Las resistencias bacterianas constituyen un problema clínico, epidemiológico y de salud pública de primer orden porque, al dificultar el tratamiento de las infecciones, obligan a recurrir a fármacos más caros, con más efectos secundarios y durante periodos de tiempo más prolongados, pudiendo conducir incluso a situaciones potencialmente amenazantes para la vida, cuando se producen resistencias a múltiples antibióticos.
Los menores de 5 años y los mayores de 85 son los grupos de edad más expuestos a su consumo. Los pediatras de AP afirman que “una buena estrategia para reducir las tasas de resistencias sería fomentar un uso prudente y racional de antibióticos, eligiendo el tratamiento que conjugue el máximo impacto terapéutico con la mínima toxicidad y desarrollo de resistencias”.
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