Late como un corazón pero es una máquina. El hospital de Bellvitge ha culminado con éxito el primer implante de un corazón artificial de larga duración a Eufemio García, paciente de 57 años con insuficiencia cardíaca avanzada. Cuatro meses después de la operación, García lleva una vida normal en su propia casa. "Ha mejorado mucho mi calidad de vida, ahora puedo salir a dar un paseo y puedo recostarme para dormir después de meses pasando las noches en vela", ha señalado sonriente el paciente en la rueda de prensa en la que se ha presentado la operación.
Se trata del tercer implante de este tipo que se realiza en España, después de sendas intervenciones en Madrid y Córdoba. Estas operaciones solo están indicadas para pacientes a los que no se les puede trasplantar el corazón de un donante.
"Llevo una vida mucho más cómoda y segura", ha explicado Eufemio. En 1999 sufrió un infarto de miocardio que le provocó una insuficiencia cardiaca avanzada. El paciente tuvo que abandonar su trabajo de policía local en Castellar del Vallès hace 14 años por problemas de corazón. Pese a esta patología, no era candidato a un trasplante de corazón por otros problemas de salud. Finalmente, los médicos optaron por implantarle un corazón artificial a la espera de que se resuelvan las contraindicaciones del trasplante. Eufemio, sin embargo, podría emplear este corazón de forma indefinida en función de su evolución.
-"Ha mejorado mucho mi calidad de vida", explica sonriente el paciente intervenido
La intervención se realizó el pasado 23 de noviembre. Después de 40 días ingresado, el paciente fue dado de alta con la única prohibición de bañarse en la piscina para evitar daños en la parte exterior del sistema implantado.
El dispositivo es una turbina que complementa la función de bomba que realiza el ventrículo izquierdo del corazón y que está conectada con dos baterías externas, con una autonomía de unas siete horas.
-El uso de corazones artificiales aumentará por la falta de órganos, detalla un doctor
La totalidad del dispositivo se encuentra en el interior del paciente y está comunicado con la unidad de control a través de un único cable, para alimentación eléctrica y análisis de datos. Actualmente, existen pacientes con más de 10 años de funcionamiento de dispositivos similares y sin mayores complicaciones.
"El uso de corazones artificiales irá en aumento en los próximos años por la limitación de corazones para el trasplante y por la mejora de la eficacia de los dispositivos", ha explicado el doctor Nicolás Manito, responsable del área de Cardiología del hospital de Bellvitge.
"En el momento en el que falten órganos, en torno al 20% de los pacientes que están en lista de espera de trasplante pueden requerir de un corazón artificial", ha detallado el doctor.
La esperanza de vida de los pacientes con corazones artificiales es similar a la de los que tienen un trasplante. Estas personas no requieren medicación para evitar el rechazo del órgano pero, por el contrario, tienen que estar pendientes de las baterías del implante.
En total, son cinco los corazones artificiales permanentes funcionando en España, aunque dos de ellos emplean un modelo estadounidense distinto del utilizado por el hospital de Bellvitge, que emplea tecnología alemana.
El hospital de Bellvitge, centro de referencia que realizó 19 trasplantes de corazón en 2011, lleva años implantando dispositivos mecánicos en corazones, pero se insertan de forma temporal, normalmente para un plazo no superior a un mes, a la espera que aparezca un donante compatible.
**Publicado en "EL PAIS"
Diario digital con noticias de actualidad relacionadas con el mundo de la salud. Novedades, encuestas, estudios, informes, entrevistas. Con un sencillo lenguaje dirigido a todo el mundo. Y algunos consejos turísticos para pasarlo bien
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21 February 2012
La intolerancia a la lactosa aumenta con la edad
La intolerancia a la lactosa tiene algo en común con una discapacidad: nadie puede estar seguro de no padecerla algún día. Por mucha leche que alguien beba y por muy bien que le siente, la enzima que la sintetiza, la lactasa, va decayendo a lo largo de la vida y es posible que en algún momento no haya suficiente para procesar adecuadamente los productos lácteos. Entonces, con la ingesta de estos alimentos, comenzará el dolor abdominal, las flatulencias y, en los casos más severos, la diarrea. En la zona mediterránea se calcula que un 15% de la población tiene algún grado de intolerancia. Muchos de ellos ni siquiera lo saben, aunque es una dolencia cada vez más visible, que no más frecuente.
Es más visible porque se diagnostica más, hay más tecnología para hacerlo que hace unos años y los médicos están más sensibilizados con determinados problemas alimenticios, según Fernando Luca de Tena, especialista del aparato digestivo del hospital La Paz (Madrid). “En ocasiones, la intolerancia es un marcador de enfermedades del sistema digestivo”, asegura. Pero no tiene por qué ser así y se puede llevar una alimentación perfectamente equilibrada sin lácteos. De hecho, la mayoría de la población mundial es intolerante a la lactosa tras la lactancia. No así los europeos —los occidentales, por extensión— pero cuando no la toleran lo llevan peor por cuestiones culturales: se halla en un amplio porcentaje de recetas.
Los que descubren que la lactosa les afecta encuentran más limitaciones de las que pensaban. La lactosa, además de en los alimentos derivados de la leche, como yogures, quesos o helados, está presente en embutidos, panes, patatas fritas, incluso en medicamentos. Es un azúcar muy empleada en la industria alimentaria para dar textura a la comida. “Cuanta más elaboración industrial tenga un alimento, más probable es que contenga lactosa”, asegura Oriol Sans, presidente de la Asociación de Intolerantes a la Lactosa (Adilac).
