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20 February 2012

La gestión integrada de atención primaria y especializada mejora la continuidad asistencial del paciente

Directivos y Gerentes de salud del País Vasco, La Rioja, Navarra y Cantabria se han dado cita en la II Jornada de Gestión Sanitaria Integrada, celebrada recientemente en Hondarribia, que en esta edición ha reunido a más de 80 profesionales del sector.

Con el objetivo de facilitar el intercambio de experiencias en la gestión integrada de los niveles asistenciales de primaria y especializada, el foro ha servido para analizar los avances y los primeros resultados de los modelos de integración llevados a cabo en distintas comunidades. Así, la jornada pone de manifiesto la importancia de promover modelos de gestión sanitaria que mejoren la continuidad asistencial del paciente y la eficacia del sistema.

En palabras de Iñaki Lapuente Heppe, coordinador de la jornada y miembro de la Sociedad de Directivos de Atención Primaria, “el encuentro ha permitido poner en común las distintas experiencias entre las comunidades autónomas que han iniciado modelos de gestión sanitaria integrada, analizar cómo se ha producido esta integración de los niveles asistenciales y compartir la evaluación del funcionamiento de estas gerencias.”

Para ello, la jornada se ha organizado en torno a dos mesas de debate. Bajo el título Integración Asistencial, el primer debate se ha centrado en las herramientas y las metodologías que hacen posible el desarrollo de proyectos eficaces de gestión sanitaria integrada. Con la moderación del Dr. José M. Ladrón de Guevara, Director Médico del Hospital Donostia, la mesa ha expuesto iniciativas que actualmente se desarrollan en la Organización Sanitaria Integrada Bidasoa, en la Gerencia del Área de Laredo, en la Comarca de Bilbao y en la Gerencia Tudela-Estella.

A través de los casos prácticos planteados en esta primera parte, los expertos han apuntado algunas de las posibilidades que ofrecen estos modelos. Entre ellas, se ha destacado la reducción del tiempo de diagnóstico, la optimización y conciliación del tratamiento, la disminución de los trámites burocráticos y la mejora de la calidad de vida y capacidad funcional de los pacientes.

“Un modelo de Atención Integrada de los niveles asistenciales permite una gestión más eficiente del sistema, pues evita duplicidades y mejora la administración de los recursos. Asimismo, hace posible ofrecer un servicio de continuidad asistencial ya que conocemos todas las necesidades del paciente; y si la Gerencia es única tenemos además todo el proceso bajo una misma dirección.”, según Iñaki Lapuente.

La Dra. Cristina Ibarrola, Directora General de Salud de Navarra, ha sido la encargada de moderar la segunda mesa de debate, titulada Aspectos Evaluativos y centrada en la importancia de la evaluación como fuente de conocimiento y aprendizaje, tanto para las organizaciones como para el sistema. “Proponemos herramientas evaluativas que nos permitan conocer si estos modelos funcionan o no, y evalúen el cumplimiento de los resultados previstos.”, según ha indicado D. Iñaki Lapuente. De este modo, los ponentes han destacado la necesidad de establecer sistemas que ofrezcan además de indicadores de resultado, indicadores de la satisfacción del paciente y del profesional sanitario.

El mismo Iñaki Lapuente ha señalado: “el paciente es el eje del sistema. Independientemente del modelo de gestión, en todas las organizaciones sanitarias la satisfacción del paciente es prioritaria. Aunque cada vez es más importante la del profesional y especialmente ante la actual coyuntura. Ahora contamos con la buena voluntad del profesional, y es esencial que éste se sienta implicado y colabore del proyecto común.”

La participación de Novartis en estas jornadas es una muestra más de su compromiso con la promoción de actividades que fomenten la formación de los profesionales sanitarios, contribuyendo así a la mejora de la gestión del sistema sanitario.

Los expertos destacan el avance en el diagnóstico genético de los pacientes con distrofia muscular



