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10 April 2012

Casi la mitad de las mujeres sufren trastornos del sueño durante el climaterio‏



Alrededor del 47% de las mujeres en edad menopáusica se muestran insatisfechas con la calidad del sueño durante el climaterio, debido, principalmente, al fuerte impacto que los cambios en los niveles de estrógenos tienen sobre el cerebro y las áreas relacionadas con el sueño, según afirma el doctor Plácido Llaneza, miembro de la Junta Directiva de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM).

“Con la edad, los cambios físicos y hormonales deterioran la cantidad y calidad del sueño y su prevalencia aumenta desde la premenopausia a la posmenopausia, un problema que se ve agravado en aquellas mujeres que sufren sofocos durante la noche, ya que interrumpe el sueño y acaba perjudicando su estado de ánimo durante el día”, comenta el doctor Llaneza, que añade que “una vida con tensiones, el estrés psicológico o el ánimo depresivo, muy comunes en esta época de la vida de la mujer, pueden ser incluso más importantes a la hora de alterar el sueño que los cambios hormonales”.

Una mala calidad del sueño puede convertirse en generador de nuevos síntomas entre las mujeres menopáusicas. Según el experto, “una mala calidad del sueño hace que durante el día la mujer se encuentre más cansada, con somnolencia, de peor humor y con tendencia a la depresión. De hecho, debemos recordar que la relación del sueño con la depresión es bidireccional de manera que el ánimo depresivo suele impedir una buena calidad del sueño y, a la inversa, cuando no se logra descansar plenamente, el riesgo de depresión es más alto”.

Los problemas de sueño suelen continuar en las mujeres posmenopáusicas haciéndose cada vez más ligero y fragmentado. En este sentido, enfermedades físicas crónicas como la artritis, artrosis, enfermedades pulmonares o úlceras estomacales pueden, asimismo, ser factores que contribuyen de forma importante a alterar el sueño.

Ayuda farmacológica
Antes de recurrir a la terapia farmacológica, los expertos insisten en que es necesario determinar los síntomas que pueden estar ocasionando una mala calidad del sueño. En los casos en los que la Terapia Hormonal (THS) está indicada para los síntomas climatéricos, puede resultar de ayuda para combatir el insomnio provocado por los sofocos, especialmente si se asocia a un hipnótico al acostarse. En concreto, tal como explica el doctor Llaneza, “el tratamiento con estrógeno no sólo alivia las sofocaciones nocturnas, sino que podría mejorar también los síntomas depresivos”.

La vacuna contra el rotavirus rebaja su precio hasta un 67%



Una buena noticia en tiempos de penuria. La Alianza Mundial para las Vacunas y la Inmunización (GAVI por sus siglas en inglés) ha conseguido reducir un 67% el precio de las vacunas contra el rotavirus, un patógeno que causa más de 500.000 muertes por diarrea entre menores de cinco años en países pobres (en los países ricos los sistemas de potabilización y el acceso a sistemas de hidratación evitan estas consecuencias). La ONG ha anunciado un acuerdo para comprar 132 millones de dosis a un precio medio de cinco dólares (unos 3,8 euros), en lugar de a más de 10 euros. Con ello se ahorrará casi 500 millones de euros.
El anuncio muestra con qué márgenes tan estrechos se manejan decisiones que pueden suponer la vida de millones de niños, donde pocos euros pueden marcar la diferencia. Y es el éxito de políticas de compras conjuntas. Junto a GAVI han participado la Fundación Bill y Melinda Gates y Unicef.

También es un reflejo de la política de dobles precios que se generalizó con los fármacos para el VIH, que son los que han abierto la puerta a estas políticas. La propia organización indica, para que se vea el esfuerzo, que los mismos medicamentos cuestan en EE UU entre 177 y 213 dólares (de 135 a 163 euros dependiendo de si se trata de venta a instituciones públicas o privadas).
El acuerdo con GlaxoSmithKline y Merck permitirá inmunizar a 72 millones de niños de los 40 países más pobres en 2016.

