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14 January 2011

Según un estudio contra la diabetes es bueno andar

Suba andando las escaleras de casa, bájese del autobús una parada antes de llegar a su destino y no utilice el coche la próxima vez que vaya de compras. Gestos tan sencillos como esos no le exigirán un gran esfuerzo y, además de ayudarle a adelgazar, también le serán útiles para mantener alejada la diabetes. Lo confirma esta semana un estudio publicado en la edición 'on line' de la revista 'British Medical Journal'.
Liderado por investigadores australianos, este trabajo realizó un seguimiento a 592 adultos de mediana edad que, entre 2000 y 2005 habían participado en una investigación previa para evaluar la incidencia de la diabetes en el país.
Además de someterse a una serie de pruebas para evaluar su estado de salud y sus hábitos de alimentación y ejercicio, al inicio del estudio cada participante recibió un podómetro, una herramienta que se utiliza habitualmente para medir el número de pasos dados y que parece fomentar el hábito de caminar.
Cinco años después, los investigadores repitieron todos los test y comprobaron si se había producido algún cambio en el perfil de los participantes.
Los resultados de su análisis pusieron de manifiesto que quienes habían aumentado el número de pasos diarios presentaban un menor índice de masa corporal –una medida que se utiliza para medir el grado de sobrepeso- y una mejor sensibilidad a la insulina –un valor empleado para evaluar el riesgo de diabetes-, entre otras variables.
"Estimamos que una persona sedentaria que sea capaz de cambiar sus hábitos y, en cinco años, cumpla las guías que recomiendan dar 10.000 pasos diarios experimentará una mejoría en su sensibilidad a la insulina tres veces mayor que el que siga otras recomendaciones que aconsejan dar 3.000 pasos diarios cinco días a la semana", explican los investigadores, quienes subrayan que la clave de una buena salud está en la actividad física.
"Todo parece indicar que caminar es beneficioso porque promueve una reducción de la adiposidad", concluyen.

**Publicado en "El Mundo"

Cada vez dormimos menos y peor


Mujer, trabaja dentro y fuera de casa, 41 años, tres hijos. Desde que parió al primero, hace 10 años, le cuesta conciliar el sueño. Los problemas han ido a más. Se acuesta a medianoche, o más tarde, según lo que haya que hacer. Dice que da vueltas en la cama durante tres horas hasta que al fin se le cierran los ojos. Se levanta a las seis, toma café, lleva a los niños al colegio, va a su oficina, donde se sirve más café. Vuelve a casa al mediodía y echa la siesta hasta la hora de recoger a los pequeños. Se siente muy cansada, tira de hasta dos litros de bebidas de cola para tenerse en pie. Le cuesta concentrarse, pierde la paciencia con facilidad, está irritable y ansiosa. Ha ganado peso hasta convertirse en una persona obesa, ella que era delgada. Su insomnio afecta a toda la familia. Su médico de atención primaria la deriva a la unidad del sueño del hospital de Móstoles (Madrid). Pernocta, monitorizada, en la cama de una cabina. La prueba, una polisomnografía, confirma que tarda casi dos horas en dormirse y que tiene muchos despertares. No hay ninguna enfermedad que explique sus dificultades para reposar.

