Sociedad del Grupo Español de Neurorradiología Intervencionista (GENI) pone el foco en la
presencia femenina en una de las especialidades médicas más estratégicas y menos visibles del
sistema sanitario. La neurorradiología intervencionista es clave en el abordaje terapéutico de
patologías tan graves como el ictus o los aneurismas cerebrales. El ictus es, además, la tercera
causa global de muerte en España, pero la primera en mujeres. Además, es también la
primera causa de discapacidad adquirida en adultos, con un impacto social enorme y
económico estimado en 10.000 millones de euros.
“La mayoría de la sociedad no sabe que existimos hasta que nos necesita”, explica Isabel
Bermúdez-Coronel Prats, neurorradióloga intervencionista del Hospital Ramón y Cajal con
ocho años de experiencia. “Sorprende descubrir que tratamos un ictus o un aneurisma cerebral
de pocos milímetros sin cirugía abierta y, muchas veces, en cuestión de minutos”.
En la última década, técnicas como la trombectomía mecánica han cambiado de forma radical
el pronóstico de miles de pacientes, reduciendo de manera significativa la mortalidad y las
secuelas neurológicas en los ictus más graves, que son los que afectan a las arterias principales
del cerebro, cuando el tratamiento se aplica a tiempo. Durante el 2024 se realizaron en
España unas 10.000 trombectomías para ictus, una cifra muy elevada respecto al reducido
número de neurorradiólogos intervencionistas que trabajan en nuestro país, que se limita a
tan solo 140 especialistas.
Pese a la relevancia clínica y social de la especialidad, la presencia femenina continúa siendo
limitada. Actualmente, las mujeres representan en torno al 20% de los profesionales, una cifra
muy inferior al peso femenino en las facultades de Medicina, donde superan el 70% del
alumnado y una mayoría clara entre los nuevos licenciados.
Esta brecha se explica por factores estructurales como as guardias complejas, la falta de
referentes visibles y las dificultades de conciliación, especialmente en etapas como la
maternidad. Aun así, cada vez más mujeres están accediendo a esta especialidad de alta
complejidad tecnológica, aportando talento, diversidad y nuevas perspectivas a equipos que
trabajan en la primera línea de la atención neurovascular.
Esta falta de visibilidad no solo afecta al reconocimiento social, sino también a la percepción
de la especialidad entre las nuevas generaciones. “Cuando no ves mujeres referentes, es fácil
pensar que es un entorno ‘de hombres’, poco conciliador o inaccesible”, señala Bermúdez-
Coronel. “Visibilizar nuestro trabajo ayuda a romper esos prejuicios y a atraer talento”.
Más allá de géneros, una especialidad vocacional
Para Sonia Mosteiro Añón, neurorradióloga intervencionista en el Complejo Hospitalario
Universitario de A Coruña desde 2004, la vocación nació tras una experiencia personal: “Uno
de mis hermanos sufrió un ictus hemorrágico por una malformación arteriovenosa no conocida.
Descubrí entonces la neurorradiología intervencionista y me pareció fascinante”.
Una motivación similar comparte Marta Aguilar Pérez, neurorradióloga intervencionista del
Hospital Universitario Virgen del Rocío (Sevilla) con 15 años de experiencia, quien destaca la
combinación entre tecnología y urgencia vital: “Me atrajo la posibilidad de unir la radiología
con procedimientos mínimamente invasivos que permiten ayudar al paciente en situaciones
críticas y ver de forma inmediata el impacto del tratamiento en su recuperación”.
Además, las tres coinciden en que se trata de una especialidad exigente, donde la tecnología y
la toma de decisiones rápidas son clave. “Cada recuperación tras un ictus, cada paciente que
vuelve a hacer vida normal semanas después, compensa todos los esfuerzos”, afirma
Bermúdez-Coronel. “Es una sensación difícil de describir”.
En los últimos años, la especialidad ha vivido una auténtica revolución tecnológica: angiógrafos
de última generación, dispositivos cada vez más precisos, inteligencia artificial aplicada al
diagnóstico y, en un futuro cercano, robótica endovascular y procedimientos controlados en
remoto. “La tecnología nos permite ser más rápidas, más precisas y reducir riesgos para el
paciente”, explica Mosteiro.
En la misma línea, Aguilar Pérez subraya que “la mejora de los equipos de angiografía y la
incorporación progresiva de la inteligencia artificial están ampliando las patologías que
podemos tratar y mejorando de forma clara los resultados clínicos”.
Dificultades persistentes: conciliación, maternidad y liderazgo
Pese a los avances, las profesionales reconocen que persisten obstáculos. La conciliación sigue
siendo uno de los principales retos, especialmente por el número y la exigencia de las guardias.
A ello se suma una realidad poco conocida: durante el embarazo, las mujeres intervencionistas
pueden tener limitación en la realización de procedimientos con radiación ionizante, lo que en
algunos casos puede implicar dejar temporalmente la actividad intervencionista y una
pérdida económica asociada a las guardias.
“En la sanidad pública no existe brecha salarial directa, pero sí un ‘gap’ durante el embarazo
que debería corregirse”, apunta Bermúdez-Coronel. Otro de los grandes retos es la escasa
presencia femenina en puestos de liderazgo. Actualmente, las mujeres ocupan un porcentaje
muy pequeño de las jefaturas de sección en neurorradiología intervencionista en España y
Europa, y su representación en comités científicos y como ponentes en congresos sigue siendo
limitada.
Más mujeres y diversidad para dar lugar a mejores equipos
Pese a todo, el mensaje es optimista. “La presencia femenina ha aumentado claramente en los
últimos años y seguirá haciéndolo”, afirma Mosteiro. “Es el reflejo natural de una medicina
cada vez más diversa”. Ambas doctoras coinciden en la importancia de contar con equipos
diversos, donde diferentes perspectivas enriquecen la toma de decisiones y el trabajo clínico.
“No hay trabajos de chicos o de chicas”, subraya Bermúdez-Coronel. “La diversidad aporta
valor real a los equipos y a los pacientes”.
“Es una especialidad muy exigente y, en muchas ocasiones, seguimos siendo la excepción en
comités o reuniones”, señala Aguilar Pérez. “Por eso es fundamental contar con información
adecuada, protección y apoyo institucional para que la maternidad no se convierta en una
barrera profesional”.
Por todos estos motivos, desde GENI se insiste en la necesidad de seguir avanzando en
visibilidad, reconocimiento y formación, así como en garantizar el acceso equitativo a técnicas
como la trombectomía mecánica en todo el territorio. También se reclama el impulso de
programas de mentoría, referentes femeninos visibles y mejores condiciones para facilitar que
más mujeres accedan y permanezcan en la especialidad.
“Queremos que la sociedad nos conozca no por quiénes somos, sino por lo que hacemos:
tratar enfermedades graves con técnicas mínimamente invasivas que salvan vidas y evitan
discapacidades”, concluye Bermúdez-Coronel. Y el mensaje para las futuras científicas es claro.
“Adelante, con paso firme y decidido”.
En una jornada como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, GENI subraya la
importancia de acercar estas disciplinas a las nuevas generaciones y de mostrar referentes
reales en áreas donde la ciencia, la tecnología y la medicina salvan vidas cada día.