Las distrofias musculares son enfermedades crónicas, en su mayoría de causa genética, cuyos síntomas se deben a la degeneración de los músculos. Los pacientes que la padecen suelen tener dificultades para andar y realizar las actividades más habituales, síntomas que tienden a acentuarse con la edad. En algunos casos los pacientes mueren en la niñez o en la juventud.
La prevalencia de las distrofias musculares en su conjunto es cercana a uno de cada 2.000 nacimientos. Entre ellas, la más frecuente es la distrofia muscular tipo Duchenne, que se da en uno de cada 3.500 varones nacidos, mientras que entre la población adulta, la más habitual es la distrofia miotónica. Otras distrofias musculares como la de Emery-Dreifuss o las distrofias de cinturas presentan una incidencia bastante menor, siendo inferior a uno de cada 100.000 recién nacidos.
Con el objetivo de revisar los conocimientos sobre los diferentes tipos de distrofias musculares, la Sociedad Española de Bioquímica Clínica y Patología Molecular (SEQC) organiza el curso Genética de las distrofias musculares, dirigido a especialistas en formación de laboratorio y de Servicios clínicos. El Dr. Jesús Molano, coordinador del curso, y miembro de la Comisión de Genética Molecular de la SEQC y de la Unidad de Genética Molecular del Instituto de Genética Médica y Molecular, afirma que "mediante este tipo de cursos y seminarios, así como gracias a la inclusión en monografías de capítulos sobre este tema editadas por la Sociedad, la SEQC ha contribuido en los últimos años a la difusión del conocimiento de la genética molecular de las distrofias musculares".
Precisamente en este curso se exponen los conocimientos sobre las distrofias más frecuentes como la de Duchenne, la de cinturas, la de Emery-Dreifuss y las congénitas. También se analizan la miotonía congénita, enfermedad que afecta principalmente a los músculos y que cursa con distrofia muscular leve en algunos casos. Estas enfermedades de causa genética son de herencia mendeliana, es decir, que todas ellas son causadas por la mutación de un único gen, distinto para cada tipo de distrofia.






-Diagnóstico de las distrofias musculares y tratamientos
Cada una de las distrofias musculares presenta un tipo de síntomas que ayudan al pediatra o al neurólogo a orientar el diagnóstico: la elevación en sangre de la enzima creatina quinasa (CK), el retraso en la edad en la que el niño empieza a andar, los rasgos faciales, la hipotonía muscular o la miotonía, etc. son algunos de ellos.
Por su parte, en el laboratorio de genética molecular las distrofias musculares se diagnostican con las técnicas de análisis de ADN más modernas como son la reacción en cadena de la ADN polimerasa (PCR), la técnica de Multiplex Ligation-dependent Probe Amplification (MLPA), la Triplet Primed-PCR (TP-PCR) o la secuenciación del gen asociado a la enfermedad. Para cada tipo de distrofia el procedimiento de diagnóstico varía, así el MLPA se utiliza fundamentalmente para la distrofia muscular de Duchenne y la TP-PCR para el diagnóstico de la distrofia miotónica.
Además el Dr. Molano ha afirmado que "en los últimos años se ha avanzado de forma importante en el diagnóstico de las distrofias musculares. Se han identificado los genes asociados a los tipos más frecuentes de esta enfermedad, como la distrofia muscular de Duchenne (1987), distrofia miotónica (1992), distrofia de Emery-Dreifuss (1994), distrofias musculares congénitas, etc. Esto ha permitido facilitar un diagnóstico genético directo de los pacientes identificando la mutación causante de la enfermedad, lo que supone un paso previo a diseñar estrategias para la reparación del gen mutado."
Por su parte, cada distrofia muscular tiene un tratamiento específico orientado a aminorar y retrasar la evolución de la enfermedad, pues al tratarse de enfermedades genéticas no es curativo. En las distrofias musculares es imprescindible que los profesionales de las distintas especialidades (neurólogos, ortopedas, fisioterapeutas, cardiólogos, psicólogos, etc) contribuyan al tratamiento.
En lo que se refiere a las causas de las distrofias musculares, son un campo en el que se están llevando a cabo varios abordajes experimentales, algunos de ellos ya a nivel de ensayo clínico con pacientes. Concretamente, en el caso de la distrofia muscular de Duchenne los tratamientos, todavía en fase experimental, van orientados a que la célula muscular exprese una pequeña, pero suficiente, cantidad de distrofina que pueda detener la degeneración muscular. Para ello, se están utilizando derivados de aminoglicósidos que logran que el ribosoma (complejo molecular donde se sintetiza la proteína) ignore la mutación que causa la enfermedad y sintetice una pequeña cantidad de distrofina.
Otro abordaje en el tratamiento de la distrofia de Duchenne es la utilización de pequeños RNAs (llamados RNAs de interferencia) que provocan, dentro de la célula muscular, la síntesis de una distrofia solo parcialmente funcional pero suficiente para mejorar los síntomas y alargar la vida de los pacientes.