Inés Picornell, jefa de neurofisiología clínica del hospital de Móstoles, ha elegido este historial entre los cientos que se acumulan en su despacho por representativo: se trata de una mujer con insomnio, la patología del sueño más frecuente (la sufre entre el 15% y el 20% de la población en algún momento de su vida, y más las mujeres que los hombres). Este caso no tiene una causa una física, sino psicológica o ambiental. Y resuelto como puede solucionarse un buen número de estos casos: sin química ni hipnóticos, mejorando hábitos, con medidas higiénicas del sueño.
"Le receté regularidad horaria, es decir, acostarse y levantarse siempre a la misma hora, daba igual lo que tuviera que hacer", recuerda la doctora. Le prohibió terminantemente la siesta. "Todo lo que duermas después de mediodía se lo estás quitando a la noche; es un círculo vicioso". En su lugar se apuntó a clases de yoga que la relajaban y no exigían una atención que le resultaba imposible en esa hora de somnolencia. También le vetó la cama para leer, ver televisión o cualquier otra cosa que no fuera dormir. Y le quitó las bebidas estimulantes, indultando tan solo el café de la mañana. La paciente perdió 20 kilos, recuperó la sonrisa y la capacidad de concentración. Fue dada de alta.
"Doctor, no puedo dormir" o "me despierto continuamente" o "me levanto hecho polvo". Esas y otras muchas quejas forman la banda sonora de la unidad multidisciplinar de trastornos del sueño del hospital Clínic de Barcelona, que integra a especialistas de neurología, psiquiatría, psicología, otorrinolaringología y neumología. Porque dormir poco, o mal, puede tener multitud de raíces. Una apnea, una narcolepsia, un trastorno de la conducta durante el sueño. El insomnio aparece quizá como consecuencia de una enfermedad o de un tratamiento médico, o como síntoma de una depresión. Aunque, con frecuencia, esta desesperante vigilia forzosa es psicofisiológica, fruto de causas ambientales o malos hábitos. "Dormimos peor que antes, absolutamente", enfatiza José María Montserrat, neumólogo de la unidad especializada del Clínic.
"Recibimos más estímulos que dificultan el reposo", concede Picornell. Internos y externos. El estrés, la hipoteca, el sueldo que no llega a fin de mes. El camión de la basura, la ambulancia, los ronquidos de la pareja, la televisión en el dormitorio, el fogonazo de luz del armario del cuarto de baño justo antes de ir a la cama, desde la que respondemos emails y enviamos SMS.
"Lo que está demostrado es que dormimos menos", tercia Juan Santamaría, neurólogo de la misma unidad del Clínic, remitiéndose a las estadísticas: en 1985, un 20% de españoles afirmaba que su descanso nocturno era de menos de seis horas; en 2002, ese porcentaje había subido al 30%. Una hora menos, de media, hoy que hace 50 años, según un reciente estudio mundial de Philips con 14.000 encuestados de 10 países. El informe recoge que un 35% de las personas consideraba que no dormía lo suficiente, ellas más que ellos; el 5% recurría a pastillas de vez en cuando, y el 2%, cada noche. "Simplemente duermo mal", era una de las razones más esgrimidas. "Lo decían con una especie de resignación, esta es mi vida, es lo que hay", incide Kate Hartley, directora del centro de salud y bienestar de Philips en Eindhoven (Holanda), de donde ha salido esta investigación. Otros argumentos iban por "tengo mucho que hacer" o, sobre todo, "me voy tarde a la cama y me tengo que levantar temprano...". En otras palabras, no presentaban insomnio, pero igualmente tenían déficit porque luchaban contra la somnolencia y rascaban tiempo de su reposo para emplearlo en otras cosas.
"¿Te encuentras bien, despierto, durante el día?, ¿te concentras?, ¿rindes? ¡Entonces es que reposas lo que necesitas!", resalta la doctora Picornell, reacia, ella y el resto de sus colegas, a concretar el número de horas que conviene echarse. Dependerá de cada cual, aunque lo habitual son siete u ocho. "Si te duermes apenas pones la cabeza en la almohada y lo siguiente que escuchas es el despertador arrancándote del sueño, es que vas falto", advierte Santamaría. Lo mismo que si durante el fin de semana, libre de horarios, te acuestas cuando siempre y te levantas dos horas más tarde que en un día laborable. "Cuando hay sopor conduciendo, o viendo la tele, es que algo falla", apostilla el experto. Falla que, por una causa o por otra, buena parte de la población "no pasa el tiempo suficiente en la cama", según lamenta David White, jefe médico del centro de salud y bienestar de Philips. Lo que a la larga termina afectando. A la vida familiar y a la salud física y mental, según reconocían sobre todo las mujeres entrevistadas en la investigación de la marca holandesa.
