la vida, pero estamos hablando de una enfermedad evitable y por eso la OMS se ha propuesto erradicarla antes del año 2020 con la Alianza para la Eliminación Global del Tracoma (GET). Su estrategia se sustenta en la prevención, mediante la higiene corporal y un entorno saludable, y el tratamiento, con cirugía y fármacos. El antibiótico más efectivo contra el tracoma es la azitromicina, que se reparte de forma gratuita en 19 países a través de de la Iniciativa Internacional del Tracoma (ITI) de Pfizer, la compañía farmacéutica que posee su patente. «Una vez al año administramos el fármaco entre niños y adultos», explica a este semanario Praxeda Kadoko, maestra rural en el pueblo ugandés de Namungalwe. «Para animar a la población a que tome el medicamento, la campaña se anuncia en la radio local y con megáfonos y carteles», continúa la profesora. El antibiótico se reparte cerca de las escuelas porque los más vulnerables son los niños: en las zonas castigadas, las tasas de prevalencia en preescolares van del 60 al 90 por ciento según la OMS, aunque las secuelas no suelen manifestarse hasta la juventud. Entre los adultos las más afectadas son las mujeres, que cuidan de la prole.


-Círculo vicioso

Ya se han donado hasta la fecha 225 millones de tratamientos. Según asegura Jack T. Watters, vicepresidente de asuntos médicos exteriores de Pfizer, «invertir en la salud de un país es invertir en su prosperidad, que se traducirá en su capacidad de comprar productos y servicios, aunque sea a muy largo plazo». Por ahora, se calcula que el tracoma hace perder a las regiones afectadas un total de 2.900 millones de dólares al año y, mientras tanto, el acceso a los fármacos imprescindibles para la población sigue dependiendo de donaciones e iniciativas filantrópicas. En un continente azotado por infecciones como la malaria y el VIH, frenar la ceguera es sólo uno de los retos para acabar con el círculo vicioso que liga la enfermedad a la miseria.


**Publicado en "La Razón"

Test genético. ¿Estamos preparados para saber de qué moriremos?


Para muchos la Medicina avanza al ritmo de las series de la «tele». Enfermedades impronunciables, diagnósticos casi imposibles, curaciones milagrosas… Si el doctor House nos asegurara que es capaz de averiguar de qué mal moriremos, seguro que resultaría más convincente que si lo argumenta nuestro médico de referencia. Pues bien, ni lo dice un guión televisivo, ni es ciencia ficción. Es real y es posible. Saber qué enfermedades pueden marcar el resto de nuestros días está al alcance. El boom era de esperar. Cada vez son más las personas que quieren y pueden conocer su riesgo de ser obesos, de sufrir un envejecimiento prematuro, cuáles son sus mecanismos de defensa frente al estrés o las probabilidades de una muerte súbita. Otras de las desenmascaradas son las enfermedades hereditarias. Cáncer de mama, de ovario, enfermedades raras, males neurodegerativos como el alzhéimer, fibrosis quística, enfermedad de Huntington, y cáncer de colon, son sólo algunas dolencias genéticas de una larga lista.Y todo mediante un test genético, una prueba no exenta de polémica debido a lo «golosos» que se han vuelto para aquellas empresas con las miras puestas, más en el lucro que en la salud.


Según el presidente de la Asociación Española de Genética Humana, Feliciano J. Ramos, el problema parte de que «España, junto con Grecia y Chipre, son los únicos países en los que no está reconocida la especialidad de genética clínica».El cómoLo que hacen con estos análisis es ayudar a identificar si existe una mutación en un gen particular o cromosoma. El objetivo es «conocer, prevenir, predecir y tratar enfermedades», describe Ramón Cacabelos, director general del Centro Médico EuroEspes y catedrático de Biología y Genómica. Por su parte, Rosario de Cospedal, directora general de Genómica, añade que «además, tienen gran utilidad en diagnóstico y predicción de respuesta a un tratamiento determinado». En líneas generales, el proceso es sencillo. En consulta, el médico valora, tras una entrevista con el paciente, si es candidato a someterse al test, bien porque tiene antecedentes familiares, o porque un miembro de la pareja tiene una enfermedad y no sabe si puede transmitirla a su descendencia. Con el informe médico, le extraen una muestra de sangre y la envían a un laboratorio. Allí, aislan el ADN para purificarlo y ver qué gen es el que tiene la mutación. Tras dos o tres semanas se obtienen y envían los resultados y se valoran las posibilidades que existen.


