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20 abril 2021

Lo importante de tener previstos los últimos momentos de la vida





Lo único seguro a lo largo de la vida es saber que, antes o después, llegará a su final. No es un pensamiento que deba ponernos tristes ni deprimirnos, ya que se trata de ley de vida, de un proceso por el que todos pasamos y por el que sabemos que pasaremos antes o después. No obstante, saber que la vida terminará algún día es, al mismo tiempo, uno de los motivos por los que la hace tan especial y maravillosa.

 

En cualquier caso, nunca hay que olvidar que este ciclo llegará algún día a su final y, por ello, es fundamental que lleguemos a tener previstos los últimos momentos. De esta forma, conseguiremos evitar que nuestra familia pueda sufrir algún tipo de problema como consecuencia de nuestro fallecimiento. No solo eso, sino que estaremos en posición de ayudarles a superar la pena con una cobertura que les pueda ayudar en esos momentos en los que nosotros ya no estemos para hacerlo.

 

A continuación, os damos las claves de lo que es recomendable tener en cuenta y preparar por si, de forma inesperada, llegara el día de nuestro fallecimiento.

 

Seguro de decesos

 

 

Esta es la pieza angular de una situación fatídica como en la que estamos pensando y para la cual nos preparamos. El seguro de decesos es el primer recurso en el que se apoya la familia en el momento de un fallecimiento. Cubre las necesidades de la familia y todo lo que ocurra a partir de ese momento tal y como vemos en los siguientes puntos:

 

Asistencia y trámites

 

 

El fallecimiento de un ser querido es algo triste y lleno de pena, pero no por ello deja de ser un proceso en el cual la cantidad de papeleo que se tiene que gestionar es extrema. Para una familia, no es nada fácil tener que enfrentarse a esta situación, sobre todo si nunca antes se habían visto en la misma tesitura. Por ello, el seguro de decesos es tan importante, porque ayuda con los trámites iniciales y se asegura de que la familia pueda estar reunida para el momento de la despedida.

 

Gestión del funeral

 

 

Gracias a este seguro se pone en funcionamiento la maquinaria profesional necesaria para que se pueda realizar el funeral de una manera conveniente. Se cuida hasta el último detalle y se realiza una comunicación respetuosa con la familia de inmediato para transmitirle las distintas posibilidades existentes. Esto deriva en que la organización del funeral se pueda gestionar en pocas horas, eligiendo la modalidad en la cual el fallecido deseaba pasar a mejor vida.

 

La familia se sentirá más aliviada porque sabrá que su ser querido estará en buenas manos, y al mismo tiempo, tendrá la ventaja de saber que no tendrá que preocuparse por posibles retrasos o problemas. No habrá ningún contratiempo en la organización de la despedida.

 

Soporte para la familia

 

 

Una situación como esta no es sencilla, por lo que la familia podría llegar a necesitar soporte psicológico, atención especializada o resolución de dudas de cualquier tipo. Este seguro para fallecimientos también cubre este tipo de necesidades y se asegura de que la familia, en estos momentos tan duros, tiene todo lo que puede llegar a requerir.

 

Cobertura de gastos derivados

 

 

La organización del funeral en sí mismo y el entierro o la incineración no son los únicos gastos a los que la familia tendrá que plantar cara en estos duros momentos. También hay otros costes derivados que están relacionados con el funeral, como la publicación de esquelas, la compra de coronas de flores, las inscripciones y dedicatorias u otro tipo de elementos relacionados. Saber que gracias al seguro todo está cubierto y, sobre todo, simplificado, será algo que la familia apreciará.

 

Otros gastos que se pueden cubrir dependiendo de la situación son los costes de repatriación si el fallecimiento ocurriera en el extranjero, el traslado de la familia hacia el lugar del funeral o el alquiler de un coche fúnebre que se ocupe de llevar al fallecido hasta el lugar de congregación de la familia.

