In the run-up to the adoption of the proposal for the revision of the Tobacco Products Directive, Commissioner Dalli will meet with NGOs and the tobacco industry on February 29 and March 7 respectively.
The purpose of these two meetings is primarily to listen to, and take stock of the views and concerns of stakeholders affected by the revision. These meetings are part of a wider consultation process, including a public consultation which yielded an all-time high record of contributions. The data collected are used to conduct the impact assessment for the revision of the Directive.
The minutes of both meetings will be published on the website of the Health and Consumers department of the European Commission at http://ec.europa.eu/health/tobacco/policy/index_en.htm, in the spirit of the Framework Convention on Tobacco Control (FCTC).
Diario digital con noticias de actualidad relacionadas con el mundo de la salud. Novedades, encuestas, estudios, informes, entrevistas. Con un sencillo lenguaje dirigido a todo el mundo. Y algunos consejos turísticos para pasarlo bien
Traductor
29 February 2012
Un bajo nivel de ácidos grasos omega-3 puede causar problemas cognitivos
Una dieta carente de ácidos grasos omega-3 --nutrientes llamados ácidos docosahexaenoico (DHA) y ácido eicosapentaenoico (EPA), que se encuentran, comúnmente, en el pescado-- puede hacer que el cerebro envejezca más rápido, y pierda capacidad de memoria y habilidades de pensamiento, según un estudio publicado en 'Neurology', la revista médica de la Academia Americana de Neurología.
"Las personas con bajos niveles sanguíneos de ácidos grasos omega 3 tienen menos volumen cerebral, equivalente a dos años de envejecimiento cerebral estructural", afirma el autor del estudio Zaldy S. Tan, del Centro Easton de Investigación de Alzheimer, y la División de Geriatría de la Universidad de California, en Los Ángeles.
Para el estudio, 1.575 personas -con una edad promedio de 67 años y libres de demencia- se sometieron a imágenes por resonancia magnética del cerebro. También, se les realizaron pruebas para medir su función mental, masa corporal, y los niveles de ácido grasos omega 3 en sangre.
Los investigadores observaron que las personas con bajos niveles de DHA tenían menos volumen cerebral, en comparación con las personas con altos niveles de este nutriente.
Del mismo modo, los participantes con bajos niveles de todos los tipos de ácidos grasos omega 3, obtuvieron calificaciones más bajas en las pruebas de memoria visual y función ejecutiva, tales como la resolución de problemas, y el pensamiento multitarea y abstracto.
*EUROPA PRESS
"Las personas con bajos niveles sanguíneos de ácidos grasos omega 3 tienen menos volumen cerebral, equivalente a dos años de envejecimiento cerebral estructural", afirma el autor del estudio Zaldy S. Tan, del Centro Easton de Investigación de Alzheimer, y la División de Geriatría de la Universidad de California, en Los Ángeles.
Para el estudio, 1.575 personas -con una edad promedio de 67 años y libres de demencia- se sometieron a imágenes por resonancia magnética del cerebro. También, se les realizaron pruebas para medir su función mental, masa corporal, y los niveles de ácido grasos omega 3 en sangre.
Los investigadores observaron que las personas con bajos niveles de DHA tenían menos volumen cerebral, en comparación con las personas con altos niveles de este nutriente.
Del mismo modo, los participantes con bajos niveles de todos los tipos de ácidos grasos omega 3, obtuvieron calificaciones más bajas en las pruebas de memoria visual y función ejecutiva, tales como la resolución de problemas, y el pensamiento multitarea y abstracto.
*EUROPA PRESS
Molecular Duo Dictate Human Weight and Energy Levels
Yale University researchers have discovered a key cellular mechanism that may help the brain control how much we eat, what we weigh, and how much energy we have.
The findings, published in the Feb. 28 issue of the Journal of Neuroscience, describe the regulation of a family of cells that project throughout the nervous system and originate in an area of the brain call the hypothalamus, which has been long known to control energy balances.