Manuel Pérez Alonso, director científico del Instituto de Medicina Genómica (Imegen), detalla que «damos un informe argumentando si tiene o no la mutación en el gen correspondiente». Candidatos y costesEn lo que se refiere a los test de predisposición, «los candidatos óptimos a hacerse las pruebas serían todos aquellos descritos como “población de riesgo”, personas con antecedentes familiares, de una determinada edad o con hábitos que aumenten el riesgo», defiende Cospedal. En cuanto a los test genéticos de diagnóstico o predicción de respuesta a tratamiento, deberían hacerse a quienes presenten síntomas de una dolencia o que vayan a ser tratados con medicamentos cuya efectividad dependen del perfil genético del paciente». Hablar de costes son palabras mayores. Algunos test sí los cubre la sanidad pública, según el sistema sanitario que corresponda de los 17 que hay en España y en función de la enfermedad que se quiera averiguar. Pérez Alonso explica que «la mayoría de las muestras que recibimos son de hospitales públicos». Sin embargo, para quienes no les cubran los gastos, deberán abonar entre 200 y 900 euros aproximadamente.


No obstante, el término test genético puede, según los expertos, llevar a cierta confusión con las pruebas clásicas de diagnóstico prenatal, de talón, los que determinan riesgo en el embarazo, complicaciones para el feto, pruebas de paternidad, síndrome de Down, etc., «que también son test, pero no del mismo grupo», dice María Orera, directora de la Unidad de Genética del Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Los análisis se pueden dividir en tres grandes grupos:w Mendelianas. Dirigidos a enfermedades mendelianas o categóricas, dolencias del sí o del no. «Representan entre el cinco y el diez por ciento de las patologías humanas», afirma Cacabelos. Orera añade que «tienen un patrón de herencia determinado y una mutación significa que hay patología». Es el caso de la Enfermedad de Huntington o la fibrosis quística.


-Predisposición.

Otro grupo es el de susceptibilidad, en el que el gen permanece «latente» hasta que entran en juego factores ambientales. «La diferencia es que no todas las que tienen esta variación van a desarrollar la dolencia y al analizarlo la podemos evitar», especifica la experta. Esto nos adentra en los llamados factores epigenéticos «que es en lo que se está trabajando ahora. Son fenómenos de alteración del ADN sin que haya mutación. El genoma está perfectamente, pero aparece un radical (metilo) que se adhiere al ADN y es lo que le afecta», matiza Cacabelos.


-Marcadores tumorales. Un tercer grupo hace referencia a los marcadores genéticos que «se han desarrollarlo en los últimos siete años y podemos usarlos para el diagnóstico del cáncer. Ya no se trata de predisposición, sino que el marcador indica que está en el proceso de desarrollar el tumor», aclara la genetista del Gregorio Marañón. «Los CNV (Copy Number Variant) son los más novedosos para asociarlos a patologías», añade Ramos.Así, pueden tratarse a tiempo, entre otros, los tumores mamarios y colorrectales. Este último es, precisamente, el tercer tipo de tumor maligno con mayor incidencia en el mundo. En España se diagnostican cada año 25.000 nuevos casos y fallecen unas 13.000 personas. Y la supervivencia está muy relacionada con el momento del diagnóstico. Según explica Eduardo Gaspar, director de CGC Genestics España, «gracias al test de cribado en sangre ms9 que tenemos, podemos identificar en la población diana (mayores de 50 años) a quienes tienen posibilidades o están en proceso de desarrollar el tumor. Si es positivo, como lo hemos detectado pronto, se puede tratar y evitar la muerte. Si da negativo, cada dos años repite la prueba y así se realiza un seguimiento del afectado».


