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24 January 2011

El proyecto MeDALL cuenta con 12 millones de euros para investigar la epidemia de la alergia en Europa

Las alergias, epidemia mundial del siglo XXI, son un problema de salud importante y, por ello, hay que prevenirlas y a la vez controlarlas mejor. MeDALL, proyecto financiado con 11,9 millones de euros por la Unión Europea, pretende entender las razones del aumento de los casos de alergia observados en las últimas décadas. Del 24 al 26 de enero los 23 centros de investigación que participan en este proyecto celebran su reunión inaugural en el Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL), ubicado en el Parque de Investigación Biomédica de Barcelona (PRBB).
Este proyecto europeo, de 4 años de duración, está coordinado por el CREAL y el Institut National de la Santé et de la Recherche Medicale (INSERM) de París.
Los pasos iniciales de MeDALL, cuyo acrónimo se refiere a "Mecanismos de desarrollo de la alergia", se basarán en la información recogida por los estudios de cohortes de nacimientos en Europa, que incluye más de 40.000 niños nacidos entre 1992 y 2007. En una segunda fase, 18.000 de ellos serán objeto de seguimiento utilizando un protocolo común.
Alergia y medioambiente
MeDALL tratará de generar nuevos conocimientos sobre el origen y los mecanismos de las enfermedades alérgicas por IgE asociados (asma, rinitis alérgica, dermatitis atópica y la alergia a los alimentos, particularmente en niños) para entender qué factores ambientales influyen en el inicio de la alergia y cómo los cambios en estos factores han provocado un aumento de esta epidemia.
En este primer seminario, más de 60 científicos se dan cita para establecer las bases científicas del proyecto.

-Objetivo: Aumentar el conocimiento y la comprensión
La complejidad de la enfermedad alérgica representa un gran desafío para los investigadores. Por ello, han decidido adoptar una estrategia de investigación integral, que combinará y unirá diversos enfoques desde la epidemiología hasta la epigénetica y la biología de sistemas.
Este proyecto, que surge de la Red de Excelencia GA2LEN (Red Europea Global de la Alergia y el Asma), cuenta con la participación de 23 instituciones públicas y privadas, de las cuales 3 son PYMES europeas cuyas competencias científicas específicas ayudarán a conseguir el objetivo de los investigadores.
El coordinador científico del proyecto y director del CREAL, el Dr. Josep M. Antó, destaca que "la base científica de MeDALL se sustenta en la excelencia de los mejores equipos europeos que trabajarán juntos para combinar los datos obtenidos en las cohortes de nacimiento en curso con la biología de sistemas a fin de encontrar enfoques innovadores". El coordinador del proyecto y director de la unidad del asma del Institut National de la Santé et de la Recherche Medicale, el Dr. Jean Bousquet, añade: "Espero que los resultados de MeDALL tendrán un beneficio significativo para la sociedad y la interacción humana y las repercusiones ambientales. Los resultados del programa ayudarán a mejorar el diagnóstico precoz, las estrategias de prevención primaria y secundaria así como desarrollar nuevos tratamientos rentables para las enfermedades alérgicas".

Los familiares de los afectados por anorexia y bulimia se sienten abandonados y estigmatizados

