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31 January 2011
La meditación puede provocar cambios considerables en las estructuras del cerebro
«Aunque la práctica de la meditación está asociada a una sensación de tranquilidad y relajación física, los médicos han afirmado durante mucho tiempo que la meditación también proporciona beneficios cognitivos y psicológicos que persisten durante todo el día», explica la psiquiatra Sara Lazar, autora principal del estudio. «La nueva investigación demuestra que los cambios en la estructura del cerebro pueden estar detrás de esos beneficios demostrados, y que la gente no se siente mejor solo porque se han relajado», apunta.
Lazar ya había realizado estudios previos en los que había encontrado diferencias estructurales entre los cerebros de los profesionales de la meditación, con experiencia en este tipo de prácticas, y los individuos sin antecedentes, como, por ejemplo, un mayor grosor de la corteza cerebral en áreas asociadas con la atención y la integración emocional. Pero entonces la investigadora no pudo confirmar si este proceso había sido fruto de, simplemente, haber pasado unos ratos de reflexión.
-Conciencia sin prejuicios
Para el estudio actual, los científicos tomaron imágenes por resonancia magnética de la estructura cerebral de 16 voluntarios dos semanas antes y después de realizar un curso de meditación de ocho semanas, un programa para reducir el estrés coordinado por la Universidad de Massachusetts. Además de las reuniones semanales, que incluían la práctica de la meditación consciente, que se centra en la conciencia sin prejuicios de sensaciones y sentimientos, los voluntarios recibieron unas grabaciones de audio para seguir con sus cavilaciones en casa.
Los participantes en el grupo de meditación pasaron 27 minutos cada día practicando estos ejercicios. Sus respuestas a un cuestionario médico señalaban mejoras significativas en comparación con las respuestas antes del curso. El análisis de las imágenes por resonancia magnética encontró un incremento de la densidad de materia gris en el hipocampo, una zona del cerebro importante para el aprendizaje y la memoria, y en estructuras asociadas a la autoconciencia, la compasión y la introspección. Además, se descubrió una disminución de la materia gris en la amígdala cerebral, un conjunto de núcleos de neuronas localizadas en la profundidad de los lóbulos temporales, lo que está relacionado con una disminución el estrés. Ninguno de estos cambios fueron observados en el grupo de control formado por otros voluntarios, lo que demuestra que no fueron resultado solo del paso del tiempo.
«Es fascinante ver la plasticidad del cerebro y cómo, mediante la práctica de la meditación, podemos jugar un papel activo en el cambio del cerebro y puede aumentar nuestro bienestar y calidad de vida», dice Britta Hölzel, autora principal del estudio. El hallazgo abre las puertas a nuevas terapias para pacientes que sufren problemas graves de estrés, como los que soportan un agudo estrés post-traumático tras una mala experiencia.
**Publicado en "Vocento"
Un estudio determina que los bebés saben quien les manda

Lotte Thomsen, autora principal del estudio e investigadora en Harvard, considera que el ser humano puede nacer con una cierta comprensión de la dominación social o desarrollarla a una edad muy temprana. Y está relacionada con el tamaño. Este conocimiento es algo muy práctico, ya que puede ayudar a los bebés a aprender la estructura de su entorno social y a reconocer a los que tienen el poder. «Reyes y mandatarios se sientan en grandes tronos elevados, y llevan coronas elaboradas o ropas que les hacen parecer más grandes de lo que realmente son, mientras que los subordinados a menudo se arrodillan o se agachan para mostrar respeto a otros hombres superiores o a los dioses», explica Thomsen. De igual forma, «muchos animales, como pájaros y gatos, se hinchan para parecer más grandes a su adversario, y se postran para demostrar sumisión, al igual que lo hacen los perros. Nuestro trabajo sugiere que incluso con su limitada socialización pre-verbal, los bebés humanos pueden comprender tales exhibiciones», ha indicado.
Thomsen y sus colegas de Harvard y de la Universidad de California mostraron a niños de entre 8 y 16 meses unos vídeos en los que interactuaban unos personajes de dibujos animados. En ellos aparecían dos bloques de diferente tamaño, con ojos y boca, que avanzaban desde distintos puntos hasta encontrarse en el centro de la pantalla. Se presentó entonces a los bebés dos versiones de la historia. En la primera, el bloque grande impide el paso al pequeño y éste tiene que ceder y dar un rodeo para pasar. En la segunda, ocurre lo contrario.
Los niños de esa edad tienden a prestar más atención cuando las situaciones les sorprenden, así que los investigadores confirmaron su reacción midiendo el tiempo que estaban pendientes de la pantalla. Y resultó que los niños prestaron más atención cuando el bloque grande cedió ante el pequeño -la media fue de 20 segundos-, frente a los 12 segundos que dedicaron a observar cómo el grandote impedía el paso al más pequeño, una situación que les pareció más corriente. Este comportamiento se repetía especialmente en los niños de 10 a 16 meses, y no en los menores de esa edad.