Scientists and pharmaceutical companies are closely investigating the role of melanin-concentrating hormone (MCH) neurons in controlling food intake and energy. Previous studies have shown that MCH makes lab animals eat more, sleep more, and have less energy. In contrast, other hypothalamic neurons use the thyrotropin-releasing hormone (TRH) as a neurotransmitter, and these neurons reduce food intake and body weight, and increase physical activity.
The Yale study of brains of mice shows that the two systems appear to act in direct opposition, to help the organism keep these crucial functions in balance.
Although TRH is normally an excitatory neurotransmitter, the Yale study shows that in mice TRH inhibits MCH cells by increasing inhibitory synaptic input. In contrast, TRH had little effect on other types of neurons also involved in energy regulation.
"That these two types of neurons interact at the synaptic level gives us clues as to how the brain controls the amount of food we eat, and how much we sleep," said Anthony van den Pol, senior author and professor of neurosurgery at Yale School of Medicine.
**Published in "SCIENCE DAILY"
The findings, published in the Feb. 28 issue of the Journal of Neuroscience, describe the regulation of a family of cells that project throughout the nervous system and originate in an area of the brain call the hypothalamus, which has been long known to control energy balances.
Scientists and pharmaceutical companies are closely investigating the role of melanin-concentrating hormone (MCH) neurons in controlling food intake and energy. Previous studies have shown that MCH makes lab animals eat more, sleep more, and have less energy. In contrast, other hypothalamic neurons use the thyrotropin-releasing hormone (TRH) as a neurotransmitter, and these neurons reduce food intake and body weight, and increase physical activity.
The Yale study of brains of mice shows that the two systems appear to act in direct opposition, to help the organism keep these crucial functions in balance.
Although TRH is normally an excitatory neurotransmitter, the Yale study shows that in mice TRH inhibits MCH cells by increasing inhibitory synaptic input. In contrast, TRH had little effect on other types of neurons also involved in energy regulation.
"That these two types of neurons interact at the synaptic level gives us clues as to how the brain controls the amount of food we eat, and how much we sleep," said Anthony van den Pol, senior author and professor of neurosurgery at Yale School of Medicine.
**Published in "SCIENCE DAILY"
Descifrados dos grupos sanguíneos más

Los grupos sanguíneos más corrientes en toda la población humana son los A, B, AB y 0 (con factor Rh negativo o positivo). Pero hay una treintena más reconocidos por la Sociedad Internacional de Transfusión de Sangre. Aunque sean poco corrientes, pueden plantear serios problemas a las personas que los tienen tanto en casos de transfusión sanguínea como en trasplantes, y de muchos de ellos se tiene poca información de base molecular, lo que complica más aún los análisis y los test de identificación. Dos de esos grupos raros, denominados Langereis y Junior, ni siquiera están en esa lista hasta ahora, explican unos científicos que han descubierto dos proteínas en los glóbulos rojos responsables de estos dos tipos raros de sangre.
Los problemas con estos grupos sanguíneos en las transfusiones son escasos dado que la proporción de personas que los tienen entre los donantes es muy pequeña, pero para esas personas de tipos de sangre raros sí que es un riesgo, explica Bryan Ballif (Universidad de Vermont), biólogo del equipo que ha hallado las dos proteínas. Por ejemplo, se estima que hay en Japón más de 50.000 personas del grupo Junior negativo que pueden sufrir incompatibilidad madre-feto y complicaciones si reciben sangre. “Hasta ahora sólo se habían identificado 30 proteínas responsables de algún tipo sanguíneo básico, y ahora son ya 32”, señala este científico.
Las dos proteínas identificadas se denominan ABCB6 y ABCG2 y se sabe que están asociadas, además, con resistencias a medicamentos anticancerosos, por lo que el hallazgo puede tener implicaciones también en determinados tratamientos de esa enfermedad, adelanta Ballif en un comunicado de su Universidad. El trabajo detallado de estos investigadores, que se ha desarrollado en EE UU, Japón y Francia, se ha presentado en dos artículos en el número de febrero de la revista Nature Genetics.