La situación para ellos ha mejorado sustancialmente en los últimos años, según Sans. Por un lado, gracias a que se conoce más la dolencia y los médicos la diagnostican más. “Además, la normativa de la Unión Europea obliga a poner todos los ingredientes de un producto. Antes solo se requería especificar cuando superaba un 25% del total. Esto hacía imposible conocer si llevaban lactosa alimentos con cantidades considerables. Adilac está trabajando en la implantación de un sello como los que se usan para los celiacos, para saber de un vistazo si podemos tomar determinado producto. Ya lo incorporan unas cuantas empresas”, relata.
Otra mejora es que, desde hace algo más de un año, se ha vuelto a comercializar en España una pastilla de lactasa. Se trata de ingerir la enzima que los intolerantes no tienen en suficiente cantidad. Luca de Tena explica que no tiene ningún efecto secundario y que, con su ingesta, la persona que no asimila esta sustancia puede permitirse comer cualquier alimento. “Lo que tiene que regular es la cantidad de lactasa que toma en función de su intolerancia”, cuenta. En opinión de Sans, es una buena ayuda, aunque no recomienda tomarla por norma. “Yo la llevo siempre conmigo por si tengo una comida fuera de la que no estoy muy seguro de los ingredientes o para darme algún capricho de vez en cuando”.
Este producto es muy común en otros países, que lo comercializan bajo docenas de marcas. En España, solo una: Nutira, de los laboratorios Salvat. La clave para tomarla o no y en qué medida está en determinar el grado de intolerancia. Juana María González Prada, experta en dietética, nutrición y alimentación, asegura que ella recomienda adecuar la ingesta de lácteos a este grado, en lugar de tomar la pastilla: “La mayoría de las personas con intolerancia tiene también alguna tolerancia. A lo mejor puede comer queso curado o un yogur. Además, existen leches sin lactosas y muchos alimentos ricos en calcio que la pueden sustituir”.
**publicado en "EL PAIS"
Es más visible porque se diagnostica más, hay más tecnología para hacerlo que hace unos años y los médicos están más sensibilizados con determinados problemas alimenticios, según Fernando Luca de Tena, especialista del aparato digestivo del hospital La Paz (Madrid). “En ocasiones, la intolerancia es un marcador de enfermedades del sistema digestivo”, asegura. Pero no tiene por qué ser así y se puede llevar una alimentación perfectamente equilibrada sin lácteos. De hecho, la mayoría de la población mundial es intolerante a la lactosa tras la lactancia. No así los europeos —los occidentales, por extensión— pero cuando no la toleran lo llevan peor por cuestiones culturales: se halla en un amplio porcentaje de recetas.
Los que descubren que la lactosa les afecta encuentran más limitaciones de las que pensaban. La lactosa, además de en los alimentos derivados de la leche, como yogures, quesos o helados, está presente en embutidos, panes, patatas fritas, incluso en medicamentos. Es un azúcar muy empleada en la industria alimentaria para dar textura a la comida. “Cuanta más elaboración industrial tenga un alimento, más probable es que contenga lactosa”, asegura Oriol Sans, presidente de la Asociación de Intolerantes a la Lactosa (Adilac).
La situación para ellos ha mejorado sustancialmente en los últimos años, según Sans. Por un lado, gracias a que se conoce más la dolencia y los médicos la diagnostican más. “Además, la normativa de la Unión Europea obliga a poner todos los ingredientes de un producto. Antes solo se requería especificar cuando superaba un 25% del total. Esto hacía imposible conocer si llevaban lactosa alimentos con cantidades considerables. Adilac está trabajando en la implantación de un sello como los que se usan para los celiacos, para saber de un vistazo si podemos tomar determinado producto. Ya lo incorporan unas cuantas empresas”, relata.
Otra mejora es que, desde hace algo más de un año, se ha vuelto a comercializar en España una pastilla de lactasa. Se trata de ingerir la enzima que los intolerantes no tienen en suficiente cantidad. Luca de Tena explica que no tiene ningún efecto secundario y que, con su ingesta, la persona que no asimila esta sustancia puede permitirse comer cualquier alimento. “Lo que tiene que regular es la cantidad de lactasa que toma en función de su intolerancia”, cuenta. En opinión de Sans, es una buena ayuda, aunque no recomienda tomarla por norma. “Yo la llevo siempre conmigo por si tengo una comida fuera de la que no estoy muy seguro de los ingredientes o para darme algún capricho de vez en cuando”.
Este producto es muy común en otros países, que lo comercializan bajo docenas de marcas. En España, solo una: Nutira, de los laboratorios Salvat. La clave para tomarla o no y en qué medida está en determinar el grado de intolerancia. Juana María González Prada, experta en dietética, nutrición y alimentación, asegura que ella recomienda adecuar la ingesta de lácteos a este grado, en lugar de tomar la pastilla: “La mayoría de las personas con intolerancia tiene también alguna tolerancia. A lo mejor puede comer queso curado o un yogur. Además, existen leches sin lactosas y muchos alimentos ricos en calcio que la pueden sustituir”.
**publicado en "EL PAIS"
Las habilidades espaciales contribuyen a ser mejor en matemáticas y ciencia

Quiere que su hijo sea ingeniero o matemático?: haga puzles con él. Investigadores estadounidenses publican un estudio que demuestra que los menores que dedican tiempo a los rompecabezas tienen más habilidades espaciales que los que se entretienen con otros juegos.
"La participación de los niños en este tipo de juego es una forma relativamente fácil y barata de pontenciar el desarrollo de un aspecto de la cognición que implica el éxito en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas", determinan los investigadores.
Susan Levine, del Departamento de Psicología de la Universidad de Chicago y autora principal del ensayo reconoce a ELMUNDO.es que una de las "implicaciones más importantes de la investigación es que constata que las habilidades espaciales son 'moldeables' y los padres pueden potenciar su desarrollo si juegan con sus hijos".