Y a la línea. Varones jóvenes sanos que descansaban menos horas de las convenientes tendían más a la obesidad al presentar niveles bajos de leptina -que es una hormona ligada a la inhibición de la sensación de hambre- y elevados de ghrelina, que provoca un aumento del apetito, según un estudio publicado en 2004 en Annals of Internal Medicine y citado por el doctor White. "El nivel de sensación de saciedad se recoloca en un punto diferente", describen Montserrat y Santamaría desde Barcelona. Quizá como mecanismo de protección, ya que despierto el organismo necesita más energía. "Estos experimentos se han realizado durante una o dos semanas, y hay quien los rebate argumentando que a la larga el cuerpo vuelve a ajustarse, al menos en parte. Pero, en cualquier caso, los estudios epidemiológicos apuntan a que dormir poco está relacionado con un aumento de peso", matiza Santamaría. Y con un incremento del riesgo de diabetes, según un artículo del centro de investigación del sueño de la Universidad de Surrey, en el Reino Unido. "Creemos que desregula aspectos hormonales y metabólicos", subrayan los especialistas del Clínic.
"La mayoría de nuestras hormonas se segregan con el sueño, y el sueño va con la luz del sol", señala Picornell, que trae a colación cómo en otoño de 2002 en Suiza, hasta entonces un islote horario en Europa, se acompasó con el resto del continente y adelantó los relojes una hora para aprovechar mejor la claridad invernal; aquel año la producción láctea cayó, en cantidad y calidad, porque los ganaderos ordeñaban antes de que las vacas segregaran la hormona de la leche.
"El ciclo día-noche influye, y de qué manera, en los seres vivos", sentencia. Incluidos los humanos, por mucho que hayamos doblegado el ritmo natural a golpe de bombilla. Un organismo que despierta a las seis de la mañana, cuando según la hora solar son las cuatro, se ve afectado. "Hace siglos, la gente se levantaba al amanecer y se acostaba al anochecer, y no existían patologías del sueño. Los trastornos surgen con la era industrial, la electricidad, los turnos de noche", expone la especialista, que opina que este es un gran problema de fondo del empobrecimiento del descanso.
"Miraos. No lo digo con ánimo de ofender, pero miraos bien. Vuestro cuerpo es blando y frágil (...). Caéis en coma periódicamente...". Lo que el robot con delirios de grandeza del Yo, robot de Isaac Asimov percibe como debilidad humana es un complejísimo mecanismo necesario para la vida. Formado por cuatro o cinco ciclos de fase REM (Rapid Eyes Movement) y no REM, con etapas en las que la persona duerme más y menos profundamente, y sueña. El laboratorio del sueño de Philips, en Eindhoven, monitoriza todo ese proceso y experimenta aplicándole cambios de luz, de temperatura, ruidos. "A veces hemos seleccionado a alguien aparentemente sano y lo hemos mandado al médico porque tenía algún problema", comenta Roy Raymann, el científico al frente.
Por aquí han pasado alondras (madrugadores). Y búhos (trasnochadores). Y jóvenes con jet lag social, según definición de Raymann: "Durante el fin de semana han salido hasta el amanecer y han dormido durante el día; cuando llega el lunes, les cuesta volver al horario normal, están mal". Años después, el sueño empeora, pero no por las noches de marcha, sino por la vejez, "incrementando el riesgo de caídas, accidentes, depresión, desórdenes mentales, fallos cardiacos, diabetes y obesidad", según los científicos de Surrey, que han participado, junto con otras universidades británicas, en un proyecto para investigar sobre cómo mejorarlo.
Una de las principales medidas, según sus conclusiones, sería cambiar a luces más brillantes en el interior y pasar más tiempo al aire libre durante el día. La luz, el ejercicio físico, una película de terror, un concierto de música clásica, el alcohol, un disgusto... Lo que hacemos, los estímulos que recibimos a lo largo de la jornada, sobre todo en las dos o tres horas previas a ponernos el pijama, se meten con nosotros en la cama. Y al revés, la cantidad y calidad de nuestro descanso va a influir enormemente en cómo encaremos el día siguiente.