Los problemas con estos grupos sanguíneos en las transfusiones son escasos dado que la proporción de personas que los tienen entre los donantes es muy pequeña, pero para esas personas de tipos de sangre raros sí que es un riesgo, explica Bryan Ballif (Universidad de Vermont), biólogo del equipo que ha hallado las dos proteínas. Por ejemplo, se estima que hay en Japón más de 50.000 personas del grupo Junior negativo que pueden sufrir incompatibilidad madre-feto y complicaciones si reciben sangre. “Hasta ahora sólo se habían identificado 30 proteínas responsables de algún tipo sanguíneo básico, y ahora son ya 32”, señala este científico.
Las dos proteínas identificadas se denominan ABCB6 y ABCG2 y se sabe que están asociadas, además, con resistencias a medicamentos anticancerosos, por lo que el hallazgo puede tener implicaciones también en determinados tratamientos de esa enfermedad, adelanta Ballif en un comunicado de su Universidad. El trabajo detallado de estos investigadores, que se ha desarrollado en EE UU, Japón y Francia, se ha presentado en dos artículos en el número de febrero de la revista Nature Genetics.
-Las dos proteínas están asociadas con resistencia a medicamentos anticancerosos
Aunque los antígenos de los tipos Junior y Langereis (Lan) se habían identificado hace décadas en mujeres que tenían problemas que tenían problemas para llevar a término sus embarazos por incompatibilidad de tipo de sangre con el feto, las bases genéticas de esos antígenos eran desconocidas, apuntan los investigadores. Sin embargo, pueden desencadenar complicaciones graves. Las transfusiones son críticas en los casos de individuos con un anticuerpo anti-Lan “en parte por la escasez de donantes con sangre compatible, pero sobre todo por la falta de reagentes fiables para los análisis de sangre”, escriben estos expertos en Nature Genetics. También son extremadamente raros los donantes para el grupo Junior negativo.
El hallazgo de estos investigadores, liderados por Lionel Arnaud (Instituto Nacional de Transfusiones de Sangre, París), alivia esta situación porque ahora se podrán identificar rápidamente las nuevas proteínas de estos grupos sanguíneos tan poco comunes.
Aunque los antígenos de los tipos Junior y Langereis (Lan) se habían identificado hace décadas en mujeres que tenían problemas que tenían problemas para llevar a término sus embarazos por incompatibilidad de tipo de sangre con el feto, las bases genéticas de esos antígenos eran desconocidas, apuntan los investigadores. Sin embargo, pueden desencadenar complicaciones graves. Las transfusiones son críticas en los casos de individuos con un anticuerpo anti-Lan “en parte por la escasez de donantes con sangre compatible, pero sobre todo por la falta de reagentes fiables para los análisis de sangre”, escriben estos expertos en Nature Genetics. También son extremadamente raros los donantes para el grupo Junior negativo.
El hallazgo de estos investigadores, liderados por Lionel Arnaud (Instituto Nacional de Transfusiones de Sangre, París), alivia esta situación porque ahora se podrán identificar rápidamente las nuevas proteínas de estos grupos sanguíneos tan poco comunes.
**Publicado en "EL PAIS"
Stopping Hormone Therapy Might Help Breast Cancer to Regress
As soon as women quit hormone therapy, their rates of new breast cancer decline, supporting the hypothesis that stopping hormones can lead to tumor regression, according to a report e-published in Cancer Epidemiology, Biomarkers, & Prevention.
As part of the national Breast Cancer Surveillance Consortium, researchers studied 741,681 woman-years of data (with a median of 3.3 years per woman) on 163,490 women aged 50-79 who were Group Health Cooperative members and had no prior history of breast cancer.
"This is the first study to look over time at screening mammography use among individual women by their hormone therapy status linked with their breast cancer diagnoses," said lead author Diana S.M. Buist, PhD, a senior investigator at Group Health Research Institute.
Previous research has shown a rapid decline in new breast cancers -- and also in use of hormone therapy and of screening mammography -- since 2002, when the Women's Health Initiative published that breast cancer rates were higher in women taking estrogen and progestin than in those taking either a placebo or only estrogen.