La inteligencia vioespacial se da en personas con gran capacidad para pensar en tres dimensiones. Además, permite percibir imágenes externas, recrearlas, transformarlas... Se relaciona también con la sensibildad de un individuo frente a las figuras, formas, líneas...
La doctora Levine y su equipo visitaron a 53 niños (de dos a cuatro años) y a sus padres en sus casas cada cuatro meses, a partir de que los menores tuvieran un año y dos meses. En cada visita, de 90 minutos de duración, las familias fueron grabadas en vídeo mientras realizaban sus actividades ordinarias.
A los padres no se les indicó que jugaran a un determinado juego, sino que pasaran su tiempo como de costumbre. Cuando los pequeños cumplieron los 54 meses completaron una serie de pruebas que ayudan a establecer las habilidades espaciales.
"La participación de los niños en este tipo de juego es una forma relativamente fácil y barata de pontenciar el desarrollo de un aspecto de la cognición que implica el éxito en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas", determinan los investigadores.
Susan Levine, del Departamento de Psicología de la Universidad de Chicago y autora principal del ensayo reconoce a ELMUNDO.es que una de las "implicaciones más importantes de la investigación es que constata que las habilidades espaciales son 'moldeables' y los padres pueden potenciar su desarrollo si juegan con sus hijos".
La inteligencia vioespacial se da en personas con gran capacidad para pensar en tres dimensiones. Además, permite percibir imágenes externas, recrearlas, transformarlas... Se relaciona también con la sensibildad de un individuo frente a las figuras, formas, líneas...
La doctora Levine y su equipo visitaron a 53 niños (de dos a cuatro años) y a sus padres en sus casas cada cuatro meses, a partir de que los menores tuvieran un año y dos meses. En cada visita, de 90 minutos de duración, las familias fueron grabadas en vídeo mientras realizaban sus actividades ordinarias.
A los padres no se les indicó que jugaran a un determinado juego, sino que pasaran su tiempo como de costumbre. Cuando los pequeños cumplieron los 54 meses completaron una serie de pruebas que ayudan a establecer las habilidades espaciales.
-Los datos
Al examinar las grabaciones en vídeo de los padres que interactúan con los niños durante las actividades cotidianas, los investigadores encontraron que los que juegaban con puzles tenían mejores habilidades espaciales cuando se les evalúo a los 54 meses de edad.
"Los niños que hacen rompecabezas tenían más capacidad a la hora de transformar mentalmente (rotar o trasladar) formas que los que se entretenían con otros juegos", reconoce Susane Levine en el último 'Developmental Science'.
Esta habilidad, es según la experta, "un importante predictor del desarrollo de capacidades para la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas".
Su estudio, el primero en observar la relación entre los puzzles y el desarrollo de las habilidades espaciales en un entorno natural, también tuvo en cuenta otros factores que podían alterar los resultados como el nivel socioeconómico de los padres, su educación y la forma de hablar a los hijos durante el juego.
Otros datos que apunta la investigación son que los padres "con más ingresos y mayor nivel de formación son los que más hacían puzles con sus hijos. Tanto los niños como las niñas que se entretenían con ellos tenían mejores habilidades espaciales, pero los chicos que ejecutaban rompecabezas más complicados que las chicas. Asimismo ellos obtuvieron mejor resultados en las tareas de transformación mental que ellas".
Al examinar las grabaciones en vídeo de los padres que interactúan con los niños durante las actividades cotidianas, los investigadores encontraron que los que juegaban con puzles tenían mejores habilidades espaciales cuando se les evalúo a los 54 meses de edad.
"Los niños que hacen rompecabezas tenían más capacidad a la hora de transformar mentalmente (rotar o trasladar) formas que los que se entretenían con otros juegos", reconoce Susane Levine en el último 'Developmental Science'.
Esta habilidad, es según la experta, "un importante predictor del desarrollo de capacidades para la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas".
Su estudio, el primero en observar la relación entre los puzzles y el desarrollo de las habilidades espaciales en un entorno natural, también tuvo en cuenta otros factores que podían alterar los resultados como el nivel socioeconómico de los padres, su educación y la forma de hablar a los hijos durante el juego.
Otros datos que apunta la investigación son que los padres "con más ingresos y mayor nivel de formación son los que más hacían puzles con sus hijos. Tanto los niños como las niñas que se entretenían con ellos tenían mejores habilidades espaciales, pero los chicos que ejecutaban rompecabezas más complicados que las chicas. Asimismo ellos obtuvieron mejor resultados en las tareas de transformación mental que ellas".
-Lenguaje espacial
Destaca como significativo el hecho de que los progenitores que participan con sus hijos en la elaboración del puzle utilizan más a menudo el lenguaje espacial. Un ejemplo recogido en el estudio. "Madre con un hijo de 46 meses que interactúa con el mientras realizan un puzzle de 24 piezas. Yo creo que puede ponerse aquí sin embargo vamos a dejarlo. Se trata de una esquina. ¿Ves la forma...tiene dos extremos rectos? Se trata de una esquina.... Esto es recta. ¿Dónde crees que va la pieza recta va?".
Aunque los investigadores reconocen que se necesitan más estudios para determinar "si es este juego o el lenguaje que los niños reciben sobre los conceptos espaciales lo que potencia sus habilidades. También hay que establecer por qué hay una diferencia entre los sexos a la hora de ejecutar puzles más fáciles o difíciles".
Susane Levine reconoce que existen otros juegos que "también han demostrado su utilidad para potenciar las habilidades espaciales, como los de construcciones (lego) y ciertos juegos de ordenador como el Tetris".