Estas patologías causan un grave deterioro en las familias de quienes las sufren, de ahí que los expertos destaquen la labor que para solventar este tipo de situaciones pueden desarrollar las Asociaciones de Pacientes
La bulimia y la anorexia son dos enfermedades que dependen de un mismo trastorno, el alimentario, que para ser bien tratado necesita de un equipo multidisciplinar, así como del apoyo de la familia, la cual se ve desamparada, socialmente, precisamente por la falta de unidades específicas; y, personalmente, por el sentimiento de culpabilidad que genera.
Al respecto, el doctor Luis Rojo, jefe de la sección de la Sección de Psiquiatría del Hospital de la Fe de Valencia y miembro de la Sociedad Española de Psiquiatría, añade que sobre la familia de estas pacientes recae un estigma social importante.
"Se suele trasmitir a los familiares que ellos son, en parte, responsables de los que les sucede a los hijos, lo que genera sentimientos de vergüenza, retracción social, malestar psicológico y sentimientos de culpa", añade.
Esta situación, explica, podría llevar a los familiares en duelo por el fallecimiento de un hijo a situaciones extremas, sobre todo porque "muchas veces la sociedad cree que esta enfermedad está fomentada por la propia familia, cuando es una enfermedad que se sabe que tiene factores biológicos implicados".
Para el doctor Rojo, "la familia se lleva las consecuencias del trastorno de manera importante". Por este motivo, también destaca el papel de las asociaciones de pacientes que "dan un marco de comprensión a los familiares, allí pueden solventar sus sentimientos de culpa que, por otra parte, son normales", añade.
Precisamente, como explica la presidenta de la Asociación en Defensa de la Atención a la Anorexia Nerviosa y Bulimia (ADANER), "existe una cantidad de circunstancias adversas en este tipo de enfermedades, donde las madres y los padres se sienten horriblemente mal, impotentes con la enfermedad, con la enferma, con los tratamientos y con la ley, porque todo está en contra nuestra", al tiempo que insiste en el deterioro que la enfermedad causa sobre todo al cuidador y a la familia."Necesitamos no sentirnos tan sumamente mal como nos sentimos", explica. Y es que, recuerda, la mayoría de estas jóvenes culpan a sus madres de su situación. "Siempre la madre es la culpable de todo. Los enfermos buscan culpables, focalizan la comida y la rabia contenida, el vacío y la frustración que tienen en la madre, que normalmente es la cuidadora", añade.
Estas jóvenes no solo tienen una imagen irreal de su cuerpo, su mente enferma les hace muchas veces acusar a sus madres de personas posesivas, un cliché que desde ADANER insisten en que es una imagen "alterada" de su la realidad.
"Encima del sufrimiento que llevamos sobre nosotras, es horroroso que nos tachen de posesivas, habrá de todo", añade, al tiempo que deja ver que la situación real, dependiendo del caso, es que se trata de mujeres que se enfrentan día a día al "deterioro espantoso" y "totalmente destructivo" de sus hijos, con la "impotencia" de no poder ayudar más.
Y es que para combatir la anorexia y la bulimia es necesario un equipo especializado: psicólogos, psiquiatras, endocrinos, pediatras, nutricionistas y otras especialidades necesarias para el tratamiento a lo largo de la enfermedad. Porque la enfermedad es larga --en la mayoría de los casos se cronifica--, y mortal.
Por ello, desde ADANER piden medios estatales, medios sociales y medios legales que ayuden con los ingresos y los tratamientos, hasta ahora "voluntarios"; asimismo, piden más apoyo para las familias que "no está defendida en ningún caso".Ya que, añade, "no tenemos ningún derecho, no tenemos nada, lo único que tenemos es que afrontar la enfermedad, afrontar a la enferma y luchar con todo el mundo"; y recuerda que "muchas veces la familia se ve obligada a hacer cosas que no les gustaría hacer, y, con un dolor terrible, se hacen para ver si reacciona".
"Estamos desamparaos, el enfermo primero que no tiene los sitios, ni los tratamientos adecuados; y la familia mucho más porque carga con todo el peso de la enfermedad, ya que, en ocasiones, hasta se reduce la relación con los hermanos para que no se produzca un contagio, y el sufrimiento llega a extremos incapacitantes", explica.
Por este motivo, el psiquiatra insiste en que "lo más importante para los familiares es desculpabilizarse", y recuerda que para ésta labor es importante asociarse, ya que, en estos grupos, es donde van a encontrar gente que les entienda, van a mostrarles los recursos disponibles para seguir adelante.
Asimismo, concluye que la posición del médico es importante, ya que "damos atención a la familia del paciente, apoyo, comunicación, sostén, información y, cuando hay un problema emocional, evidentemente, se dirige al recurso más útil".

El Gobierno británico insta a consultar al médico vía 'e-mail'

En un intento de abaratar los costes de la sanidad, el Gobierno británico recomendará a los pacientes que se examinen en casa y describan sus síntomas por correo electrónico al médico de cabecera. Así lo asegura el diario Daily Mail, según el cual las autoridades sanitarias propondrán incluso a los enfermos que padecen problemas cardiovasculares, pulmonares o diabetes que se midan su presión sanguínea, sus niveles de glucosa o su temperatura y envíen los datos al médico.
El Gobierno de David Cameron trata así de evitar consultas innecesarias con la esperanza de ahorrarse 1.180 millones de euros al año, lo que, a juicio de las autoridades sanitarias, permitiría a los médicos concentrar sus esfuerzos en los enfermos más graves.
La sanidad pública ha enviado ya a miles de pacientes pequeños aparatos electrónicos de fácil manejo con los que hacer ese tipo de diagnóstico casero.

-Preocupación de los profesionales
La medida no ha gustado nada a los profesionales de la medicina. La Asociación Médica Británica ha advertido del peligro de que decaigan los estándares sanitarios con esos diagnósticos a distancia y critica que los médicos tengan que dedicar buena parte del tiempo a contestar los correos electrónicos en lugar de examinar directamente a los pacientes.
"Mi preocupación es que un paciente no se percate de la gravedad de la enfermedad que sufre ni tampoco se dé cuenta de ello el médico que se limite a leer sus mensajes", señala el doctor Laurecence Buckman, directivo de la asociación.
Por su parte, Katherine Murphy, directora ejecutiva de la Asociación de Pacientes, ha calificado de "peligrosos" los planes del Gobierno porque uno no puede fiarse ciegamente de las lecturas que se hagan en casa.

*Agencias

Diego Palao: "El suicidio es consecuencia de un problema de salud"