El 25% de los pacientes ingresa desnutrido al hospital


No se trata de un problema económico, sino de una “malnutrición asociada a la enfermedad”, indica Gómez Candela. “Los pacientes mayores, los oncológicos o los que toman mucha medicación” son algunos de los que suelen presentar estos indicadores. Y su tratamiento debe empezar desde el principio. No solo porque la alimentación es parte de la terapia, sino porque incluso en muchos casos, como en ciertas cirugías, es un requisito previo. “Si se puede, es preferible operar a una persona bien nutrida”, dice.
En La Paz tienen un programa para el abordaje precoz de estos trastornos. “Realizamos un cribado de riesgo nutricional desde el ingreso”, relata Gómez Candela. Para ello cuentan con un programa informático, y aprovechan esa primera muestra de sangre que se toma a prácticamente todo el que llega a un centro hospitalario (más de cinco millones al año en toda España) para hacer un primer diagnóstico. Es un sistema fácil y barato, que se basa en tres parámetros: la albúmina (una proteína), los linfocitos y el colesterol total. Con eso “es suficiente”, insiste García de Lorenzo.
Sin embargo, el propio médico admite que es algo que puede mejorarse. “En los hospitales no hemos conseguido que se pese y se mida a todo el que entra”. Este proceso, que en personas sanas arroja el índice de masa corporal en que se basan todas las mediciones de desnutrición o sobrepeso, no es tan sencillo en un centro sanitario. “Hay pacientes que no pueden mantenerse de pie, y al final no se sabe qué estamos pesando, si al enfermo o a la enfermera que lo sujeta”, indica García de Lorenzo. “Pero eso no es tan importante. En países como Portugal y Holanda no están tan obsesionados, y lo que preguntan al paciente es si ha notado una pérdida de peso en los últimos meses”.
Los enfermos oncológicos o muy medicados pierden el apetito
El resultado es que en La Paz (centro elegido como modelo para este reportaje por indicación de la Senpe) se preparan hasta 22 tipos de dietas diferentes, de las que hay que ofrecer cuatro ingestas al día (desayuno, comida, merienda y cena). Las hay sin gluten, sin azúcar, bajas en sal, en grasas… Al final, “solo el 25% lleva una dieta normal”, afirma Gómez Candela.
La organización de todo esto recae en la comisión de nutrición, y ponerla en práctica es tarea del servicio de hostelería del hospital, que dirige Matías Ruiz Garrido. Sus funciones combinan las de un jefe de cocina con las de un responsable sanitario. Y tiene también una importante parte económica. Para la primera parte, se hace un seguimiento muy básico de cuanto come cada paciente. “El proceso se llama desbarrasado, y consiste en un muestreo para saber cuánto sale de la cocina, y, sorbe todo, cuánto vuelve”, explica Ruiz Garrido. “La aceptación de los platos es muy importante”, insiste Gómez Candela, ya que si no lo que se intenta conseguir puede quedarse en nada. Por ejemplo, afirma García de Lorenzo, ya no se insiste tanto en reducir la sal, salvo en los pacientes que la tienen expresamente contraindicada. “Incluso se les dan sobrecitos extra”, dice el médico. La jefa de Nutrición afirma con orgullo que, en las encuestas que se realizan a los pacientes, la comida es de los aspectos mejor valorados. “Lo que pasa es que si una persona está enferma, débil o toma mucha medicación, lo normal es que coma poco y que no le apetezca”.
El hospital tiene una rotación de menús quincenal, pero se está estudiando hacerla semanal. Con ello se busca no repetir, y cubrir todos los aspectos nutricionales. El plazo no es arbitrario. La estancia media en un hospital está entre siete y ocho días. Y esto, que es bueno, en general, para el paciente, dificulta la tarea de los nutricionistas, ya que el plazo es muy corto para solventar los problemas con los que ingresan. “Un 6% aproximadamente sale con déficits nutricionales”, admite Gómez Candela.
La alimentación es básica para el éxito de algunos tratamientos
En cualquier caso, la jefa de Nutrición del centro afirma que su trabajo va más allá, y que “se aprovecha el tiempo de ingreso para dar pautas nutricionales que pueden aplicar cuando vuelven a casa”. “Hay pacientes que se sorprenden cuando ven que pueden tomar productos que creían prohibidos, si están preparados de una manera adecuada”, indica.
El esfuerzo en este sentido lleva a adaptar platos tradicionales. Todo un esfuerzo de imaginación para uno de los jefes de cocina, Juan Siso, ya que entre los productos prohibidos en el centro están, “aparte del alcohol, los embutidos”. Tampoco se puede abusar de condimentos y especias, que podrían ser una solución para enmascarar sabores, ya que alrededor del 8% de los pacientes tienen alergias, lo que complica el proceso aún más, afirma Ruiz Garrido.

**Publicado en "EL PAIS" 

Nanotecnología para detectar patógenos



Investigadores de la Universidad de Florida Central (EE.UU.) han desarrollado una técnica novedosa que puede ofrecer a los médicos una herramienta más rápida y sensible para la detección de patógenos asociados con la enfermedad inflamatoria del intestino -incluyendo la enfermedad de Crohn-. La nueva técnica, basada en nanopartículas, también pueden ser utilizada para la detección de otros patógenos que se esconden en el tejido humano, y son capaces de reprogramar las células para evadir con éxito el sistema inmunológico; éstos vuelven a aparecer años más tarde, y pueden causar problemas de salud graves. A pesar de que existen métodos para encontrar estos agentes ocultos, éstos requieren mucho tiempo y, a menudo, retrasan el tratamiento durante semanas, o incluso meses.

