Scientists at Emory University School of Medicine have identified a new group of compounds that may protect brain cells from inflammation linked to seizures and neurodegenerative diseases. The compounds block signals from EP2, one of the four receptors for prostaglandin E2, which is a hormone involved in processes such as fever, childbirth, digestion and blood pressure regulation. Chemicals that could selectively block EP2 were not previously available. In animals, the EP2 blockers could markedly reduce the injury to the brain induced after a prolonged seizure, the researchers showed.
The results were published online this week in the Proceedings of the National Academy of Sciences Early Edition.
"EP2 is involved in many disease processes where inflammation is showing up in the nervous system, such as epilepsy, stroke and neurodegenerative diseases," says senior author Ray Dingledine, PhD, chairman of Emory's Department of Pharmacology. "Anywhere that inflammation is playing a role via EP2, this class of compounds could be useful. Outside the brain, EP2 blockers could find uses in other diseases with a prominent inflammatory component such as cancer and inflammatory bowel disease."
Prostaglandins are the targets for non-steroid anti-inflammatory drugs (NSAIDs) such as aspirin and ibuprofen. NSAIDSs inhibit enzymes known as cyclooxygenases, the starting point for generating prostaglandins in the body. Previous research indicates that drugs that inhibit cyclooxygenases can have harmful side effects. For example, sustained use of aspirin can weaken the stomach lining, coming from prostaglandins' role in the stomach. Even drugs designed to inhibit only cyclooxygenases involved in pain and inflammation, such as Vioxx, have displayed cardiovascular side effects.
Dingledine's team's strategy was to bypass cyclooxygenase enzymes and go downstream, focusing on one set of molecules that relay signals from prostaglandins. Working with Yuhong Du in the Emory Chemical Biology Discovery Center, postdoctoral fellows Jianxiong Jiang, Thota Ganesh and colleagues sorted through a library of 262,000 compounds to find those that could block signals from the EP2 prostaglandin receptor but not related receptors. One of the compounds could prevent damage to neurons in mice after "status epilepticus," a prolonged drug-induced seizure used to model the neurodegeneration linked to epilepsy. The team found that a family of related compounds had similar protective effects.
Dingledine says that the compounds could become valuable tools for exploring new ways to treat neurological diseases. However, given the many physiological processes prostaglandins regulate, more tests are needed, he says. Prostaglandin E2 is itself a drug used to induce labor in pregnant women, and female mice engineered to lack the EP2 receptor are infertile, so the compounds would need to be tested for effects on reproductive organs, for example.
*Source: Emory University
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15 February 2012
La inyección de células madre tiene un beneficio sobre el corazón infartado

Datos de unos 1.700 pacientes, 33 estudios y otros tantos centros médicos, se pone todo en una coctelera y ¿qué se obtiene? Un gran batiburrillo de ideas, alguna conclusión leve y la certeza de que todavía hay mucho por evaluar antes de poder implantar una terapia celular para tratar a las personas que han sufrido un infarto de miocardio. Son, a grandes rasgos, las conclusiones de una revisión que ha analizado las últimas investigaciones que se han realizado en todo el mundo con células madre de la médula ósea como tratamiento en esta enfermedad.
El infarto de miocardio es una de las principales causas de mortalidad en todos los países desarrollados. Esta enfermedad genera muchos ingresos cada año y un coste sanitario importante ya que un gran número de pacientes tiene una calidad de vida limitada al no recuperar totalmente la funcionalidad de su corazón. Al producirse el infarto, una zona del músculo cardiaco se queda sin oxígeno y muere. Cuanto antes se administre un tratamiento, bien un fármaco para disolver el trombo que ha generado el problema o bien un cateterismo para colocar una muelle que abra la arteria (angioplastia), mejor será la recuperación del órgano. Sin embargo, no todos los pacientes responden bien a estos tratamientos.
En los últimos años, con el desarrollo de las técnicas para aislar y cultivar células, se han venido realizando numerosos estudios para probar la seguridad y eficacia de la terapia con células madre en estos pacientes. El primer objetivo se ha confirmado, es decir, se ha constatado que esta terapia es segura. Sin embargo, falta demostrar el segundo: que aplicar estas células días después del infarto consigue mejorar el funcionamiento del corazón y la supervivencia de los pacientes. De ahí, que en todo el mundo existan numerosos grupos de investigación que han realizado ensayos clínicos para conocer este segundo objetivo.
¿Y qué han averiguado? ¿Cuál es su conclusión? Pues eso es lo que ha pretendido conocer los autores de la revisión de la 'Cochrane Library', una publicación que se dedica a revisar las evidencias científicas sobre los tratamientos médicos. Tras analizar los datos de 33 ensayos clínicos realizados con células madre procedentes de la médula ósea su conclusión es que esta terapia "puede producir una moderada mejora de la función cardiaca, que se prolonga durante cinco años. Sin embargo, no hay suficiente información para poder concluir que exista una mejoría en la tasa de supervivencia".
El infarto de miocardio es una de las principales causas de mortalidad en todos los países desarrollados. Esta enfermedad genera muchos ingresos cada año y un coste sanitario importante ya que un gran número de pacientes tiene una calidad de vida limitada al no recuperar totalmente la funcionalidad de su corazón. Al producirse el infarto, una zona del músculo cardiaco se queda sin oxígeno y muere. Cuanto antes se administre un tratamiento, bien un fármaco para disolver el trombo que ha generado el problema o bien un cateterismo para colocar una muelle que abra la arteria (angioplastia), mejor será la recuperación del órgano. Sin embargo, no todos los pacientes responden bien a estos tratamientos.