Some have suggested that the decline in use of hormone therapy may have caused the fall in the breast cancer rate, perhaps by making tumors regress, Dr. Buist explained. But others have countered that the explanation for the declines in both breast cancer and hormone use might instead be that because former hormone users are less concerned about breast cancer or see their doctors less often, they may get less screening mammography than do women who have never taken hormones.
"We set out to test this idea," Dr. Buist said, "and our results seem to refute it." Before 2002, former users of hormone therapy had lower rates of screening mammography than did current users. "But we found that this is no longer true," she said. Indeed, former users had the same or even slightly higher screening rates than current users.
"We concluded that differences in rates of screening mammography don't explain the declines in rates of the incidence of invasive breast cancer among women who've stopped using hormone therapy, Dr. Buist said. The National Cancer Institute, which supports the Breast Cancer Surveillance Consortium, funded this study. The collection of cancer data was also supported in part by several state public health departments and cancer registries throughout the United States.
**Published in "SCIENCE DAILY"
As part of the national Breast Cancer Surveillance Consortium, researchers studied 741,681 woman-years of data (with a median of 3.3 years per woman) on 163,490 women aged 50-79 who were Group Health Cooperative members and had no prior history of breast cancer.
"This is the first study to look over time at screening mammography use among individual women by their hormone therapy status linked with their breast cancer diagnoses," said lead author Diana S.M. Buist, PhD, a senior investigator at Group Health Research Institute.
Previous research has shown a rapid decline in new breast cancers -- and also in use of hormone therapy and of screening mammography -- since 2002, when the Women's Health Initiative published that breast cancer rates were higher in women taking estrogen and progestin than in those taking either a placebo or only estrogen.
Some have suggested that the decline in use of hormone therapy may have caused the fall in the breast cancer rate, perhaps by making tumors regress, Dr. Buist explained. But others have countered that the explanation for the declines in both breast cancer and hormone use might instead be that because former hormone users are less concerned about breast cancer or see their doctors less often, they may get less screening mammography than do women who have never taken hormones.
"We set out to test this idea," Dr. Buist said, "and our results seem to refute it." Before 2002, former users of hormone therapy had lower rates of screening mammography than did current users. "But we found that this is no longer true," she said. Indeed, former users had the same or even slightly higher screening rates than current users.
"We concluded that differences in rates of screening mammography don't explain the declines in rates of the incidence of invasive breast cancer among women who've stopped using hormone therapy, Dr. Buist said. The National Cancer Institute, which supports the Breast Cancer Surveillance Consortium, funded this study. The collection of cancer data was also supported in part by several state public health departments and cancer registries throughout the United States.
**Published in "SCIENCE DAILY"
La vacuna de la tuberculosis se probará en humanos este año
Unas 10.000 dosis de una innovadora vacuna de la tuberculosis diseñada por el equipo de Carlos Martín, de la Universidad de Zaragoza y fabricadas por la biofarmacéutica gallega Biofabri se encuentran a la espera de que las autoridades sanitarias concedan los permisos necesarios para dar comienzo a los ensayos clínicos que demuestren su seguridad y eficacia. “Esperamos que este año empiecen las pruebas en humanos”, apunta este catedrático de Microbiología.
Hasta el momento, la única vacuna preventiva existente frente a esta enfermedad en auge (un tercio de la población mundial está infectada, dos millones de personas mueren cada año) es de 1920 y se ha mostrado un instrumento incapaz de hacer frente a la bacteria causante de la enfermedad, el Mycobacterum tuberculosis.