El doctor Diego José Palao Vidal dirige el centro de Salud Mental del Parc Taulí de Sabadell, que hace tres años que aplica el Proyecto Europeo Contra la Depresión, cuyo objetivo es reducir la tasa de mortalidad por suicidio, y que ahora mismo sólo se aplica en dos centros en toda España: el Taulí y el hospital de Sant Pau. Un síntoma más de que el suicidio sigue sin ser un tema de debate público ni considerado una prioridad social, pese a en España cada día se quitan la vida nueve personas. En 2008, último año del que hay datos disponibles, fueron 3.467 los muertos por suicidio, que se erigió en la primera causa de muerte no natural en nuestro país, por delante de los accidentes de tráfico, y en la primera causa de muerte, natural o no, entre la población joven. Y no porque haya más que antes -la cifra se mantiene estable desde mediados de los 90-, sino porque los siniestros en carretera han bajado. Los accidentes, que sí que aparecen en los medios y son objeto de campañas de concienciación.
¿En qué consiste el plan que aplican de prevención del suicidio?
Hay varios niveles. Por un lado, una campaña informativa dirigida a la población en general y que lanza el mensaje de que la depresión es una enfermedad y se puede curar. Por otro, ofrecemos formación a los profesionales, a todos los equipos de atención primaria de Sabadell, para que sepan cómo detectar y tratar mejor la depresión, y establecemos vías rápidas para derivar pacientes con riesgo de suicidio. Y finalmente, nos dirigimos a agentes sociales relevantes: centros de trabajo social, escuelas, etc. También hemos hecho talleres para adolescentes de 3º de ESO. Todo esto se hace simultáneamente, para intentar prevenir y tratar mejor la depresión, porque es la enfermedad que con más frecuencia se asocia al suicidio. Y también actuamos en poblaciones con especial riesgo.
Que son...
El factor de riesgo más importante, aparte de padecer enfermedad mental –sobre todo depresión-, es haber cometido tentativas de suicidio. Nosotros establecemos un programa de gestión telefónica. Tenemos una persona que a todos los que han cometido una tentativa, les llama al cabo de una semana, de un mes, y luego a los tres, a los seis y a los doce meses, para vincularlos al tratamiento que cada caso requiera. En niños y jóvenes, como hay menos casos, podemos hacer además una intervención psicoterapéutica, con visitas al psicólogo.
¿Y el plan está dando resultado?
Hemos reducido las tentativas. Aquí, en urgencias atendemos más de 300 casos de tentativas al año, con una población de 400.000 habitantes. Éste es un dato que pocos hospitales pueden dar, porque no se registra de forma sistemática. Y con el sistema de gestión telefónica, las tentativas han bajado un 30%. Creemos que es porque les damos más oportunidades de que reciban ayuda, y el hecho de llamarles y preguntarles como les va con su médico, les supone un apoyo.
¿Llevan un recuento de los suicidios de su zona?
Sí, tenemos un convenio con el Instituto de Medicina Legal de Catalunya que nos facilita los datos de los suicidas en el partido judicial de Sabadell. Hemos sido el segundo hospital de Catalunya en tener un registro de este tipo, junto con el de Vic. Y ahora también ha empezado a hacerlo Sant Pau. Luego, hacemos un análisis de los registros sanitarios y miramos todos los factores asistenciales en cada caso: qué medico le veía, cada cuánto, qué tratamiento seguía, si estaba diagnosticado o no como paciente depresivo, etc.
¿Alguna conclusión?
Que en nuestra zona sólo un 14% de los suicidas consumados estaban recibiendo atención psiquiátrica especializada, porque el resto o no habían sido detectados o habían abandonado el tratamiento. Eso no quiere decir que todos la requirieran, porque la depresión es tan frecuente que la mayoría de los casos son atendidos de forma eficaz por los médicos de atención primaria, y el objetivo es que eso continúe así, porque es imposible atender todos los casos a nivel especializado. Es como la gripe: los casos más graves sí los trata el especialista, pero la mayoría son bien atendidos por la atención primaria. Lo que intentamos es que se evalúe siempre el posible riesgo de suicidio y si se detecta, se pase al especialista. ¿Qué hemos conseguido? Tratar de valorar la incidencia en la tasa de suicidios solo se puede ver en series temporales largas, de cinco años o más, porque si la tasa anual en España es de 8 o 9 casos por 100.000 habitantes, en nuestra zona es del 6 o 7 por 100.000, y de un año a otro puede haber una variación de dos o tres casos...
Cifras muy bajas para tener en cuenta la variación porcentual.
Sí. Para ver una disminución en la tasa de suicidios, habría que hacer un registro a nivel nacional o autonómico, como se hace con los accidentes, y luego una intervención a ese mismo nivel. Así sí se podría valorar si una medida concreta es eficaz. Lo que pasa es que un plan como el que estamos aplicando nosotros es complejo, no es fácil aplicarlo a nivel nacional.
Pues teniendo en cuenta las cifras, igual habría que planteárselo. Éste es un asunto muy preocupante.
Muy preocupante, sí.
Según la OMS, en la segunda mitad del siglo XX la tasa de suicidio mundial aumentó un 50%.
Lo que pasa es que somos de los países con una tasa de suicidios más bajas de Europa. Estamos muy por debajo de los suecos o de los finlandeses, por ejemplo. O de los franceses.
¿Y esto a qué se debe?
Hay quien dice que es un efecto de los criterios que se aplican a la hora de registrar los casos, pero yo creo que eso es poco relevante, porque en España todas las muertes sospechosas las tiene que ver un forense. Su obligación es determinar si hay indicios de suicidio, y todos los casos se registran. Por tanto, sólo quedarían fuera algunos accidentes de tráfico muy extraños en los que no hay nota, ni ningún indicio de suicidio. Es más, sabiendo como trabajan los forenses, diría que pecarían antes por exceso que por defecto. Así que no creo que los criterios de registro influyan en el diferencial a la baja respecto de otros países. Ni tampoco el nivel de la sanidad, porque nuestra red asistencial es buena, pero no infinitamente mejor que la francesa o la finlandesa. Yo creo que más bien tiene que ver con el estilo de vida. La cultura mediterránea es a nivel social más reforzadora, hace de tampón frente a situaciones de estrés. Y un factor muy importante, que sí que nos diferencia y que influye muchísimo, es el del consumo de alcohol. En eso aquí hay una gran diferencia con los finlandeses, que beben mucho más alcohol que nosotros. Y los franceses, también.