En los últimos años, con el desarrollo de las técnicas para aislar y cultivar células, se han venido realizando numerosos estudios para probar la seguridad y eficacia de la terapia con células madre en estos pacientes. El primer objetivo se ha confirmado, es decir, se ha constatado que esta terapia es segura. Sin embargo, falta demostrar el segundo: que aplicar estas células días después del infarto consigue mejorar el funcionamiento del corazón y la supervivencia de los pacientes. De ahí, que en todo el mundo existan numerosos grupos de investigación que han realizado ensayos clínicos para conocer este segundo objetivo.
¿Y qué han averiguado? ¿Cuál es su conclusión? Pues eso es lo que ha pretendido conocer los autores de la revisión de la 'Cochrane Library', una publicación que se dedica a revisar las evidencias científicas sobre los tratamientos médicos. Tras analizar los datos de 33 ensayos clínicos realizados con células madre procedentes de la médula ósea su conclusión es que esta terapia "puede producir una moderada mejora de la función cardiaca, que se prolonga durante cinco años. Sin embargo, no hay suficiente información para poder concluir que exista una mejoría en la tasa de supervivencia".
-Un batiburrillo de métodos
El principal motivo de esta incertidumbre es el pequeño número de pacientes con el que se realizan estos estudios y la diversidad en la metodología empleada. Por ejemplo, no existe un criterio sobre cuánto tiempo tiene que pasar desde que se extraen las células de la médula hasta que se implantan de nuevo. Tampoco sobre las características del paciente a tratar. Ni siquiera sobre el método con el que se debe medir la fracción de eyección cardiaca, un indicador de cómo funciona el corazón.
Otro punto de discrepancia es cuál es la mejor fuente de células madres. En esta revisión se analizaron sólo los estudios que empleaban células procedente de la médula ósea, sin embargo, no todos los ensayos utilizan esta fuente. Por ejemplo, un artículo publicado en el último número de The Lancet estudió el efecto de esta terapia de células madre obtenidas a partir de una biopsia del corazón del propio paciente.
"No sé si se llegará a saber cuál es la mejor fuente celular. Hay una heterogeneidad que hace imposible comparar estas células", señala Felipe Prosper, director del Area de Terapia Celular de la Clínica Universitaria de la Universidad de Navarra. Este especialista insiste en que cualquier tipo de terapia celular debe demostrar su eficacia "en estudios grandes y con objetivos más duros, es decir, saber si aumentan la supervivencia del paciente y saber realmente cómo funcionan".
El principal motivo de esta incertidumbre es el pequeño número de pacientes con el que se realizan estos estudios y la diversidad en la metodología empleada. Por ejemplo, no existe un criterio sobre cuánto tiempo tiene que pasar desde que se extraen las células de la médula hasta que se implantan de nuevo. Tampoco sobre las características del paciente a tratar. Ni siquiera sobre el método con el que se debe medir la fracción de eyección cardiaca, un indicador de cómo funciona el corazón.
Otro punto de discrepancia es cuál es la mejor fuente de células madres. En esta revisión se analizaron sólo los estudios que empleaban células procedente de la médula ósea, sin embargo, no todos los ensayos utilizan esta fuente. Por ejemplo, un artículo publicado en el último número de The Lancet estudió el efecto de esta terapia de células madre obtenidas a partir de una biopsia del corazón del propio paciente.
"No sé si se llegará a saber cuál es la mejor fuente celular. Hay una heterogeneidad que hace imposible comparar estas células", señala Felipe Prosper, director del Area de Terapia Celular de la Clínica Universitaria de la Universidad de Navarra. Este especialista insiste en que cualquier tipo de terapia celular debe demostrar su eficacia "en estudios grandes y con objetivos más duros, es decir, saber si aumentan la supervivencia del paciente y saber realmente cómo funcionan".
-Un gran estudio
En este sentido, tal y como apunta la revisión, se va a iniciar un gran estudio europeo con financiación pública que asciende a seis millones de euros en el que participarán 21 grupos de 10 países de la UE, incluido España. "Se trata de evaluar los efectos de la terapia con células madre de la médula ósea sobre la supervivencia de 3.000 pacientes. Estamos con las últimas reuniones para definir los últimos retoques del protocolo, por ejemplo, decidir qué centros pueden preparar las células para enviarlas al resto de los hospitales", explica Francisco Fernández Avilés, jefe de Servicio de Cardiología del Hospital Gregorio Marañón, que será el coordinador nacional de este proyecto. "Hasta que no se compruebe su impacto sobre la supervivencia no se puede recomendar esta, o cualquier otra, terapia para su empleo estandarizado", afirma.
Quizás con este gran estudio pueda resolverse una de las incógnitas en torno a las células madre y la reparación del corazón tras un infarto, aunque hay todavía mucho más por resolver. Un paso en esta línea es otra investigación española coordinada por Manuel Jiménez Navarro, del Área del Corazón del Hospital Universitario Virgen de la Victoria de Málaga, quien ha medido por primera vez la relación entre el área cardiaca dañada por el infarto y la cantidad de células madre que circulan por la sangre, algo que el cuerpo humano hace de forma automática.
"Ahora sabemos, gracias a la medición que hemos hecho con una citometría de flujo, que los pacientes que han sufrido un infarto tienen un mayor número de células madre circulantes en sangre que los pacientes libres de esta enfermedad. Gracias a este trabajo consideramos que a estos pacientes hay que implantarles un mayor número de células y que se debería hacer entre el quinto y séptimo día tras el infarto", explica este cardiólogo.
