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11 January 2011

Niños y ancianos, los más vulnerables a la contaminación por PM2,5

Los niños y los ancianos son los más vulnerables a la contaminación atmosférica. Es algo que se sabe desde hace tiempo y que muchos trabajos científicos han comprobado, pero el equipo de investigadores del Instituto de Salud Carlos III que estudia la relación entre las partículas en suspensión PM2,5 -llamadas así por medir menos de 2,5 micras de diámetro- y los efectos adversos que provocan en la salud han demostrado en dos artículos recientes una relación estadística clara entre las altas concentraciones de este contaminante -que proviene en casi un 90% del tráfico y que emiten los coches con motores diésel seis veces más que los de gasolina- y los ingresos hospitalarios en Madrid capital.
Los dos estudios parten de una misma base de datos: la de los ingresos diarios en el servicio de urgencias del hospital Gregorio Marañón por todas las causas, menos los accidentes y traumatismos, en los años 2003, 2004 y 2005. El primer trabajo, publicado en la revista Gaceta Sanitaria a mediados de 2009, analiza el impacto que tienen las partículas PM
2,5 sobre los ingresos de niños menores de 10 años. Los autores, Cristina Linares y Julio Díaz, realizaron un análisis estadístico en el que incluyeron datos de otros contaminantes atmosféricos (dióxido de nitrógeno, ozono, partículas PM10...), la contaminación acústica, el polen de diversas especies, variables meteorológicas como la temperatura máxima y mínima diaria, existencia o no de epidemias de gripe, etcétera, en esas fechas, las más actualizadas de las que disponían cuando empezaron a trabajar en el estudio.
El trabajo concluye que las PM2,5 son el único contaminante primario que aparece relacionado con los ingresos hospitalarios. Las concentraciones de estas partículas "producen importantes efectos en la salud de la población infantil", asegura. "El aumento de los vehículos diésel, que emiten en gran medida este tipo de partículas, parece indicar que se trata de un contaminante que tendrá una tendencia creciente en un futuro próximo y, por tanto, es necesaria la adopción de medidas destinadas a la disminución de las concentraciones".Los autores señalan también que la existencia de una relación lineal entre estas partículas y los ingresos en urgencias es similar a la encontrada en las partículas algo más grandes, las PM10, "pero lo que marca la diferencia es el brusco aumento que se detecta en los ingresos hospitalarios para concentraciones próximas a los 25 microgramos por metro cúbico". La Organización Mundial de la Salud (OMS), recuerda el estudio, establece esa concentración media diaria como valor guía para la protección de la salud, es decir, que a partir de ahí aumenta la mortalidad en la población general. Las concentraciones medias diarias de PM2,5 en Madrid entre 2003 y 2005 variaron entre 5 y 71 microgramos por metro cúbico, con una media de 19,2. El valor de 25 se superó en uno de cada cinco de los días estudiados.
Otro estudio publicado por los mismos autores en la revista Public Health en 2010, también demostró la relación entre las concentraciones de PM2,5 y los ingresos en las urgencias del Marañón de personas mayores de 75 años por causas cardiovasculares y respiratorias. Los autores contabilizaron un total de 23.000 ingresos entre 2003 y 2005. De ellas, casi 7.700 correspondieron a causas circulatorias (entre ellas, infartos, ictus, enfermedades isquémicas...) y 6.400 a causas respiratorias. Los pacientes mayores de 75 años supusieron en ese periodo el 25% de todos los ingresos en urgencias en el hospital madrileño.
Las partículas PM2,5 resultaron ser el único contaminante primario "estadísticamente significativo en todos los modelos". El estudio comprobó que cada incremento de 10 microgramos por metro cúbico de contaminación suponía un 3,8% más de ingresos para todas las causas. En el caso concreto de las circulatorias, el riesgo aumentaba un 6,2% y en las respiratorias, un 4,9%, porcentajes que se duplicarían con una concentración de 20 microgramos, se triplicarían con 30, etcétera.
Los modelos estadísticos con los que trabajaron los investigadores permitieron saber también en qué momento el aumento de la contaminación afectó a los ingresos. Para todas las causas y para las circulatorias fueron el mismo día. En el caso de las respiratorias, el incremento se produjo al tercer día. "Si una ciudad consiguiera rebajar sus concentraciones de PM2,5, como resultado habría menos ingresos hospitalarios y, por extensión, menores costes sanitarios", reflexionan.
"Las personas mayores reúnen dos condiciones para que les afecte más la contaminación", explica José Miguel Rodríguez González-Moro, presidente de la Sociedad Madrileña de Neumología. "Tienen enfermedades de base y sus mecanismos de defensa están deteriorados". Niños y ancianos son los más débiles, añade. Las partículas PM2,5 son especialmente dañinas porque al ser tan pequeñas penetran con mucha facilidad en las vías respiratorias. "Las que se quedan en la garganta o en la tráquea se tosen y se expulsan, pero las pequeñas llegan a los bronquios y los pulmones", añade.
Lo mismo les sucede a los niños, cuyo sistema respiratorio aún está inmaduro. "La contaminación suele producir inflamación de la vía aérea; las partículas se depositan en los bronquios", explica Manuel Sánchez Solís, presidente de la Sociedad de Neumología Pediátrica. "Los niños tienen las vías más pequeñas, más estrechas, por lo que una inflamación las obstruye con más facilidad". Esa inflamación, por sí sola, "ya provoca más ingresos, sobre todo en el caso de los asmáticos".
Los dos trabajos, que estudian la relación entre partículas en suspensión y efectos en la salud a corto plazo, recuerdan que la OMS fija el límite máximo anual de PM2,5 en 10 microgramos/m3 y que Madrid, entre 2003 y 2005, duplicó esa cifra. En 2009 la red de medición registró una concentración de 13. Pese a ello, la ciudad cumple la legislación europea en cuanto a PM2,5.