El equipo coordinado por J. Manuel Pérez y Saleh Naser, ha desarrollado, un método que utilizananopartículas recubiertas con marcadores de ADN, específicos para los patógenos. La técnica es eficaz y más precisa que los métodos actuales y, más importante aún, tarda horas, en lugar de semanas o meses, en ofrecer resultados, lo que podría ofrecer a los médicos una herramienta más rápida para ayudar a los pacientes.

«Nuestra nueva técnica supera los actuales métodos moleculares y microbiológicos», afirma Naser, quien añade que, «sin comprometer la especificidad o sensibilidad, el nano-método produce resultados confiables y precisos en cuestión de horas».
Nanosensores
El equipo creó nanosensores de relajación magnética hibridizantes (hMRS, por su siglas en inglés) que pueden detectar cantidades minúsculas de ADN de los patógenos que se esconden dentro de las células de un paciente. Los hMRS se componen de una nanopartícula de óxido de hierro recubierta de polímero, y se modifican químicamente para unirse específicamente a un marcador de ADN -único para un patógeno en particular. Cuando los hMRS se unen al ADN del patógeno, se detecta una señal de resonancia magnética, que es amplificada por las moléculas de agua que rodean la nanopartícula. A continuación, el investigador puede leer el cambio de la firma magnética en una pantalla de ordenador o dispositivo electrónico portátil, y determinar si la muestra está infectada con un patógeno en particular.

Para este estudio, publicado en PLoS ONE, los investigadores utilizaron la Mycobacterium aviumsubespecie paratuberculosis (MAP) -un patógeno que causa de la enfermedad de Johne en el ganado vacuno, y la enfermedad de Crohn en humanos- para poner a prueba su técnica. El año pasado, Pérez y su equipo descubrieron, inesperadamente, la propiedad de unión al ADN de los nanosensores magnéticos y, ahora, han demostrado que ésta puede ser la base de una prueba rápida para detectar bacterias y virus difíciles de medir, en las muestras de los pacientes.

Un estudio del Centro de Investigación de Primates en Atlanta demuestra que el rango social afecta al ADN


¿Puede la clase social determinar nuestra expresión genética? Se sabe que el bajo estatus social, tanto en humanos como en otros primates, está relacionado con un riesgo de enfermedad mayor debido a las diferencias en cuanto al acceso los recursos disponibles. Sin embargo, estas asociaciones se ven afectadas por cuestiones de causalidad.
Ahora, de acuerdo con un trabajo que se publica en «The Proceedings of the National Academy of Sciences PNAS», parece que nuestro rango social podría afectar directamente, al menos en un grupo de macacos rhesus, a la expresión de nuestros genes.
Según el estudio coordinado por Jenny Tung, del Centro Nacional Yerkes de Investigación de Primates en Atlanta (EE.UU.), la clasificación de un macaco dentro de su entorno social, además del estrés que acompaña a dicha situación, altera la expresión de cerca de mil genes.
La investigación es la primera que ha demostrado una relación entre el estatus social y la regulación genética de los primates en un genoma de gran escala, dejando al descubierto un fuerte vínculo entre el medio ambiente social y la biología.
Los investigadores se cuestionaron si el rango social puede determinar la aptitud o viceversa. Para ello, analizaron una serie de macacos hembras y las asignaron a distintas clases sociales; a continuación fueron cambiando el orden de introducción de cada animal en una clase social. Sorprendentemente, los investigadores vieron que podían predecir el rango social de un individuo con una precisión del 80% gracias a las diferencias en la expresión génica de las células del sistema inmune de 49 monas.
Comprobaron que después de que algunos de los macacos cambiaron su rango social, sus datos de expresión génica también sufrían una modificación, lo que permitía a los investigadores determinar la clase social. Y todo gracias a un sencillo análisis de sangre gracias al cual podían determinar que los animales de menor rango tenían una menor cantidad de células T que los que pertenecían una clase social superior.
Estos resultados sugieren que la «preeminencia social» afecta a la expresión de genes en las células responsables de la vigilancia inmunológica en primates no humanos y posiblemente, también en humanos. Para Tung, hay algo «perverso» en el hecho de que el rango social de un individuo pueda determinar la expresión genética y su capacidad de respuesta ante las enfermedades; pero también hay un lado optimista: «Los animales que cambiaron su estatus social alteraron también su expresión genética; es decir, no estamos atrapados».