**Publicado en "El Pais Salud"

La esperanza de vida se empieza a frenar


En los países ricos, la esperanza de vida ha aumentado una media de tres meses por año desde mediados del siglo XIX. Algunos estudios han llegado a apuntar a que posiblemente los bebés que nazcan en el 2060 tendrán expectativas de vivir 100 años. Otros estudios indican que quizás se haya tocado techo. Si bien los avances en medicina han conseguido plantar cara a muchas enfermedades infecciosas y cada vez está más cerca la cura de enfermedades mortales, la realidad es que en Estados Unidos, por primera vez, ha bajado la esperanza de vida.
El último informe del Centro de Estadística de la Salud muestra que en el año 2007 los norteamericanos vivían una media de 77,9 años. En el 2008, 77,8. Aunque la diferencia es de un solo mes y está por ver si se trata de un pico puntual -ya ocurrió en 1993-, los expertos creen necesario reflexionar. Lo más sencillo es achacarlo a la crisis actual, pero consideran que no puede ser la única causa y que también conviene analizar los efectos de las enfermedades al alza. Entre las principales causas de muerte que han descendido están las enfermedades del corazón, el cáncer, los accidentes cardiovasculares, los accidentes y la diabetes. Sin embargo, han aumentado las personas que fallecen por enfermedad respiratoria, alzhéimer, enfermedades renales, suicidio e hipertensión.
Al profundizar en las cifras también se observa un componente social. La media en la esperanza de vida ha descendido un mes, pero no se reparte igual entre todos. Entre los blancos, ha aumentado entre un 0,2 y un 0,5 por ciento. Entre los negros y los hispanos, ha disminuido entre un 1,9 y un 3. "Sabemos que los factores sociales son los más determinantes para la salud", afirma Joan Benach, codirector de la Red de Condiciones de Empleo y Desigualdad en Salud que forma parte de la Comisión de Determinantes Sociales de Salud de la OMS. Aunque la esperanza de vida global se toma como un indicador de progreso, debería observarse aún más en detalle qué ocurre incluso en los diferentes barrios de una misma ciudad. "Entre los más ricos y los más pobres de una misma ciudad puede haber una diferencia en la esperanza de vida de 20 años", afirma Benach. "Y con la crisis está claro que están aumentado el paro, la precariedad y las desigualdades", añade.
Uno de los primeros estudios que pronosticó un descenso en la esperanza de vida se publicó en el año 2005 en el New England Journal of Medicine (NEJM). Sugería que la epidemia de obesidad entre los niños acabaría traduciéndose en una reducción de la esperanza de vida entre 4 y 9 meses. "Una estimación conservadora", apuntaban incluso sus autores, del Hospital Infantil de Boston y de la Universidad de Illinois. También la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido de que podría ser la causa por la que la generación actual "podría ser la primera en mucho tiempo en tener una esperanza de vida menor que sus padres, según palabras de Margaret Chan, directora general de la OMS. Seis de cada 10 muertes diarias se deben a enfermedades que no se contagian. Con frecuencia están ligadas a nuestros hábitos y son la razón por la que los niños de hoy podrían vivir menos que sus padres.
Otro más reciente, de la Escuela de Sanidad Pública de Harvard y publicado el pasado mes de septiembre en el British Medical Journal (BMJ) indica que el sobrepeso a mediana edad puede reducir en un 79% la posibilidad de tener una vida larga y sana. Para ello, durante 20 años han estado recopilando datos de 17.000 mujeres, todas enfermeras, y concluyeron que las que contaban con kilos de más vivían menos. El estudio revela que ganar peso a partir de los 18 años y hasta mediana edad es un factor para predecir cuánto tiempo vivirá una persona. El efecto dominó de la obesidad está claro. Tiene relación, entre otras, con la hipertensión, la diabetes y los problemas del corazón.