**Publicado en "El Pais"

Un cáncer de páncreas curado gracias al trasplante a un ratón


Los sufridos ratones de laboratorio pueden ser los futuros catavenenos de los enfermos de cáncer. Al menos, eso es lo que está investigando uno de los recientes fichajes del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), Manuel Hidalgo. El médico, que hasta hace poco estaba en el Johns Hopkins de Baltimore (EE UU), ha conseguido con la ayuda de estos roedores lo que él cree que se podría calificar como "el primer caso de un cáncer avanzado de páncreas que se ha curado".
El sistema que se aplicó -de momento a un único paciente- es una combinación de análisis genético para saber qué fármacos pueden funcionar y de experimentación directa sobre el propio tumor. "Tuvimos suerte y acertamos, porque no había margen de error".
Los ratones desempeñaron un papel relevante: se le trasplantó el tumor que se había quitado al paciente, y así se pudo ensayar en él qué fármaco funcionaba, sin que tuviera que exponerse a tratamientos costosos y penosos con graves efectos secundarios.
El beneficiario fue Mark Gregoire, que ahora tiene 65 años. "Llegó al hospital en silla de ruedas. Era más un candidato a cuidados paliativos que a un intento de cura", recuerda Hidalgo. A Gregoire le habían pronosticado en mayo de 2006 unas pocas semanas de vida. Tenía 61 años, un agresivo cáncer de páncreas y pocas esperanzas de supervivencia. Casado, con dos hijas y tres nietos, regentaba un negocio de reparación de bicicletas en Florida. Su hermano padecía la misma enfermedad y su hermana había fallecido a causa de ella a los 40 años. Mark no estaba contento con la atención que había recibido en el centro médico de Miami en el que se le estaba tratando, así que decidió contactar con el Johns Hopkins, en Baltimore, donde su hermano había acudido y en el que había quedado bastante contento. Lo normal es que Gregoire hubiera sufrido el mismo desenlace que sus hermanos. El cáncer de páncreas es de los que peor diagnóstico tiene. El 95% de los pacientes fallece, indica Hidalgo.
Como recuerda por teléfono el propio paciente, contactó con el Centro Comprensivo sobre el Cáncer Sidney Kimmel, afiliado a aquel hospital, un miércoles de junio de 2006. El lunes siguiente ya estaba hablando con Hidalgo, que le habló del tratamiento experimental que habían puesto en marcha en el hospital. Se trataba de extirparles a los pacientes de cáncer de páncreas el tumor e implantar partes de este en diversos ratones, para tratarles con distintos medicamentos y ver cuál resultaba el más efectivo para cada caso. El viernes siguiente, Mark ya estaba en el quirófano.
A los ratones a los que se le había implantado el tumor de Mark se les sometió a distintos tratamientos dos veces por semana durante cuatro semanas. El más efectivo resultó ser la mitomicina C, un medicamento que previene la multiplicación de las células tumorales creando puentes en la doble hélice del ADN. Mientras tanto, a Mark se le había sometido a un tratamiento con quimioterapia y gemcitabina que había resultado ineficaz. La enfermedad había comenzado a hacer mella en él.
Los doctores decidieron tratar a Mark con mitomicina C, por ser el remedio más efectivo sobre los ratones. Durante cuatro meses se le administró ese medicamento, lo que provocó que sus marcadores tumorales en sangre decrecieran un 50% por mes, hasta la desaparición total del tumor en el páncreas. Mientras tanto, y debido a los efectos secundarios del tratamiento, se le administraron analgésicos, que abandonó 12 meses después de salir del quirófano.
"Los médicos me iban informando detalladamente de todo el proceso", explica. "Yo sabía que era algo experimental y que, como todo en este campo, asumía unos riesgos. Pero los médicos que me habían visto al principio me habían dado semanas de vida y no tenía nada que perder. Y aquí sigo, ahora, cuatro años después. Conozco el cáncer de páncreas muy bien, por mis hermanos. En total, tres de siete hermanos lo hemos padecido. Los médicos no tenían que decirme lo mortal que es para convencerme, fue un privilegio contar con ese tratamiento. Sin él, estaría muerto a día de hoy".
El caso de la familia Gregoire es una clara muestra de que en estos tumores hay una base genética. "Pero no hay un patrón común a todos ellos", indica Hidalgo. "Hay entre 600 y 700 genes que analizar en cada caso", añade. El trabajo se ha publicado en Molecular cancer cell.
Con el tiempo, 22 meses después de la operación, el cáncer se expandió al pulmón, y Mark está recibiendo ahora tratamiento para combatirlo. "Pero me siento muy bien, excelente", dice. "Muchísimo mejor que hace cuatro años, desde luego. Entonces me dieron semanas de vida. Hoy llevo una vida normal. El cáncer está en un lugar muchísimo menos mortal y estoy recibiendo un tratamiento contra él. Nada que ver con lo agresivo que era el cáncer de páncreas. Sé perfectamente que sin el tratamiento en Johns Hopkins no estaría vivo para contarlo".
Siendo estrictos, no se puede considerar que a Gregoire le hayan curado del cáncer de páncreas. En oncología se considera que se ha superado el tumor a los cinco años, y estos todavía no han pasado. Pero Hidalgo cree que este puede ser el camino. "Un solo caso no sirve", admite. "Ahora hay que ver si se puede escalar", dice.
Y si lo hace, será en España. "Se tratará de un sistema cooperativo público y privado", explica Hidalgo. Aparte del CNIO, participarán el Hospital de Fuenlabrada (público) y el grupo Hospital de Madrid, que ha nombrado a Hidalgo director del CIOCC (Centro Integral Oncológico Clara Campal