De conocerse algún día, qué tipo y qué cantidad de células hay que inyectar a estos pacientes, de qué manera y en qué momento, se podrá unificar un tratamiento para mejorar la calidad de vida y supervivencia de estas personas. La siguiente pregunta que puede surgir es, ¿a qué precio? "Si esta terapia demostrara una mejora en la supervivencia, el coste sería intrascendente. Sólo hay que pensar que podría disminuir el número de ingresos, la necesidad de implantar desfibriladores y de realizar trasplantes... Tiene que ponerse en perspectiva sobre el posible beneficio", concluye Felipe Prosper.
En este sentido, tal y como apunta la revisión, se va a iniciar un gran estudio europeo con financiación pública que asciende a seis millones de euros en el que participarán 21 grupos de 10 países de la UE, incluido España. "Se trata de evaluar los efectos de la terapia con células madre de la médula ósea sobre la supervivencia de 3.000 pacientes. Estamos con las últimas reuniones para definir los últimos retoques del protocolo, por ejemplo, decidir qué centros pueden preparar las células para enviarlas al resto de los hospitales", explica Francisco Fernández Avilés, jefe de Servicio de Cardiología del Hospital Gregorio Marañón, que será el coordinador nacional de este proyecto. "Hasta que no se compruebe su impacto sobre la supervivencia no se puede recomendar esta, o cualquier otra, terapia para su empleo estandarizado", afirma.
Quizás con este gran estudio pueda resolverse una de las incógnitas en torno a las células madre y la reparación del corazón tras un infarto, aunque hay todavía mucho más por resolver. Un paso en esta línea es otra investigación española coordinada por Manuel Jiménez Navarro, del Área del Corazón del Hospital Universitario Virgen de la Victoria de Málaga, quien ha medido por primera vez la relación entre el área cardiaca dañada por el infarto y la cantidad de células madre que circulan por la sangre, algo que el cuerpo humano hace de forma automática.
"Ahora sabemos, gracias a la medición que hemos hecho con una citometría de flujo, que los pacientes que han sufrido un infarto tienen un mayor número de células madre circulantes en sangre que los pacientes libres de esta enfermedad. Gracias a este trabajo consideramos que a estos pacientes hay que implantarles un mayor número de células y que se debería hacer entre el quinto y séptimo día tras el infarto", explica este cardiólogo.
De conocerse algún día, qué tipo y qué cantidad de células hay que inyectar a estos pacientes, de qué manera y en qué momento, se podrá unificar un tratamiento para mejorar la calidad de vida y supervivencia de estas personas. La siguiente pregunta que puede surgir es, ¿a qué precio? "Si esta terapia demostrara una mejora en la supervivencia, el coste sería intrascendente. Sólo hay que pensar que podría disminuir el número de ingresos, la necesidad de implantar desfibriladores y de realizar trasplantes... Tiene que ponerse en perspectiva sobre el posible beneficio", concluye Felipe Prosper.
**Publicado en "EL MUNDO"
Building bone from cartilage
A person has a tumor removed from her femur. A soldier is struck by an improved explosive device and loses a portion of his tibia. A child undergoes chemotherapy for osteosarcoma but part of the bone dies as a result. Every year, millions of Americans sustain fractures that don't heal or lose bone that isn't successfully grafted. But a study presented at the Orthopaedic Research Society (ORS) 2012 Annual Meeting in San Francisco offers new hope for those who sustain these traumas.
Orthopaedic researchers with the University of California, San Francisco (UCSF), Orthopaedic Trauma Institute, have found a very promising, novel way to regenerate bone. "Cartilage graft induces bone that actually integrates with the host bone and vascularizes it," said Ralph S. Marcucio, PhD, Associate Professor, UCSF School of Medicine.
Cartilage graft is very different than the current methods used for bone grafting -- autograft bone (a person's own bone) or allograft materials (donor bone). For various reasons, these two grafting techniques can result in poor graft integration and osteonecrosis.
"With millions of bone grafting procedures performed every year in just the United States, developing improved technologies could directly enhance patient care and clinical outcomes," Dr. Marcucio said.
Chelsea S. Bahney, PhD, Postdoctoral Scholar, UCSF School of Medicine, concedes their approach is less orthodox. "It is not the pathway that most people think about, but it made a lot more sense to follow the normal developmental mechanism."
"This cartilage is naturally bioactive. It makes factors that help induce vascularization and bone formation," added Dr. Bahney. "When people use a bone graft, it is often dead bone which requires something exogenous to be added to it or some property of the matrix in the graft."
Through a process called endochondral ossification, cartilage grafts produce new tissue that is very similar to the person's own bone. Without additional properties to it, the researchers found the cartilage graft integrated well and was fully vascularized.
"We're just taking a very similar cartilage that can induce bone formation, putting it into a bone defect and letting it just do its thing," Dr. Marcucio said.
In the study, the researchers chose a non-stabilized tibial fracture callus as a source of a cartilage graft. "Healing of the transplanted cartilage grafts supported our hypothesis by producing a well-vascularized bone that integrated well with the host," Dr. Bahney said.
"A cartilage graft could offer a promising alternative approach for stimulating bone regeneration," Dr. Marcucio said. "Future work will focus on developing a translatable technology suitable for repairing bone through a cartilage intermediate at a clinical level."
**Source: Orthopaedic Research Society (ORS)
Orthopaedic researchers with the University of California, San Francisco (UCSF), Orthopaedic Trauma Institute, have found a very promising, novel way to regenerate bone. "Cartilage graft induces bone that actually integrates with the host bone and vascularizes it," said Ralph S. Marcucio, PhD, Associate Professor, UCSF School of Medicine.
Cartilage graft is very different than the current methods used for bone grafting -- autograft bone (a person's own bone) or allograft materials (donor bone). For various reasons, these two grafting techniques can result in poor graft integration and osteonecrosis.