Destaca como significativo el hecho de que los progenitores que participan con sus hijos en la elaboración del puzle utilizan más a menudo el lenguaje espacial. Un ejemplo recogido en el estudio. "Madre con un hijo de 46 meses que interactúa con el mientras realizan un puzzle de 24 piezas. Yo creo que puede ponerse aquí sin embargo vamos a dejarlo. Se trata de una esquina. ¿Ves la forma...tiene dos extremos rectos? Se trata de una esquina.... Esto es recta. ¿Dónde crees que va la pieza recta va?".
Aunque los investigadores reconocen que se necesitan más estudios para determinar "si es este juego o el lenguaje que los niños reciben sobre los conceptos espaciales lo que potencia sus habilidades. También hay que establecer por qué hay una diferencia entre los sexos a la hora de ejecutar puzles más fáciles o difíciles".
Susane Levine reconoce que existen otros juegos que "también han demostrado su utilidad para potenciar las habilidades espaciales, como los de construcciones (lego) y ciertos juegos de ordenador como el Tetris".
**Publicado en "EL MUNDO"
Home visits for asthma: A win for both patients and payers
Nearly 1 in 10 children have asthma, according to government statistics, and in low-income parts of Boston, nearly 16 percent of children are affected. A program called the Community Asthma Initiative (CAI), developed and implemented in 2005 by clinicians at Children's Hospital Boston, demonstrates the potential to dramatically reduce hospitalization and emergency department visits for asthma -- improving patient outcomes and saving $1.46 per dollar spent through reduced hospital utilization. A study reporting these outcomes and cost savings appears in the March 2012 Pediatrics (published online February 20).
The CAI is a community-based asthma care model targeting low-income families. It includes nurse case management and care coordination combined with home visits by a bilingual nurse or Community Health Worker to educate families about asthma, assess the home for asthma triggers, and provide materials and services to improve the home environment, such as encasements for bedding, HEPA vacuums and pest control.
The CAI team, led by Elizabeth Woods, MD, MPH, of the Division of Adolescent/Young Adult Medicine, and Shari Nethersole, MD, of the Office of Child Advocacy at Children's Hospital Boston, selected children from four low-income zip codes for the intervention because they had been hospitalized or had made emergency department (ED) visits for asthma. Of 562 eligible children identified, 283 families agreed to participate.
At enrollment, 43 percent of participating children had asthma scored as moderate or severe. Families received an average of 1.2 home visits during the year-long program. "The environmental issues have been much greater than expected, with high rates of pest infestation and dust and mold problems," Woods notes.
After 12 months in the program, the children had a 68 percent decrease from baseline in asthma-related ED visits and an 85 percent drop in hospitalizations. There was a 43 percent reduction in the percentage of children who had to limit physical activity on any day, a 41 percent reduction in reports of missed school days and a 50 percent reduction in parents having to miss work to care for their child. The percentage of children with an up-to-date asthma care plan rose from 53 percent at baseline to 82 percent at 12 months.
All of these improvements were evident within 6 months, and, among children who had follow-up, persisted for as long as two years.
The quality improvement intervention yielded a significant return on investment: When CAI patients were compared with nonparticipating children from four demographically similar communities, the CAI saved $1.46 for every dollar spent. The program cost $2,529 per child, but yielded a savings of $3,827 per child because of reduced ED visits and hospitalizations. "This is a remarkable savings to society and reflects better health outcomes for the children," says Woods.
"Our experience with CAI allowed us to work with community partners to develop a business case for reimbursement of these services by insurers," adds Nethersole.
The CAI has started working with Massachusetts Medicaid and other health care payers to develop and pilot a global or bundled payment system for asthma care. "We expect that the new payment models will incorporate these expanded education and home-visiting services and allow for more comprehensive care for children with high-risk asthma," says Nethersole.
The study was limited due to the lack of insurance data, and was unable to capture data on care at other hospitals, primary care sites and pharmacy claims. The authors believe their analysis underestimated the true cost savings, because it did not include physician fees or financial impacts on families. They suggest that further cost analyses incorporate insurance company data to capture other aspects of care.
*Source: Children's Hospital Boston
The CAI is a community-based asthma care model targeting low-income families. It includes nurse case management and care coordination combined with home visits by a bilingual nurse or Community Health Worker to educate families about asthma, assess the home for asthma triggers, and provide materials and services to improve the home environment, such as encasements for bedding, HEPA vacuums and pest control.
The CAI team, led by Elizabeth Woods, MD, MPH, of the Division of Adolescent/Young Adult Medicine, and Shari Nethersole, MD, of the Office of Child Advocacy at Children's Hospital Boston, selected children from four low-income zip codes for the intervention because they had been hospitalized or had made emergency department (ED) visits for asthma. Of 562 eligible children identified, 283 families agreed to participate.
At enrollment, 43 percent of participating children had asthma scored as moderate or severe. Families received an average of 1.2 home visits during the year-long program. "The environmental issues have been much greater than expected, with high rates of pest infestation and dust and mold problems," Woods notes.
After 12 months in the program, the children had a 68 percent decrease from baseline in asthma-related ED visits and an 85 percent drop in hospitalizations. There was a 43 percent reduction in the percentage of children who had to limit physical activity on any day, a 41 percent reduction in reports of missed school days and a 50 percent reduction in parents having to miss work to care for their child. The percentage of children with an up-to-date asthma care plan rose from 53 percent at baseline to 82 percent at 12 months.
All of these improvements were evident within 6 months, and, among children who had follow-up, persisted for as long as two years.
The quality improvement intervention yielded a significant return on investment: When CAI patients were compared with nonparticipating children from four demographically similar communities, the CAI saved $1.46 for every dollar spent. The program cost $2,529 per child, but yielded a savings of $3,827 per child because of reduced ED visits and hospitalizations. "This is a remarkable savings to society and reflects better health outcomes for the children," says Woods.
"Our experience with CAI allowed us to work with community partners to develop a business case for reimbursement of these services by insurers," adds Nethersole.