En la obesidad también existe un gradiente social. Hoy en día, mantener el peso tiene un precio que los más desfavorecidos no pueden pagar. "Los grupos minoritarios van a ser los más afectados", pronosticaban los investigadores del estudio publicado por NEJM. Además de tener menor acceso a una educación que abarque los aspectos nutricionales, para sus bolsillos los alimentos más grasos resultan más baratos. Por ejemplo, en España, una persona que siga una dieta mediterránea (más sana, con más verduras y frutas y menos grasas) gasta al día 7,9 euros. Una dieta menos saludable, con más grasas y menos frutas y verduras puede costar unos 6,7 euros, según estudios realizados por el Instituto Municipal de Investigaciones Médicas de Barcelona (IMIM). En los países donde las frutas y las verduras son aún más caras la diferencia es aún mayor. La incidencia del incremento del precio de muchos alimentos a causa de la crisis no se ha estudiado aún.
Entre los expertos no hay acuerdo sobre si la crisis incidirá sobre nuestra salud haciendo que vivamos menos años. Los estudios predictivos encuentran en la misma situación la cara y la cruz. Si bien es cierto que la calidad de vida de los ciudadanos se ve claramente afectada, no está tan claro si va a incidir en la cantidad de vida. Por un lado, algunos postulan que al disponer de menor capital, los ciudadanos se verán obligados a renunciar a algunas de las trampas de la abundancia y, por fuerza, mejorarán sus estilos de vida: se caminará más en lugar de ir a todos lados en coche, y también se comerá menos y más sano. Es decir, que quizás se recuperen los aspectos más saludables de la austeridad. Un estudio reciene de The Lancet indica que con la crisis los accidentes de tráfico (una de las principales causas de mortalidad) han descendido en un 4,2% en la UE.
En el caso de España, la esperanza de vida no hace más que aumentar. Al nacer, un bebé español tiene por delante 81 años, cuatro años más que si hubiese nacido en 1991. Para Fernando Rodríguez-Artalejo, catedrático de medicina preventiva de la Universidad Autónoma de Madrid, en España "es posible, pero poco probable" que ocurra una disminución de la esperanza de vida". "Estamos controlando la obesidad. Los factores de riesgo están cada vez más controlados y contamos con medidas razonables de protección social para que no ocurra. Siento ser tan optimista", añade.
Según el estudio de The Lancet, en Europa a partir de la crisis la tasa de suicidios ha aumentado en un 2,4%. Según los investigadores, de la Universidad de Oxford y de la Escuela de Higiene y Salud Tropical de Londres, la tasa de suicidios aumenta un 0,8 % por cada 1% de paro. También han observado un aumento del 2,4% en los ataques de corazón. En el trabajo se han utilizado datos de la OMS sobre mortalidad desde 1970 y 2007, y los han cruzado con los datos de desempleo. Pero, no hay datos sobre hasta qué punto estos porcentajes acaban reflejándose en la esperanza de vida global.
¿Cómo evitar que la crisis financiera se cobre también su precio en años de vida? "La respuesta no consiste en aumentar el gasto en medicina asistencial, sino en las condiciones de trabajo y cómo vivimos", afirma Miquel Porta, catedrático de salud pública de la Universidad Autónoma de Barcelona. El estudio de The Lancet arroja una conclusión similar: "Los gobiernos que gasten recursos para mantener a la gente en sus empleos y para que vuelvan pronto a trabajar pueden prevenir el aumento de estas muertes", concluyen los autores. También sugieren que en los países donde se invierta menos en programas de reinserción laboral el peaje que se pagará en calidad y cantidad de vida será mayor. "En los países donde la inversión en estos programas ascienda a más de 190 dólares por persona, la crisis financiera no será un factor de mortalidad mayor", apuntan.
El bienestar que permite vivir mejor se ha convertido, hasta cierto punto, en una trampa para la esperanza de vida, quizás hemos estado haciendo un uso no adecuado para nuestra salud de las posibilidades del bienestar, reconoce Porta que, no descarta que el aumento de la contaminación pueda tener un impacto. En este campo, entre los expertos también puede haber diferentes lecturas. La crisis también puede ejercer otro efecto sobre uno de los aspectos que empeoran la salud de la población: al reducirse la actividad industrial, también podría mejorar la calidad del aire, observa también Benach.