"With millions of bone grafting procedures performed every year in just the United States, developing improved technologies could directly enhance patient care and clinical outcomes," Dr. Marcucio said.
Chelsea S. Bahney, PhD, Postdoctoral Scholar, UCSF School of Medicine, concedes their approach is less orthodox. "It is not the pathway that most people think about, but it made a lot more sense to follow the normal developmental mechanism."
"This cartilage is naturally bioactive. It makes factors that help induce vascularization and bone formation," added Dr. Bahney. "When people use a bone graft, it is often dead bone which requires something exogenous to be added to it or some property of the matrix in the graft."
Through a process called endochondral ossification, cartilage grafts produce new tissue that is very similar to the person's own bone. Without additional properties to it, the researchers found the cartilage graft integrated well and was fully vascularized.
"We're just taking a very similar cartilage that can induce bone formation, putting it into a bone defect and letting it just do its thing," Dr. Marcucio said.
In the study, the researchers chose a non-stabilized tibial fracture callus as a source of a cartilage graft. "Healing of the transplanted cartilage grafts supported our hypothesis by producing a well-vascularized bone that integrated well with the host," Dr. Bahney said.
"A cartilage graft could offer a promising alternative approach for stimulating bone regeneration," Dr. Marcucio said. "Future work will focus on developing a translatable technology suitable for repairing bone through a cartilage intermediate at a clinical level."
**Source: Orthopaedic Research Society (ORS)
Una revisión de estudios recién publicada pone en duda la eficacia real de los baños fríos contra las agujetas
Para aliviar el dolor y recuperar más rápido el tono muscular después de hacer ejercicio. Los baños de agua fría cada vez se usan más como aliado en el deporte y lo utilizan incluso atletas de élite. Ahora, la 'Biblioteca Cochrane' publica una revisión de estudios en la que pone en duda la eficacia real de esta estrategia y hace hincapié en la falta de datos que hay acerca de los efectos secundarios que pudiera ocasionar.
Como explican los autores de este trabajo, de Reino Unido, Nueva Zelanda y EEUU, se trata de una práctica muy utilizada para prevenir y tratar lo que se conoce como dolor muscular de efecto retardado, es decir, las agujetas. Ya se sabe que aparecen cuando los músculos realizan un esfuerzo físico superior al que están acostumbrados. Es entonces cuando "se produce una especie de pequeños desgarramientos que son los que provocan, normalmente un día o dos después del ejercicio, rigidez muscular y dolor ante cualquier movimiento, por mínimo que sea".
La teoría es que la inmersión en agua fría o hielo, conocida como crioterapia, es capaz de reducir la inflamación del músculo y, por lo tanto, los efectos que conlleva. Para comprobarlo, los autores de este trabajo han analizado 17 estudios que cumplían con "unos criterios mínimos de calidad", con un total de 366 participantes. En algunos ensayos se les pedía que se dieran una ducha de agua fría después de hacer deporte (ciclismo, atletismo, etc.) y en otros sólo sumergían la parte del cuerpo implicada en el sobreesfuerzo físico. La mayoría pasó 24 minutos en el agua, que estaba a una temperatura que oscilaba entre los 10 y los 15 grados.
Los estudios que comparaban esta terapia con el descanso o ninguna intervención demostraban una significativa redución del dolor. Sin embargo, añaden los investigadores, "debemos ser prudentes en las conclusiones, sobre todo teniendo en cuenta que a los participantes no se les podía ocultar el tratamiento que recibían y sabían cuáles eran los posibles beneficios". Es decir, los resultados favorables pueden deberse a "un efecto placebo", advierte el principal autor de la revisión, Chris Bleakley, del departamento de Ciencias de Rehabilitación y Salud de la Universidad de Ulster (Irlanda del Norte).
Además, pocos trabajos observaban las ventajas de la crioterapia respecto a los baños de contraste, en agua templada (por encima de los 15 grados), masajes, estiramientos, vendajes de colores, etc. Dado que no hay suficiente evidencia, continúa Bleakley, no se puede descartar que pudiera haber "mejores resultados a la hora de reducir el dolor con otras terapias como la inmersión en agua caliente". Con los datos disponibles hasta el momento, "aún no podemos extraer conclusiones certeras sobre ninguna de las terapias".
Y lo más importante. Aparte de los "sesgos y la baja calidad de los estudios desarrollados" sobre la terapia de frío para el dolor muscular, hay que destacar que "ninguno incluye información sobre los efectos secundarios o daños que cualquiera de las estrategias pudiera producir".
-No recomendable para la población general
¿Significa esto que no se debería poner en práctica esta estrategia? Según los expertos del artículo, "tenemos que estar seguros de que no va a causar daños y para ello conviene realizar más estudios".
Por su parte, Alberto Capa, médico especialista en Rehabilitación del Hospital La Paz de Madrid, "puede que tenga algún efecto sobre un grupo determinado de atletas (deportistas de alto nivel), pero no se lo aconsejería a la población general. Podría entrañar riesgos para algunas personas con enfermedades reumatológicas, gente con insuficiencia arterial, problemas cardiacos, etc. Puede originar una subida de tensión que podría tener un efecto inesperado". Además, no se sabe cómo aplicarlo, "después de qué ejercicio es más recomendable, en qué dosis, con qué frecuencia, qué temperatura exacta...
-Realmente, lo mejor que se puede hacer es "mantener reposo".
Al fin y al cabo, las agujetas "son normales y naturales y en tres o cuatro días desaparecen", asegura el especialista español. Y añade: "El dolor muscular posterior a hacer ejercicio más intenso o fuera de lo común es la más leve de las consecuencias. Es un aviso de que algo hemos hecho mal o en exceso. El siguiente paso puede ser la rotura del músculo, que puede ser de muchos tipos y grados. De ahí que lo más razonable sea mantener reposo".