The CAI has started working with Massachusetts Medicaid and other health care payers to develop and pilot a global or bundled payment system for asthma care. "We expect that the new payment models will incorporate these expanded education and home-visiting services and allow for more comprehensive care for children with high-risk asthma," says Nethersole.
The study was limited due to the lack of insurance data, and was unable to capture data on care at other hospitals, primary care sites and pharmacy claims. The authors believe their analysis underestimated the true cost savings, because it did not include physician fees or financial impacts on families. They suggest that further cost analyses incorporate insurance company data to capture other aspects of care.
*Source: Children's Hospital Boston
Ver películas con imagenes de alcohol eleva el riesgo de inicio en su uso
Enumerar las películas y las serie televisivas en las que sus protagonistas consumen alcohol puede resultar interminable. Sin embargo, un grupo de investigadores estadounidenses acaba de sugerir que Hollywood debería optar por imponer las mismas restricciones a este tipo de bebidas como lo hizo en su día con el tabaco.
Un debate que se inicia, precisamente, cuando un grupo de expertos británicos, acaba de anunciar en la revista 'The Lancet' que 210.000 personas morirán en Reino Unido de forma prematura en los próximos 20 años por culpa del alcohol.
La nueva recomendación estadounidense se basa en una investigación, recogida en el último 'British Medical Journal' en la que han participado 6.522 adolescentes de 10 a 14 años a los que se les ha realizado un seguimiento de dos años. Al parecer, los jóvenes que ven una gran cantidad de películas en las que se ingiere alcohol son dos veces más propensos a iniciarse en su consumo en comparación con los que ven pocos filmes en los que aparezcan este tipo de bebidas.
"Su uso es muy prevalente y representa un factor importante de riesgo de comportamientos sexuales de riesgo, de lesiones y mortalidad por accidentes en la adolescencia y de abuso y dependencia en la edad adulta. Su ingesta o la aparición de marcas de bebidas aparece representado en el 80%-95% de las películas, y beber suele mostrarse como un comportamiento positivo", introducen los autores, dirigidos por James Sargent, de la Escuela Médica Dartmouth, en New Hampshire (EEUU).
Investigaciones previas con adolescentes de EEUU y Alemania, "han constatado una asociación entre observar la ingesta de bebidas alcohólicas en la gran pantalla y un inicio temprano en su uso. En el estudio alemán, el 80% de la exposición procedía de la distribución internacional de películas de Hollywood, por los que las decisiones tomadas por las productoras de EEUU al respecto podrían tener un impacto en todo el mundo", insisten los científicos. En su estudio, realizaron encuestas telefónicas a lo largo de dos años. A todos los participantes se les interrogó sobre su consumo de alcohol y los factores potencialmente influyentes como: visualización de películas, consumo paterno en el hogar, uso con los amigos, disponibilidad de alcohol en el domicilio, entre otros.
-532 películas
Los jóvenes tuvieron que realizar una selección de 50 películas de las que habían visto entre las 100 consideradas de más éxito en EEUU en cada uno de los cinco años precedentes a la investigación, además de 32 que se encontraban entre las de más recaudación en el primer trimestre de 2003.
Un equipo de personal especializado se encargó de codificar las 532 películas y anotar el número de segundos en los que los protagonistas bebían alcohol o aparecían las marcas de las bebidas. Teniendo en cuenta las películas que los jóvenes habían visualizado, los datos demuestran que, por lo general, visualizaron en la gran pantalla 4,5 horas imágenes con alcohol, aunque este tiempo aumentó hasta 8 horas en un buen número de jóvenes.
"Cerca de uno de cada 10 tenía alguna propiedad (camiseta, gorra...) de la marca de una cerveza, vino... mientras uno de cada cuatro (23%) afirmó que sus padres bebían en casa, al menos una vez a la semana. Incluso un 29% confesó que el alcohol estaba disponible en su domicilio", detalla el ensayo.
Un dato preocupante es el que hace referencia a que en los dos años de estudio la proporción de jóvenes que se inició en la bebida pasó del 11% al 25%. También aumentó el número de los que consumían cinco o más copas de forma frecuente: del 4% al 13%.
Tras tener en cuenta los factores que podían influir en los resultados, el estudio sugiere que los que vieron más películas en los que sus protagonistas bebían tenían el doble de posibilidades de iniciarse en su consumo y poseían hasta un 63% más de probabilidades de empezar a beber en exceso que los que visualizaron menos filmes con este tipo de contenido.
Otros factores que también influyen en el inicio en el consumo fue que los padres "bebieran en casa, y la disponibilidad de alcohol en el hogar", reza el ensayo.
"Creemos que los resultados podrían indicar dos tipos de procesos. El inicio se produce porque el joven trata de ir contra las normas además de buscar sensaciones nuevas, por eso prueba el alcohol. Sin embargo, los padres pueden comunicar normas sobre el consumo y controlar su comportamiento, además de que las bebidas no estén disponibles en el hogar. La progresión en su uso depende de que cuánto se utilice el alcohol en el entorno, de si los compañeros hacen uso de él, etcétera", reconocen los investigadores.
-Salud pública
"Aunque las tabacaleras tienen prohibido colocar sus cigarrillos en las películas de EEUU, no sucede lo mismo con el alcohol. La mitad de los filmes contiene al menos una marca de estas bebidas. En la medida en que la visualización de estos productos en la gran pantalla sirve para aumentar la prevalencia de la ingesta de alcohol, poner límites en las películas también podrían contribuir a reducir su consumo", concluyen los investigadores.
Defienden, también, que es importante recordar "las implicaciones para la salud global que tiene la representación de comportamientos de riesgo en las películas de Hollywood".