**Publicado en "El Pais"

Un estudio afirma que las habitaciones individuales de la UCI serían "más limpias"

A la gravedad que presentan los pacientes de las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) a menudo suele sumarse el impacto de algún microorganismo, lo que puede empeorar su estado de salud. Las habitaciones privadas, en lugar de los espacios compartidos por varios pacientes, podrían reducir esta incidencia.
Para llegar a esta conclusión, un grupo de investigadores de la Universidad McGill (Canadá) analizó las UCI de dos hospitales pertenecientes al citado centro educativo, el General de Montreal y el Royal Victoria, entre el año 2000 y el 2005.
Situados a poca distancia, en ambos se emplearon similares prácticas de control y prevención de este tipo de microorganismos. La principal diferencia fue que, durante este periodo de tiempo, se renovó la UCI del primero de ellos: nuevas instalaciones y habitaciones individuales.
La recomendación actual
"Las guías actuales para diseñar, construir o renovar hospitales y otros centros sanitarios [...] recomiendan los espacios privados", explican los autores, dirigidos por David L. Buckeridge, en 'The Archives of Internal Medicine'.
Tras analizar casi 20.000 ingresos, los datos hablaron por sí solos. "Tras el cambio a una UCI con habitaciones individuales, la adquisición de bacterias y levaduras se redujo más de la mitad", afirman.
Y sostienen, además, que estos espacios "son más sencillos de limpiar y facilitan que los trabajadores sanitarios se laven las manos más a menudo [...] También se reduce el número de pacientes que circulan por ellos".
Queda por demostrar si, además de reducir la transmisión de agentes patógenos, el nuevo diseño de estas unidades también puede disminuir el tiempo de ingreso; un resultado que no fue estadísticamente significativo en el presente trabajo.