**Publicado en "EL MUNDO"
Como explican los autores de este trabajo, de Reino Unido, Nueva Zelanda y EEUU, se trata de una práctica muy utilizada para prevenir y tratar lo que se conoce como dolor muscular de efecto retardado, es decir, las agujetas. Ya se sabe que aparecen cuando los músculos realizan un esfuerzo físico superior al que están acostumbrados. Es entonces cuando "se produce una especie de pequeños desgarramientos que son los que provocan, normalmente un día o dos después del ejercicio, rigidez muscular y dolor ante cualquier movimiento, por mínimo que sea".
La teoría es que la inmersión en agua fría o hielo, conocida como crioterapia, es capaz de reducir la inflamación del músculo y, por lo tanto, los efectos que conlleva. Para comprobarlo, los autores de este trabajo han analizado 17 estudios que cumplían con "unos criterios mínimos de calidad", con un total de 366 participantes. En algunos ensayos se les pedía que se dieran una ducha de agua fría después de hacer deporte (ciclismo, atletismo, etc.) y en otros sólo sumergían la parte del cuerpo implicada en el sobreesfuerzo físico. La mayoría pasó 24 minutos en el agua, que estaba a una temperatura que oscilaba entre los 10 y los 15 grados.
Los estudios que comparaban esta terapia con el descanso o ninguna intervención demostraban una significativa redución del dolor. Sin embargo, añaden los investigadores, "debemos ser prudentes en las conclusiones, sobre todo teniendo en cuenta que a los participantes no se les podía ocultar el tratamiento que recibían y sabían cuáles eran los posibles beneficios". Es decir, los resultados favorables pueden deberse a "un efecto placebo", advierte el principal autor de la revisión, Chris Bleakley, del departamento de Ciencias de Rehabilitación y Salud de la Universidad de Ulster (Irlanda del Norte).
Además, pocos trabajos observaban las ventajas de la crioterapia respecto a los baños de contraste, en agua templada (por encima de los 15 grados), masajes, estiramientos, vendajes de colores, etc. Dado que no hay suficiente evidencia, continúa Bleakley, no se puede descartar que pudiera haber "mejores resultados a la hora de reducir el dolor con otras terapias como la inmersión en agua caliente". Con los datos disponibles hasta el momento, "aún no podemos extraer conclusiones certeras sobre ninguna de las terapias".
Y lo más importante. Aparte de los "sesgos y la baja calidad de los estudios desarrollados" sobre la terapia de frío para el dolor muscular, hay que destacar que "ninguno incluye información sobre los efectos secundarios o daños que cualquiera de las estrategias pudiera producir".
-No recomendable para la población general
¿Significa esto que no se debería poner en práctica esta estrategia? Según los expertos del artículo, "tenemos que estar seguros de que no va a causar daños y para ello conviene realizar más estudios".
Por su parte, Alberto Capa, médico especialista en Rehabilitación del Hospital La Paz de Madrid, "puede que tenga algún efecto sobre un grupo determinado de atletas (deportistas de alto nivel), pero no se lo aconsejería a la población general. Podría entrañar riesgos para algunas personas con enfermedades reumatológicas, gente con insuficiencia arterial, problemas cardiacos, etc. Puede originar una subida de tensión que podría tener un efecto inesperado". Además, no se sabe cómo aplicarlo, "después de qué ejercicio es más recomendable, en qué dosis, con qué frecuencia, qué temperatura exacta...
-Realmente, lo mejor que se puede hacer es "mantener reposo".
Al fin y al cabo, las agujetas "son normales y naturales y en tres o cuatro días desaparecen", asegura el especialista español. Y añade: "El dolor muscular posterior a hacer ejercicio más intenso o fuera de lo común es la más leve de las consecuencias. Es un aviso de que algo hemos hecho mal o en exceso. El siguiente paso puede ser la rotura del músculo, que puede ser de muchos tipos y grados. De ahí que lo más razonable sea mantener reposo".
**Publicado en "EL MUNDO"
High population density is greatest risk factor for water-linked diseases
Water-associated infectious disease outbreaks are more likely to occur in areas where a region's population density is growing, according to a new global analysis of economic and environmental conditions that influence the risk for these outbreaks. Ohio State University scientists constructed a massive database containing information about 1,428 water-associated disease outbreaks that were reported between 1991 and 2008 around the world. By combining outbreak records with data on a variety of socio-environmental factors known about the affected regions, the researchers developed a model that can be used to predict risks for water-associated disease outbreaks anywhere in the world.
The research appears in PLoS Neglected Tropical Diseases, a journal published by the Public Library of Science.
There are five different categories of water-associated diseases, depending on the role water plays in the disease transmission process. Population density was a risk factor for all types of these diseases. Prolonged and excessive heat was shown to be a driver of water-related diseases that are transmitted to people by insect bites.
The study shows that clusters of reported outbreaks tended to occur in Western Europe, Central Africa, Northern India and Southeast Asia. These regions, as well as Latin America and eastern Brazil, were targeted as potential "hot spots" at highest risk for future water-associated disease outbreaks ranging from E. coli-related diarrhea to dengue fever.
World health experts conservatively estimate that 4 percent of deaths -- almost 2 million annually -- and 5.7 percent of illnesses around the world are caused by infectious diseases related to unsafe water and sanitation and hygiene problems. Getting a better handle on the socio-environmental factors that affect the risks for water-associated disease outbreaks is a first step toward guiding policymakers as they prioritize the distribution of health resources around the world, the researchers say.