*AGENCIAS
Un debate que se inicia, precisamente, cuando un grupo de expertos británicos, acaba de anunciar en la revista 'The Lancet' que 210.000 personas morirán en Reino Unido de forma prematura en los próximos 20 años por culpa del alcohol.
La nueva recomendación estadounidense se basa en una investigación, recogida en el último 'British Medical Journal' en la que han participado 6.522 adolescentes de 10 a 14 años a los que se les ha realizado un seguimiento de dos años. Al parecer, los jóvenes que ven una gran cantidad de películas en las que se ingiere alcohol son dos veces más propensos a iniciarse en su consumo en comparación con los que ven pocos filmes en los que aparezcan este tipo de bebidas.
"Su uso es muy prevalente y representa un factor importante de riesgo de comportamientos sexuales de riesgo, de lesiones y mortalidad por accidentes en la adolescencia y de abuso y dependencia en la edad adulta. Su ingesta o la aparición de marcas de bebidas aparece representado en el 80%-95% de las películas, y beber suele mostrarse como un comportamiento positivo", introducen los autores, dirigidos por James Sargent, de la Escuela Médica Dartmouth, en New Hampshire (EEUU).
Investigaciones previas con adolescentes de EEUU y Alemania, "han constatado una asociación entre observar la ingesta de bebidas alcohólicas en la gran pantalla y un inicio temprano en su uso. En el estudio alemán, el 80% de la exposición procedía de la distribución internacional de películas de Hollywood, por los que las decisiones tomadas por las productoras de EEUU al respecto podrían tener un impacto en todo el mundo", insisten los científicos. En su estudio, realizaron encuestas telefónicas a lo largo de dos años. A todos los participantes se les interrogó sobre su consumo de alcohol y los factores potencialmente influyentes como: visualización de películas, consumo paterno en el hogar, uso con los amigos, disponibilidad de alcohol en el domicilio, entre otros.
-532 películas
Los jóvenes tuvieron que realizar una selección de 50 películas de las que habían visto entre las 100 consideradas de más éxito en EEUU en cada uno de los cinco años precedentes a la investigación, además de 32 que se encontraban entre las de más recaudación en el primer trimestre de 2003.
Un equipo de personal especializado se encargó de codificar las 532 películas y anotar el número de segundos en los que los protagonistas bebían alcohol o aparecían las marcas de las bebidas. Teniendo en cuenta las películas que los jóvenes habían visualizado, los datos demuestran que, por lo general, visualizaron en la gran pantalla 4,5 horas imágenes con alcohol, aunque este tiempo aumentó hasta 8 horas en un buen número de jóvenes.
"Cerca de uno de cada 10 tenía alguna propiedad (camiseta, gorra...) de la marca de una cerveza, vino... mientras uno de cada cuatro (23%) afirmó que sus padres bebían en casa, al menos una vez a la semana. Incluso un 29% confesó que el alcohol estaba disponible en su domicilio", detalla el ensayo.
Un dato preocupante es el que hace referencia a que en los dos años de estudio la proporción de jóvenes que se inició en la bebida pasó del 11% al 25%. También aumentó el número de los que consumían cinco o más copas de forma frecuente: del 4% al 13%.
Tras tener en cuenta los factores que podían influir en los resultados, el estudio sugiere que los que vieron más películas en los que sus protagonistas bebían tenían el doble de posibilidades de iniciarse en su consumo y poseían hasta un 63% más de probabilidades de empezar a beber en exceso que los que visualizaron menos filmes con este tipo de contenido.
Otros factores que también influyen en el inicio en el consumo fue que los padres "bebieran en casa, y la disponibilidad de alcohol en el hogar", reza el ensayo.
"Creemos que los resultados podrían indicar dos tipos de procesos. El inicio se produce porque el joven trata de ir contra las normas además de buscar sensaciones nuevas, por eso prueba el alcohol. Sin embargo, los padres pueden comunicar normas sobre el consumo y controlar su comportamiento, además de que las bebidas no estén disponibles en el hogar. La progresión en su uso depende de que cuánto se utilice el alcohol en el entorno, de si los compañeros hacen uso de él, etcétera", reconocen los investigadores.
-Salud pública
"Aunque las tabacaleras tienen prohibido colocar sus cigarrillos en las películas de EEUU, no sucede lo mismo con el alcohol. La mitad de los filmes contiene al menos una marca de estas bebidas. En la medida en que la visualización de estos productos en la gran pantalla sirve para aumentar la prevalencia de la ingesta de alcohol, poner límites en las películas también podrían contribuir a reducir su consumo", concluyen los investigadores.
Defienden, también, que es importante recordar "las implicaciones para la salud global que tiene la representación de comportamientos de riesgo en las películas de Hollywood".
*AGENCIAS
Traitorous immune cells promote sudden ovarian cancer progression
Aggressive ovarian tumors begin as malignant cells kept in check by the immune system until, suddenly and unpredictably, they explode into metastatic cancer. New findings from scientists at The Wistar Institute demonstrate that ovarian tumors don't necessarily break "free" of the immune system, rather dendritic cells of the immune system seem to actively support the tumor's escape. The researchers show that it might be possible to restore the immune system by targeting a patient's own dendritic cells. "Our model shows where the cancer is kept in check for relatively long periods, but once they become noticeable, tumors grow exponentially," said José R. Conejo-Garcia, M.D., Ph.D., an associate professor at Wistar and leader of the Tumor Microenvironment and Metastasis Program of Wistar's Cancer Center. "More importantly, we show that by depleting these dendritic cells of the immune system, we can reverse the effect, once again allowing our immune system to recognize the ovarian tumors."
Their findings, presented in the March issue of the Journal of Experimental Medicine, available online now, represent the first successful attempt to model the tumor microenvironment of human ovarian cancer in a mouse model of the disease. In essence, the model replicates the inflammatory surroundings that ovarian tumors experience in humans. The more accurate model provides a better tool for researchers to understand, prevent, and treat tumors.