**publicado en "El Mundo"

Los menores con riesgo de asma, lejos de la piscina en Alemania

La matronatación, así es como se denomina a la natación para bebés, favorece el desarrollo físico del niño, especialmente el desarrollo de su equilibrio, en la que disfruta muchísimo y que refuerza el vínculo entre padres e hijos. Por eso es una de las actividades más recomendadas a madres como bebés de corta edad.
La Oficina Federal de Medio Ambiente alemana, sin embargo, acaba de hacer sonar las alarmas y pide a los padres que se abstengan de llevar bebés a las piscinas en caso de que el niño presente algún tipo de alergia o si hay en la familia antecedentes de alergias o asma.
Los causantes del peligro son los compuestos del cloro que se utiliza para mantener en condiciones higiénicas el agua de las piscinas y que pueden desencadenar asma en niños de corta edad, según un informe elaborado por esta entidad, con sede en Dessau.
La recomendación se basa en estudios preliminares que han revelado una relación directa entre la natación en agua tratada con cloro y la incidencia del asma, así como de otras enfermedades respiratorias crónicas. Los compuestos de cloro con destino a las piscinas son diseñados con el objetivo de que ataquen los gérmenes de la orina, las tricloranimas del sudor, los cosméticos, pero el riesgo de padecer asma se multiplica por 60 por cada 100 horas de contacto con la piel del bebé. Además, el riesgo de sufrir bronquitis, eccemas y problemas respiratorios sería mucho más elevado entre los bebés de dos años que acuden con regularidad a la piscina clorada, que en aquellos que no lo hacen.
La tricloramina o tricloruro de nitrógeno (NCl3) es un gas muy volátil y fácilmente inhalable, y se forma por la reacción del cloro al contacto con la suciedad orgánica. Su efecto no solo se nota en la típica irritación en los ojos o en las vías respiratorias superiores, perfectamente visibles después del baño en piscinas con agua tratada, sino que también puede irritar los pulmones, según las conclusiones de este trabajo.
Los investigadores recomiendan a los grupos de riesgo, menores de dos años y niños con predisposición a sufrir alergias, que eviten las piscinas con altas concentraciones de cloro, y a los usuarios en general que opten por piscinas con sistemas de ventilación y eliminación de estas sustancias.
Los niños menores de dos años están expuestos a un mayor riesgo porque tienen un tejido pulmonar más sensible que los hace especialmente vulnerables. También suelen bañarse en piscinas de agua climatizada, de forma que la mayor temperatura del agua favorece las reacciones químicas perjudiciales y, por motivos obvios, también están más expuestos al caso de que el cloro entre en contacto con la orina y a su vez con la piel.
Para nadadores de más edad, el riesgo es más bajo, pero aun así la Oficina Federal de Medio Ambiente aconseja a todos los nadadores no olvidar nunca una ducha concienzuda inmediatamente antes e inmediatamente después de la piscina y previene a los responsables de las piscinas de la necesidad de proporcionar constantemente agua fresca y una ventilación adecuada.

**Publicado en "El Mundo"

Terapia de grupo para adelgazar


Si dejamos de lado su apariencia física –ha perdido 27 kilos–, el principal cambio de Valentín se ha producido a nivel mental. En dos años, ha pasado de ser sedentario a acudir al gimnasio todos los días; de las frituras y comidas precocinadas a los platos caseros y equilibrados; de pensar que su obesidad no tenía solución, a dar saltos de alegría cuando el pasado 28 de diciembre pesó «por fin» los dos dígitos (99 kilos). La llave para esta nueva vida, según sostiene, se la dieron en su hospital, el Son Dureta de Palma de Mallorca, uno de los pocos de España que ofrece un programa completo para personas obesas.
Este proyecto es relativamente nuevo (lleva unos 18 meses en pruebas) y pretende demostrar los beneficios de la terapia en grupo frente al tratamiento convencional en la consulta e, incluso, frente a la cirugía bariátrica (reducción de estómago). Desde su inicio, un grupo de expertos, ligados al Instituto de Investigación en Ciencias de la Salud de la Universidad de las Islas Baleares (Iunics), ayuda y estudia a 180 personas obesas: 60 forman parte de grupos como el de Valentín; otras 60 acuden a su cita habitual con el nutricionista; y otras 60 se han sometido a cirugía.
"Pasado un año, el apoyo grupal se tradujo en una pérdida media de peso de un 10%, frente al 25% logrado por las intervenciones quirúrgicas", declara Barto Burguera, director de la Unidad de Investigación/Caiber del citado hospital universitario.


