En estas fechas es labor del dermatólogo alertar a la
población de los riesgos del sol. Abordaremos tres cuestiones al respecto, no
para que susciten el miedo, sino para que les ayuden a disfrutar del mismo
durante este verano del 2013. Abordamos tres cuestiones sobre protección solar
con el jefe de Dermatología de Quirón Málaga, Dr. Javier Romero.
1.-
¿Cuál es el principal factor de riesgo para desarrollar melanoma?
Albert Einstein mencionó en una ocasión que “la formulación
de un problema es más importante que la solución”. Este planteamiento es el que
debemos hacernos a la hora de afrontar esta pregunta. Si representásemos en una
circunferencia aquellos factores que
pueden influir para que alguien desarrolle un melanoma (el cáncer de piel
más potencialmente letal), buena parte del pastel estaría formado por ítems de
los que no suele hablarse, como son: la genética
del individuo, el fototipo de la piel, la latitud en la que se desarrolla la
mayor parte de la vida o la presencia de multitud de lunares.
Esto es porque, cuando desde el ámbito médico intentamos
ofrecer soluciones a la sociedad, no podemos pedirle al paciente que elija su
familia, reniegue de su abuelo pelirrojo, se mude al Polo Norte o cambie de
piel como si de una chaqueta de cuero fino se tratase.
El sol y, más concretamente, las quemaduras solares en las primeras dos décadas de la vida,
constituyen el factor sobre el que podemos actuar. Así que, aunque su parte
del pastel no sea la más grande, para la medicina preventiva constituye la más
sabrosa.
2.-
¿Qué factor de protección debe usarse?
En el año 2006, Colipa (Asociación Europea de Cosméticos)
intentó poner fin a la confusión que se estaba creando en torno a los números
en los fotoprotectores. Para ello estableció unas recomendaciones, entre las
que destacaba la de sustituir la numeración por los adjetivos Baja (<15 -="" 30="" 50="" alta="" media="" muy="" y="">50). 15>
El hecho de que la mayoría de fotoprotectores se numeren
entre el 1 y el 100, hace pensar que se trata de un “porcentaje” de filtración,
de manera que entre un 15 y un 100 habría una diferencia de un 85%. Nada más
lejos de la realidad. Intentaremos explicarlo de manera sencilla: Los dígitos
que figuran en el envase hacen relación al número por el que se multiplica el
tiempo que tardamos en quemarnos. Es decir, si “Pepito” se quema en 5 minutos,
con un SPF 10, se quemaría en 50 minutos. Por supuesto, esta gradación es irreal
desde el punto y hora en que las circunstancias de laboratorio no son
trasladables a las reales. Además, no es igual para UVA y UVB. A modo de
ejemplo, para UVA un factor 30 protege el doble que un factor 15, pero por
encima de 50 ya no hay un aumento significativo en la protección por mucho que
aumentemos el factor. Y con UVB todavía es más desconcertante: un factor 15
filtra ¡un 93% de la radiación! Subir en este caso al SPF 30 sólo nos añade un
4% de filtración adicional.
Lamentablemente, las recomendaciones del año 2006 no tenían
ningún carácter vinculante y los laboratorios farmacéuticos, tras unos años de
contención, han vuelto a una guerra de cifras en la que uno no sabe si observa
un fotoprotector o las prestaciones de un bólido de carreras.
En su descargo diremos que no han parado de ofrecer
protectores cada vez más eficaces, seguros y, sobre todo, de una cosmética
excelente. Esto último es de una importancia vital para que los pacientes no
abandonen su uso por la incomodidad que en ocasiones producían en el pasado. Por
tanto, aunque siempre hay que valorar factores como la edad, el tipo de piel,
etc., cuenta usted con un escaso margen
de error si se decide por un factor de protección alta.
3.-
¿Pueden padecer alguna enfermedad aquellos que dicen no tomar el sol?
“Pero doctor: ¡Yo nunca tomo el sol!” Esta frase es la más
oída en una consulta de dermatología. Especialmente después de dar un
diagnóstico de alguna enfermedad relacionada con el sol.
Antes hemos comentado que el melanoma se relaciona con las quemaduras solares en la infancia.
No obstante, el melanoma no es, ni de lejos, el tipo de cáncer de piel más
frecuente. Tanto el carcinoma basocelular, como el carcinoma escamocelular, los
dos tipos más frecuente, están claramente relacionados con el sol, pero en este
caso, con el que se ha recibido durante toda la vida. Y cuando decimos toda, es
TODA. El daño celular que acaba degenerando en estos tumores se inicia desde el
primer minuto de vida.
Piensen una cosa: La mayoría de estos cánceres se produce
en la cara, cuero cabelludo, orejas y dorso de manos. El melanoma, sin embargo,
es raro en esas localizaciones. ¿Por qué esta diferencia? Cuando nos desnudamos
para ir a la playa, dejamos expuestas zonas que no reciben el sol día a día, y
por tanto no gozan del saludable bronceado. Es en esas áreas donde se producen
las típicas quemaduras solares que, sabemos, suponen un factor de riesgo para
el melanoma. Sin embargo, la cara, escote, manos y cuero cabelludo de las
personas con escaso pelo o sin pelo, recibe radiación solar cada día de
nuestras vidas. Cuando usted va a comprar el pan, a trabajar, a montar en
bicicleta, a tomar un café, goza de su jardín, se desplaza en coche, pasea, e
incluso, aunque esto último raras veces a lo largo del año, cuando va a la
playa, recibe radiación solar.
Suele relacionarse la playa con la exposición solar, cuando
en realidad la menor parte de la radiación acumulada se recibe allí.
En los últimos años han proliferado las cremas hidratantes
faciales, maquillajes y otros cosméticos que incorporan factores de protección
entre el 15 y el 30. Es posible que a medio o largo plazo esto produzca una
disminución en las lesiones por daño solar en cara y cuello, especialmente
entre la población femenina. Ninguna recomendación médica puede propiciar una
adherencia al tratamiento tan eficaz como la que genera un cosmético facial en
la mujer. Y ese es el quid de la cuestión, ir protegido desde
por la mañana los 365 días del año. Porque todos tomamos sol.
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