Y el aumento global, ¿a qué se atribuye?
Bueno, en España en los últimos 20 años diría que la tasa se ha mantenido bastante constante, pero de la tasa global no sabría dar una explicación. Quizá por un lado influye que a nivel internacional han mejorado los registros, porque ahora se exige que todos los países tengan un plan de salud mental y que comuniquen las muertes por suicidio. Y por otro, ha habido situaciones críticas. Por ejemplo, en los países de Europa del Este, cuando se incorporaron a Occidente, se produjo una crisis social brutal, y con ella aumentaron las situaciones de estrés y los índices de alcoholismo, y las tasas de suicidio se dispararon de forma exponencial. Eso lo vimos en Rusia, por ejemplo, o en Polonia, y más tarde, pasó en Letonia, Estonia o Lituania.
En un momento de crisis económica como el actual, ¿aumentan las cifras de suicidios?
Teóricamente sí. Porque pones a más personas con índices de riesgo en una situación de estrés añadido. Los factores de riesgo de suicidio son muy constantes. El factor principal es haber cometido tentativas previas, y luego están las enfermedades mentales, fundamentalmente la depresión, el consumo de tóxicos, sobretodo el alcoholismo, y hay situaciones sociales, entre ellas la pérdida del trabajo o el vivir solo y no tener apoyo, que incrementan el riesgo. También hay factores que no se pueden modificar. Por ejemplo, los hombres se suicidan más que las mujeres.
En España, tres veces más.
Sí, es brutal. Pese a que en las mujeres la depresión es mucho más frecuente.
¿Entonces?
Bueno, los suicidios de hombres se producen sobre todo en determinadas edades: especialmente, cuando el hombre se jubila, se queda solo por alguna circunstancia o le diagnostican alguna enfermedad crónica, terminal o que pueda suponerle sufrimiento. Yo creo que los hombres soportan menos la soledad. Quedarse solo y sin trabajo a una determinada edad parece que para un hombre es mucho más insoportable.
¿Pero es cierto que hay más intentos de mujeres que de hombres?
Sí, sí, muchísimos más. Un hombre de 70 años hace uno o dos intentos antes de suicidarse, y en mujeres jóvenes puede haber 30 o 40 intentos por cada suicidio consumado.
¿Y cómo se explica?
Los métodos difieren. Las mujeres optan fundamentalmente por la sobreingesta de fármacos y los hombres escogen mayoritariamente métodos más letales, como la precipitación o el ahorcamiento. El único país que yo conozco en que la tasa de suicidios de mujeres es superior a la de hombres es China, porque en las zonas rurales tienen acceso a unos pesticidas muy tóxicos que aquí ya no se comercializan. Aquí tenemos más acceso a fármacos que no te matan, y probablemente allí no tienen acceso a ningún ansiolítico pero en cambio usan ese método que de entrada es letal. Por eso una de las estrategias de prevención de suicidio, aparte de mejorar la gestión y la asistencia en casos de riesgo, es reducir el acceso a métodos mortales. Por ejemplo, poner barreras en edificios altos o puentes, en sitios que habitualmente son escogidos por los suicidas. El sitio desde donde más gente se suicida del mundo es el Golden Gate. Y aunque se plantearon instalar barreras, de momento no se ha hecho. En cambio, en Suiza y otros países europeos hay políticas activas para poner barreras. Un sitio típico son los hospitales. Por eso tienen ventanas impracticables, redes si hay huecos en las escaleras, etc. En Estados Unidos, la mayoría se suicidan con armas de fuego. Ahí una medida preventiva sería restringir el acceso a las armas, claro. Y en China, prohibir esos insecticidas y cambiarlos por otros que serían más caros pero menos peligrosos.
¿Hay, o puede haber, un factor genético de riesgo?
Sí, hay una carga genética, y parece que es independiente de la de padecer enfermedad mental. No todos los depresivos se suicidan o lo intentan, y tienen mucho más riesgo aquellos que han tenido un familiar que ha muerto por suicidio.
El hijo del Sha, que sufría depresiones y se suicidó hace unas semanas, tenía una hermana que también se había suicidado años atrás.
Ahí hay una carga genética fijo. Pero aunque se han identificado algunos genes que pueden estar implicados, todavía no se sabe nada concreto. Sabemos que el riesgo genético está ahí, es un factor más, lo que pasa es que no se puede identificar fácilmente y la investigación en este terreno está aún a un nivel muy inicial. Para identificar el riesgo de suicidio en un individuo concreto hay que tener en cuenta muchos factores, y tampoco se puede hacer una predicción muy certeza. Lo que se puede hacer es una predicción de riesgo y tratar de corregir los factores que están en tu mano, y ahí entran los tratamientos de la depresión y reforzar los apoyos.
La sensibilización.
Sí. Y hay que trabajar para sensibilizar a la familia, para que nunca minusvalore una tentativa, que nunca la interprete como una mera llamada de atención. Las tentativas siempre se tienen que tomar en serio, por muy manipuladoras que parezcan, y aunque algunas lo sean, porque cuando alguien pone en riesgo su integridad física porque está sobrepasado por la angustia, estamos ante un problema de salud importante, no ante una manía ni una debilidad personal. Éste es el tema clave: que del mismo modo que el accidente de tráfico se ve como la consecuencia de una conducta de riesgo, de una imprudencia, la sociedad tiene que ver el suicidio como la consecuencia de un problema de salud mental, porque en el 80 o el 90% de los casos es así, y ésa es una labor que está por hacer. Entre un 10 y un 15% de las personas con depresión acaban por morir por suicidio. ¿Cuáles? Los que tienen riesgo genético, los que se quedan solos, sin apoyos... hay una serie de factores de entorno. En una unidad de hospitalización psiquiátrica como ésta, la mitad de los ingresos son involuntarios. ¿Por qué los hacemos? Fundamentalmente por riesgo de suicidio. Un riesgo agudo que se resuelve en pocas semanas, porque esa persona recibe un tratamiento que le reduce el nivel de estrés y el riesgo revierte. Y yo creo que la intervención se hace bien, pero hay aspectos a mejorar.