-Difuntos

Lo habitual cuando se inicia este proceso, es que los familiares también se sometan a las pruebas pertinentes. Pero, ¿qué ocurre si el familiar que tenía la mutación genética y ha desarrollado la enfermedad ha muerto? El director de CGC Genetics avanza que conservan el ADN de los difuntos. Extraen una pequeña muestra de tejido usando lo que llaman «sacabocados». «Refrigeramos la muestra de ADN, la purificamos, cuantificamos y estabilizamos en una estructura de papel especial». Así la guardan y la conservan unos 14 o 15 años. Hacer esto cuesta alrededor de 240 euros y lo conservan durante los cinco primeros años. Después, hay que abonar 10 euros anuales. Ahora bien, no se guarda a quien lo solicite así como así. El proceso se realiza en «casos índice, es decir, el genetista identifica qué miembros del fallecido podrían hacerse la prueba. Establecen un canal para ver quién tiene la mutación igual que el difunto».


-¿Esperanza?

Pero no todo es ciencia y tecnología. La moral entra en juego cuando la patología sobre la que se trabaja no tiene cura. ¿Querríamos saber entonces que desarrollaremos, por ejemplo, alzhéimer o Huntington pese a que no hay tratamiento disponible para ello? Aunque hay estudios clínicos que avanzan hacia alguna terapia futura, aún no son definitivos. Además, los seres humanos no reaccionamos de la misma manera ante las malas noticias. La presidenta de la Asociación Española de Bioética y Ética Médica, Natalia López Moratalla, argumenta que «si existe una predisposición por herencia familiar y la dolencia se puede prevenir o controlar, se deben hacer. Sin embargo, cargar a la persona con esa presión cuando no se puede hacer nada, no merece la pena. Es más un asunto de negocio».


Por su parte, Almudena Sánchez, psicóloga de la Universidad Autónoma de Madrid, explica que «la noticia de que uno va a padecer una enfermedad supone un duro impacto. Lo que cambia es el manejo que la persona hace de esta información. Así, puede utilizarla de forma adaptativa, que le ayude a afrontarlo, o de manera que, lejos de ayudar hará que se sienta peor. Si se preocupa constantemente y siente que no puede parar de darle vueltas, aumenta la obsesividad y el nivel de malestar, lo que significa que el maejo no está siendo positivo». En personas con un perfil de tipo obsesivo o con tendencia a la hipocondría, por ejemplo, la información «probablemente la sumirá en un estado de angustia y lo manejará de forma desadaptativa sin ayuda profesional», añade Sánchez. Por otro lado, quienes saben que es incurable y que van a perder su vida, una vez asimilada la noticia, «pueden entenderlo como una oportunidad de vivir el presente sin nada que perder y, por ejemplo, encuentran el momento de realizar actividades o sueños para los que nunca hallaron tiempo y siempre quisieron hacer. Puede ser una oportunidad de vivir con conciencia, disfrutando el presente», matiza la psicóloga de la UAM.