Los intentos de mejorar esta vieja vacuna, el bacilo de Calmette-Gérin (BCG), siempre han partido del mismo punto: el propio BCG mejorado. Martín, sin embargo, ha empezado de cero, como el mismo explica. Y después de casi 20 años de trabajo, tiene a punto un medicamento cuyo diseño parte de una nueva cepa a la que se le han introducido dos alteraciones genéticas para atenuar su virulencia y que ha bautizado como MTBVAC. “Responde a un enfoque muy novedoso y eso es lo que le gustó a Bill Gates”, comenta Martín, que el martes pasado mantuvo un encuentro con el fundador de Microsoft, ahora volcado en su labor filantrópica, al que citó para que le explicara su proyecto
-Bill Gates se reunió con Carlos Martin en su reciente visita a Madrid para interesarse por la vacuna
El encuentro se fraguó en enero. Fue en la localidad suiza de Les Diablerets, donde Martín acudió a la reunión de la Iniciativa Europea de la Vacuna de la Tuberculosis (TBVI). Allí se acercó Chris Wilson, el responsable para Europa de la fundación Bill y Melinda Gates, una entidad muy interesada en el diseño de vacunas eficaces contra la malaria, el VIH y la tuberculosis. “Me comentó que le remitiera toda la información que tuviéramos sobre nuestros trabajos y que existía un 30% de probabilidades de que Gates nos concediera un rato en su paso por Madrid, que tenía previsto para febrero”.
Lo que no esperaba Martín es que, al final, el encuentro, al que acudió con tres colaboradores, se prolongara durante dos horas. Ni la buena acogida que tuvo. “Es inteligente, muy inteligente’, comentaba Gates sobre el enfoque de la vacuna”, relata este catedrático. “Es una garantía de que si funciona en fase 1, podría ayudarnos en las siguientes fases, cuando se analiza la eficacia”.
La MTBVAC es una vacuna viva clásica, es decir, una bacteria de la tuberculosis atenuada que pretende activar el sistema inmune humano para que sea capaz de reconocer al agente infeccioso y proteja a largo plazo frente a la forma más común de la enfermedad: la respiratoria. El objetivo es que mejore los resultados de la BCG, especialmente activa frente a formas peligrosas de la enfermedad como la meningitis tuberculosa en niños pero con eficacia muy variable ante la forma común (con protecciones que oscilan entre el 0 al 80%).
El origen del diseño de la MTVAC está en un brote de tuberculosis resistente que se produjo en España en 1993. “Esto también le atrajo bastante a Gates, que partiéramos de la experiencia de la cepa de un enfermo”, apunta Martín, miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red (Ciber) de Enfermedades Respiratorias. Observaron que los pacientes afectados tenían unas cepas en las que estaba especialmente activado un factor de transcripción (proteínas que condicionan la expresión de un gen) que regula el 4% del genoma de la tuberculosis, en gran parte, vinculado a factores de virulencia.
En un primer diseño, en el que participó Brigitte Gicquel, del Instituto Pasteur de París, se modificó el genoma para bloquear el gen que expresaba esta proteína -denominado PhoP- con el fin de domesticar la cepa al tiempo que despertaba inmunidad. Los resultados fueron satisfactorios en ratón (2001), cobaya (2006) y macacos (2009). En cobayas, el 100% de los animales vacunados con el prototipo sobrevivieron a una infección de la bacteria frente al 67% que murieron a los que se administró BCG.
En 2005, se introdujo un cambio en los protocolos internacionales y se alcanzó un consenso para nuevas vacunas atenuadas contra la tuberculosis que obligó a alterar la vacuna. En lugar de introducir un interruptor para bloquear el gen, se eliminó parte del gen PhoP. Además, en la nueva versión, también se retiró otro gen, el FadD26, que regula la síntesis de un lípido (PDIM) y también tiene un importante peso en la agresividad de la bacteria. Estas grasas envuelven la cobertura exterior de la bacteria, engañan al sistema inmune y hacen que el agente infeccioso pase inadvertido a las defensas humanas.
De esta forma, frente al BCG, que tiene eliminados un centenar de genes y procede de una cepa bovina (Mycobacterium bovis) el MTBAC procede de una cepa humana y mantiene, con su agresividad atenuada, un mayor contenido genético original, lo que, teóricamente, debe provocar una mayor respuesta inmune en el organismo (es más parecida a los agentes infecciosos). Ensayos posteriores en animales con la nueva vacuna demuestran que protege igual o más (a altas dosis) que el BCG.
