
Para empezar hicieron, en el laboratorio, una población de mosquitos con un gen que produce un marcador verde fluorescente para facilitar la identificación de los insectos en el experimento. A continuación permitieron que se mezclaran con esta población inicial unos cuantos mosquitos con otro cambio en su ADN, esta vez el importante para el experimento, cuyo efecto es inactivar permanentemente el gen de la fluorescencia verde. A la hora del recuento comprobaron que, si en la población inicial más del 99% mostraban la coloración del marcador, tras doce generaciones, ese porcentaje se había reducido a menos de la mitad, es decir que la modificación capaz de anular el gen de la fluorescencia se estaba extendiendo. El éxito del experimento indica que es posible utilizar esta técnica para propagar en poblaciones salvajes de mosquitos una modificación genética específica, por ejemplo que limite su capacidad transmisora de la malaria.
Crisanti y sus colegas, explica el Imperial College, han basado sus ensayos en Anopheles gambiae, uno de los principales mosquitos implicados en la propagación de la enfermedad, y lo que han hecho es introducir en ellos una secuencia de ADN que no sólo inactiva el gen de la fluorescencia verde sino que al mismo tiempo inserta una copia de si mismo en su lugar. Y esto ocurre en las células espermáticas del mosquito, de manera que cuando se cruza, casi todos sus descendientes reciben ese fragmento específico de ADN, que poco a poco se va difundiendo por la población en sucesivas generaciones.
"La malaria es una enfermedad terrible. Hay unas 3.500 especies de mosquitos en el mundo y solo unas pocas transmiten el mortal parásito Plasmodium falciparum", explica uno de los científicos autores del nuevo trabajo, Austin Burt. "Esta tecnología nos permite enfocar nuestro trabajo exclusivamente en el control de esas especies de mosquitos peligrosas". El primer firmante del artículo en Nature, Nikolai Windbichler, explica que en esta nueva estrategia, la modificación genética se hereda directamente a los descendientes en la reproducción, "lo que la convierte en una medida de control biológico específico que no afecta siquiera a otras especies de mosquitos".
Este equipo científico (con participación de expertos de la Universidad de Washington en Seattle, EEUU) está ya trabajando en el siguiente paso, centrándose en genes que el mosquito necesita para su reproducción o para la transmisión de la malaria. Si los experimentos tienen éxito, con esta tecnología se podría soltar en la naturaleza -en zonas donde la enfermedad es endémica- una cantidad reducida de mosquitos transgénicos que propagarían sus genes y se reduciría notablemente el número de mosquitos transmisores. Sería una forma barata, segura y altamente efectiva para luchar contra la malaria, afirman Crisanti y sus colegas, que cuentan con poner a punto la tecnología en cinco o seis años.