Los mensajes de texto pueden atrofiar las capacidades de lectura

Leer muchos mensajes de texto puede tener un impacto negativo sobre la capacidad lingüística de interpretar y aceptar palabras nuevas, según un estudio realizado por investigadores de la University of Calgary, en Canadá, que ha comprobado también que aquellos individuos que leen más en el formato impreso tradicional --libros, revistas o periódicos-- son más propensos a aceptar esas mismas palabras.
Los autores del trabajo, liderado por Joan Lee, preguntaron a un grupo de universitarios sobre sus hábitos de lectura, incluyendo de lectura de mensajes de texto, y les mostraron un amplio conjunto de palabras, tanto reales como ficticias. "Nuestra suposición sobre los mensajes de texto era que animaba a utilizar el lenguaje sin restricciones. Sin embargo, demostramos que era un mito", asegura Lee.
"Las personas que aceptan más palabras lo hacen porque son mejores interpretando el significado de las palabras o tolerándolas, incluso si no las reconocen. Los estudiantes que reconocieron escribir más mensajes de texto rechazaban más palabras, en lugar de reconocerlas como posibles palabras", asevera.
Lee sugiere que leer textos en el formato impreso tradicional expone a los sujetos a un lenguaje variado y creativo que no se encuentra en el lenguaje coloquial de los mensajes de texto que se usa entre los jóvenes. A su juicio, leer propicia la flexibilidad en el uso del lenguaje y la tolerancia hacia palabras nuevas. Además, ayuda a los lectores a desarrollar habilidades que les permiten generar lecturas de interpretación de palabras nuevas o poco usuales.
"Por contra, los mensajes de texto están asociados con rígidas restricciones del lenguaje que hacen que los estudiantes rechacen muchas de las palabras en este estudio", dice Lee, quien reconoce que este descubrimiento "fue sorprendente porque hay muchas palabras abreviadas o en sus siglas que se utilizan en estos textos.
Para los lectores de mensajes de texto, la frecuencia con la que aparece una palabra es un factor importante en su capacidad de aceptar palabras nuevas. "Los mensajes de texto representan palabras reales que son utilizadas con frecuencia entre las personas que envían y reciben estos mensajes", dice la investigadora.

*EUROPA PRESS

Cell signaling discovery provides new hope for blood disorders

Walter and Eliza Hall Institute scientists have revealed new details about how cell signalling is controlled in the immune system, identifying in the process potential new therapeutic targets for treating severe blood disorders. Dr Jeff Babon and Professor Nick Nicola, from the institute's Structural Biology and Cancer and Haematology divisions respectively, study interactions between internal cell signalling proteins called JAKs (Janus kinases) and SOCS (Suppressors of Cytokine Signalling).
Dr Babon said the proteins were essential for blood system maintenance and immune responses.
"JAK proteins are activated in response to blood cell hormones called cytokines and instruct immune cells to respond to infection and inflammation," Dr Babon said. "SOCS proteins were discovered at the institute in the early 2000s, and provide a necessary 'negative feedback' response that stops JAKs becoming overactive, which can lead to disease."
Dr Babon said mutations in one particular protein, JAK2, are strongly associated with the development of myeloproliferative diseases.
"When JAK2 is mutated, it tells cells to continually multiply. An excessive amount of blood cells of one type are produced, and the bone marrow is overrun, leading to problems with production of other cell types, and eventually bone marrow failure," Dr Babon said.
Myeloproliferative diseases, such as polycythemia vera and essential thrombocytopenia, are serious blood disorders in which an excessive number of blood cells accumulate in the bone marrow. They can be very severe and sometimes fatal, and may progress to acute leukemias.
In a study published February 17 in the journal Immunity, Dr Babon and Professor Nicola, with colleagues Dr James Murphy and Dr Nadia Kershaw, report on a key discovery about how the proteins JAK2 and SOCS3 interact. They hope the discovery will lead to new strategies for treating myeloproliferative diseases.
"SOCS3 is a key inhibitor of JAK2 proteins in blood and immune cells, but we didn't know exactly how the two proteins interacted to suppress JAK2 function," Dr Babon said. "We wanted to identify which site the SOCS3 protein bound to on the JAK2 protein to inhibit its action, and were surprised to find that SOCS3 binds to a unique site on JAK2 and directly inhibits the protein, rather than outcompeting other molecules."

