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27 mayo 2019

El 11% de los pacientes con gota ha perdido su empleo o se ha jubilado debido a ella



Los profesionales sanitarios reunidos en el simposio “El arte de tratar la hiperuricemia en pacientes con gota”, celebrado en el marco del XLV Congreso Nacional Sociedad Española de Reumatología con la colaboración de Grünenthal, han puesto en común los aspectos clave en el tratamiento de la gota, una enfermedad que afecta al 2,4% de la población española y que, en muchos casos, se diagnostica tarde y no está bien controlada,  De hecho, según una encuesta presentada durante el congreso, el 20% de los pacientes no es diagnosticado hasta que han pasado 4 ataques como mínimo y el 11% de los pacientes ha llegado a perder su empleo o se ha jubilado debido a la gota1.  
Para evitar que la patología se cronifique, es muy importante que se detecte a tiempo. El 71% de los pacientes con gota no está totalmente controlado, solo el 29% no ha presentado ataques en los últimos 12 meses. “En muchas ocasiones, el diagnóstico se basa solamente en los síntomas, con una tasa de errores elevada”, ha señalado la doctora Francisca Sivera, del Servicio de Reumatología del Hospital General Universitario Elda (Alicante).

Por ello, la especialista, que también ha moderado el simposio en el congreso, aboga por que se utilicen técnicas más específicas. “El diagnostico se debería hacer identificando cristales de urato a través del microscopio, en una muestra de líquido de una articulación. Así se evitan errores en el diagnóstico ”, subraya Sivera.

La doctora ha señalado que “el ácido úrico elevado ocasiona un depósito de cristales de urato dentro y alrededor de las articulaciones. Mientras no bajemos el ácido úrico en sangre, los cristales persisten, e incluso, crecen en número y tamaño, provocando una inflamación constante”.

Estos cristales dañan los huesos al desencadenar episodios repetidos de artritis o tofos, depósitos grandes y organizados de ácido úrico que pueden deformar las articulaciones y limitar el movimiento, por ejemplo el 67% de los pacientes indica que la gota afecta a su capacidad de andar. Además, la gota también afecta al organismo a nivel cardiovascular, tal y como asegura la especialista, ya que los cristales de urato aumentan la posibilidad de tener un infarto, un ictus o morir por causas cardiovasculares. También empeora el pronóstico de la insuficiencia renal, ya que dificulta la función de los riñones.

La enfermedad, a debate

En este contexto es importante señalar que el objetivo terapéutico en un paciente con gota es alcanzar una uricemia menor a 6mg/dL y, en muchos pacientes menor a 5 mg/dL, para que los depósitos de cristales se disuelvan poco a poco. Ese objetivo se conseguiría con la ayuda de diferentes medicamentos, solos o en combinación. Como resultado de alcanzar dichos niveles de ácido úrico, se conseguirá detener la formación de cristales y disolver los existentes, que es la única forma de eliminar los signos y síntomas de la gota y de, potencialmente, “curar” la enfermedad.

Actualmente, para la hiperuricemia se dispone de cuatro fármacos; dos inhiben la formación del ácido úrico y dos favorecen la eliminación de ácido úrico por el riñón.

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