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20 julio 2021

La salud mental infanto-juvenil requiere de una intervención conjunta entre diferentes niveles asistenciales

 

La atención en salud mental de niños y adolescentes tiene un carácter específico y especializado, que requiere la coordinación con los servicio sociales y educativos, tal y como ha puesto de manifiesto el Conselleiro de Sanidade de Galicia, Julio García Comesaña, desde el inicio de la jornada “Situación y abordaje de la salud mental infanto-juvenil”, que ha inaugurado el ciclo “Claves en Salud Mental. Sesiones clínicas inter-autonómicas”, una iniciativa promovida por el Servizio Galego de Saúde, el Servicio Cántrabo de Salud (SCS), Sanidad de Castilla y León (Sacyl) y la Fundación Biomédica Galicia Sur, bajo la coordinación de los doctores Fernando de Uribe, Jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital Clínico de Valladolid, y José Manuel Olivares, Jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo, con la colaboración de Lundbeck.

 

Este ciclo de sesiones profesionales nace con el objetivo de propiciar un espacio de debate y  puesta en común de buenas prácticas desarrolladas en diferentes comunidades autónomas en programas de salud mental. Para ello, se celebrarán cuatro sesiones a lo largo de 2021 que permitirán enriquecer los programas autonómicos y buscar sinergias a la hora de atender a los problemas y retos organizativos que la pandemia por COVID-19 ha supuesto en la población y los sistemas sanitarios. En palabras del Dr. Olivares, “los temas elegidos son de gran actualidad, comenzando por la salud mental infanto-juvenil, cuyo aumento en la demanda asistencial y las dificultades en su manejo, requiere de un buen abordaje. De igual modo sucede con la telemedicina como nueva vía de acercamiento a los pacientes, la atención socio-sanitaria y las diferentes soluciones que se plantean al respecto, o la necesaria coordinación entre la atención primaria y especializada, ejes sobre los que girarán las demás sesiones”.

 

El impacto de la COVID-19 en la salud mental infanto-juvenil

Como ha explicado el Dr. de Uribe, “la pandemia ya está marcando un después en la atención a la salud mental infanto-juvenil. Está obligando a dar respuesta a un incremento importante en la atención a salud mental de los niños y adolescentes que, además, es progresivamente creciente, de modo que desconocemos el punto de inflexión, con lo cual habrá que ser flexibles y ágiles en la implantación de nuevos recursos”.

 

Diferentes representantes de la Administración Sanitaria de varias comunidades autónomas -Galicia, Cantabria, Navarra, Castilla y León y el País Vasco- han compartido su visión sobre el impacto de la COVID-19 en la salud mental de niños y adolescentes y las actuaciones llevadas a cabo. Así, se ha puesto de manifiesto, una vez más, la importancia de que la estructura sanitaria cuente con la participación del ámbito educativo y social, cómo la pandemia ha provocado el aumento de trastornos mentales graves y evidenciado situaciones problemáticas que, sin ser patologías de salud mental, llevan aparejadas un alto nivel de estrés en este grupo de población vulnerable.

 

Por su parte, el Dr. Carlos Imaz, Vicepresidente de Aepnya y portavoz de la Plataforma de Asociaciones Profesionales de Psiquiatría y Psicología Clínica de la Infancia y la Adolescencia, ha repasado el informe realizado hace un año por esa alianza de asociaciones, recordando que la salud mental debe ser transversal y es necesario un reconocimiento a la psiquiatría de la infancia y adolescencia, que requiere de una adecuación y dotación de recursos diagnósticos y terapéuticos.

 

Todavía hoy se sigue gestionando la pandemia con estrategias de aislamiento y confinamiento que generan muchos problemas emocionales en este grupo de población, al que se ha culpabilizado y responsabilizado de forma extraordinaria, ha explicado, para añadir que es necesario avanzar hacia otros manejos.

 

Entre los instrumentos con los que los profesionales pueden contar para combatir las secuelas de la pandemia en la salud mental infanto-juvenil, el Dr. Imaz ha puesto de relieve la participación y el empoderamiento responsable, también por parte de la ciudadanía; la necesidad de repensar y regenerar de forma sistémica y holística la gestión; innovar y virtualizar; compartir y colaborar; y la importancia de la comunicación y la transparencia.

 

La perspectiva de los profesionales sanitarios ha estado representada por la participación de las doctoras Marta López, psiquiatra del Hospital Álvaro Cunqueiro; Beatriz Payá, Coordinadora del Área de Psiquatría Infantil del H.U.M.V y responsable de hospitalización; Mercedes del Río, pediatra del centro de salud Los Tilos, Teo; y Paloma Varela, Coordinadora de Salud Mental Infanto-Juvenil del hospital de Mataró. Estas profesionales de la psiquiatría y atención primaria han debatido sobre la situación vivida en la salud mental infanto-juvenil desde el estallido de la pandemia por COVID-19.

 

Han coincidido en que la pandemia, más que un punto de inflexión es una continuidad, porque ya existía un aumento de la demanda de los servicios de urgencias de salud mental infanto-juvenil, en ocasiones, no por presencia de psicopatología sino derivada de la situación psicosocial existente y baja tolerancia a la frustración de este grupo de población. A esto se une la eclosión de casos de patología mental no diagnosticados que ahora han salido a la luz. Con todo esto, las urgencias psiquiátricas han aumentado en los últimos meses y los pacientes llegan en un mayor estado de gravedad.

 

Entre las principales patologías que los sanitarios están viendo actualmente se encuentran trastornos del estado ánimo, trastornos de ansiedad grave con fobias sociales y escolares, cuadros psicóticos y trastornos alimentarios.

 

Las especialistas han puesto el foco en la necesidad de que diferentes niveles asistenciales trabajen en estrecha coordinación, a pesar de su complejidad, lo que pasa por intervenciones conjuntas entre psiquiatría, pediatría y los sistemas educativos y sociales.

 

Pero, ¿cómo se puede favorecer esa coordinación? Una de las claves reside en la atención comunitaria, en el modelo bio-psico-social presente en la atención primaria, donde la promoción de la prevención en salud mental es fundamental. Debe existir una interacción entre psiquiatría y pediatría, con programas de enlace en los que también se tenga en cuenta el ámbito educativo y social, porque el niño es un todo.

 

Las buenas prácticas en el abordaje de las enfermedades mentales de la población infanto-juvenil también han estado presentes en la jornada, de la mano de las doctoras Soraya Geijo, Coordinadora de Salud Mental Infanto-Juvenil del servicio de Psiquiatría del hospital Clínico de Valladolid, y de Maria José Penzol, psiquiatra adjunto del servicio de Psiquiatría del Niño y del Adolescente del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid.

  

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