"We know water is essential to life, but we also know that water is a vehicle that can carry hazards. If we understand the risk factors of disease better, we can inform policy decisions because resources are limited. Second, we can provide an early warning to certain places that are undergoing global environmental change because our model shows how those changes affect outbreak risks," said Song Liang, senior author of the study and an assistant professor of environmental health sciences at Ohio State.
"We're not going to address all of the questions in one study, but we hope to set the stage for studies that can move toward that goal."
Most information on water-associated pathogens and infectious diseases in the Ohio State database came from the Global Infectious Disease and Epidemiology Network (GIDEON), a web-based database containing details on outbreaks for 337 recognized infectious diseases in 231 countries and regions. Liang and colleagues also collected extensive data from journal articles and health organization publications to supplement the GIDEON information.
Among the information included in the Ohio State database were disease-causing agents, such as bacteria or viruses, and their biological characteristics; water's role in disease transmission; disease transmission routes; and details about whether the recorded outbreak represented an emergence or re-emergence of a water-associated disease for a given region. These details were crossed with a socio-environmental database that contained data on population density, global average accumulated temperature, surface area of water bodies, average annual rainfall and per-capita gross domestic product.
Each disease tracked in the database was classified into one of five categories:
water-borne (such as typhoid and cholera), caused by microorganisms that enter water through fecal contamination and cause infection when humans consume contaminated water. A subset of these, called "water-carried" diseases, result from accidental ingestion of contaminated water in a recreational setting;
water-based (such as schistosomiasis), caused by parasites that spend part of their life in water;
water-related (such as malaria and trypanosomiasis), which need water for breeding of insects that act as vectors in transmitting disease to humans;
water-washed, caused by poor personal or domestic hygiene because no clean water is available; and
water-dispersed (such as Legionella), caused by infectious agents that thrive in water and enter the body through the respiratory tract.
Among the reported outbreaks, 70.9 percent were water-borne diseases, 2.9 percent water-based, 12.2 percent water-related, 6.8 percent water-washed, and 7.3 percent water-dispersed. Almost half were caused by bacteria, with nearly 40 percent caused by viruses and the rest by parasites.
The analysis also showed that fewer water-washed diseases occurred in places with larger bodies of surface water, and that areas with higher average annual rainfall had fewer outbreaks of water-borne and water-related diseases.
"No single factor can explain this distribution," Liang said. "And for different categories of diseases, the impact of those factors varies. This is the first time we've had large-scale proof of that.
"At this point, we've identified all of the reported outbreaks, but not every socio-environmental factor that influenced them."
The model predicts that Western Europe, Central Africa and Northern India are at higher risk for water-borne diseases, especially E. coli diarrhea, and that the risk in Europe is primarily driven by water-carried diseases that tend to occur in recreational areas. Western Europe, North Africa and Latin America tend to be at higher risk for water-washed diseases, particularly viral conjunctivitis. Risks associated with water-based diseases, especially schistosomiasis, were highest in east Brazil, Northwest and Central Africa and southeast of China.
*Source: Ohio State University
The research appears in PLoS Neglected Tropical Diseases, a journal published by the Public Library of Science.
There are five different categories of water-associated diseases, depending on the role water plays in the disease transmission process. Population density was a risk factor for all types of these diseases. Prolonged and excessive heat was shown to be a driver of water-related diseases that are transmitted to people by insect bites.
The study shows that clusters of reported outbreaks tended to occur in Western Europe, Central Africa, Northern India and Southeast Asia. These regions, as well as Latin America and eastern Brazil, were targeted as potential "hot spots" at highest risk for future water-associated disease outbreaks ranging from E. coli-related diarrhea to dengue fever.
World health experts conservatively estimate that 4 percent of deaths -- almost 2 million annually -- and 5.7 percent of illnesses around the world are caused by infectious diseases related to unsafe water and sanitation and hygiene problems. Getting a better handle on the socio-environmental factors that affect the risks for water-associated disease outbreaks is a first step toward guiding policymakers as they prioritize the distribution of health resources around the world, the researchers say.
"We know water is essential to life, but we also know that water is a vehicle that can carry hazards. If we understand the risk factors of disease better, we can inform policy decisions because resources are limited. Second, we can provide an early warning to certain places that are undergoing global environmental change because our model shows how those changes affect outbreak risks," said Song Liang, senior author of the study and an assistant professor of environmental health sciences at Ohio State.
"We're not going to address all of the questions in one study, but we hope to set the stage for studies that can move toward that goal."
Most information on water-associated pathogens and infectious diseases in the Ohio State database came from the Global Infectious Disease and Epidemiology Network (GIDEON), a web-based database containing details on outbreaks for 337 recognized infectious diseases in 231 countries and regions. Liang and colleagues also collected extensive data from journal articles and health organization publications to supplement the GIDEON information.
Among the information included in the Ohio State database were disease-causing agents, such as bacteria or viruses, and their biological characteristics; water's role in disease transmission; disease transmission routes; and details about whether the recorded outbreak represented an emergence or re-emergence of a water-associated disease for a given region. These details were crossed with a socio-environmental database that contained data on population density, global average accumulated temperature, surface area of water bodies, average annual rainfall and per-capita gross domestic product.
Each disease tracked in the database was classified into one of five categories:
water-borne (such as typhoid and cholera), caused by microorganisms that enter water through fecal contamination and cause infection when humans consume contaminated water. A subset of these, called "water-carried" diseases, result from accidental ingestion of contaminated water in a recreational setting;
water-based (such as schistosomiasis), caused by parasites that spend part of their life in water;
water-related (such as malaria and trypanosomiasis), which need water for breeding of insects that act as vectors in transmitting disease to humans;
water-washed, caused by poor personal or domestic hygiene because no clean water is available; and
water-dispersed (such as Legionella), caused by infectious agents that thrive in water and enter the body through the respiratory tract.