Todos los lunes se habla de los accidentes de tráfico del fin de semana. El tema de la violencia doméstica, por ejemplo, también es una prioridad para los medios y las autoridades. Y sin embargo el suicidio no lo es.
No, no lo es.
Que no haya una estrategia a nivel nacional indica que sigue pesando más el tabú que las cifras.
Sí, claro. Es que, ¿qué hace que algo sea una prioridad social?
Que se sepa, que tenga visibilidad.
Claro. Y con el suicidio siempre existe el miedo de la inducción, de que un tratamiento inadecuado de la información sobre los casos provoque más suicidios. Yo creo que una información adecuada no aumenta el riesgo sino todo lo contrario. Una cosa es informar de forma truculenta de cada caso y otra informar de que el suicidio debe ser abordado como un problema de salud, y de que si detectas ideas de suicidio en tu vecino, en tu amigo, en tu pareja, lo que tienes que hacer es lo que harías si ves que tiene un dolor en el pecho o que tiene fiebre: buscar ayuda sanitaria. Y esto no se hace, por el estigma que arrastran las enfermedades mentales y el miedo atávico al suicidio. En parte porque no se entiende. Una cosa tan frecuente resulta incomprensible para todo el mundo, y todo lo que no se entiende, lo que no se puede racionalizar, se mete debajo de la alfombra.
Asusta.
Asusta, y por eso lo que se hace es ocultarlo.
Los medios aluden desde hace más de un siglo a este efecto imitativo para fundamentar su rechazo a informar sobre suicidios de forma sistemática, pero al final se publican precisamente los más llamativos, los suicidios de famosos, que quizá son los más potencialmente imitables.
Yo también lo creo.
O los que se pueden vincular a temas de actualidad. Por ejemplo, hace poco se publicó el suicidio de uno de los imputados en la operación Galgo. Y con frecuencia se simplifican las causas. La OMS no recomienda no publicar los suicidios, sino precisamente no simplificar las causas.
Sí, siempre hay una atribución a una causa social, de entorno, a una motivación personal, como si fuera algo voluntario. Pasa con todas las enfermedades mentales. Siempre se atribuyen a factores de ese tipo, a una debilidad personal y a una explicación comprensible, aunque sea algo sin explicación. Y nosotros, que estamos viendo diariamente a personas que tienen la idea de suicidarse, sabemos que en ese momento hacen un análisis poco realista, distorsionado, de su situación. Somos racionales hasta que dejamos de serlo, y cuando estás deprimido, tu capacidad de análisis se distorsiona, no piensas racionalmente, y eres pesimista, porque físicamente también te encuentras mal, que la depresión no es sólo mental: estás cansado, no duermes, no comes... Y ni percibes posibilidades de arreglar las cosas, ni la ayuda que te ofrecen. Incluso te sientes culpable y piensas que eres una carga para los demás y que lo mejor sería desaparecer, que la única solución es morirse.
Un agujero negro.
Ésa es la percepción que vemos que tienen todas las personas con depresión. Pero le aplicamos un tratamiento y al cabo de unas semanas, la misma persona, con los mismos problemas, te dice: ‘¿Cómo pude yo pensar en quitarme la vida?’. Es como si le quitaras el velo tras el que miraba su realidad, que esencialmente sigue siendo la misma tras el tratamiento. Si no tenía trabajo, sigue sin tenerlo. Eso es lo que desde fuera, si no te dedicas profesionalmente a esto, es difícil de ver. Todo el mundo tiene dificultad para identificarlo con un estado patológico. Empezando por los propios pacientes.
La atribución de las causas a factores del entorno que con frecuencia se hace en los medios, aparte de ser más o menos superficial, ¿puede ser peligrosa?
Puede influir, pero... Es que yo creo que eso es un reflejo de la que piensa la opinión pública. La gente piensa así, en general. Y los medios reproducen esa forma de ver las enfermedades mentales, atribuyéndolas a situaciones circunstanciales. Y esas circunstancias seguramente son importantes, no es que no tengan nada que ver, pero son un factor más.
Se confunde el desencadenante con la causa.
Eso es. Recuerdo un caso de homicidio altruista, que son raros pero los hay. Un hombre que había empezado a decir a todo el mundo que estaba en la ruina, que todo le iba mal. Nadie le dijo que fuera al psiquiatra, y al final mató a toda su familia, a sus hijos, a su mujer, y luego se suicidó. Lo que él creía que estaba haciendo era tratar de salvarlos de este mundo del que él se iba porque no lo podía soportar, y por no dejarlos solos, se los llevó con él. ¡Trataba de librarles de la desgracia del mundo en el que él creía que vivía!
¿Y no acabó en las estadísticas de violencia doméstica?
Este caso inicialmente se consideró así, pero luego se dieron cuenta de que este hombre ni estaba en trámites de separación, ni tenía una mala relación con su mujer, ni ningún indicio ni antecedente de maltrato. Pero hay muchos casos confusos que sí pueden ir a las estadísticas de violencia doméstica.
Hay muchos casos de hombres que matan a su mujer y luego se suicidan.
Sí, pero yo creo que en muchos de esos casos estamos frente a otro fenómeno, y no lo mezclaría. No quería confundir al explicar este caso.
Sí, pero dejando aparte el caso que ha contado, la pregunta es si un maltratador es un potencial suicida, si tiene factores de riesgo.
Bueno, en muchos de estos casos, probablemente hay alcoholismo o consumo de otras sustancias de por medio. Aquí hicimos un estudio hace tiempo revisando las historias clínicas para ver en cuántos casos de violencia doméstica, el maltratador estaba registrado como paciente nuestro, y yo creo que la prevalencia aumenta entre enfermos mentales, pero es un fenómeno en el que hay otros factores sociales que tienen un peso muy importante, y yo no lo mezclaría.
De acuerdo, pero el caso es que no hay datos de, por ejemplo, cuántos maltratadores, sin haber matado previamente a su pareja, se suicidan. Ni tampoco sabemos cuántas mujeres maltratadas acaban suicidándose.
Claro.... Bueno, la depresión afecta a una de cada cuatro mujeres a lo largo de la vida. Y una persona en una situación extrema, con una pareja que la maltrata, y sin apoyos, probablemente puede pensar en el suicidio si cae en un estado depresivo. Creo que son factores que se suman.
Pero no hay cifras.