"Our system uses oncogene-driven tumors that are spontaneously antigenic, thus avoiding the use of artificial foreign antigens that do not accurately replicate what drives anti-tumor immune responses in humans," Conejo-Garcia said.
Ovarian cancer remains one of the most deadly forms of cancer in women. According to the National Cancer Institute, 21,990 women will be diagnosed with ovarian cancer, and 15,460 women will die of the disease this year. Because early-stage ovarian cancer does not often exhibit noticeable symptoms, many women are not diagnosed until the cancer is at a later stage, when it is most difficult to treat.
"While we have seen an increase in survival rates for most cancers over the last 40 years, ovarian cancer survival has only improved slightly since the 1970s," Conejo-Garcia said. "We created our ovarian cancer model to get a better understanding of how these tumors acquire such aggressive characteristics and evade the immune system."
According to Conejo-Garcia, their model demonstrates how a localized ovarian tumor flares into an aggressive metastatic disease.
"You can see where, if one ovary is cancerous, it is almost unrecognizable until an instantaneous moment, when it explodes into exponential growth," Conejo-Garcia said. "The key to this moment, our evidence suggests, is in the phenotypic changes taking place in the dendritic cells that are part of the tumor microenvironment."
In healthy tissue, dendritic cells function as sort of alarm system to alert the adaptive part of the immune system to potential threats. They work as antigen-presenting cells, offering foreign or disease-causing molecules (called antigen) to the white blood cells that can then respond to an infection or, in this case, tumorous growths. Amid the ovarian cancer microenvironment, dendritic cells also induce the immune system to attack tumor cells and inhibit their growth.
Until, that is, dendritic cells seem to switch sides.
"We see a change in the dendritic cells themselves, which allows tumors to progress to terminal disease in a very short time," Conejo-Garcia said. "Interestingly, the tumors themselves are still immunogenic -- they could still otherwise elicit an immune response -- it is just that the dendritic cells are actively suppressing the involvement of other anti-tumor immune cells; primarily T cells."
Conejo-Garcia and his colleagues believe that their findings offer a twist on the emerging theory of "cancer immunoediting." The immunoediting hypothesis suggests that the immune system actively "edits" tumor cells to eliminate antigens that are recognized by immune cells, keeping the cancer at bay before it becomes symptomatic. All symptomatic tumors, therefore, represent a failure of the immune system, where tumors lose their immunogenicity -- their ability to trigger and be recognized by our immune system.
The researchers found that depleting dendritic cells early on accelerating tumor expansion, while removing dendritic cells later on actually delayed the tumor's progression. According to Conejo-Garcia, their findings suggest it is a change in the immune system itself, specifically the dendritic cells, and not primarily any loss of immunogenicity on the part of the tumor.
**Source: The Wistar Institute
Their findings, presented in the March issue of the Journal of Experimental Medicine, available online now, represent the first successful attempt to model the tumor microenvironment of human ovarian cancer in a mouse model of the disease. In essence, the model replicates the inflammatory surroundings that ovarian tumors experience in humans. The more accurate model provides a better tool for researchers to understand, prevent, and treat tumors.
"Our system uses oncogene-driven tumors that are spontaneously antigenic, thus avoiding the use of artificial foreign antigens that do not accurately replicate what drives anti-tumor immune responses in humans," Conejo-Garcia said.
Ovarian cancer remains one of the most deadly forms of cancer in women. According to the National Cancer Institute, 21,990 women will be diagnosed with ovarian cancer, and 15,460 women will die of the disease this year. Because early-stage ovarian cancer does not often exhibit noticeable symptoms, many women are not diagnosed until the cancer is at a later stage, when it is most difficult to treat.
"While we have seen an increase in survival rates for most cancers over the last 40 years, ovarian cancer survival has only improved slightly since the 1970s," Conejo-Garcia said. "We created our ovarian cancer model to get a better understanding of how these tumors acquire such aggressive characteristics and evade the immune system."
According to Conejo-Garcia, their model demonstrates how a localized ovarian tumor flares into an aggressive metastatic disease.
"You can see where, if one ovary is cancerous, it is almost unrecognizable until an instantaneous moment, when it explodes into exponential growth," Conejo-Garcia said. "The key to this moment, our evidence suggests, is in the phenotypic changes taking place in the dendritic cells that are part of the tumor microenvironment."
In healthy tissue, dendritic cells function as sort of alarm system to alert the adaptive part of the immune system to potential threats. They work as antigen-presenting cells, offering foreign or disease-causing molecules (called antigen) to the white blood cells that can then respond to an infection or, in this case, tumorous growths. Amid the ovarian cancer microenvironment, dendritic cells also induce the immune system to attack tumor cells and inhibit their growth.
Until, that is, dendritic cells seem to switch sides.
"We see a change in the dendritic cells themselves, which allows tumors to progress to terminal disease in a very short time," Conejo-Garcia said. "Interestingly, the tumors themselves are still immunogenic -- they could still otherwise elicit an immune response -- it is just that the dendritic cells are actively suppressing the involvement of other anti-tumor immune cells; primarily T cells."
Conejo-Garcia and his colleagues believe that their findings offer a twist on the emerging theory of "cancer immunoediting." The immunoediting hypothesis suggests that the immune system actively "edits" tumor cells to eliminate antigens that are recognized by immune cells, keeping the cancer at bay before it becomes symptomatic. All symptomatic tumors, therefore, represent a failure of the immune system, where tumors lose their immunogenicity -- their ability to trigger and be recognized by our immune system.