 

Coberturas para préstamos o créditos

 

 

Vivimos en una sociedad en la que es natural disponer de préstamos, créditos o compras a plazos. Es algo muy común debido a la comodidad que proporciona en el día a día. Pero ¿Qué ocurre si fallece una persona que dispone de ese tipo de pagos aplazados? Salvo situaciones excepcionales, el fallecido seguirá teniendo un compromiso con los pagos que tuviera pendientes en el momento de fallecer. De su responsabilidad de pago se haría cargo el cónyuge o sus descendientes.

 

Esto, en una familia que disponga de un colchón económico y unos fondos, no debería suponer un gran problema, ya que los pagos se irán abonando con el presupuesto familiar. No obstante, ¿Qué ocurriría en el caso del fallecimiento de, por ejemplo, una persona sin ahorros cuyo cónyuge no tiene trabajo? Esa es una de las situaciones más problemáticas, pero también más posibles a la vista de los momentos de crisis económica que se han pasado en los últimos años y por los que todavía muchas familias pasan.

 

Para evitar problemas en estos casos, lo necesario es disponer de coberturas que blinden el abono de todos los préstamos, compras aplazadas o tarjetas de crédito. Estas coberturas suelen estar atribuidas a las propias entidades financieras que han concedido los créditos y suponen hacer unos pequeños pagos mientras el deudor está con vida. Pero, de esta forma, tras el fallecimiento la familia podrá evitar problemas económicos y no hacerse cargo de las deudas.

 

Siempre hay que pensar en el futuro

 

 

Además de esto, otra opción fundamental es que tengamos en cuenta lo importante que resulta la contratación de otro tipo de seguros, como los de vida. Estos pueden proteger a la familia y los seres queridos gracias a importes que se obtengan una vez se produzca el fallecimiento y que ayuden a cubrir la ausencia de esa persona en los años posteriores. Cualquier tipo de ahorro podrá ayudar en estos momentos tan complicados, teniendo en cuenta que, cuando nosotros no estemos, podría que afrontar gastos de todo tipo. Algunos de los más habituales son los siguientes:

 

La hipoteca o el alquiler

 

 

Es frecuente que el pago de la hipoteca se extienda a lo largo de un extenso periodo de la vida. Por ello, existen muchas posibilidades de que el fallecimiento suponga un problema para su familia, que tendrá que afrontar el pago de las cuotas sin el apoyo que recibía de la persona que ya no esté. En el caso de vivir de alquiler el problema es todavía mayor, puesto que no hay un momento a lo largo de la vida en el cual se termine el pago de la mensualidad.

 

Eso significa que siempre habrá que afrontar el mismo gasto por la casa, pero teniendo un sueldo menos, lo que ha llevado a que muchos cónyuges se hayan encontrado ante la necesidad de abandonar su vivienda para mudarse a un lugar más económico.

 

Los estudios de los hijos

 

 

No hay nadie que quiera imaginar que, si fallece sin previo aviso, vaya a dejar a sus hijos ante la imposibilidad de cursar estudios universitarios debido a que la familia pasará por apuros económicos. La capacidad para ayudar a los hijos en la consecución de sus logros académicos siempre es una de las cosas que más preocupan a los padres. Por ello, es conveniente que se intente tener en cuenta desde que los hijos están comenzando los estudios para que, pase lo que pase, nunca tengan que abandonarlos y puedan obtener una carrera.

 

Otros pagos

 

 

En referencia a lo que explicábamos antes, puede haber muchos pagos pendientes, aplazados o en cuotas que se alarguen con el paso de los años. Algunos de ellos, como el coche, pueden suponer un nivel de inversión elevado que requerirá de presupuesto familiar para abonarlos. Para entender lo necesario que es pensar y tenerlo todo preparado, solo hay que imaginar ¿Qué haría nuestro cónyuge si, de un día para otro, nosotros ya no estuviéramos? ¿Cómo podría superar todos los obstáculos económicos que se avecinarían?

 

 


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