*Source: Walter and Eliza Hall Institute

Nasty 'superbug' is being studied by UB researchers

University at Buffalo researchers are expressing concern about a new, under-recognized, much more potent variant of a common bacterium that has surfaced in the U.S. "Historically, in Western countries, classical strains of Klebsiella pneumoniae have caused infections mostly in sick, hospitalized patients whose host defense systems are compromised," says Thomas Russo, MD, professor in the Department of Medicine at the UB School of Medicine and Biomedical Sciences and head of its Infectious Disease Division.
"But in the last 10 to 15 years, a new variant of it has begun causing community-acquired infection in young, healthy individuals," he says. "This variant causes serious, life-threatening, invasive infections and is able to spread to other organs from the initial site of infection."
Perhaps most important, says Russo, these hypervirulent strains of Klebsiella pneumoniae have the potential to become highly resistant to antibiotics, similar to Escherichia coli and classical Klebsiella pneumoniae.
"These hypervirulent strains are the next 'superbugs' -in-waiting," he says. "If they become resistant to antibiotics, they will become difficult, if not impossible to treat."
With recent funding from the National Institutes of Health under a program to fund high-risk, high-reward research, Russo and his UB colleagues are studying the microbiology of the new variant of Klebsiella pneumoniae in an effort to identify the genes that make it hypervirulent so they can figure out how to stop it in its tracks.
"Infections due to highly resistant bacteria are becoming increasingly problematic," says Russo. "We are continually threatened by a 'post-antibiotic' era. The combination of a bacterium that is both highly virulent and resistant to antimicrobials is double-trouble."
The researchers' concern stems from the fact that classical Klebsiella pneumoniae is one of the bacterial species that can easily acquire mobile genetic units, called plasmids, that contain multiple genes that confer high levels of antimicrobial resistance.
"That's in part why we're concerned," says Russo. "We know that this bacterium has the potential to acquire these plasmids and it almost certainly will."
He notes that most bacteria that have proven to be resistant to most or all of the drugs currently available do not usually infect healthy members of the community.
"What is alarming about the hypervirulent Klebsiella pneumoniae is that they do possess the potential to infect healthy people," says Russo. "If this hypervirulent bacterium also becomes highly resistant to antimicrobials, we will have a significant problem to manage. We hope that our research and that of others can prevent this possibility."
While the new hypervirulent variant was first seen exclusively in in the Pacific Rim, it has now been found in several cities in North America, including Buffalo, and in Europe, Canada, Israel and South Africa as well. The UB researchers characterize it as "under-recognized" both by physicians and microbiology laboratories.
The disease most commonly presents as a liver abscess, which is not typical for otherwise healthy patients.
"This new variant presents with unique and scary features: first is its tendency to infect young, healthy people in the community and the second is its unique propensity for metastatic spread to other parts of the body," says Russo. "It spreads to sites beyond the initial source of the infection, such as the lungs, the central nervous system and the eye, potentially causing loss of vision. If infection spreads to the brain, there can be brain damage as well. Between 10 and 30 percent of cases are fatal."
In Buffalo, this hypervirulent variant of Klebsiella pneumoniae was identified in an otherwise healthy, young person several years ago. The patient, who was in his 20s, was hospitalized for several months before making a full recovery. Similar cases are causing concern throughout the international infectious disease community.
At the moment, most cases of hypervirulent Klebsiella pneumoniae resolve if treated aggressively with antibiotics and drainage of abscesses; however, some infections, despite optimal treatment, result in a persistent morbidity or death, Russo says.
He notes that the potential for the bug to acquire drug resistance is adding a sense of urgency to the research.
Russo says that microbiology labs should be aware that an important characteristic of these hypervirulent strains (also known as hypermucoviscous strains) is that when bacterial colonies grown on a solid surface in the laboratory are stretched by a common microbiology tool, called an inoculation loop, they form a viscous "string" greater than 5 millimeters in length.