-En la farmacoa

Para quienes su farmacéutico haga las veces de médico, seguro que optan antes por hacerse un test de este tipo en la botica. El proceso es similar al que se realiza desde el hospital. Pero para algunos expertos «hay quien se aprovecha para hacer su mercado», dice el director de EuroEspes. «Lo importante en cualquier análisis es que se haya desarrollado con rigor científico y que esté validado clínicamente; ha de ser específico y capaz de aportar datos relacionables con la clínica. Si es así, el test es fiable y se puede hacer en una farmacia, en una consulta médica o en un laboratorio», aporta Cospedal.Otros no lo ven tan claro. El presidente de la AEGH insiste en que «no se puede hacer un test en la farmacia. No somos partidarios de este tipo de genética». En la redY si llegan a la botica, cómo no iban a estar en la red. Hace unos meses, la empresa estadounidense 23andMe, (que opera con line para 51 países, incluida España) provocó el caos a 96 personas que compraron sus perfiles genéticos en internet. Los datos que recibieron tras rellenar un cuestionario y enviar una muestra de saliva al laboratorio (previo pago) fueron confundidos y a sus manos llegaron datos médicos y de parentesco de desconocidos.Por ello, los especialistas aconsejan prudencia «con lo que uno hace a través de internet. Si somos cautelosos a la hora de dar nuestro número de tarjeta de crédito para hacer una compra por la red, ¿cómo no vamos a serlo para hacernos una prueba genética? Nuestra sanidad (pública y privada) ofrece las garantías necesarias y métodos fiables sin necesidad de tener que acudir a la red pero, en cualquier caso, es una decisión personal», concluye Cospedal.


**Publicado en "La Razón"

En España hay 21 calendarios de vacunación infantil distintos

Sólo en el País Vasco los niños se vacunan contra la tuberculosis, mientras que Madrid es la única comunidad autónoma que incluye un pinchazo contra el neumococo y en ningún otro sitio más que en Cataluña, Ceuta y Melilla facilitan la inmunización contra la hepatitis A. Éstos son sólo algunos ejemplos del galimatías de calendarios vacunales que protagonizan las comunidades autónomas en España y que puede poner en más de un aprieto a los padres que se muden de una región a otra.
"En España hay 21 calendarios vacunales, de 17 comunidades autónomas, dos de Ceuta y Melilla, uno del Consejo Interterritorial y otro de la Asociación Española de Pediatría (AEP)", reocnoce Jesús García Pérez, miembro de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP).
Con el objetivo de establecer un calendario de vacunación único para toda España, en marzo de este año, el Consejo Interterritorial de Salud (que reune en una misma mesa al Ministerio de Sanidad y a las comunidades) decidió adoptar durante 2010 una serie de medidas para ofrecer una misma cobertura a los menores, independientemente de su lugar de nacimiento. El fin es plausible, aunque, "por el momento, aún no hay novedades", admite el doctor García Pérez.
Para los miembros del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría este propósito "es prioritario para que se mantengan los principios de equidad (las mismas vacunas para todos) y de racionalidad, que faciliten el cumplimiento de las inmunizaciones en los niños que cambien de comunidad autónoma como lugar de residencia".
Las diferencias se entenderían si estuvieran justificadas por datos epidemiológicos que demostrasen que hay mayor riesgo de ciertas patologías en función de la región. Sin embargo, según la AEP, "las enfermedades inmunoprevenibles son las mismas en todo el territorio nacional, con la posible excepción de la hepatitis A en Ceuta y Melilla, donde sí puede estar justificado un calendario vacunal distinto".
En la actualidad, según las recomendaciones del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, las vacunas recomendadas a los menores son ocho: poliomielitis, difteria-tétanos-tos ferina, haemophilus-influenzae b, sarampión-rubeola-parotiditis, hepatitis B, meningococo C, varicela y Virus del Papiloma Humano (VPH). Por su parte, la Asociación Española de Pediatría añade cuatro sugerencias más: neumococo, rotavirus, gripe y hepatitis A.
Sólo una comunidad autónoma ha decidido incorporar la inmunización contra el neumococo: Madrid. Poco a poco, explica Jesús García Pérez, "sería conveniente que todas las regiones implementaran vacunas como ésta y el rotavirus. Sería un éxito".
En cuanto a la varicela, que está incluida en todo el territorio nacional, se pone a partir de los 11 años, excepto en Madrid (que se administra a los 15 meses). "El 90% de los casos de varicela ocurren antes de los cinco años. A los 11, [los niños] ya han pasado esta enfermedad infantil. Sería aconsejable ponerla, por ejemplo, a la vez que la triple vírica, entre los 12 y los 15 meses", añade el pediatra.
Éstas son algunas de las cuestiones que se irán tratando con la finalidad de alcanzar un calendario vacunal único para España que no dé lugar a diferencias y permita la misma cobertura resida donde resida el menor.