Among the reported outbreaks, 70.9 percent were water-borne diseases, 2.9 percent water-based, 12.2 percent water-related, 6.8 percent water-washed, and 7.3 percent water-dispersed. Almost half were caused by bacteria, with nearly 40 percent caused by viruses and the rest by parasites.
The analysis also showed that fewer water-washed diseases occurred in places with larger bodies of surface water, and that areas with higher average annual rainfall had fewer outbreaks of water-borne and water-related diseases.
"No single factor can explain this distribution," Liang said. "And for different categories of diseases, the impact of those factors varies. This is the first time we've had large-scale proof of that.
"At this point, we've identified all of the reported outbreaks, but not every socio-environmental factor that influenced them."
The model predicts that Western Europe, Central Africa and Northern India are at higher risk for water-borne diseases, especially E. coli diarrhea, and that the risk in Europe is primarily driven by water-carried diseases that tend to occur in recreational areas. Western Europe, North Africa and Latin America tend to be at higher risk for water-washed diseases, particularly viral conjunctivitis. Risks associated with water-based diseases, especially schistosomiasis, were highest in east Brazil, Northwest and Central Africa and southeast of China.
*Source: Ohio State University
Antibiotics ineffective for most sinus infections
Antibiotics that doctors typically prescribe for sinus infections do not reduce symptoms any better than an inactive placebo, according to investigators at Washington University School of Medicine in St. Louis. "Patients don't get better faster or have fewer symptoms when they get antibiotics," says Jay F. Piccirillo, MD, professor of otolaryngology and the study's senior author. "Our results show that antibiotics aren't necessary for a basic sinus infection -- most people get better on their own."
The study appears Feb. 15 in the Journal of the American Medical Association.
In the United States as many as one in five antibiotic prescriptions are for sinus infections, the authors point out. And given the rise of bacteria resistant to such drugs, they say it is important to find out whether this treatment is effective. Their results show it is not.
"We feel antibiotics are overused in the primary-care setting," says Jane M. Garbutt, MD, research associate professor of medicine and the paper's first author. "There is a movement afoot, led by the Centers for Disease Control and Prevention, to try to improve the judicious use of antibiotics. We hope this study provides scientific evidence that doctors can use with patients to explain that an antibiotic is not likely to help an acute sinus infection."
In practice, instead of giving antibiotics, such as the amoxicillin used in this study, the researchers suggest treating symptoms, such as pain, cough and congestion, along with watchful waiting to see whether further treatment is necessary.
The study included 166 adults whose symptoms fit the criteria for acute sinus infection recommended by an expert panel convened by the Centers for Disease Control and Prevention. To participate, patients' symptoms had to be classified as moderate, severe or very severe. Specifically, they had to report pain or tenderness in the face and sinuses and nasal discharge that lasted between seven and 28 days. Patients with chronic sinus infections or serious complications from the condition, such as a simultaneous ear or chest infection, were not included in the study.
The patients were recruited at their primary-care physicians' offices in St. Louis and were randomly assigned to receive a 10-day course of either amoxicillin or placebo. Whether on amoxicillin or not, all patients also got medications for relieving pain, fever, congestion and cough.
The researchers assessed the patients' symptoms at the start of the treatment and then three, seven, 10 and 28 days afterward. At each time point, patients answered a questionnaire assessing quality-of-life measurements related to the disease called the Sinonasal Outcome Test-16 (SNOT-16). They also compared relapse and recurrence of symptoms and days missed from work.
At day three, they found no difference between the antibiotic and placebo groups in any of these measures. At day seven, a small improvement was seen in the antibiotic group's questionnaire scores. However, Garbutt says this small change was unlikely to represent a noticeable relief from symptoms.
"On a scale of 1 to 3, we calculated that a clinically significant difference would be a change of 0.5 in the SNOT-16 score," Garbutt says. "The difference at day seven was 0.19. Even though it was a statistically significant change, it's likely not a change that a patient would notice."
**Source: Washington University in St. Louis
The study appears Feb. 15 in the Journal of the American Medical Association.
In the United States as many as one in five antibiotic prescriptions are for sinus infections, the authors point out. And given the rise of bacteria resistant to such drugs, they say it is important to find out whether this treatment is effective. Their results show it is not.
"We feel antibiotics are overused in the primary-care setting," says Jane M. Garbutt, MD, research associate professor of medicine and the paper's first author. "There is a movement afoot, led by the Centers for Disease Control and Prevention, to try to improve the judicious use of antibiotics. We hope this study provides scientific evidence that doctors can use with patients to explain that an antibiotic is not likely to help an acute sinus infection."
In practice, instead of giving antibiotics, such as the amoxicillin used in this study, the researchers suggest treating symptoms, such as pain, cough and congestion, along with watchful waiting to see whether further treatment is necessary.
The study included 166 adults whose symptoms fit the criteria for acute sinus infection recommended by an expert panel convened by the Centers for Disease Control and Prevention. To participate, patients' symptoms had to be classified as moderate, severe or very severe. Specifically, they had to report pain or tenderness in the face and sinuses and nasal discharge that lasted between seven and 28 days. Patients with chronic sinus infections or serious complications from the condition, such as a simultaneous ear or chest infection, were not included in the study.
The patients were recruited at their primary-care physicians' offices in St. Louis and were randomly assigned to receive a 10-day course of either amoxicillin or placebo. Whether on amoxicillin or not, all patients also got medications for relieving pain, fever, congestion and cough.
The researchers assessed the patients' symptoms at the start of the treatment and then three, seven, 10 and 28 days afterward. At each time point, patients answered a questionnaire assessing quality-of-life measurements related to the disease called the Sinonasal Outcome Test-16 (SNOT-16). They also compared relapse and recurrence of symptoms and days missed from work.