**Source: University at Buffalo

Científicos españoles indagan si la obesidad y el cáncer tienen un origen común



En los países desarrollados cada vez hay más obesidad. La obesidad es uno de los principales factores de riesgo para desarrollar cáncer. Estos hechos, combinados, están haciendo que no engordar empiece a ser considerado tan importante para prevenir el cáncer como no fumar, y también han convertido en un reto acuciante el esclarecer la relación entre obesidad y cáncer. En este contexto emerge una idea revolucionaria, a medida que los investigadores profundizan en las causas de ambas enfermedades: ¿Y si la obesidad y el cáncer tuvieran un origen común?
Se engorda en el cerebro. Y en concreto en el hipotálamo, la región cerebral donde se regulan las ganas de comer —vía las sensaciones de saciedad y hambre—, y el gasto metabólico. Son las entradas y salidas de energía en el organismo: la obesidad llega cuando sistemáticamente las calorías que entran con la ingesta superan a las que quema el metabolismo. El proceso está finísimamente regulado sobre todo por ciertas poblaciones de neuronas en el hipotálamo, que integran la información enviada en forma de hormonas por órganos periféricos como el intestino, el páncreas y la propia grasa corporal.
El estudio de todas estas señales químicas es un área en auge que en los últimos 15 años no ha dejado de producir novedades. Una de ellas es precisamente el hallazgo de que la capa de grasa corporal, el tejido adiposo, hace mucho más que simplemente añadir volumen o, como mucho, aislar: ahora se sabe que los michelines son un importante emisor de señales químicas al resto del organismo.
Pero por ahora ninguno de los avances logrados ha dado con una cura de la obesidad, un tratamiento farmacológico que regule la ingesta y el gasto calórico de forma que el organismo no engorde.



-En Santiago buscan el papel del gen P53 en el control metabólico
En última instancia ese es el objetivo último de los grupos de Rubén Nogueiras y Miguel López, en la Universidad de Santiago de Compostela. Ambos son Cajales —con un contrato que no garantiza permanencia—, ambos se doctoraron en Santiago bajo la dirección de Carlos Diéguez y ambos han obtenido este año sendas ayudas del Consejo Europeo de Investigación (ERC, en sus siglas en inglés), las prestigiosas y competitivas Starting Grant para llevar adelante sus proyectos durante cinco años —más tiempo incluso que lo que duran sus contratos—.
El proyecto de Nogueiras se titula “P53 como nuevo mediador del balance energético en el cerebro”. Y lo primero que llama la atención es que P53 es un gen que lleva décadas copando titulares por su papel crucial en el cáncer, en concreto como protector ante su desarrollo. Pero en los últimos años se ha descubierto que P53 interviene, además, en el envejecimiento, en diabetes, en enfermedades neurodegenerativas y en otros muchos procesos, entre ellos el metabolismo. Lo que conduce a la obesidad.



-Nadie ha dado con un fármaco que regule la ingesta y el gasto calórico
“Está claro que hay una relación entre el cáncer y la obesidad”, explica Nogueiras. “Las personas obesas tienen bastante más probabilidad de tener cáncer, y se sabe muy poco sobre por qué ocurre esto. Creemos que P53 puede ayudar a entenderlo”.
Lo innovador de su proyecto es que trata de averiguar el papel de P53 en el centro de control de la obesidad en el hipotálamo. No es un tiro a ciegas. Hace unos años se descubrió que en las células del tejido adiposo de los ratones obesos, en concreto en la llamada grasa blanca, P53 no se expresa de forma normal. “Además", explica Nogueiras, “cuando se elimina P53 solo de las células de grasa blanca la sensibilidad a la insulina cambia”. La insulina es una de las hormonas mensajeras que los órganos periféricos —en este caso el páncreas— envía al cerebro para regular la ingesta; una respuesta anómala de las células a la insulina se relaciona con diabetes y obesidad.
La pregunta ahora es qué pasa con P53 en las poblaciones de neuronas que regulan la ingesta y el gasto metabólico. Es un terreno que nadie ha explorado aún, de ahí la importancia que ha concedido el ERC al trabajo de Nogueiras. El grupo de este investigador necesitará al menos un año para crear ratones que no expresen P53 justo en determinadas poblaciones de neuronas, y otro tanto o más para ver y analizar qué pasa y obtener los primeros resultados.