**Publicado en "El Mundo"

Las variantes que ofrecen protección natural frente al VIH


Son pequeñas diferencias, casi imperceptibles, pero capaces de grandes cosas como, por ejemplo, proteger de forma natural a una persona del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Un equipo de investigadores del Instituto Ragon del Hospital General de Massachusetts (MGH), del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y de Harvard -todas instituciones en EEUU-, ha descubierto las peculiaridades de aquellos individuos que, a pesar de estar infectados, no desarrollan la enfermedad del sida ni necesitan medicación. Cinco aminoácidos de una proteína (la HLA) tienen la clave de todo.
Aproximadamente uno de cada 300 ciudadanos con VIH tiene un sistema inmune que es capaz de controlar por sí solo al virus. "Los llamamos controladores de elite y aunque son infrecuentes resultan muy interesantes en investigación porque si aprendemos cómo son capaces de controlar la infección podemos intentar aplicarlo al resto de infectados", señala a ELMUNDO.es Josep M Llibre, del Hospital German Trias i Pujol de Badalona, que ha participado en el estudio.
Los científicos recurren a ellos desde hace años con el fin de descubrir el porqué de su inmunidad natural, lo que podría contribuir al desarrollo de la ansiada vacuna. Ahora, un estudio que publica esta semana la revista 'Science' ofrece la respuesta.
Tras estudiar el genoma de más de 1.000 seropositivos de distintas razas considerados controladores de elite -por llevar más de 10 años con el virus sin enfermar- y compararlos con otros 2.600 infectados que han desarrollado el sida, los científicos han visto que unas pequeñas variaciones en cinco aminoácidos de la proteína HLA, encargada de avisar al sistema defensivo del organismo de la presencia de un patógeno desconocido.
"Hemos encontrado que, de los tres billones de nucleótidos que hay en el genoma humano, se cuentan con los dedos de una mano los que marcan la diferencia y permite a unos pocos individuos permanecer sanos a pesar del VIH y a otros muchos no", señala Bruce Walker, director del Instituto Ragon y uno de los coordinadores del trabajo.


-Un paso para la ciencia
Aunque los investigadores han hallado más de 300 variantes que pueden estar estadísticamente relacionadas con el control del virus por parte del sistema inmune, todas ellas situadas en el cromosoma 6, que es el que codifica la proteína HLA, tan sólo las de cinco aminoácidos son especialmente relevantes.
"Ya sabíamos que los genes de la HLA tenían que ver con la capacidad de las personas para controlar el virus, pero nuestro estudio, que ha contado con la mayor participación de controladores de elite hasta la fecha, nos ha permitido adivinar dónde están exactamente estas diferencias. No nos hemos quedado sólo en la proteína específica sino que hemos llegado a las partes de la misma que son esenciales", explica a este medio Paul de Bakker, otro de los coordinadores del trabajo.
"Estamos muy ilusionados con este hallazgo porque es un paso muy importante para comprender la biología del virus y del sistema inmune, algo que no conocemos bien", añade Bakker, que reconoce que "aún faltan muchas investigaciones para que este descubrimiento se traduzca en una vacuna o para que tenga aplicación clínica, pero es un paso esencial para entender el comportamiento del VIH y luchar mejor contra él".
Según Walker, "el VIH va poco a poco revelando sus secretos, que son muchos, y acabamos de revelar uno más. Lo importante es que, aunque sigamos lejos, ahora estamos un poco más cerca de lograr prevenir la infección".


**Publicado en "El Mundo"

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