No. Pero insistiría en no mezclarlo. Pasa como con la eutanasia. Es otra cosa, que hay que analizar aparte. Lo que sabemos de la gente que se suicida es que no está buscando la eutanasia, ni mucho menos. Aquí tuvimos un caso hace unos años de un señor de mediana edad al que se le había diagnosticado un cáncer, y le pillamos en dos intentos muy graves. Tras el segundo se le ingresó, y durante el ingreso psiquiátrico visitó al oncólogo, que le confirmó lo que ya sabía, que se había curado del cáncer, que ya no tenía nada. Y el hombre no tenía depresión y aseguró que no quería volver a intentarlo. Pues al final le dieron el alta y se suicidó. No pudimos identificar ninguna enfermedad mental, pero se suicidó. Hay suicidios que quedan sin explicación. Seguramente había algún problema en su cabeza que no supimos ver. El caso es que engañó al oncólogo, a su familia y al psiquiatra, porque a todos los convenció de que ya estaba tranquilo, de que había entendido el mensaje, y al final lo hizo igual
¿Habría que dedicar muchos más recursos a este problema?
El objetivo sería mejorar la eficacia de los recursos existentes. Uno de los proyectos que tenemos es implantar a nivel de toda Catalunya una adaptación de la guía de la depresión insertándola en el sistema de historia clínica informatizada. ¿Te querrás creer que entre las guías informatizadas, no hay ni una guía de salud mental, como las que hay de la hipertensión o del riesgo cardiovascular? Las hay en papel, pero informatizadas, no. Para que la salud mental sea una prioridad, la gente la tiene que ver como una prioridad. Si la gente ni siquiera ve que es un problema de salud, mal vamos. La pedagogía pasa por hacer ver a la opinión pública que las enfermedades mentales son tan enfermedades como las que más, y que el cerebro, que es un órgano bastante más complejo que el hígado o que el corazón, también puede enfermar. Y que cuando lo hace, provoca alteraciones de la afectividad, el pensamiento y la percepción. ¿Que es muy complejo? Sí. Pero un profesional puede diagnosticar una enfermedad mental con la misma fiabilidad con la que los cardiólogos interpretan un electrocardiograma. Este año hemos empezado a dar una asignatura de psiquiatría en una unidad docente de la UAB que tenemos en el Taulí, para intentar que los alumnos de medicina aprendan a ver los síntomas de las enfermedades psiquiátricas como ven los de las enfermedades físicas, y no como algo nebuloso o difícil de identificar.
Como algo abstracto.
Exacto. Que sepan cómo identificar un síndrome, y cómo evoluciona. Eso es imprescindible para contribuir a superar la situación actual, en que hasta muchos médicos ven la psiquiatría y las enfermedades mentales como algo que no está dentro de la ciencia. Y esto nos perjudica como sociedad. El que la salud mental sea una prioridad no sólo tiene que venir porque los enfermos más graves, los esquizofrénicos, los bipolares, reivindiquen mejor atención, sino también porque se traten las patologías que afectan a mucha más gente. Insisto, muchas veces ni los mismos pacientes identifican que el problema que tienen es una enfermedad, sino que lo atribuyen a lo que decíamos antes, la pérdida de un trabajo, de la pareja...
El tabú, el silenciamiento general, hace que cuando aflore alguna cifra, se monte un escándalo. Ha pasado con los suicidios en France Telecom, al difundir los sindicatos varios casos. Pero la tasa en la empresa, que tiene más de 100.000 empleados, está por debajo de la media francesa, y en 2002, por ejemplo, parece ser que hubo más suicidios en la compañía que en 2008, cuando estalló la polémica.
Bueno, aquí faltaría ver si realmente ha habido un estrés inducido, pero en cualquier caso, eso es lo que pasa con la utilización de los números de un determinado año, cuando nunca aparecen. Cuando yo le digo a compañeros del hospital que el último año han muerto en Sabadell 25 personas, me dicen: '¿Cómo, tantos? ¡No puede ser!'. Pues sí, y es cada año. A mí siempre me ha sorprendido este desconocimiento, y cómo la principal causa de muerte directa en una especialidad médica como es la psiquiatría no es objeto de análisis exhaustivo por parte de los propios profesionales. Sin embargo, se reproducen los mismos comportamientos que se dan en la sociedad: cuando hay un suicidio, se habla muy poquito del caso, como si fuera culpa del psiquiatra, cuando lo que hay que analizar es si se hizo todo lo posible, y si no se hizo, intentar que la próxima vez no pase. Además, siempre está el azar, y no puedes prevenirlo todo. Al final, todos los psiquiatras han tenido casos de suicidio, porque por muy bien que lo hagas, si se da la conjunción de factores necesaria, no puedes hacer nada. En fin, insisto: hay que aprender a verlo como la complicación de un problema de salud. Y eso aún es una asignatura pendiente que tenemos como sociedad.
Aquí y en todas partes.
Bueno, en otros países el suicidio tiene otra consideración. En Japón tiene una consideración social muy importante.
Y allí hay muchos.
Sí. Allí hay un suicidio infantil muy alto. Y la gente que se suicida tiene una presión social brutal. Hay personas que si consideran que han fallado a su empresa o a su familia, se quitan de en medio para lavar su honra, o la de los suyos. Está como bien visto. Está socialmente valorada la idea de que te quites de en medio porque has fracasado.
O sea que aquí se peca por defecto y allí por exceso.
Es que la valoración del suicidio varía en cada sociedad, y en cada época. En la antigua Roma prohibieron el suicidio de los esclavos; intentarlo estaba penado con la muerte. Aquí ya no, pero durante muchos años el suicidio también fue un delito. Aparte de la condena al infierno, claro. De algún modo, la consideración legal tiene que ver con la consideración social, y va cambiando con el tiempo. El reto que tenemos ahora es convencer a la gente de que del mismo modo que se considera que las muertes en carretera son importantes, el suicidio es tan o más importante. Y probablemente no podremos prevenirlos todos, como tampoco podremos prevenir todos los accidentes, pero los podríamos reducir. Pero ahora lo primero que le dicen a mucha gente con depresión es que no vaya al médico porque le dará pastillas y no podrá dejarlas nunca. Eso me cuentan los pacientes: 'Doctor, me han dicho que no viniera porque me van a drogar'. Hay gente concienciada, pero la mayoría no quiere ir al psiquiatra.