En las últimas décadas, los científicos han aprendido que la mente infantil crea representaciones abstractas de la física intuitiva, la psicología y las matemáticas. También se ha demostrado que los bebés captan aspectos del mundo social -como por ejemplo si otras personas ayudan o son un impedimento para terceros-, representaciones, que según los científicos, forman parte de lo que necesitan los niños para poder entender el mundo.
Científicos identifican un reloj interno de 24 horas común a todos los seres vivos
Equipos de investigadores pertenecientes a las universidades de Cambridge y Edimburgo han descubierto insospechadas características del mecanismo que controla el “reloj interno de 24 horas” que poseen todas las formas de vida. Este descubrimiento podría servir para evitar los problemas relacionados con los ritmos circadianos que experimentan quienes trabajan en turnos rotativos y eliminar el “jet lag”. Estos mecanismos han estado presentes en las células vivas desde hace miles de millones de años, tanto en los simples organismos unicelulares como en los seres humanos.
La ultima edición de la revista Nature incluye un artículo en el que investigadores de las universidades de Cambridge y Edimburgo, ambas en Inglaterra, dan cuenta de los últimos avances producidos en la comprensión del funcionamiento del reloj biológico de 24 horas que poseen los seres vivos. El trabajo realizado por estos dos equipos sugiere que el reloj circadiano que poseen las células del cuerpo humano es el mismo mecanismo que se halla en las algas y otros organismos, incluso en aquellos que tienen millones de años de antigüedad. Se trata de un descubrimiento que -según los especialistas- podrá ayudar a resolver los problemas que experimentan aquellas personas que realizan actividades en turnos rotatorios o que sufren el efecto llamado “jet lag”. En estas personas el “ritmo” que marca su reloj biológico se ve alterado, produciendo una serie de síntomas molestos.
Los científicos de la Universidad de Cambridge, autores del primer estudio, encontraron que los glóbulos rojos tienen un ritmo de 24 horas. Se trata de un importante descubrimiento que convierte en obsoleta la idea de que los ritmos circadianos están ligados al ADN y a la actividad genética, ya que diferencia de casi todas las demás las células de nuestro cuerpo, los glóbulos rojos no poseen ADN. Akhilesh Reddy, que dirigió el estudio en Cambridge, dice que “las implicancias que tiene este descubrimiento para la salud son múltiples. Sabemos que las interrupciones que se producen en el ritmo de los relojes biológicos se asocian a diferentes desórdenes metabólicos como la diabetes, problemas de salud mental e incluso con el cáncer."
-Incluso en las algas
A lo largo de los últimos tiempos, diferentes estudios han demostrado la existencia de vínculos entre los turnos irregulares de trabajo y el aumento casos de diabetes, enfermedades cardíacas y obesidad. Las empresas farmacéuticas también han “experimentado” con sustancias que permiten modificar los ritmos circadianos. El año pasado, un equipo utilizó un fármaco experimental desarrollado por Pfizer para restaurar los relojes biológicos alterados de ratones. Este tipo de experimento demuestran que en el futuro cercano será posible crear medicinas capaces de restaurar el ritmo correcto en aquellas personas que, por su forma de vida, están expuestas a un desorden de este tipo.
El equipo liderado por Reddy utilizó glóbulos rojos provenientes de pacientes voluntarios y saludables, que se incubaron en la oscuridad y a la misma temperatura del cuerpo humano. Las muestras se tomaron durante varios días, y a diferentes horas. Luego, los integrantes del equipo analizaron los niveles unas proteínas llamadas peroxiredoxinas, indicadores bioquímicos que se encuentran en casi todos los organismos y que se producen en gran cantidad en la sangre. Los datos demostraron que se producía una modificación en los niveles de esas proteínas, siguiendo un patrón que se repetía -una y otra vez- cada 24 horas. Un segundo equipo, dirigido por Andrew Millar de la Universidad de Edimburgo, reveló que existe un ciclo similar, también con una duración de 24 horas, en las algas marinas. Esto sugiere que los relojes corporales internos han sido importantes para la vida siempre, aun para una forma de vida tan primitiva y antigua como las algas.
-Un fármaco para «relojes alterados»
La independencia de los ciclos circadianos y el ADN quedó de manifiesto cuando, en uno de los experimentos realizados en Edimburgo, se mantuvo las algas en la oscuridad. En estas condiciones su ADN no estaba activo, pero los indicadores bioquímicos mostraban que sus relojes seguían en funcionamiento. Tanto en las algas como en los glóbulos rojos, las células son capaces de “marcar el compás” independientemente de la existencia de genes. Para Millar esto demuestra que “los relojes corporales son mecanismos ancestrales que han estado presentes a través de los miles de millones de años de evolución de la vida. Deben ser mucho más importantes y complejos de lo que pensábamos hasta ahora”, explicó. Ahora, solo falta convertir este conocimiento en un medicamento útil que recomponga los “relojes alterados” de las personas pertenecientes a los grupos de riesgo, tarea que seguramente encararán con gusto las farmacéuticas, ya que un medicamento como ese tendría un enorme mercado a nivel mundial.
**Publicado en "Neoteo"
30 January 2011
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