La intención de Martín es comenzar este mismo año el ensayo clínico en fase 1 que partirá con una prueba de seguridad en 36 personas sanas. Si todo va bien, se pasará a las siguientes etapas en las que se analiza la eficacia. “En este tipo de vacunas, como sucede con la malaria es necesario el ensayo en humanos para medir su validez”, explica. A pesar de las esperanzas que mantiene sobre su vacuna, este investigador es prudente.
“Nosotros creemos que nuestro modelo es el mejor, pero en cualquier momento podemos caer”. Martín recuerda que de cada 20 ensayos en fase 1 que comienzan, solo diez pasan a fase dos, en los que se prueba en varios cientos de enfermos no solo la toxicidad sino también la eficacia. De ellos, entre dos o tres llegarán a la fase tres, cuando se administra a miles de pacientes.
De la primera fase, con un coste de algo menos de un millón de euros, se ocupará la empresa Biofabri. A partir de las siguientes etapas, los precios se disparan. Es entonces cuando quizás entre en juego la Fundación Bill y Melinda Gates.
**Publicado en "EL PAIS"
Hasta el momento, la única vacuna preventiva existente frente a esta enfermedad en auge (un tercio de la población mundial está infectada, dos millones de personas mueren cada año) es de 1920 y se ha mostrado un instrumento incapaz de hacer frente a la bacteria causante de la enfermedad, el Mycobacterum tuberculosis.
Los intentos de mejorar esta vieja vacuna, el bacilo de Calmette-Gérin (BCG), siempre han partido del mismo punto: el propio BCG mejorado. Martín, sin embargo, ha empezado de cero, como el mismo explica. Y después de casi 20 años de trabajo, tiene a punto un medicamento cuyo diseño parte de una nueva cepa a la que se le han introducido dos alteraciones genéticas para atenuar su virulencia y que ha bautizado como MTBVAC. “Responde a un enfoque muy novedoso y eso es lo que le gustó a Bill Gates”, comenta Martín, que el martes pasado mantuvo un encuentro con el fundador de Microsoft, ahora volcado en su labor filantrópica, al que citó para que le explicara su proyecto
-Bill Gates se reunió con Carlos Martin en su reciente visita a Madrid para interesarse por la vacuna
El encuentro se fraguó en enero. Fue en la localidad suiza de Les Diablerets, donde Martín acudió a la reunión de la Iniciativa Europea de la Vacuna de la Tuberculosis (TBVI). Allí se acercó Chris Wilson, el responsable para Europa de la fundación Bill y Melinda Gates, una entidad muy interesada en el diseño de vacunas eficaces contra la malaria, el VIH y la tuberculosis. “Me comentó que le remitiera toda la información que tuviéramos sobre nuestros trabajos y que existía un 30% de probabilidades de que Gates nos concediera un rato en su paso por Madrid, que tenía previsto para febrero”.
Lo que no esperaba Martín es que, al final, el encuentro, al que acudió con tres colaboradores, se prolongara durante dos horas. Ni la buena acogida que tuvo. “Es inteligente, muy inteligente’, comentaba Gates sobre el enfoque de la vacuna”, relata este catedrático. “Es una garantía de que si funciona en fase 1, podría ayudarnos en las siguientes fases, cuando se analiza la eficacia”.
La MTBVAC es una vacuna viva clásica, es decir, una bacteria de la tuberculosis atenuada que pretende activar el sistema inmune humano para que sea capaz de reconocer al agente infeccioso y proteja a largo plazo frente a la forma más común de la enfermedad: la respiratoria. El objetivo es que mejore los resultados de la BCG, especialmente activa frente a formas peligrosas de la enfermedad como la meningitis tuberculosa en niños pero con eficacia muy variable ante la forma común (con protecciones que oscilan entre el 0 al 80%).
El origen del diseño de la MTVAC está en un brote de tuberculosis resistente que se produjo en España en 1993. “Esto también le atrajo bastante a Gates, que partiéramos de la experiencia de la cepa de un enfermo”, apunta Martín, miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red (Ciber) de Enfermedades Respiratorias. Observaron que los pacientes afectados tenían unas cepas en las que estaba especialmente activado un factor de transcripción (proteínas que condicionan la expresión de un gen) que regula el 4% del genoma de la tuberculosis, en gran parte, vinculado a factores de virulencia.