**Publicado en "La Vanguardia"

2.400 firmas para reducir la burocracia en la consulta

Se hacen llamar Grupo Antiburocracia de Madrid y empiezan a tener cierta solera. Son un puñado de médicos de primaria de la sanidad pública que, hartos de tareas burocráticas, se reunieron en enero de 2008 para intentar acabar o, al menos, reducir el papeleo que, calculan, se les come la mitad del tiempo de la consulta. Un tiempo escaso que les gustaría dedicar a los pacientes y no a rellenar informes, certificados o recetas que ni siquiera son suyas.
Sus planteamientos -difundidos sobre todo a través de internet- han tenido tanto eco que ayer se presentaron en el Colegio de Médicos de Madrid con un manifiesto y 2.400 firmas de apoyo de otros tantos médicos (y de la Vocalía de Primaria del Colegio y cuatro sociedades médicas).
"Ni queremos ni podemos seguir en las condiciones actuales", aseguraron. Una de sus principales reivindicaciones es la de escribir recetas de medicamentos que han prescrito otros. Aseguran que la normativa de la Comunidad de Madrid al respecto contradice a las de otras regiones. En Madrid, denuncian, el médico de familia escribe las recetas de pacientes a los que no ha visto. ¿Qué pasa si no está de acuerdo con el diagnóstico? Ocurre, por ejemplo, con las urgencias. El paciente sale del hospital con la prescripción, pero tiene que ir a su médico del centro de salud para que le haga la receta. El sistema le obliga a "peregrinar" de una consulta a otra.

-Recetas de la privada
Sucede también con algunos especialistas y, quizá lo más discutible, con los pacientes de residencias geriátricas privadas. El médico de la residencia trata al paciente y pasa cada cierto tiempo por el centro de salud para que el de primaria transcriba la medicación en recetas oficiales. "Algo que expresamente prohíbe la legislación", denunció ayer el Grupo Antiburocracia. "A algunos de esos pacientes ni los conocemos; no los hemos visto nunca", señaló un portavoz.
"¿Alguien imagina que un arquitecto firme planos en los que no ha intervenido y que le obliguen a responsabilizarse de ellos una vez construidos? Es lo que nos sucede a los médicos de familia de Madrid todos los días", asegura el manifiesto. Los médicos criticaron también la nueva aplicación informática que Sanidad está instalando en los centros de salud porque enlentece su trabajo. "En ocasiones llegamos a plantearnos si no sería mejor hacer las recetas de nuevo a mano", afirman.