**Publicado en "El Pais"

La actividad gripal ha superado el umbral basal establecido para la temporada 2010-2011 en España

La actividad gripal sigue aumentando progresivamente en España aunque, según los últimos datos de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica del Instituto de Salud Carlos III, se observa una disminución en el ascenso de la epidemia, que manifiesta una mayor intensidad en Baleares, Galicia, Navarra, País Vasco y La Rioja.
En la semana del 2 al 8 de enero de 2011 la incidencia notificada de gripe aumenta a 208,69 casos por 100.000 habitantes, si bien se observa una disminución en el brote de la enfermedad teniendo en cuenta que el informe de la pasada semana triplicó los casos producidos hasta el momento (de 40 a 153 casos por 100.000 habitantes).
Los menores de quince años, especialmente el grupo de recién nacidos hasta los 4 años, siguen siendo los más afectados, aunque continúa el incremento de casos en el grupo de entre 15 y 64 años.

-Asturias, la más castigada
La actividad gripal ha superado el umbral basal establecido para la temporada 2010-2011 (en 67, 4 casos) exceptuando Ceuta y Melilla que continúan con un nivel de intensidad bajo. De este modo, la comunidad más castigada continúa siendo Asturias, con 546, 21 casos por 100. 000 habitantes, seguida de La Rioja (393), Navarra (354), País Vasco (349) y Cantabria (221). Ya por debajo de la media nacional se sitúan Castilla y León (191), Baleares (174), Extremadura (172), Canarias (162), Cataluña (134), Castilla-La Mancha (133), Madrid (122), Aragón (121), Comunidad Valenciana (115), Melilla (77) y Andalucía (74) y Ceuta (16).
Predomina la gripe A
Por otra parte, al igual que la pasada semana, la actividad gripal se asocia a la circulación predominante del virus de la gripe A (95%), H1N1 entre los subtipados (98%); mientras la tasa de detección viral disminuye al 46 por ciento, (62% en el informe anterior).
Desde el inicio de la temporada se han notificado 350 casos graves hospitalizados confirmados, 205 (58, 6%) han sido hombres y 145 (41, 4%) mujeres. Ocho mujeres estaban embarazadas, siete (88%) de más de 24 semanas de gestación. El 30 y 42 por ciento de los casos notificados se encontraban en los grupos de 15-44 y 45-64 años, respectivamente. El 87, 4 por ciento correspondieron a infecciones por virus de la gripe A/H1N1.
Además, el 83,5 por ciento de los casos incluidos en los grupos recomendados de vacunación antigripal no habían recibido la vacuna de esta temporada. Dieciséis de los casos han fallecido, el 93 por ciento con factores de riesgo. El 90 por ciento de las defunciones, dentro de los grupos recomendados de vacunación, no habían recibido la vacuna antigripal de esta temporada. Con la información disponible hasta el momento se observa que el 84 por ciento (179 de 213) de los casos presentaba algún factor de riesgo de complicaciones de gripe y el 16 por ciento (34 de 213) no presentaba ninguno.

