Cada día, al menos, uno de cada 18 pacientes sufren una infección adquirida tras su paso por el hospital, lo que cada año supone que, de media, alrededor de 3,2 millones de personas se vean afectadas por sus consecuencias, según una encuesta realizada por el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC).
El estudio, ha sido realizado sobre los datos de más de 1.000 hospitales en 30 países europeos, y proporciona la base de datos más completa sobre las infecciones asociadas a la salud y el uso de antimicrobianos realizada hasta la fecha en la Unidades de Cuidados Intensivos de hospitales europeos.
"Las estimaciones del ECDC en un día determinado muestran que alrededor de 80.000 pacientes, es decir, uno de cada 18, en los hospitales europeos tienen al menos una infección asociada", ha señalado el director del ECDC, Marc Sprenger.
Con base en los resultados de la encuesta, observa que "las infecciones siguen siendo un importante problema de salud pública", por este motivo recomienda un aumento de la vigilancia de las infecciones a nivel local, nacional y europeo, y mejorar la sensibilización sobre el posible desarrollo de infecciones asociadas por contacto en los profesionales sanitarios. Además, han incidido en la necesidad de luchar contra el desarrollo de la resistencia a los antimicrobianos.
"Muchas de estas infecciones podrían evitarse con la prevención de infecciones y programas de control, incluida la vigilancia de las infecciones nosocomiales. Tales programas, así como el uso prudente de los antibióticos, ayudará a todos los actores involucrados para proteger a los pacientes de los hospitales europeos", ha explicado.
Este tipo de infecciones sueles ser adquiridas por los pacientes durante su estancia en un hospital u otro centro sanitario, la mayoría pueden tratarse con facilidad, sin embrago otras pueden afectar más gravemente a la salud del paciente, aumentando su estancia en el hospital y los costes hospitalarios.
Asimismo, se han identificado diferentes áreas donde se debe mejorar: limitar el uso de antimicrobianos de amplio espectro; reducir la prolongación innecesaria de la profilaxis quirúrgica; un mayor control a la hora de cambiar la administración de antibióticos de modo parenteral a la administración oral; y, finalmente, mejorar las guías de recomendaciones sobre el uso de antimicrobianos en los pacientes.
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