En un primer diseño, en el que participó Brigitte Gicquel, del Instituto Pasteur de París, se modificó el genoma para bloquear el gen que expresaba esta proteína -denominado PhoP- con el fin de domesticar la cepa al tiempo que despertaba inmunidad. Los resultados fueron satisfactorios en ratón (2001), cobaya (2006) y macacos (2009). En cobayas, el 100% de los animales vacunados con el prototipo sobrevivieron a una infección de la bacteria frente al 67% que murieron a los que se administró BCG.
En 2005, se introdujo un cambio en los protocolos internacionales y se alcanzó un consenso para nuevas vacunas atenuadas contra la tuberculosis que obligó a alterar la vacuna. En lugar de introducir un interruptor para bloquear el gen, se eliminó parte del gen PhoP. Además, en la nueva versión, también se retiró otro gen, el FadD26, que regula la síntesis de un lípido (PDIM) y también tiene un importante peso en la agresividad de la bacteria. Estas grasas envuelven la cobertura exterior de la bacteria, engañan al sistema inmune y hacen que el agente infeccioso pase inadvertido a las defensas humanas.
De esta forma, frente al BCG, que tiene eliminados un centenar de genes y procede de una cepa bovina (Mycobacterium bovis) el MTBAC procede de una cepa humana y mantiene, con su agresividad atenuada, un mayor contenido genético original, lo que, teóricamente, debe provocar una mayor respuesta inmune en el organismo (es más parecida a los agentes infecciosos). Ensayos posteriores en animales con la nueva vacuna demuestran que protege igual o más (a altas dosis) que el BCG.
La intención de Martín es comenzar este mismo año el ensayo clínico en fase 1 que partirá con una prueba de seguridad en 36 personas sanas. Si todo va bien, se pasará a las siguientes etapas en las que se analiza la eficacia. “En este tipo de vacunas, como sucede con la malaria es necesario el ensayo en humanos para medir su validez”, explica. A pesar de las esperanzas que mantiene sobre su vacuna, este investigador es prudente.
“Nosotros creemos que nuestro modelo es el mejor, pero en cualquier momento podemos caer”. Martín recuerda que de cada 20 ensayos en fase 1 que comienzan, solo diez pasan a fase dos, en los que se prueba en varios cientos de enfermos no solo la toxicidad sino también la eficacia. De ellos, entre dos o tres llegarán a la fase tres, cuando se administra a miles de pacientes.
De la primera fase, con un coste de algo menos de un millón de euros, se ocupará la empresa Biofabri. A partir de las siguientes etapas, los precios se disparan. Es entonces cuando quizás entre en juego la Fundación Bill y Melinda Gates.
**Publicado en "EL PAIS"
Britain Extends Monitoring for People With Metal Hips
British health regulators said Tuesday that patients in Britain who received a specific type of all-metal artificial hip — one that was also used widely in the United States — should undergo annual examinations for as long as they have the device to make sure they are not suffering tissue damage or other problems.
if (typeof NYTDVideoManager != "undefined")
Previously, regulators in Britain urged that patients with “metal-on-metal” hips — in which a joint’s ball and cup are both made of metal — be monitored for five years to detect damage caused by metallic debris generated as the implants wear.
But on Tuesday, officials increased the monitoring period, apparently out of concerns that debris-related problems could occur for as long as a patient had an implant, a period that could last 15 to 20 years.
“By monitoring patients every year, any complications will get picked up earlier and more complex surgery on the patient can be avoided,” said Dr. Susanne Ludgate, the clinical director of the Medicines and Healthcare Products Regulatory Agency.
The British advisory does not affect patients in the United States. But the type of all-metal hip covered by it, which used larger ball components than traditional implants, was widely used in the United States for years.
While precise figures are not known, it is estimated that many, if not most, of the half a million patients in the United States who received an all-metal hip over the last decade got such devices. While the use of all-metal hips has plummeted in recent years because of high failure rates, surgeons often used the larger ball components because they believed that doing so provided the joint with more rotation and reduced the likelihood of a dislocation.