The researchers found that depleting dendritic cells early on accelerating tumor expansion, while removing dendritic cells later on actually delayed the tumor's progression. According to Conejo-Garcia, their findings suggest it is a change in the immune system itself, specifically the dendritic cells, and not primarily any loss of immunogenicity on the part of the tumor.
**Source: The Wistar Institute
Según un estudio, el éxito en el rugby depende del peso y la altura

Desde 1987, sólo cuatro países han conseguido ganar la Copa Mundial de Rugby: Nueva Zelanda, Australia, Sudáfrica e Inglaterra. ¿Cuál es su secreto? Según un estudio que acaba de publicar la edición online de la revista 'British Journal of Sports Medicine', los jugadores más altos y con más peso 'cosechan' más triunfos. Quizás estas sean las claves de los equipos ganadores.
Durante un periodo de 20 años (entre 1987 y 2007), un grupo de investigadores franceses recogió los datos de peso, altura, índice de masa muscular y edad de 2.692 jugadores que habían participado en esta competición internacional (que se celebra cada cuatro años). De estos, 1.457 eran 'forwards' o delanteros y 1.235 'backs' o tres cuartos. Cabe recordar que, en este torneo, cada equipo juega con 15 personas, ocho en la posición delantera y siete atrás.
Los delanteros que habían ganado o habían quedado en segundo, tercer y cuarto lugar pesaban, de media, dos kilos más que el resto (108, kg. frente a 106,1 kg.). En cuanto a los tres cuartos, los que formaban parte de los equipos finalistas y semifinalistas eran más altos que sus contrincantes, con una diferencia media de unos dos centímetros (entre 182,4 y 180,9 cm.).
"Se seleccionan jugadores muy altos y pesados" y, como señala el estudio, "con alto índice de masa corporal, que está relacionada con un incremento de la fuerza para superar los obstáculos manteniendo el balón hasta lo que se conoce como línea de ensayo (en el campo contrario)", señala José María Urraca, asesor médico de rugby de la Federación Española de Medicina del Deporte, al comentar el artículo. Además de elegir a los más grandes, "estos jugadores deben seguir un entrenamiento específico en el campo y con pesas en el gimnasio", y en cuanto a la alimentación, agrega el especialista español, "tienen mucha carga de proteínas e hidratos de carbono".
Dadas las particularidades de este juego, basado en las confrontaciones físicas, el rugby, como aseguran los autores del estudio, "se convierte en un deporte donde los jugadores grandes son realmente importantes". En este contexto, continúan, "ser más alto y más pesado les ayuda a tolerar más impactos y les proporciona más fuerza y energía durante el juego".
Pero estas no son las únicas claves. La experiencia también puede marcar diferencia en el terreno de juego. "El 39,6% de los delanteros finalistas ya había participado en esta competición años antes, frente al 31,7% del resto de los equipos", afirman los investigadores. Además, "el juego en grupo da una clara ventaja. El arte de trabajar juntos, compartir la acción tanto en la ofensa como en la defensa, resulta esencial en el rugby".
Con los datos obtenidos en este análisis, "demostramos que el tamaño y la experiencia del jugador pueden ser predictores del éxito en este deporte. Los equipos ganadores de la Copa Mundial de Rugby que llegan a la final, la semifinal y cuartos de final, cuentan con jugadores con más peso, altura y experiencia".
Durante un periodo de 20 años (entre 1987 y 2007), un grupo de investigadores franceses recogió los datos de peso, altura, índice de masa muscular y edad de 2.692 jugadores que habían participado en esta competición internacional (que se celebra cada cuatro años). De estos, 1.457 eran 'forwards' o delanteros y 1.235 'backs' o tres cuartos. Cabe recordar que, en este torneo, cada equipo juega con 15 personas, ocho en la posición delantera y siete atrás.
Los delanteros que habían ganado o habían quedado en segundo, tercer y cuarto lugar pesaban, de media, dos kilos más que el resto (108, kg. frente a 106,1 kg.). En cuanto a los tres cuartos, los que formaban parte de los equipos finalistas y semifinalistas eran más altos que sus contrincantes, con una diferencia media de unos dos centímetros (entre 182,4 y 180,9 cm.).
"Se seleccionan jugadores muy altos y pesados" y, como señala el estudio, "con alto índice de masa corporal, que está relacionada con un incremento de la fuerza para superar los obstáculos manteniendo el balón hasta lo que se conoce como línea de ensayo (en el campo contrario)", señala José María Urraca, asesor médico de rugby de la Federación Española de Medicina del Deporte, al comentar el artículo. Además de elegir a los más grandes, "estos jugadores deben seguir un entrenamiento específico en el campo y con pesas en el gimnasio", y en cuanto a la alimentación, agrega el especialista español, "tienen mucha carga de proteínas e hidratos de carbono".
Dadas las particularidades de este juego, basado en las confrontaciones físicas, el rugby, como aseguran los autores del estudio, "se convierte en un deporte donde los jugadores grandes son realmente importantes". En este contexto, continúan, "ser más alto y más pesado les ayuda a tolerar más impactos y les proporciona más fuerza y energía durante el juego".
Pero estas no son las únicas claves. La experiencia también puede marcar diferencia en el terreno de juego. "El 39,6% de los delanteros finalistas ya había participado en esta competición años antes, frente al 31,7% del resto de los equipos", afirman los investigadores. Además, "el juego en grupo da una clara ventaja. El arte de trabajar juntos, compartir la acción tanto en la ofensa como en la defensa, resulta esencial en el rugby".
Con los datos obtenidos en este análisis, "demostramos que el tamaño y la experiencia del jugador pueden ser predictores del éxito en este deporte. Los equipos ganadores de la Copa Mundial de Rugby que llegan a la final, la semifinal y cuartos de final, cuentan con jugadores con más peso, altura y experiencia".
**Publicado en "EL MUNDO"
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