-Grasa en las neuronas
Cuando Miguel López, de 38 años, estudió biología molecular las neuronas solo comían glucosa. O al menos eso se decía en los libros de texto. Uno de los hallazgos importantes de los últimos tiempos es que las neuronas también necesitan grasa —en el término técnico, lípidos—. Las neuronas usan los lípidos para fabricar moléculas con que se comunican entre sí.
El proyecto de López financiado por el Consejo Europeo de Investigación (ERC) investiga una idea atrevida: la posibilidad de que la obesidad tenga que ver con que las neuronas del centro de control de la obesidad en el cerebro se hayan envenenado con lípidos tóxicos.
Como los demás hallazgos recientes en este terreno, esta hipótesis elimina el sentimiento de culpa que a menudo ataca a los obesos, acusados socialmente de no saber contenerse.
La obesidad no es resultado del pecado de la gula, sino “una enfermedad compleja producto de la interacción entre genes y ambiente”, explica López. Si se confirmara la teoría de la toxicidad de los lípidos, la obesidad —o al menos alguna de sus formas— aparecería en personas que producen en exceso estas grasas, para ellos venenosas. Se sabe hace tiempo que determinados lípidos, cuando se metabolizan, generan moléculas tóxicas en distintos órganos del cuerpo. Pero la idea nunca se ha estudiado en el cerebro.
López actuará sobre distintos grupos de neuronas en el hipotálamo —son poblaciones de apenas unos cientos de neuronas, una prueba de que la regulación de lo que come y gasta el organismo es un proceso realmente fino—. En última instancia, esperan obtener datos para desarrollar en el futuro fármacos contra la obesidad.
Para entonces ya tendrá los suyos Manuel Serrano, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), que también obtuvo en 2009 una ayuda del ERC —en su caso para investigadores senior— para estudiar la relación entre el cáncer y el envejecimiento. Junto con María Blasco, también en el CNIO, Serrano ha demostrado en ratones que el vínculo entre ambos procesos no es inverso: alterando determinados genes, entre ellos P53, los animales pueden vivir mucho más tiempo y además sin cáncer.
Es un cambio de paradigma, porque hasta hace poco se asumía que la aparición de tumores era un impuesto obligado si el organismo vive más tiempo. Ahora la interpretación es otra: “Creemos que lo que hacen genes protectores, como P53, es evitar no solo el cáncer, sino el daño celular en su conjunto [alteraciones normales en el funcionamiento de la célula que aparecen y se van acumulando a lo largo de su vida]”, explica Serrano. “Y al hacerlo protegen al organismo del envejecimiento, del cáncer, de la resistencia a la insulina, la diabetes, la obesidad, las enfermedades cardiovasculares...”.
Si esa visión se confirma la obesidad y el cáncer podrían ser tratados como facetas distintas de un mismo síndrome en el que también cabría —quizás lo englobaría todo— el envejecimiento. Y puede que en un futuro baste con tocar unos pocos genes clave para curar ese síndrome y lograr así una vejez más tardía y más sana.



**Puûblicado en "EL PAIS"

A single protein helps the body keep watch over the Epstein-Barr virus

Some 90 percent of people are exposed to the Epstein Barr virus (EBV) at some point in their life. Even though it is quickly cleared from the body, the virus can linger silently for years in small numbers of infected B cells. According to researchers at Children's Hospital Bostonand the Immune Disease Institute (IDI), the immune system subdues the virus by watching for a single viral protein called LMP1, knowledge that has already helped suggest two new treatments for the EBV-fueled cancers seen in some immunosuppressed patients. The study team, led by Klaus Rajewksy, MD, and Baochun Zhang, MD, PhD, of the Program in Cellular and Molecular Medicine at Children Hospital Boston and the IDI, reported their results online this week in the journal Cell.
While the immune system's T cells rapidly clear most EBV-infected B cells, about one in a million infected cells escapes destruction. Within these cells, the virus enters a latent phase, kept in check by the watchful eye of so-called memory T cells. This uneasy relationship usually holds steady the rest of a person's life, unless something -- such as infection with HIV or use of anti-rejection drugs following a transplant -- suppresses the immune system and breaks the surveillance. The virus can then reawaken and drive the development of B cell cancers like AIDS-associated B cell lymphoma and post-transplant lymphoproliferative disorder.
To better understand how the immune system maintains its watch and how the virus turns cells cancerous, Rajewsky and his team had generated a model mimicking latent EBV infection by engineering mice whose B cells contained an inducible version of viral LMP1. Researchers have long known that EBV needs LMP1 to turn B cells cancerous, but modeling this relationship in vivo had proven challenging.
"We had previously attempted to develop an animal model of LMP1 transformation of B cells," said Rajewsky, who recently moved to the Max Delbrück Center for Molecular Medicinein Germany, "but we had never been able to get the mice in our models to actually produce any mature B cells. The immune response against the LMP1-producing B cells was so robust that the cells were eliminated very early on."
Their breakthrough came when Zhang and colleagues reengineered the model to lack T cells. "The mice were initially fine, but succumbed within two to three months to aggressive B cell lymphomas," Rajewsky said. "The profile mimicked very closely what we see in immunosuppressed lymphoma patients." In additional experiments with Rajewsky's original model, the team eliminated the mice's T cells before activating the viral protein in B cells, sparking a similar but even more rapid fatal disease.

**Source: Children's Hospital Boston

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