Un nuevo estudio en EE.UU. rescata el método tradicional para perder peso: comer menos y hacer más ejercicio físico


Al contrario de lo que parece, escribe el American Journal of Preventive Medicine, muchos estadounidenses obesos pueden perder peso, y lo pierden, pero sobre todo con el método tradicional de comer menos y hacer más ejercicio físico.

«Se trata de una excelente noticia porque las investigaciones muestran que la reducción de peso, aunque sea en un 5 por ciento, puede conducir a una mejora considerable de la salud», afirma Jacinda M. Nicklas, la autora principal del estudio, investigadora del Beth Israel Deaconess Medical Center y del Harvard Medical School. «Con más de la tercera parte de los estadounidenses obesos y el 50 por ciento de ellos intentando perder kilos, esto es muy importante, porque los riesgos de salud asociados a soportar una masa extra son sustanciales», añade Nicklas.
La investigadora y sus colegas analizaron datos de más de 4.000 personas gruesas, es decir, con un índice corporal superior a 30, y mayores de 20 años.
Los victoriosos en el reto de perder peso eran los que comían menos y hacían más deporte, mientras que los que adelgazaban con la ayuda de medicación eran una porción pequeña. Finalmente, los que utilizaban dietas más o menos milagrosas no conseguían realmente adelgazar.
**Publicado en "VOCENTO"

Nanotechnology Used to Hunt for Hidden Pathogens


Researchers at the University of Central Florida have developed a novel technique that may give doctors a faster and more sensitive tool to detect pathogens associated with inflammatory bowel disease, including Crohn's disease.

The new nanoparticle-based technique also may be used for detection of other microbes that have challenged scientists for centuries because they hide deep in human tissue and are able to reprogram cells to successfully evade the immune system.
The microbes reappear years later and can cause serious health problems such as seen in tuberculosis cases. Current testing methods to find these hidden microbes exist, but require a long time to complete and often delay effective treatment for weeks or even months.
UCF Associate Professor J. Manuel Perez and Professor Saleh Naser and their research team have developed a method using nanoparticles coated with DNA markers specific to the elusive pathogens. The technique is effective and more accurate than current methods at picking up even small amounts of a pathogen. More important, it takes hours instead of weeks or months to deliver results, potentially giving doctors a quicker tool to help patients.
"Our new technique has surpassed traditional molecular and microbiological methods," said Naser, a professor at the UCF College of Medicine. "Without compromising specificity or sensitivity, the nano-method produced reliable and accurate results within hours compared to months."
The group's translational research works was recently published in the journal PLoS ONE.
The team created hybridizing magnetic relaxation nanosensors (hMRS) that can fish out and detect minuscule amounts of DNA from pathogens hiding within a patient's cells. The hair-thin hMRS are composed of a polymer-coated iron oxide nanoparticle and are chemically modified to specifically bind to a DNA marker that is unique to a particular pathogen.
When the hMRS bind to the pathogen's DNA, a magnetic resonance signal is detected, which is amplified by the water molecules that surround the nanoparticle. Then the researcher can read the change in the magnetic signature on a computer screen or portable electronic device, such as a smartphone, and determine whether the sample is infected with a particular pathogen.
The researchers used Mycobacterium avium spp. paratuberculosis (MAP), a pathogen that has been implicated in the cause of Johne's disease in cattle and Crohn's disease in humans, to test out their technique. They used a large number of blood and biopsy tissue samples from patients with Crohn's disease and meat samples from cattle with Johne's disease.
"It is all about giving medical professionals easy and reliable tools to better understand the spread of a disease, while helping people get treatment faster," said Perez, who works at UCF's Nanoscience Technology Center. "That's my goal. And that's where nanotechnology really has a lot to offer, particularly when the technology has been validated using clinical, food and environmental samples as is in our case."
The National Institute of General Medical Sciences (NIGMS), which is a part of the National Institutes of Health, and funded the research, said this kind of basic research can provide the foundation for medical breakthroughs.
"Just last year, Dr. Perez and his team unexpectedly discovered the DNA binding property of their magnetic nanosensors, and now they have shown that it may become the basis for a rapid, sensitive lab test for hard-to-measure bacteria and viruses in patient samples," said Janna Wehrle, Ph.D., of NIGMS. "This is a wonderful example of how quickly an advance can move from the research bench to meet an important clinical need."
Charalambos Kaittanis, who received his doctoral degree at UCF and worked as a postdoctoral Research Associate under Perez, has lead the experimental work in this study. Kaittanis is now a research fellow at Memorial Sloan-Kettering Cancer Center.


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