-Multidisciplinar
Lejos del desánimo y la frustración que sufren tanto los pacientes como sus médicos con las dietas restrictivas que no se cumplen, son varios los especialistas que recomiendan las actuaciones multidisciplinares que reeduquen a los individuos: nutrición, deporte, psicología y, si es necesario, medicación. Y hacerlo en grupo, por dos razones: para que se apoyen los unos a los otros y como respuesta a la sobrecarga de trabajo que supondría realizar este tipo de terapia de manera individual. "Nos han enseñado que esto es como una cuenta corriente: tanto gastas, tanto ingresas. Hay que equilibrar lo que se come con el ejercicio que se hace", afirma Valentín.
A tenor de los resultados obtenidos durante el primer año, Burguera opina que esta ayuda podría sustituir a determinadas cirugías. "El problema está en el cerebro y no en el intestino o en el estómago", recalca. De hecho, como él mismo aclara, ni siquiera los que se operan tienen asegurado el éxito a largo plazo si no se modifican sus hábitos. "No se puede operar al millón y medio de españoles con sobrepeso. Hay que desarrollar alternativas siendo conscientes de la situación actual: pocos hospitales cuentan con un dietista; sólo hay un medicamento contra la obesidad que esté aprobado y las terapias de grupo no están estandarizadas", reclama.
Belén Silveira y Aurelio Martín Sueiro son especialistas en Endocrinología y Nutrición del Hospital Infanta Leonor (Madrid) y del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago (Galicia), respectivamente, y están al frente de sendos programas para combatir la obesidad a base de información, enseñanza y apoyo grupal. "La pérdida de peso les suele resultar más fácil de lo que pensaban. Entre la población española existen muchos mitos en torno a la alimentación que debemos desmentir", afirma Silveira. Esta experta ha atendido ya a unos 150 pacientes que, pasado un año y en un 75% de los casos, perdieron un 10% de su peso. Una cifra similar a la obtenida en Mallorca.
Para Martín Sueiro, investigador del Centro de Investigación Biomédica en Red Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición(CIBERobn), "se debería explorar más firmemente la terapia grupal". Pero, como él mismo matiza, hay que saber ponerla en marcha y seleccionar muy bien a los pacientes, porque no siempre funciona adecuadamente."Puede ayudar si el grupo es homogéneo y los sujetos se refuerzan los unos a los otros", destaca.
Realizar ejercicio; comer cinco veces al día; dormir siete horas; beber un litro y medio de agua al día... Pautas tan sencillas como éstas, acompañadas del apoyo emocional que puede dar el grupo, no sólo reducirían las tasas de obesidad sino también la incidencia de los trastornos asociados a la misma: diabetes tipo 2, apnea del sueño, problemas cardiovasculares... Valentín lo tiene claro: "Cuando entré en el grupo había sufrido un infarto cerebral; dormía con una máquina para respirar; y me dolían mucho las rodillas. He ganado en calidad de vida".


**Publicado en "El Mundo"

Partir los medicamentos para ajustarse al tratamiento o tragarlo con facilidad puede tener «graves consecuencias clínicas»


Una imagen: la abuela partiendo con el cuchillo una pequeña pastilla para el corazón porque el doctor le ha mandado que tome sólo media con las comidas. Otra situación: un joven divide en dos la pastilla de paracetamol porque se ve incapaz de tragarla. ¿Les suena? Quien más y quien menos ha vivido una situación parecida y, a menudo, no se plantea los problemas derivados de no acabar tomando la dosis adecuada.
En algunos fármacos, sobre todo en los más pequeños, con un simple error al partirlos se puede pasar de la dosis terapéutica más óptima a una toxicidad con grave riesgo para la salud, aseguran los investigadores de la Universidad de Gante, en Bélgica, que han llevado a cabo un estudio al respecto, publicado en el «Journal of Advanced Nursing».
Aseguran que partir los medicamentos para ajustarse al tratamiento prescrito por el médico puede tener «graves consecuencias clínicas» para los pacientes, ya que en ocasiones les puede llevar a tomar dosis equivocadas. Por ello, en su investigación pidieron a cinco voluntarios que dividieran ocho pastillas de distinto tamaño y forma utilizando diferentes técnicas, desde un aparato especial para estas divisiones a unas tradicionales tijeras y un cuchillo de cocina.