**Publicado en "El Pais"

Genética del cáncer de tiroides 'made in Galicia'


La única manera de saber si un nódulo en el tiroides es benigno o, por el contrario, tumoral, es examinarlo. Pero en un porcentaje de casos, ni siquiera la morfología por sí sola basta para hacer esta distinción, que afecta no sólo al diagnóstico, sino al tratamiento que tendrá que seguir el paciente. Un grupo de investigadores gallegos acaba de patentar una combinación de cuatro genes que facilitará esta tarea en el futuro.
"La mayoría de los casos de cáncer de tiroides son esporádicos", explica a ELMUNDO.es Anxo Vidal, investigador de la Universidad de Santiago de Compostela; y aunque hasta ahora se sospechaba de algunos genes, "eran poco conocidos".
Tomando más de un centenar de muestras de pacientes con patología de tiroides, tanto benigna como maligna, así como población sana, el estudio ha permitido identificar una combinación de cuatro genes que ofrecerá información diagnóstica sobre el carácter del nódulo. Es decir, aclara Vidal, no se trata de un test predictivo (que identifique qué personas sufrirán cáncer de tiroides y cuáles no); sino que permitirá precisar mejor la naturaleza del nódulo y tratar adecuadamente a cada paciente (ahorrando la cirugía y la terapia con hormonas a quienes padezcan una patología benigna).
Este sistema genético es fruto de una investigación entre la Universidad de Santiago de Compostela y la Fundación Pública Galega de Medicina Xenómica, y ha estado financiada por la Fundación Barrié. De momento, explica el doctor Vidal, no han publicado aún sus resultados en ninguna revista científica, para proteger la patente presentada ante la Agencia Estadounidense de Protección Intelectual y que tendrá una cobertura para todo el mundo.
Los cuatro genes en cuestión son AGPT2, GPM6A, EPHB1 y ABI3BP, y aunque uno de ellos ya se había relacionado con anterioridad con el cáncer de tiroides, tres de ellos se conocían más bien por su relación con otro tipo de tumores ("eran candidatos razonables").
El tiroides se localiza en la parte anterior del cuello y es el encargado de producir hormonas clave en el correcto funcionamiento del organismo. Los tumores tiroideos son especialmente frecuentes en el noroeste de España, donde pueden llegar a darse 20 casos por cada 100.000 habitantes, con una tendencia al alza en los últimos años.




**Publicado en "El Mundo"

El 88% de los cuidadores de Alzheimer son mujeres

Mujer (88%), mayor de 60 años (52%) y que no trabaja fuera de su hogar (72%). Éste es el perfil más común de aquellas personas que dedican su día a día al cuidado de un familiar con Alzheimer, una tarea que recae, sobre todo, en hijos (en el 60% de los casos) y cónyuges (40%). Así lo revela el primer estudio realizado en España sobre el estado emocional y físico de los cuidadores tras el fallecimiento de su allegado. Carmina, Celines y Helena participan en la presentación de este trabajo contando su testimonio.
Se estima que dedican una media de 125 horas semanales, casi 18 horas al día, durante seis años. Carmina, que cumple con las características del perfil más común del cuidador, estuvo un poco más, 10 años. "Mi dedicación era exclusiva. Sólo salía para ir a comprar o a la consulta del médico. El resto del tiempo lo pasaba en casa junto a mi marido. Él me necesitaba para todo".
Una situación así, sin duda, supone un desgaste físico y emocional del que poco se habla. "Si bien la salud de los ex cuidadores es mejor que la de los cuidadores en activo, es peor que la de la población general", según ponen de manifiesto los resultados del estudio, desarrollado por expertos de la Federación Alzheimer España (FAE) y por el departamento de Psicología Clínica de la Universidad Complutense de Madrid, que alertan también de la afectación psicológica y física de los excuidadores. De hecho, el 30% continúa tomando psicofármacos para la ansiedad y la depresión.
En muchos de los casos, explican los expertos responsables del trabajo, cuando se institucionalizaba al familiar, "se acentuaban los sentimientos de culpabilidad, ansiedad y los síntomas de depresión en los ex cuidadores".

-Dolores de espalda
En cuanto a la repercusión física, "muchos cuidadores somatizan sus problemas psicológicos y su estrés y aparecen migrañas, dolor de espalda, palpitaciones, insomnio...", afirma Jacques Selmès, secretario de la FAE y ex presidente de Alzheimer Europe. Así le ocurrió a Carmina, que poco después de la muerte de su marido tuvo que ser ingresada en el hospital. "Sufrí un bloqueo emocional nervioso. Tenía unas migrañas y un agotamiento muy fuertes".
Dada la afectación que esta difícil tarea tiene sobre la salud del cuidador, es importante trabajar "en un apoyo psicológico específico", señalan los especialistas. Teniendo en cuenta que muchos de los cuidadores tienen idea negativas, "hay técnicas que podemos mostrarles para transformarlas en positivas. Esto hará que tenga una percepción distinta de la misma situación".
Existen cursillos y terapias de grupo que pueden ayudar a los cuidadores y también a afrontar la muerte del enfermo al que han dedicado los últimos años. "Es un duelo muy específico, propio de esta enfermedad, que empieza incluso antes del fallecimiento, cuando comienza el aislamiento del enfermo", señalan los artífices del estudio.
Se trata de una labor dura y también reconfortante. "El 54% de los encuestados se muestra satisfecho y afirma que volvería a hacerlo". Carmina lo corrobora. "Sé que a él no le hubiera gustado estar en una residencia. Me alegro de haber estado con él hasta el final".

**publicado en "El Mundo"

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