In recent years, data from orthopedic registries in Australia and England has shown that all-metal hips are failing prematurely at two to three times the rate of those made from metal and plastic.
Thousands of patients in the United States who received the implants have also been forced to undergo second surgeries to have them replaced within a few years of getting the devices. Hundreds of patients have also suffered crippling injuries because the metallic debris can destroy tissue and muscle surrounding the hip.
The debris can come from several sources, including one that appears common to all-metal devices regardless of the model.
Studies have indicated, for example, that the use of the larger ball component increases the amount of torque and motion at the point where that ball and cup are joined, generating debris.
In addition, some specific designs produce more debris because of the way the joint’s ball strikes against the implant’s cup.
As the metal-hip episode has unfolded in recent years, regulators and surgeons outside the United States have typically been ahead of their counterparts here in addressing the risks of the implants.
In a statement, an official with the American Academy of Orthopaedic Surgeons said the organization agreed with “the clinical assessment” made by British regulators.
Asked about the British action, a spokeswoman for the Food and Drug Administration, Erica Jefferson, said the agency was maintaining its existing recommendations. Ms. Jefferson said it was not clear if one way to assess tissue damage, testing patient blood for the presence of metallic ions, accurately reflected damage.
“We continue to recommend that hip replacement patients undergo regular follow-up with their physicians,” she said.
**Published in "THE NEW YORK TIMES"
if (typeof NYTDVideoManager != "undefined")
Previously, regulators in Britain urged that patients with “metal-on-metal” hips — in which a joint’s ball and cup are both made of metal — be monitored for five years to detect damage caused by metallic debris generated as the implants wear.
But on Tuesday, officials increased the monitoring period, apparently out of concerns that debris-related problems could occur for as long as a patient had an implant, a period that could last 15 to 20 years.
“By monitoring patients every year, any complications will get picked up earlier and more complex surgery on the patient can be avoided,” said Dr. Susanne Ludgate, the clinical director of the Medicines and Healthcare Products Regulatory Agency.
The British advisory does not affect patients in the United States. But the type of all-metal hip covered by it, which used larger ball components than traditional implants, was widely used in the United States for years.
While precise figures are not known, it is estimated that many, if not most, of the half a million patients in the United States who received an all-metal hip over the last decade got such devices. While the use of all-metal hips has plummeted in recent years because of high failure rates, surgeons often used the larger ball components because they believed that doing so provided the joint with more rotation and reduced the likelihood of a dislocation.
In recent years, data from orthopedic registries in Australia and England has shown that all-metal hips are failing prematurely at two to three times the rate of those made from metal and plastic.
Thousands of patients in the United States who received the implants have also been forced to undergo second surgeries to have them replaced within a few years of getting the devices. Hundreds of patients have also suffered crippling injuries because the metallic debris can destroy tissue and muscle surrounding the hip.
The debris can come from several sources, including one that appears common to all-metal devices regardless of the model.
Studies have indicated, for example, that the use of the larger ball component increases the amount of torque and motion at the point where that ball and cup are joined, generating debris.
In addition, some specific designs produce more debris because of the way the joint’s ball strikes against the implant’s cup.
As the metal-hip episode has unfolded in recent years, regulators and surgeons outside the United States have typically been ahead of their counterparts here in addressing the risks of the implants.
In a statement, an official with the American Academy of Orthopaedic Surgeons said the organization agreed with “the clinical assessment” made by British regulators.
Asked about the British action, a spokeswoman for the Food and Drug Administration, Erica Jefferson, said the agency was maintaining its existing recommendations. Ms. Jefferson said it was not clear if one way to assess tissue damage, testing patient blood for the presence of metallic ions, accurately reflected damage.
“We continue to recommend that hip replacement patients undergo regular follow-up with their physicians,” she said.
**Published in "THE NEW YORK TIMES"
Subscribe to:
Posts (Atom)
CONTACTO · Aviso Legal · Política de Privacidad · Política de Cookies
Copyright © Noticia de Salud