-Mayor variedad de dosis
Los investigadores descubrieron que el 31 por ciento de los fármacos divididos contenían cantidades diferentes a las de la dosis que se esperaba obtener. Aunque el uso del aparato especial propició el corte más preciso, éste también produjo errores en un 13 por ciento de los casos.
Los fármacos del estudio se utilizan para una variedad de trastornos, tales como la enfermedad de Parkinson, insuficiencia cardiaca, trombosis y artritis, y en todos los casos se suele recomendar partir las pastillas bien para aumentar o reducir la dosis, bien para poder tragar con más facilidad las pastillas. Sin embargo, según apunta la autora del estudio Charlotte Verrue, en declaraciones a la BBC recogidas por Ep, «la división de pastillas a menudo resulta en tamaños desiguales, y una cantidad sustancial del fármaco puede perderse durante la división».
Por ello, tras las conclusiones de este estudio confían en que los fabricantes introduzcan "una mayor variedad de dosis y formulaciones líquidas para que la división de pastillas se vuelva cada vez más innecesaria".


**Publicado en "Vocento"

El antidepresivo Prozac mejora la movilidad tras un ictus

La «pastilla de la felicidad», el famoso antidepresivo Prozac ha encontrado una nueva aplicación con la que se despojaría de su sanbenito de medicamento de confort, pensado como se ha dicho para enfermedades inventadas. Un estudio publicado en la revista «The Lancet Neurology» muestra cómo el fármaco puede convertirse en una gran ayuda para recuperar a personas que han sufrido recientemente un ictus o un infarto cerebral. Probado en 118 pacientes en Francia con problemas de movilidad entre moderados y severos, el medicamento mejoró la parálisis ocasionada por el ictus, al tiempo que reducía los síntomas depresivos, habitual en estos enfermos.
Para probar la eficacia del antidepresivo, el equipo del Hospital Universitario de Toulouse trató a la mitad de los enfermos con un medicamento placebo y al resto con el fármaco. Los dos grupos recibieron también psicoterapia y antes de comenzar el ensayo todos pasaron un test en el que se les evaluaba su capacidad motora. Los que tomaron el antidepresivo mejoraron su parálisis más que los del grupo placebo. La mejoría de la movilidad, tanto en brazos como en piernas, se notó a los tres meses de comenzar el tratamiento. Los efectos secundarios tampoco fueron importantes. Solo se informó de molestias digestivas, trastornos que los investigadores calificaron como «leves» y «poco frecuentes».

-Medicamento dual
El tratamiento mejoró el movimiento en brazos y piernas y la depresión típica tras un accidente cerebrovascular. No es la primera vez que se piensa en el antidepresivo como posible tratamiento contra el ictus (infarto o hemorragia cerebral). Otros estudios anteriores, más pequeños, ya habían apuntado en este sentido, pero esta investigación es la mayor realizada hasta la fecha.
Aunque aún serán necesarios otros trabajos para llevarlo a las consultas, el fármaco podría cambiar la práctica clínica del ictus, la mayor causa de discapacidad en adultos. Funcionaría como un medicamento dual, pensado para tratar los dos efectos secundarios más comunes tras un accidente cerebrovascular: la depresión y los problemas de movilidad.

-Un símbolo cuestionado
Prozac (fluoxetina) es casi un símbolo del siglo XX y un fenómeno superventas. Lanzado en 1986, fue el primer medicamento en popularizar la depresión. Hasta el punto que más de 40 millones de personas en el mundo toman una de estas «pastillas de la felicidad». Algunos estudios han cuestionado su utilización en menores de edad (por aumentar la ideación suicida) y otros han asegurado que su utilización en trastornos depresivos leves y moderados era puro placebo. Es decir, tenía el mismo efecto que tomar un caramelo. Lo cierto es que su aparición en el mercado, revolucionó el panorama farmacéutico y tras él siguió una larga lista de fármacos de la misma clase.
Además de tratar la depresión, la fluoxetina también se usa ocasionalmente en el alcoholismo, el trastorno por déficit de atención, ciertos trastornos del sueño, migrañas, estrés postraumático, algunas fobias... A esta larga lista se pueden sumar miles de pacientes que intentan recuperarse de un ictus.

**Publcado en "ABC"

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