**Publicado en "Vocento"

Descargar las preocupaciones alivia la carga de trabajo del cerebro, según un estudio de la Universidad de Chicago



Aviso para los estudiantes que preparan sus exámenes de febrero. Una forma de combatir la ansiedad antes de que repartan las preguntas es coger un folio blanco y dedicar unos minutos a escribir sobre lo que les preocupa. Este ejercicio tan sencillo libera el capital intelectual necesario para completar la prueba con éxito, según la conclusión de un equipo de investigadores de la Universidad de Chicago. Los científicos demuestran que los estudiantes que descargan sus preocupaciones en el papel sacaban mejores resultados académicos que los que no lo hacían. Los resultados se publican en el último número de la revista «Science».
Durante el estudio se intentó recrear una situación de estrés para presionar a los 20 estudiantes que participaron. Les sometieron a dos exámenes. En el primero, una prueba de matemáticas, se les pidió que lo hicieran lo mejor posible. Antes de empezar el segundo examen se les informó de que obtendrían una recompensa económica en función de los resultados, así como que la prueba se grabaría en vídeo y sus profesores de matemáticas los revisarían. A la mitad de los estudiantes se les dio diez minutos antes del examen para que expresaran sus sentimientos y preocupaciones sobre el examen y al resto que se mantuvieran en silencio. El grupo que descargó sus emociones en el papel obtuvo mejores resultados, al menos en exactitud matemática.
Otro experimento similar se hizo con estudiantes de biología, con uno de los primeros examenes finales de secundaria. Y el resultado fue muy parecido: las mejores notas se registraron entre los estudiantes-escritores.


-Como un bloc de notas
No es la primera vez que se demuestra que trabajar bajo presión consume la memoria de trabajo del cerebro, fundamental para muchas actividades cotidianas. Este tipo de memoria, localizada en la corteza prefrontal, funciona como una especie de bloc de notas o chuleta mental que permite a la gente trabajar con un apoyo siempre a mano. Cuando las preocupaciones se acumulan, perdemos la agilidad mental necesaria para atender a nuestros miedos y nos bloqueamos
La psicóloga Sian Beilock, autora de la investigación, define este problema como la «asfixia» de trabajar bajo presión, una situación en la que personas con talento obtienen resultados por debajo de su capacidad. Incluso ha escrito un libro en la que ofrece consejos sobre cómo evitar el ahogo en situaciones estresantes como un examen difícil, una reunión de negocios importante o incluso una competición deportiva.
Tampoco es la primera vez que la escritura tiene un valor terapéutico. De hecho es una herramienta a la que recurren psicólogos y psiquiatras para que sus pacientes puedan explicar una experiencia traumática. Si no pueden contarla, al menos pueden escribirla.

**Publicado en "ABC"

La lacra de violencia contra el personal médico se ha convertido en un grave problema social

La lacra de violencia contra el personal médico ha seguido una tendencia creciente en los últimos años, constituyendo un asunto de suficiente importancia y repercusión no sólo para el sector médico sino también para toda la sociedad española, dado que puede llegar a afectar a la calidad de la asistencia médica que se presta.
La colaboración de todos los Colegios de Médicos de España ha sido decisiva para recopilar todos los datos disponibles y poder configurar el primer registro nacional sobre agresiones a médicos, hasta ahora inexistente, y obtenido gracias a la labor desempeñada por el Observatorio de Agresiones creado en el seno de la Organización Médica Colegial el pasado año.
Esta iniciativa, pionera a nivel de todo el territorio nacional, parte de la voluntad de contribuir a dar respuesta y soluciones a este aumento de violencia en un sector como el de la salud, uno de los más azotados por esta problemática para la que se pide tolerancia cero.
Se puede afirmar, por tanto, que no existe, actualmente, una plataforma como la que ofrece la Organización Médica Colegial, con la misma capacidad y condiciones para reunir todos los casos de este tipo que se registran y sus correspondientes datos por CC.AA., por provincias, su clasificación por su tipología (física, verbal, etc.), el perfil tipo del agresor, el nivel asistencial en el que se producen, el tipo de víctima, por género, edad, y el tipo de solución que se le ha dado a esa agresión, entre otros.
Toda esta labor ha permitido la recopilación de una valiosa información desglosada en base al origen de donde emana esa violencia, los aspectos a mejorar por parte de los profesionales sanitarios, el análisis de la problemática a nivel autonómico, los canales de comunicación existentes en este caso entre Colegios de Médicos y Administraciones sanitarias, así como la respuesta jurídica, entre otros aspectos.