At day three, they found no difference between the antibiotic and placebo groups in any of these measures. At day seven, a small improvement was seen in the antibiotic group's questionnaire scores. However, Garbutt says this small change was unlikely to represent a noticeable relief from symptoms.
"On a scale of 1 to 3, we calculated that a clinically significant difference would be a change of 0.5 in the SNOT-16 score," Garbutt says. "The difference at day seven was 0.19. Even though it was a statistically significant change, it's likely not a change that a patient would notice."
**Source: Washington University in St. Louis
La Comunidad de Madrid ayuda a mujeres maltratadas y vulnerables a sonreír

Es una medicina gratuita, cura el alma, elimina los miedos, la angustia, aumenta la autoestima, está al alcance de todos y, además, es contagiosa. Son algunas de las propiedades de la risa, un arma que la Comunidad de Madrid ha puesto al alcance de las mujeres víctimas de violencia de género y de exclusión social con el fin de potenciar su curación. Y todo ello, en un taller de risoterapia.
«El primer día que vine aquí, me dije: he encontrado mi sitio, es el lugar que estoy buscando». Eso afirma Rosa, de 52 años, acerca del centro de día para mujeres Ayaan Hirsi Ali, situado en pleno centro de Madrid -Aduana, 9-, destinado a inmigrantes y abierto también a españolas en situación de vulnerabilidad, que recibió la visita del consejero de Familia y Asuntos Sociales, Salvador Victoria, que participó de buen grado en la clase de risoterapia y no escatimó ninguna broma.
«Yo sufrí maltrato laboral y familiar -prosigue Rosa-. Iba al psicólogo pero no solucionaba nada. Me sentía muy infeliz. Aquí llegué, cargada de culpa hace dos años y medio; desde el principio, me sentí entendida, lo cual fue un alivio y me ayudaron a encauzar mis problemas y a eliminar mis miedos». Su rostro risueño, con una nariz incorporada de payaso, habla por sí solo.
Múltiples beneficios
«Me han ayudado mucho a conocerme, a superarme y a desdramatizar; ahora vivo mucho mejor y tengo una buena autoestima. El problema era mi actitud de sumisión -subraya-. Rompí con todo: trabajo y pareja y tomé las riendas de mi vida».
Está tan encantada con el cambio que «se lo recomienda a cualquier mujer que sufra abusos y que solo sepa llorar y lamentarse», agrega. Todo ello no lo ha logrado solo a base de risas sino también con la ayuda de las psicólogas, quienes junto a las educadoras, trabajadoras sociales y mediadoras, forman parte del personal del centro.
El 60% de las usuarias son españolas, y el resto, inmigrantes; y, en la mitad de los casos sufren problemas vinculados a la violencia. Desde 2005 hasta la fecha, han pasado por este dispositivo más de 2.800 féminas.
«El abordaje que se realiza es integral. Cada mujer recibe una atención individualizada en la que es fundamental la grupal porque se establecen lazos, relaciones de apoyo y ayuda», explican Rosa Herranz y Ana Pinilla, educadora y psicóloga, respectivamente.
«La risoterapia pretende cambiar la manera de afrontar las situaciones; facilita estrategias y habilidades, al tiempo que favorece las relaciones, libera endorfinas y genera múltiples beneficios físicos y psíquicos».
«El primer día que vine aquí, me dije: he encontrado mi sitio, es el lugar que estoy buscando». Eso afirma Rosa, de 52 años, acerca del centro de día para mujeres Ayaan Hirsi Ali, situado en pleno centro de Madrid -Aduana, 9-, destinado a inmigrantes y abierto también a españolas en situación de vulnerabilidad, que recibió la visita del consejero de Familia y Asuntos Sociales, Salvador Victoria, que participó de buen grado en la clase de risoterapia y no escatimó ninguna broma.
«Yo sufrí maltrato laboral y familiar -prosigue Rosa-. Iba al psicólogo pero no solucionaba nada. Me sentía muy infeliz. Aquí llegué, cargada de culpa hace dos años y medio; desde el principio, me sentí entendida, lo cual fue un alivio y me ayudaron a encauzar mis problemas y a eliminar mis miedos». Su rostro risueño, con una nariz incorporada de payaso, habla por sí solo.
Múltiples beneficios
«Me han ayudado mucho a conocerme, a superarme y a desdramatizar; ahora vivo mucho mejor y tengo una buena autoestima. El problema era mi actitud de sumisión -subraya-. Rompí con todo: trabajo y pareja y tomé las riendas de mi vida».
Está tan encantada con el cambio que «se lo recomienda a cualquier mujer que sufra abusos y que solo sepa llorar y lamentarse», agrega. Todo ello no lo ha logrado solo a base de risas sino también con la ayuda de las psicólogas, quienes junto a las educadoras, trabajadoras sociales y mediadoras, forman parte del personal del centro.
El 60% de las usuarias son españolas, y el resto, inmigrantes; y, en la mitad de los casos sufren problemas vinculados a la violencia. Desde 2005 hasta la fecha, han pasado por este dispositivo más de 2.800 féminas.
«El abordaje que se realiza es integral. Cada mujer recibe una atención individualizada en la que es fundamental la grupal porque se establecen lazos, relaciones de apoyo y ayuda», explican Rosa Herranz y Ana Pinilla, educadora y psicóloga, respectivamente.
«La risoterapia pretende cambiar la manera de afrontar las situaciones; facilita estrategias y habilidades, al tiempo que favorece las relaciones, libera endorfinas y genera múltiples beneficios físicos y psíquicos».
**Publicado en "ABC"
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