**Publicado en "Médicos y pacientes"

La Asociación de Diabetes entrega más de 25.000 firmas para pedir un tratamiento digno a los pacientes

La Asociación Valenciana de Diabetes (AVD) entregará hoy en la Conselleria de Sanidad las más de 25.000 firmas de valencianos que reclaman educación para los pacientes con diabetes y un "tratamiento digno" que les permita controlar sus niveles de azúcar para "evitar las costosas complicaciones que ocasiona una diabetes mal controlada", entre las que ha citado la ceguera, amputaciones, accidentes vasculares o diálisis.
Según ha informado la entidad en un comunicado, la Conselleria de Sanidad publicó en febrero del año pasado unas recomendaciones, que en la práctica, "han dejado sin las tiras de autocontrol o con severas restricciones al 90 por ciento de las personas con diabetes de tipo 2".
"A pesar de que la Conselleria de Sanidad continúe asegurando que no se han retirado y que la intención del manual es 'educar' para no despilfarrar en época de crisis, la realidad es que en los centros de salud no se recetan las tiras reactivas con la consigna del 'ahorro'", ha denunciado la entidad.
Según la asociación, "los controles de azúcar que para Sanidad antes eran importantes para valorar los efectos en los cambios de alimentación y tratamiento, ahora no parecen ser necesarios, independientemente de las circunstancias de cada paciente".
Respecto a la educación necesaria para los pacientes, que también se menciona en el manual, la Asociación de Educadores en Diabetes de la Comunidad Valenciana ha subrayado que ya manifestó sus discrepancias y dio a conocer los datos de un estudio sobre la educación en diabetes en esta autonomía en la que el promedio de tiempo que se dedica en cada intervención educativa en centros de salud es de 15 minutos; en centros de especialidades de 19 minutos y en los hospitales de 35 minutos.
Además, ha añadido que en los centros en los que hay un enfermero/a educador/a, no hay sustitución si la actividad queda interrumpida por vacaciones o enfermedad. La AVD ha afirmado no entender "este recorte brutal con las tiras reactivas porque de todos los gastos directos generados por la diabetes, el que supone un menor porcentaje (3-4 por ciento) es el derivado de los consumibles: jeringuillas, agujas para plumas y tiras reactivas".
De todos los gastos estimados, según la entidad, la mayor partida "va para las hospitalizaciones, correspondiendo de este porcentaje un 4,7 por ciento a ingresos por complicaciones agudas de la diabetes y un 37,4 por ciento a las complicaciones crónicas de la enfermedad".
Al respecto, la asociación ha advertido de que sólo se podrá luchar contra estas complicaciones "con pacientes bien informados y formados a través de la educación 'real'". En la Comunidad Valenciana, según los datos recogidos en el Estudio Nacional de Prevalencia en Diabetes 1 se reveló que más de 800.000 valencianos padecen esta enfermedad, con lo que es la prevalencia más alta de toda España. "Unas cifras que claman que se haga algo ya, y todos tenemos un papel que desempeñar", ha señalado.
Por ello, ha recalcado que las personas con diabetes "deben educarse y tener los medios necesarios para autogestionar el día a día de su enfermedad, los gobiernos deberán poner en práctica estrategias eficaces para la prevención y gestión de la Diabetes, y no optar por lo más sencillo y peligroso a corto plazo (los recortes)".
En esta línea, ha apuntado que los profesionales de la salud "deberán unificar criterios y mejorar los conocimientos, de modo que se pongan en práctica las recomendaciones basadas en la evidencia, y para la población en general hay una asignatura pendiente, comprender el grave impacto de la diabetes, saber cómo identificarla y cómo retrasarla o evitarla cuando sea posible, ya que la diabetes mal controlada fue la causante de más de 10.000 muertes en el año 2009 en nuestro país".

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